Categoría: Diálogos
21 Febrero 2006
- Hijo, no sé como lo has hecho, pero me parece que voy a tener que tragar mis palabras.
- Te lo había avisado.
- !Qué pedazo de mujer! !Qué preciosidad! !Qué encanto! !Oye, incluso parece una persona extraordinaria, muy humana. !Vaya, que no parece puta!
- !Ya tardabas!
- No, a ver, entiéndeme bien, quiero decir que es una putada, ¡uy, perdón! quiero decir que es una cabronada, que una chica así no tenga otra salida en la vida
- ¿Me ayudarás con Rosa?
- ¿Qué pasa es que no puedes tu sólo con ella? Es una hembraza, pero yo creo que tú sólo puedes, aunque si hay que echarte un cable...
- !Papá, no seas animal, me refiero a mi mujer!
- !Ah! es cierto !tu mujer! Oye, por momentos me diste un susto y alegrón al mismo tiempo. Ya me veía yo encima de...
- Pero por favor, ¿no puedes dejar de mirarla como una prostituta? Ella es mi novia y nada más. No quiero que pienses a lo que se dedica, bastante tiene ella con lo que tiene como para que los demás se lo estemos recordando continuamente, ¿no?
- Sí, sí, creo que tienes toda la razón del mundo pero es que con esas caderas, se me hace duro frenar la imaginación, que quieres que te diga, se me hace duro, muy duro y más duro aún se me hace que hables de ella como tu novia, no soy capaz de aceptarlo, así de repente, como si fuese lo más natural del mundo. Cuando hablas de tu novia, inmediatamente me viene a la cabeza tu mujer, han sido tantos años que… bueno, entiéndeme, para mí tampoco es fácil.
- Si lo entiendo, pero como quieres que la llame: si la llamo por su nombre, ya me estás preguntando a quien me refiero si a ella o a mi mujer; si digo novia tampoco te gusta, amante no me gusta a mí, pues !menudo problema tenemos, nos falta vocabulario!
- Sí, la verdad es que un poco de razón sí tienes, creo que deberíamos inventarnos un palabro para estas situaciones, de todos modos, y ahora en serio, ¿estás pensando seriamente en lo que estás haciendo? ¿A dónde quieres llegar?
- Pues claro que lo estoy pensando, pero no tengo ni idea a donde quiero llegar. Una parte de mí me dice que sea valiente y si realmente estoy tan enamorado de ella pues que deje a mi mujer y me marche con ella, pero cuando lo pienso dos veces me entra un escalofrío por todo el cuerpo y sé que nunca lo haré. Además está Carlitos, y no resultaría fácil.
- Bien, hijo. ¿Y la otra opción?
- ¿Quedarme con mi mujer?
- No, si te parece la otra opción es quedarse con las dos! Hijo, ¿tú eres tonto o te lo haces?
- Ya papá, es que estaba pensando…
- Era lo que te faltaba, que ahora además de follar se te diera por pensar. Tú lo que tienes que hacer es actuar y no pensar
- Venga hombre no te pongas así.
- Me pongo como me da la gana.
- Vale, hombre, vale.
- Y ahora, ¿me contestas?
- Sí hombre, sí, te contesto. Mira, sé que tengo que dejar a Rosa, mi novia, porque así no voy a ninguna parte, y seguro que aún por encima le estoy alimentando alguna esperanza de que pueda seguir conmigo, y la verdad, no quiero que se ilusione para al final darle un batacazo, pero, ¡joder, se me hace tan difícil!
- O sea que tienes decidido dejar a tu ... , a tu..., bueno a la chica dominicana, y dedicarte a tu mujer y a tu hijo.
- Pues sí.
- Vale, entonces ¿para qué cojones quieres que hable con tu mujer?
- Pero !no te lo dije, para ver si sospecha algo!
- Pero vamos a ver, mameluco, si vas a dejar a…, a…
- Rosa
- Ya sé como se llama
- Es que parecía que te habías atascado!
- No me atasqué, estaba buscando un palabro para definirla, y no me cortes, decía que si vas a dejar a…, a… Rosa, a la otra Rosa, pues déjala de una vez, no seas tan cabrón de darle falsas esperanzas y así, ya de paso, pues no alimentas las sospechas de tu mujer
- ¿Pero tú crees que tiene sospechas?
- ¡Y yo que cojones sé!, pero en el caso hipotético de que las tuviera, si tú no alimentas esa relación, verás como enseguida las olvida.
- Sí, sí, lo sé, tienes toda la razón, pero el problema es que a mí aún no me apetece dejarla.
- ¡Ya, si eso ya me lo estaba imaginaba yo! Tú lo que eres un hijo de la gran puta, y que me perdone tu madre, pero lo que estás esperando es aburrirte de esa chica para después volver a tu nidito de amor con tu mujer, o sea, jugar a coño fijo.
- ¡Papá! te recuerdo que Rosa es tu cuñada, así que no hables de ella como un objeto sexual.
- Nuera, hijo, nuera.
- !Eso! es que nunca me aclaro con lo de los parentescos
- Ni tampoco te aclaras con otras cosas, pero me quieres contestar, alma de dios.
- ¡Es que no sé que hacer, papá, no sé! Lo único que sé es que hoy por hoy estoy enamorado de las dos, quiero tanto a una como a la otra, y por momentos me doy cuenta de que ambas podrían ser perfectamente complementarias y entonces, me pregunto, ¿por qué no puedo compartir las dos?
- Tu, hijo, o estás enfermo, que cada vez lo veo más factible, o simplemente no eres buena persona, que no es incompatible con lo anterior.
- Eh, eh, pues tú no hables, al fin y al cabo, yo era la primera vez que iba de putas, pero tu eres todo un profesional.
- Pues para ser la primera vez, no lo haces mal del todo, espero que con todo este follón, se te quiten las ganas de volver y además quiero aclararte una cosa: es cierto que yo fui alguna vez, pero no soy ningún experto, y sobre todo, nunca me encoñé con ninguna puta.
- Joder, papá, que no utilices esas palabras.
- !Ay!, es cierto que ahora eres fino, pero mira chaval, lo que te está ocurriendo a ti se llama encoñarse y el remedio para esa enfermedad es desencoñarse. ¿Entiendes? ! Mira tú qué fácil es: Encoñarse-desencoñarse.
- ¡Qué fácil es ¡
- Encoñarse. Desencoñarse.
- Venga, para ya de hacer el imbécil.
- Mira, a mí, sinceramente, me da absolutamente igual que te quedes con una o con otra, como si mandas las dos a paseo, pero si te quedas con las dos me parece una putada, o una cabronada o como coño quieras decirlo, porque a todo esto, ya no sé si puedo decir coño, o tengo que decir vagina, pero bueno como te iba diciendo, esta última opción, la de quedarte con las dos, es una cabronada para ambas y para tu hijo Carlitos, o sea que deberías pensar, recapacitar y después actuar en consecuencia, aunque lo hagas por vez primera en tu vida!
- No metas a Carlitos en el medio !por favor!
- Ah claro, prefieres mejor que lo cuelgue de una lámpara en el medio del salón para que no moleste. Hijo, despierta, tu hijo también cuenta en toda esta historia ¡por favor…!
- Pero papá, ¿qué pensamiento crees que tengo en mi cabeza las 24 horas del día?
- ¿Sexo?
- !Joder, me estoy enfadando de verdad! ¿No puedes hablar contigo ni por un momento en serio?
- Hijo, esta situación tampoco me parece muy seria. Pero bueno, me alegro que estés pensando en tu hijo, lo contrario me apenaría. Y no te enfades, y deja de rascarte los huevos, que estás todo el tiempo rascándotelos.
- ¿Quién yo? Eh, he de decirte que sigo trabajando como el que más, y que todas estas historias no han minado mi capacidad de trabajo…
- Que no, hijo, que no, que no me refiero al trabajo, me refiero al acto en sí, que llevo media hora contigo y te estás rascando continuamente los huevos. !Oye!, a todo esto ¿tú no agarrarías ladillas?.
- !!Papá!!
- Oye, que te hablo en serio con las compañías que andas, no me extrañaría. Mira, ya que estamos con confesiones te diré que yo una vez las agarré y tu madre casi se entera
- ¿En serio? ¿Y cómo?
- Pues follando, ¡cómo va a ser! No te creerás el cuento chino ese de las toallas, no?
- ¿Y mamá te las vio?
- ¿Cómo que si tu madre me las vio?
- Pero no me dijiste que casi se entera?
- Digo que casi se entera porque si llegamos a follar esos días, seguro que se las contagiaría, porque las ladillas se contagian por contacto, y de la misma forma que te contagian a ti, tú puedes hacer lo mismo con los demás. ¿Voy muy rápido para tu minúsculo cerebro o eres capaz de seguir el ritmo? Pero bueno, en tu caso, igual las ladillas son una solución, porque con un poco de suerte se las contagias a tu mujer y ya no tienes que preocuparte si la dejas o no. Conociendo a Rosa, como creo que la conozco, si ella se entera te deja automáticamente.
- Pero que sentido del humor más retorcido tienes. Yo no tengo ladillas, Rosa es muy limpia, y además, yo siempre fui muy dado a rascarme los cojones, pero lo hice siempre como un acto mecánico, como un si fuese un tic nervioso.
- Pues menudo tic más insistente tienes, hijo.
- Papá yo lo estoy pasando mal, y tú en vez de ayudarme me lo haces pasar peor. Ahora empiezas a acojonarme, ¿de verdad crees que puedo tener ladillas?
- O algo peor, hijo, o algo peor.
- Hombre algo peor no creo, lo hacemos siempre con condón.
- Pues me alegro mucho saberlo, pero he de decirte que las ladillas no entienden de condones y tu no haces otra cosa que rascarte los cojones. A ver hombre, déjame que te vea yo esos huevos. !Bájate los pantalones!
- Papá deja de hacer el imbécil.
- No estoy haciendo el imbécil, porque aquí el único imbécil, y siento recordártelo, eres tú, yo lo único que estoy intentando hacer es ayudarte. Coger ladillas es más fácil de lo que tu te crees, y sobre todo andando con el tipo de mujeres que andas tú, o sea, que si quieres que te ayude yo intento encontrártelas, pero si no quieres y lo prefieres hacer a solas, pues hazlo. Ahora bien, te aconsejo que te mires bien, que te fijes ¿eh? por favor mira bien, mira bien, porque si las tienes y se las contagiaste a tu mujer, entonces ya la cagaste de verdad, y te estoy hablando muy en serio.
- De acuerdo. Hoy al llegar a casa intentaré mirarme.
- Muy bien hijo, muy bien. Y como prefieres hacerlo, delante de tu mujer, o le pedirás a Carlitos que te ayude. Anda métete ahí en el cuarto de baño, que tu madre aún va a tardar en venir, y si ves algo raro entre los huevos, dímelo.
- Gracias. Y ¿qué es lo que busco? Yo nunca he visto ladillas en mi vida, no sé ni como son, ni por donde suelen ponerse.
- ¿Nunca le quitaste piojos a tu hijo?
- Pues no, Carlitos nunca los tuvo, además eso de los piojos era antes, ahora, en estos tiempos ya no los hay.
- !Joder!, con los tiempos de ahora. Ahora ya no queda ni el placer de rascarse la cabeza por una buena carga de piojos. !La cantidad de piojos que tu madre te quitó a ti y a tu hermana! ¿No te acuerdas cuando os echaba ZZ, y os peinaba con aquel peine de puas muy finas? !Había que quitar las liendres! ¿Y dices que ahora no hay piojos? ¡y una mierda, cómo no va a haber piojos!
- Bueno a lo mejor los hay, pero Carlitos nunca los tuvo.
- ¿Y lombrices?. ¿Tampoco los niños de ahora tienen lombrices?
- Papá, me está empezando a picar la cabeza con lo de los piojos !no hagas ahora que me pique el culo hablando de lombrices!
- No te olvides, hijo, que lo que realmente te pican son los huevos.
- No, si no me olvido, además ya estás tú para recordármelo, aunque, no acabes de decirme de una puñetera vez como son las ladillas.
- Pues mira, las ladillas son como centollas pequeñitas.
- !Papá!. Joder, es que no puedes hablar en serio. Primero me agobias diciéndome que debo estar repleto de ladillas, y justo cuando me empiezo a preocupar, coges y me sueltas esa parida. !Dios! para que te contaría nada. !Siempre igual!
- Pero hijo, ¿tu eres tonto? si te lo estoy diciendo en serio. Las ladillas son como centollas, redonditas y con seis u ocho patas por los lados. Los piojos, como las pulgas, son aplastados; las garrapatas, también llamadas carrachos, son mucho más gordas y suelen estar hinchadas, dependiendo de la sangre que chuparan, sobre todo las hembras; pero las ladillas son como centollas pero del tamaño de una cabeza de alfiler o quizá un poco más grande, o más pequeñas, pero lo que sí te puedo asegurar que yo no tengo la culpa ni de su tamaño ni de su aspecto, y mucho menos de tus purgaciones.
- Coño, es que lo dices de una manera, que parece que me estás tomando el pelo. Bueno, y a todo esto, ¿por dónde debo buscar?, porque ahora no para de picarme!
- Pues por donde vas a buscar: por los huevos, hijo, por los huevos y sus alrededores. Mira yo ya estoy curado de espanto y no me asusto de nada, y mucho menos de verle los huevos a mi hijo, así que anda, bájate los pantalones y túmbate ahí en la cama de la que fue tu habitación.
- Pero !quién me mandaría a mi venir aquí!
- Déjate de tanto sermón y desnúdate de una vez.
- Papá, en esta situación me siento degradado como persona, o sea que por favor, !apúrate!
- Sí, tranquilo, pero me apuesto lo que quieras a que te descubro unas ladillas como puños. Ese rascar de cojones no puede ser natural, eso te lo digo yo. Vamos a ver. Coge la lámpara de la mesilla y aproxímala aquí. !No! un poco más. !No tanto que te vas a quemar las pelotas con la bombilla, y después menuda follón se iba a montar.
- !Si este follón te parece pequeño!
- Anda, estate callado un poquiño y no te muevas. Vamos a ver, mueve un poco la lámpara hacia la derecha. Así, bien. !Oye! aprovechando la situación, empiezo a entender que le gustes a las mujeres. Menuda pistola gastas, ¿eh? Menudos genes más cojonudos te dejé, y aún por encima tengo que aguantarte gilipolleces.
- Papá, voy a hacer como si no escuchase esos comentarios y por favor dedícate a buscar ladillas, y acaba de una vez, que estoy a punto de perder los nervios, y ahora sólo faltaría que viniese mamá y nos viera a los dos en esta posturita, porque no me negaras a mí que lo de la posturita no es nada normal.
- Tranquilo, hijo, tranquilo. Vamos a ver. Parece que estás bastante limpito. A ver por aquí atrás. Coge aquí con tu mano este huevo y levanta, que por aquí por la ingle se suelen esconder las muy putas. Me refiero a las ladillas ¿eh?
- !Acaba hostia! !qué me parece que escucho llaves, que no sé si vendrá mamá de la compra!
- No me grites, coño, que me vas a poner nervioso y así no soy capaz de concentrarme, porque aunque lo creas, hasta para esto hay que estar concentrado. Tranquilo que ya casi acabo, y me parece que vas a tener suerte. A ver por este huevo, vale, anda vístete, aunque yo de ti me vigilaría las pelotas a menudo, sobre todo si sigues con esa vida. Tampoco te vendría mal que te compraras un buen champú antiparasitario.
- Gracias, experto. Y tu me aconsejas alguno bueno, ¿que marca usas tú?
- El nombre del mío no me acuerdo, pero tu puedes usar un martillo, un yunque, y mucha paciencia.
- !Qué gracioso!, pero !qué gracioso es mi padre!. Bueno, hablemos en serio, vas a hablar con mi mujer, ¿si o no?
- De acuerdo, pero no te prometo nada. Hoy me dejaré caer por tu casa y hablaré con ella, pero ya te digo, no prometo nada. Igual me corto y no soy capaz de decirle nada. No me pidas nada. Yo ya te llamaré y te contaré.
- Confío en ti.
- Pues yo no.
(continuará, un par de capítulos más y los dejo que estos no paran de hablar y ya están bastante pesados!)
servido por ignacio
6 comentarios
compártelo
20 Febrero 2006
- ¿Qué cual es el problema? Pero, papá ¿tú me estás escuchando, hablo con una pared o simplemente disfrutas vacilándome?
- Que no hombre, que no, que lo que te quiero decir es que no entiendo por qué hoy me vienes con todo este rollo.
- O sea, que todo esto te resulta un rollo, pues este rollo es mi vida y vine a ti porque no aguantaba más, simplemente, por eso, bueno por eso y porque Rosa está muy mal.
- Mira hijo, que no te parezca mal, que ya veo que estás muy sensible, pero sería mucho pedirte que a partir de ahora cuando me hables de Rosa me especifiques a que Rosa te refieres, si a tu mujer o a la otra. ¿Qué te parece si a partir de ahora dices: Rosa mi mujer o Rosa mi amante?
- Coño, no digas esa palabra, no es mi amante. Yo no soy de esos que anda por ahí con amantes.
- ¿Ah, no? Entonces, guapiño, dime como la podemos denominar: ¿acompañante vital para la limpieza del sable? ¿meretriz con derecho a caricias en el alma? ¿compañera sentimental en ratos de ocio? ¿la polveable?
- !!!Papá!!
- Perdón hijo, perdón pero es que cuando te pones así de idiota se me calienta la boca y tendrás que reconocer que para un padre no es nada fácil asumir de repente esta situación.
- Pues imagínate para mí, no sólo tengo el problema que te planteo, sino que descubro, así de sopetón, las aficiones sexuales de mi padre: un salido y un putero.
- !Vale ya!
- Pues a ver si tú también te aplicas el cuento.
- De acuerdo, hagamos las paces en lo relacionado al cinismo
- De acuerdo.
- Contemos hasta diez antes de contestar visceralmente
- Pues aplícate el cuento
- Bien, pero ahora vayamos directamente al grano, hijo, porque con tantas disculpas nos estamos olvidando del meollo de la cuestión, vamos a ver, ¿en qué te puedo ayudar yo a ti, si es que te puedo ayudar en algo? ¿Qué es lo que te preocupa?
- Pues lo que me preocupa, es que Rosa, mi mujer, creo que sospecha algo. Últimamente la noto un poco rara y yo la verdad es que no soy capaz de comportarme con ella de manera natural.
- Hombre, es que la situación natural, lo que se dice muy natural, no lo es.
- ¿Papá, en que quedamos?
- Vale, vale…
- Como te iba diciendo, reconozco que lo que le estoy haciendo es una cabronada pero que le voy a hacer...
- Claro hijo, te comprendo !qué le vas a hacer!, pobrecito, que pena me das, cuanto debes sufrir, por un lado una esposa y por otro lado una pu…, esto, ejem, otra mujer, y claro el niño sufre, bueno, y ¿qué quieres que haga yo?
- Deja de comportarte como un niño pequeño, lo que quiero es…
- ¿Qué?
- …
- ¿QUÉ?
- …quiero que hables con ella…
- ¿Con quien?
- Con Rosa
- ¿Con qué Rosa?
- Con mi mujer, joder!
- Pues aclárate, ¡coño!, que esto es un lío de mil pares, y de que quieres que hable?
- Quiero que le preguntes si sospecha algo.
- ¿Quéééé?
- Lo que oíste
- Vamos a ver, ¿tú quieres que yo hable con tu mujer para intentar averiguar si ella sospecha que tu tienes una amante, o novia o como carallo quieras llamarla?
- Más o menos.
- ¿Más o menos, dices?
- Sí, más o menos.
- Y mira guapiño, y si ella me dice que sí, que sospecha algo, que cree que le eres infiel, ¿qué quieres que haga yo? ¿qué quieres que le diga? Pues sí, mujer, yo creo que tienes razón que mi hijo, o sea tu marido, es un putero del tres al cuarto, o a lo mejor lo que quieres es que le mienta: ¿quién? ¿mi hijo? !No, imposible, si es un santo varón, si tardó hasta los dieciocho en hacerse la primera paja!!!
- Pero mira que eres bruto, y además fue a los catorce
- Pues si siguieras con esa afición en ratos libres no tendrías estos problemas ahora…
- Pero que animal eres, como te gustan estos temas!
- ¡Va a hablar de puta la farolillos! Uy, perdón, fue sin querer
- Mira me voy, porque está claro que contigo es imposible
- No, perdona, perdona, te juro que está vez se me escapó la frase, esta vez no llevaba doble intención. ¿Qué quieres que haga? dime ¿cómo te puedo ayudar?
- Es igual, no importa, ya me las arreglaré sólo
- Que no, que no, que yo te ayudo, que hablo con tu Rosa, bueno tu Rosa son las dos, digo que hablo con tu mujer y si veo que sospecha algo le digo que eres un santo
- Que no, hombre, que no es eso!
- Entonces aclárate, que me estás poniendo de los nervios!
- A ver, papá, tú siempre te llevaste muy bien con Rosa, mi mujer, y no creo que te resulte difícil intentar tirar de ella un poco, lo suficiente para saber si se encuentra bien o no, si sospecha algo, si desconfía de mí, en fin, me imagino que con las experiencias que has tenido, tú sabrás lo que tienes que decirle.
- Sí hijo sí, yo sabré, pero lo que no sabré será el sitio donde primero te voy a dar un par de hostias!
- Mira te pido un favor, si te apetece hacerle un favor a tu hijo, se lo haces, pero si te resulta muy difícil ayudarme, pues !hala!, déjame en paz y aquí terminemos esta conversación, que además creo que ya se está alargando demasiado
- Sí hombre, sí, aún por encima ahora te haces el ofendido, es lo que me faltaba por oír. No, esta claro que contigo hay que tener una paciencia…! Oye, una pregunta, si no te molesta claro, como estás tan sensible...
- Pregúntame lo que quieras, papá, pero por favor aparca el tono cínico, que ya te vuelve.
- ¿Con qué frecuencia te ves con la otra Rosa?
- Bueno, pues un par de veces a la semana, pero hablamos por teléfono a diario.
- Ya… y decías que la conociste en Madrid
- Sí
- Y me explicas a mí ¿como haces?, porque de aquí a Madrid hay una tiradita, más o menos unos 600 km. y hombre, el vicio está bien, pero, ¿no crees que te pasas?
- Que no hombre que no, que ahora ella trabaja aquí.
- ¿Cómo que aquí? ¿En Pontevedra?
- Bueno no exactamente, en Vigo.
- ¡Ah, qué bien, qué cerquita te queda ahora, qué suerte!
- Pues sí !qué suerte!
- Y otra curiosidad, y no te enfades conmigo por lo que te voy a preguntar, ¿eh? Esta chica, Rosa, dices que ¿no te cobra por los polvos que os echáis?
- ¡Papá, ya está bien! ¿Quieres que me enfade de verdad?
- No, no quiero que te enfades de verdad, lo que quiero es que me contestes de verdad, te cobra, ¿sí o no?
- No papá, no le pago, ya te lo dije antes, pero bueno, como veo que eres un poco incrédulo, te diré para tu información, que nunca le di un duro desde lo de Madrid, o sea desde la primera vez, que sí que le pagué, pero fue la primera y la última. O sea que tal y como puedes apreciar, Rosa no va buscando mi dinero, sólo va siguiendo el designio de su corazón.
- ¡Qué bonito te quedó!, el designio de su corazón…no es mala definición para follar
- Mira, para tu información te diré que no nos vemos siempre en la cama.
- ¿Ah no?
- !NO!
- !Qué sorpresa!
- !Ya ves!
- Y que hacéis, ¿comentarios sobre Lengua y Literatura en una cafetería novelística?
- ¿Por qué dices eso?
- Hombre, ¿no me dijiste que era profesora de Lengua en su país? aunque a decir verdad tampoco especificaste que tipo de lengua…
- Papá, si la conocieras te darías cuenta de tú gran error, te llevarías una grata sorpresa, es más estoy convencido de que si fueses capaz de aparcar por un momento tu mente calenturienta y tu conciencia retrógrada e intentases verla como una chica normal y no como alguien que ejerce la prostitución, te habrías enamorado de ella igual que lo estoy yo.
- Sí hijo, seguro que sí, y mira, por qué no me la presentas y así te lo digo con más certeza. ¿Qué te parece un encuentro casual entre los tres?
- Vale.
- !Cómo! ¿Estás de acuerdo?
- Pues claro que sí.
- ¿Seguro?
- Segurísimo, no tengo ni miedo ni vergüenza
- …
- ¿Te acojonas?
- ¿Quién, yo?
- Como te has quedado callado
- Estaba pensando. ¿Qué te parece mañana a las once y media de la mañana en el café que hay en la Plaza de Galicia?
- Papá, ella trabaja por la noche y como comprenderás no voy a levantarla a las once y media. ¿Por qué no quedamos mejor para las tres y media?
- Uy, claro, lo había olvidado, de acuerdo, pues mañana a las tres y media en el café de la Plaza de Galicia.
- Muy bien.
- Iré limpio, por si acaso.
- Papá…
(continuará... aunque ya me estoy cansando)
servido por ignacio
4 comentarios
compártelo
17 Febrero 2006
- No te pongas así, eh, no te pongas así que yo solamente estoy hablando contigo, quizás un poco sarcástico, vale, sí, lo reconozco, pero tampoco quiero que creas que soy un cabrón sin sentimientos
- Mira, papá, vamos a dejarlo que no quiero enfadarme contigo, y al ritmo que vamos creo que vamos a terminar mal, si vieras a Rosa, si hablases con ella, la conocieras un poco, seguro que cambiarías de opinión sobre ella.
- ¿Por qué me dices eso?
- Pues porque Rosa lo pasó muy mal en su país, papá, y cuando digo mal es muy mal. El día que me contó su vida casi me puse a llorar. ¡Cuantas veces nos quejamos por las tonterías más grandes que no merecen la pena ni recordarlas, cuantas veces exageramos nuestros problemas con el único fin de sentirnos distintos, y sin embargo, ya ves, ella tuvo que dejarlo todo, ¿lo entiendes?, todo, absolutamente todo: su país, su familia, su trabajo, porque allá ella trabajaba, trabajaba honradamente, trabajaba en un pequeño colegio a las afueras de Santo Domingo dando clases de Lengua y Literatura, pero daba la casualidad que con lo que ganaba no le daba para mantener a su madre enferma, sus tres hermanos menores, y un hijo que le hizo un vecino suyo y del que ya nunca más supo. Ese fue su camino hasta llegar a España para acostarse con cuatro hijos de puta y poder enviar dinero a sus familiares que como te puedes imaginar, lo reciben como agua de Mayo. Pero claro, lo peor de todo es cuando su realidad choca con gente como tú, que lo trivializan todo, y no quiere ver la cruda y dura realidad. ¿Tú que crees, qué Rosa se prostituye por que le gusta el vicio o el dinero fácil?. No papá, no te equivoques, la vida de puta, como dices tú, no es nada fácil, es una vida muy puta, pero que muy puta.
- Eh, ¿no quedamos en que esa palabra no se podía decir?
- Vete a la mierda, anda, vete a la mierda!
- Mira, guapito de cara, pero ¿quién te ha dicho a ti que la vida es fácil?, ¿quién te ha dicho a ti que yo trivializo todo? Yo no trivializo nada, ¿entiendes?, nada, pero ¿tú que crees? ¿qué estar diez horas al día subido en un andamio y poniendo ladrillos por setecientos euros mensuales con mujer y dos hijos es fácil? ¿Te crees que eso es fácil?
- Vale, vale demagogo, déjame en paz!
- No, hijo, no te equivoques, de demagogia, nada de nada. A mí también me asquean muchas cosas de esta vida, ¿crees que eres el único que tiene conciencia social? Pues no, Ghandi, pues no. Está claro que yo no soy un santo, pero tampoco soy ese demonio que tú estás intentando dibujar para justificarte. Lo que realmente no es fácil, hijo, lo que realmente no es fácil es la vida, pero la vida en general, no la de puta en particular. Y tienes mucha razón en decir que hay gente que lo está pasando muy mal que se reirían de nuestros problemas, pero eso hijo, por mucho que nos pese, no lo podemos cambiar ni tú ni yo.
- Pero sin embargo tampoco hacemos nada por o para cambiarlo. Lo admitimos y tiramos para delante con resignación. Hoy paz y mañana gloria.
- Exactamente, tú lo has dicho. ¿Ves?, al final estamos de acuerdo en algo.
- Sí, aunque tampoco me importa mucho ya que no solucionamos nada.
- Bueno, pero algo es algo. Oye, permíteme que no me desvíe. Vamos a ver, tú ahora ¿qué es lo que piensas hacer? Sabes que yo no tengo mucho dinero, aunque si necesitas algo para ir a hacerle una visitita te lo paso, ¿eh?
- !PAPÁ, serás hijo de puta! ¿No crees que ya es suficiente? ¿No tuviste suficiente dosis de cinismo por hoy? Mira, Rosa no es una chica como las que sueles frecuentar tú. Rosa es distinta, tiene clase, y ya te dije que está en la prostitución por circunstancias, y a mi me gusta, creo que estoy enamorado de ella y es más, estoy convencido de que ella también está enamorada de mí. Además para tu información y si te vale de algo, no me cobra nada, entiendes, nada, ni cuando estuve con ella en el hotel, ni cuando ahora voy a visitarla y hacemos el amor, ¿de acuerdo?
- Follar, hijo, follar. Hacer el amor es otra cosa.
- !!Hacer el amor, papá!!. Yo siento amor por Rosa.
- ¿Por tu mujer?
- Vale ya, ¿no?
- !Coño, compréndeme que me haga la picha un lío con tantas Rosas! Ya no sé cuando hablas de la tuya, o sea de tu mujer o cuando hablas de la otra.
- !Vale ya!
- Sí, hijo, sí, vale ya, pero que quieres que haga, estoy mayor, mi cabeza ya no regula como antes, tantas Rosas... ¡ menudo lío!
- Mira, me estoy arrepintiendo de habértelo contado. Estaría mucho mejor calladito. Tú te lo tomas todo o a risa o a la tremenda, nunca tuviste un punto medio.
- Bueno, hombre no te pongas así. Pero ponte a pensar: le echas un par de polvos a una tía, vale, que se llama Rosa, de acuerdo, una chica que seguro las pasó putas en la vida, y...
- Pero quieres dejar de utilizar esa palabra, por lo menos en este momento, respétame, joder, respétame!
- !Por dios hijo deja de hacer el gilipollas, joder contigo, ya no sé ni que puedo decir!!
- Bueno, vale, pero intenta evitar su uso, últimamente estoy muy sensibilizado con el vocabulario.
- Pues perdona hijo por herir tu sen-si-bi-li-dad. Digamos entonces que tu amiga las pasó canutas, difíciles, peliagudas ¿te gusta más así, eh guapiño? Bueno, pues ahora esa chica se mete en tu vida y tú como eres muy buena persona, aunque un poco tonto la verdad, pues te da la hostia de pena esa situación que la pobre está viviendo.
- Exactamente
- Y claro como ella te dice cosas bonitas, te da besitos, caricias y tú hacía tiempo que no te sentías así, pues hala, crees que vuelves a vivir una segunda juventud, y piensas que si te quitaras unos kilillos, pues aún estarías aprovechable y sin quererlo o sin pretenderlo, pues ya estás engatusado por su mirada, por sus aterciopeladas palabras, por sus tenues caricias y por sus experimentados tocamientos. Bien, vale, lo entiendo, pero tú no contento con eso, vas y te quedas prendado de ella, enamorado como dices tú, encoñado como digo yo, y ahora vienes a mí diciendo que no sabes que vas a hacer de tu vida, que vives en un mar de dudas, que estás totalmente enamorado y que quieres dejar a tu mujer por una… puta!!.
- Mira papá, por última vez, se llama Rosa, te prohíbo que la vuelvas a llamar puta. Te repito que hace lo hace porque no le queda otro remedio. !!Entiendes, hostia!!
- Pus que limpie suelos,coño, que limpie suelos, portales, casas particulares, que se yo!. Que se ponga a servir, a cuidar niños, a limpiar viejos, en estos momentos hay mucha escasez de buen servicio.
- Sí, y con un poco de suerte trabaja doce horas al día y le dan 500 euros y la comida. Con ello puede holgadamente en España y con lo que le sobra, enviárselo a su familia para que ellos puedan llevar allá una vida decente.
- Pero, ¿tú cómo crees que hacen otras mujeres? Ella no es la única que necesita dinero en este mundo y sin embargo no todas se dedican a la prostitución.
- !Me importa un huevo!. Lo que hagan otras me importa un huevo. A lo que se dediquen: !me importa un huevo!. Lo que te quiero decir es que estoy locamente enamorado de ella, y ella de mí, y el único problema radica en que estoy casado y que tengo un hijo de 3 años, y ella sabe que no voy a dejar ni a mi mujer y menos a mi hijo !me faltan agallas para mandar al paseo esta mierda de vida!
- Venga hombre, no te pongas así
- Me pongo como me sale de los cojones, y para tu información desde que estamos juntos nunca me pidió nada, ni siquiera menciona el tema del dinero, le basta con estar conmigo, hablar un poco y acariciarla, sí, le encanta que la acaricie, la hago sentirse bien consigo misma, la trato como una mujer, como una persona, le devuelvo dignidad y eso, a ella, ya le sobra.
- Venga, hombre, tranquilízate, no te alteres
- Estoy tranquilísimo, el que me altera eres tú y tu cinismo, pero me da igual! ¿Sabes?, cuando habla conmigo se la ve tan feliz, se siente tan relajada que es como si flotase en una nube. ¡Ya ves con que poco se puede hacer feliz a los demás! De todas formas tampoco quiero que pienses que no quiero a mi mujer, de hecho cuando estoy con ella me pregunto como puedo estar haciéndole lo que le estoy haciendo, y es que yo quiero mucho a mi mujer.
- Tu mujer se llama Rosa.
- Si, ya lo sé, ¿y qué me dices con ello?
- Hombre que si a mí no me dejas llamar a la otra puta, pues a la tuya yo prefiero que también la llames por su nombre. Era Rosa, ¿no?
- ¿Por qué te sale el cinismo en el momento menos oportuno? Bueno me da igual. Yo ya sé que mi mujer se llama Rosa, y he de decirte que la quiero, que la quiero mucho, y que cada vez que echamos un polvo la deseo como nunca.
- Mira, hijo, !vamos a ver si nos aclaramos! El polvo lo echas con la otra, con tu mujer hacéis el amor, ¿lo entiendes?
- Papá, de hoy no pasa sin que te mande al cuerno.
- Bien hijo pues hazlo, que a donde me mandes y con toda esta historia que me estás contando me voy a entretener un rato.
- Mira, hace mucho tiempo que no hablamos seriamente y hoy vine a ti con la sana intención de pedirte consejo, bueno consejo exactamente no, digamos que necesitaba contárselo a alguien con el que tuviese confianza y sinceramente aunque no esperaba que me comprendieras, tampoco esperaba que me trataras así, y mucho menos cuando descubro que engañas asiduamente a mamá, no sólo con esa señora que todavía no sé ni quien es y además me importa un huevo, sino que además eres un constante cliente de putas.
- Se llaman por su nombre, hijo, ¿o es que no te acuerdas? Aunque también las puedes llamar señoritas de compañía, profesionales del amor...
- Pues también es cierto eso que dices...
- Hijo, vamos a ver si nos tranquilizamos un momento. En primer lugar quiero decirte que tienes razón, hace ya bastante tiempo en que no hablamos seriamente, pero también he de decirte que por lo menos a mí, esta conversación la recordaré por el resto de mi vida. De todas formas creo que ya es el momento en que me digas que es lo que piensas hacer, si es que piensas hacer algo, porque yo la verdad no sé cual es el problema.
- ¿Qué cual es el problema? Pero ¿tu me estás escuchando o es que hablo con una pared?
(continuará...)
servido por ignacio
4 comentarios
compártelo
16 Febrero 2006
- Pero vamos a ver hijo, vamos a ver si nos aclaramos. Me imagino que tú sabes como son las putas, ¿verdad?
- ¡Se llama Rosa, papá, se llama Rosa!
- No hablo de ella !joder!, me refiero en general, en el mundo de las putas, te pregunto, ¿sabes o no sabes como son las putas?. Fuiste alguna vez más ¿no? Sabrás como entran a los clientes, como te camelan con sus gestos, como te engatusan con la mirada, como te dicen las cosas bonitas del mundo con un tono que hasta podrían enamorar a un sordo y todas, entiéndeme bien, todas se enamoran de ti, ¿me explico? !Todas se enamoran de ti! ¡Todas!
- Eres patético
- Sí, pero tengo más razón que un santo, entiéndelo, en brazos de una de esas mujeres tu eres un juguete, y son capaces de hacerte pasar del tío más normal del mundo a ser George Clooney en un santiamén!
- ¿Y eso es malo?
- Ni es bueno, ni es malo, simplemente en eso consiste el juego. Y después, claro, con dos copitas en el cuerpo, pues se comprende que uno acabe cediendo a las llamadas de la polla y vaya a echar un polvito. Pero el asunto consiste en pagar lo que se convengan y después, el olvido más absoluto, ¿me entiendes? !Qué-te-ol-vi-das! ¡Ahí está la gracia! Esa es la forma, y así son los tratos. ¿Me explico o no me explico? Las putas ni dan ni buscan amor, sólo buscan dinero, en este caso, tu dinero.
- Rosa no es de esas.
- !Ah! ¿Dónde habré escuchado yo eso? Mira hijo, todas, me oyes, todas te dicen que no son de esas, pero tu hazme caso a mí que para eso soy tu padre y tengo más experiencias que tú en la vida. Las putas sólo buscan la pasta, la guita, el money, la tela, el dinero, !tu dinero! ¿entiendes? !tu-di-ne-ro! ! Si lo sabré yo!
- ¿Sí? No me digas, y tú, ¿por qué lo sabes? ¿eh? A ver, explícame, ¿por qué sabes tú todo eso con tanta exactitud? ¿Por qué hablas con tanta suficiencia, eh?
- Porque lo sé y punto.
- O sea que tu también vas a puticlubs, sin embargo hace un momento me dijiste que no, que el único rollo que tuviste en tu vida fue con aquella mujer, y ahora, ya ves, en apenas diez minutos, me dices que eres asiduo cliente de los clubs de alterne.
- Yo no he dicho eso.
- Bueno, pues lo digo yo, porque tal y como me hablas, ya me dirás que quieres que piense. Papá hoy me estás defraudando, como padre y como persona.
- Pero vamos a ver, hijo, a ver si me aclaro: TÚ, precisamente TÚ, me estás recriminando que vaya de vez en cuando de putas con los amiguetes a tomarme una copa, cuando TÚ, precisamente TÚ , estás totalmente enamorado de una de ellas. ¿Entiendo bien lo que me estás diciendo o es que me está sentando mal el café de la mañana y estoy delirando?
- Lo mío es distinto.
- Ya estamos con lo que lo tuyo es distinto, pues claro que es distinto, era la primera vez que vas de putas y estás enamorado, mientras que yo sólo voy a follar y no me acuerdo de ninguna.
- Pues sí.
- ¿Como que pues sí? O sea, ¿ que era la primera vez que ibas a un antro de esos, y te enamoraste de la primera que te puso la mano en el paquete?
- Hablas como un experto, ¿eh? Pasaste de un sólo rollo en tu vida, del cual estabas totalmente arrepentido a ser un putero empedernido en tan sólo diez minutos.
- Hombre, un putero, lo que se dice un putero, no.
- Bueno, pues un clientelillo.
- Sí, más bien.
- !Serás hijo de puta!
- !Oye! no te consiento que le hables a si a tu padre, por mucha confianza que tengas o por muy putero que te haya salido. Es cierto, lo admito, voy de vez en cuando de putas. ¿Hay algo de malo en ello? Un hombre tiene sus necesidades. Pero lo que te puedo decir es que siempre que voy me porto como un hombre. Actúo según lo pactado. Pago y me olvido. Yo no ando por ahí enamorando a ninguna puta.
- Se llama Rosa.
- Pues Rosa, hostia.
- No, Rosa a secas.
- Hijo, yo no sé si eres tonto o te lo haces, pero en fin, hoy estoy descubriendo muchas cosas de ti. Y hablando de todo un poco, oye, ¿cómo es? No, no me lo cuentes, no me lo cuentes. Alta, morena, tipazo, colombiana. ¡Por lo menos ilusióname, coño!
- ¡Papá!
- ¿Es así o no?
- Más o menos.
- Y qué, te dijo que tú eras distinto, que nunca había sentido por un cliente lo que empezaba a sentir por ti, que le gustabas mucho, que eras muy delicado y sensible. Entretanto el camarero os pondría un par de copitas, o incluso tú en un alarde de generosidad pediste una botellita de champagne ¡hala, al carallo, un día es un día!, ¡si es que te estoy viendo, hijo, si es que te estoy viendo! y al final venga: vamos a la cama que hay que descansar…, y pagaste tus cincuenta eurillos y seguro que con la mona que llevabas hasta hiciste el ridículo, ni se te puso tiesa, ni disfrutaste del polvo ni ná de ná.
- Te quieres callar un poquito !por favor!
- Y seguro que ella te dijo: “tranquilo mi vida que eso no importa” !no te jode! !no le importa a ella que ya cobró! pero tú, tonto del culo, pagas como un gilipollas y aún por encima ni se te pone un poquito morcillona y claro, como no vas a hacer el puto ridículo!.
- ¡Te quieres callar, hostia!
- Uy, perdón, dije puto ridículo y esa palabra te enfada, la retiro
- Eres gilipollas
- Mira tú, el niño se me enfada, que pasa, no me confundí, ¿eh? Si es que te estoy viendo, hijo, si es que hasta me imagino a ella susurrándote al oído “mi tesoro, no te preocupes, eso es normal, tomaste mucho alcohol, seguro que en otro sitio serías un toro”. Y claro otro sitio es tu hotel, y allí mismo, en un arranque de poderío, le propusiste que se fuese contigo, y a ella se le escapó que doscientos euros y tú en ese momento pensabas que con una buena ducha y un café bien cargadito volverías a ser el semental que acostumbras y le echarías el polvo de tu vida, y de la suya, y del medio mundo, porque aquella noche la ibas a hacer feliz y tu serías el tío más grande del planeta, aquella noche era tuya, e ibas a transportar a esa chica a un nuevo mundo, un mundo lleno de sensaciones, de ilusiones, en donde tu serías el Rey y ella la Reina en el vasto y sensible reino del sexo. Todo tan bonito, como un sueño, pero real, esta vez real. Y al final, vas y te lo crees, y de paso que te hace tilín en el corazón, te vacía el bolsillo, y ahora me vienes diciendo a mí que estás enamorado de ella. Bien hijo, bien… estás hecho un profesional!
- Para ya, coño, que tal y como lo estás contando, parece que en vez de ser yo el que estuvo allí fuiste tú. Se notan tus experiencias, ¿eh? ¡Putero!
- Bueno, vale, lo admito, tengo algunas experiencias de ese estilo, pero lo que nunca me pasó, óyeme bien, lo que nunca me pasó fue con treinta años ir a contarle a mi padre que estaba enamorado de una puta.
- Qué se llama Rosa, joder, y no es puta por placer, son las circunstancias que la llevaron a esa situación. Tendrías que estar con ella y que te contase su vida en la República Dominicana, porque ya ves, en eso no acertaste, no es colombiana, es dominicana y además, para mí no es un capricho de una noche, esa mujer me enamoró por como es. Me gusta mucho. Me gusta su cara, su cuerpo, su manera de hablar, su sonrisa...
- !Oye, no me irás a recitar ahora un poema de amor!
- ¡Vete a tomar por culo!
(continuará...)
servido por ignacio
4 comentarios
compártelo
15 Febrero 2006
- Papá, esto,.... ejem..., ehhh, bueno es que desde hace seis meses tengo un rollo con otra tía que no es mi mujer.
- ! Serás hijo de puta! ¿Y para decirme esto te has montado todo este follón de la confianza?
- Es que no sabía como entrarte.
- !Pues menudas maneras tienes hijo, menudas maneras! Joder, y ahora vas y me dices que tienes un rollo con otra mujer, muy bonito, hombre, muy bonito, pero vamos a ver hijo, ¿cómo se te ocurre ponerle los cuernos a Rosa?
- No, si ahora solo jodería que tú, precisamente tú, después de lo que me acabas de contar, tengas los huevos de hacerme el mínimo reproche. Pues mira, ahora que ya sé tu vida empiezo a entender todo mucho mejor, lo mío no es ni pecado ni transgresión, lo mío es genética pura, es la herencia que tú me has dejado!
- No me jodas, no me jodas, que como me caliente aún soy capaz de darte un par de sopapos por tonto y, y, y, y, .. por idióta!
- Es que papá tienes cada cosa!
- ¿Cada cosa?, ¿cada cosa, dices?, anda, anda, cállate y déjame pensar a ver si me aclaro que estoy hecho un lío de mil pares de cojones. A ver, resulta que estás liado con otra mujer, y si mal no recuerdo hace a penas un par de meses, en esta misma casa, en esta misma habitación, sentados en estas mismas sillas, hablando de todo un poco y de nada en particular, tu me dijiste que estabas enamoradísimo de tu mujer. Recuerdo perfectamente tus palabras: “Rosa es guapa, inteligente, atractiva, muy trabajadora y con el niño es una madraza, ¿qué más quiero? !Qué suerte he tenido!” Tú mismo me lo dijiste en esta misma habitación hace escasamente dos meses, ¿o es que no te acuerdas?
- Pues claro que me acuerdo, ¿cómo no me voy a acordar?, pero no me grites, por favor!
- Pero, como no te voy a gritar, hombre de dios, como no te voy a gritar! Pero vamos a ver, si era tan buena hace dos meses, ¿qué es lo que ha cambiado ahora, qué es lo que no funciona, no es buena en la cama?
- Como siempre tan directo, papá, como siempre tan directo…
- Sí, tan directo, pero contéstame, es buena en la cama, ¿sí o no?
- Qué no es nada de la cama, joder, que no es nada de eso pero...
- Pero, ¿qué? a ver dime, pero ¿qué?
- !Oye! no me presiones, eh, no me presiones que tú tampoco eres un santo.
- Lo mío fue distinto.
- ¿Distinto? ¿Distinto a qué? ¿Tu qué sabes de lo mío?
- Mira, pues también tienes razón, así que vamos a dejarnos de reproches y vamos a intentar avanzar. Tú viniste a mí para que te escuchara, y está claro que no te estoy ayudando mucho. Necesitabas hablar con alguien y yo te he respondido a gritos. Perdón hijo, perdón, así que vamos a empezar desde el principio: buenos días, ¿quieres contarme que es lo que te preocupa, hijito mío?
- Pues sí papá, creo que necesito contárselo a alguien, y de un tiempo a esta parte me di cuenta de que no tengo amigos con la suficiente confianza para hablar de este tema, y por eso recurrí a ti, aunque es cierto que me costó mucho, básicamente porque no sabía como entrarte, y bueno quise ver si tenías confianza en mí, y descubro que... bueno, eso de ti, pero aún así me está costando mucho más de lo que pensaba.
- Bueno, la falta de amigos para hablar de cosas importantes me imagino que es un mal de este tiempo. Yo tampoco ando muy sobrado de ellos. Pero bueno, vamos a centrarnos y me quieres decir,¿ que-es-lo-que-te-pasa? que-estoy-empezando-a-ponerme-un-poquito-nervioso!
- Te vas a echar a dios.
- Sí claro, me voy a echar a dios, pero como no me lo cuentes de una puta vez, al que primero me voy a echar es a tu puto cuello.
- Papá, por favor, no digas tantos tacos y ese menos!
- No te jode, y ahora además de infiel te has hecho puritano, bueno hijo, pues... CUÉNTEAMELO DE UNA VEZ!!!
- Vale, hombre, vale, pero no grites, coño!. A ver por donde empiezo, ¿te acuerdas que a finales de año pasado tuve una reunión en Madrid, con varios compañeros y compañeras de trabajo?
- !No me jodas, no sigas! ¿Con una compañera del trabajo! ¿Te has liado con una compañera de trabajo? Hijo tú eres más tonto de lo que yo pensaba. Pero hombre eso nunca se hace. ¿Cómo se te ocurre semejante estupidez?
- !Papá que no!
- ... y seguro que ahora me dices que estás superenamorado de ella...
- !Papá, que no!
- ... y ella de ti, y además seguro que está casada y con hijos, no... si ya veo yo todo el follón...
- !Papá, joder que no!
- ¿No?
- No
- ¿No está casada?
- No, ni está casada, ni tiene hijos, ni es ninguna compañera de trabajo.
- Entonces me quieres explicar de una vez, ¿con quien coño estás liado?
- Eso lo haría en un momento si me dejases y pararas un momento de montarte semejantes películas.
- Perdón, pero no todos los días un hijo le cuenta a su padre sus polvos extramatrimoniales.
- !Papá!
- Perdón, perdón, pero por favor, ¿me quieres contar de una vez, que pasó?.
- Bueno, pero no me interrumpas por favor. Bien, como te decía, antes de que me interrumpieras la séptima vez, a finales de año pasado tuvimos una reunión en Madrid, ya sabes: balances anuales, nuevos productos... y por la noche fuimos a cenar a un restaurante muy bueno que hay en la calle Alcalá, !ay! como se llama, si hombre que está a un paso de una Iglesia, la Iglesia de Nuestra Señora de ...
- !Al grano, hostia, al grano! !Qué me importa a mí como se llama el restaurante, si cenasteis carne o pescao, o si al lado hay una Iglesia! !Para Iglesias estoy yo! !Quiero que me cuentes la historia de una puta vez!.
- Mira, como me pongas más nervioso de lo que estoy te mando a paseo y no te cuento nada, me lo como sólo y ya está, y no digas esa palabrota, leñe!
- Bueeeeno, hiiiijiiito perdooooona, pero es que te enrollas que no te quiero ni contar. Comprende que a mí me importa un rábano lo del restaurante, y lo que quiero es que me digas lo del rollo con la tía.
- Oye, noto en ti la impaciencia del cotilla. ¿No harás esto sólo por cotillear, verdad?
- Mira hijo, de hoy no pasa sin que te suelte una hostia. !Quieres ir al grano de una santa vez!
- !Como cambias! Antes era puta y ahora es santa.
- Pero ¿qué dices?
- La vez, hombre.
- ¿Qué vez?
- Hace un momento me has dicho que te lo contara de una puta vez, y ahora me dices de una santa vez. !Cómo cambias!
- Lo que te voy a cambiar a ti es la cara con una hostia que no sé si será puta o santa, pero que de la que te no te vas a salvar como no abrevies y me cuentes la historia.
- No te enfades, hombre que no es para tanto. A ver te cuento. Resulta que, ya sabes, en estas cenas al principio uno va un poco inhibido, cansado, con ganas de marcharte pronto para casa, pero después vas bebiendo un poco y sin querer te vas soltando, y bueno, ya sabes pues antes de ir al hotel se va a tomar un par de copas, y a veces, las menos,eh,las menos, pues se acaba en un puticlub.
- Bien hijo, bien. Ahora es cuando me dices que te enrollaste con una puta y te quedaste totalmente enamorado de ella.
- Pues sí.
- ¿Queeeeeé?
- Lo que has dicho, que me enrollé con una chica de un club y estoy muy enamorado de ella.
- ¿Qué te que qué?
- Lo que has oído.
- Tú me estás vacilando, o esto es una apuesta? A ver, en donde tienes la cámara de vídeo, aquí tiene que haber una cámara de vídeo grabando todo esto por alguna parte, dime que todo esto es para gatarme una broma, ¿eh?, venga dímelo!
- Que no, papá, que no, que lo que te estoy diciendo es la verdad, que todo es totalmente cierto, la pura verdad.
- ¿Qué estás colgado de una puta?
- Se llama Rosa.
- No, se llama puta. Rosa es tu mujer.
- Sí también, pero la chica en cuestión también se llama Rosa.
- Vaya !qué casualidad! Y tú que piensas que es una coincidencia o es que cogiste caprichito con el nombre, a lo mejor es una fijación psíquica, un problema mental!
- Mira papá, no lo estoy pasando nada bien y me está costando dios y ayuda contarte todo esto, y si tú en vez de ayudarme me tratas así, pues creo que te voy a mandar a paseo, por no mandarte a otro lado.
- O sea, que estás hablando en serio.
- Totalmente. Estoy totalmente enamorado de ella. La veo por todas partes, escucho su voz en cada rincón !es como cuando tenía quince años!
(continuará...)
servido por ignacio
4 comentarios
compártelo
14 Febrero 2006
- Papá, ¿tú le has sido alguna vez infiel a mamá?
- ¿Cómo? ¿Qué dices?
- Lo que has oído, si te enamoraste alguna vez de otra mujer, si te enrollaste por ahí con otra, si tuviste alguna amante. Un lío, vamos.
- ¿Me puedes explicar a que viene todo esto?
- Esto viene a que tú siempre me dices que entre un padre y un hijo tiene que haber mutua confianza, y hasta ahora, que recuerde yo, esa confianza de la que tanto te gusta hablar sólo va en un sentido: de mí hacia ti, siempre en esa dirección. Tú nunca me cuentas nada de tu verdadera vida, porque aunque es cierto que solemos hablar, siempre lo hacemos de cosas muy superficiales, de trivialidades, y a pesar de tener treinta años, aún hoy es el día que me das consejos, ya sabes: la vida, la existencia humana, el éxito social, la sociedad, el individuo, y en general recetas para un buen aprovechamiento de esta vida, cosa que por otra parte dudo de su eficacia después de ver el resultado que se produjo tanto en tu vida como en la mía.
- Pero hijo, ¿qué te pasa?
- Nada, simplemente estoy hablando con mi padre
- ¿Es mi sordera o es que te noto molesto conmigo? ¿a que vienen a cuento estos reproches?
- No, papá, yo no he venido a hacerte ningún reproche, estoy convencido de que todo lo que hiciste siempre fue con muy buena intención y además me imagino que parte de la culpa de que sea una piltrafa humana también será mía, pero como te digo, no vengo a criticarte, más bien todo lo contrario, y además creo sinceramente que no lo has hecho mal del todo, admiro esa paciencia tuya, ya que después de todo, aun lo sigues intentando, y en el fondo a mí me gusta que no desistas, debo ser un eterno hijo. Pero lo que te quería decir es que ayer, analizando nuestras conversaciones, me di cuenta de que siempre soy yo el que habla de cosas personales, mientras que tú, sueles callarte todos tus problemas, por lo menos conmigo, y eso te convierte en un gran desconocido para mí. No sé nada de ti, y hoy, para empezar, quiero saber si tienes confianza en mí o no, y por ello te pregunto, si alguna vez le has sido infiel a mamá, con amor o sin él, pero infiel ¿me entiendes?
- ¿Y tú a eso le llamas tener confianza? ¿Para ti tener confianza es que yo conteste esa pregunta? Hijo, a pesar de tus treinta años creo que aún no estás nada maduro, a no ser que tengas ganas de joderme, simple y llanamente, joderme.
- !Venga papá!, no te escapes. Es cierto que tengo los treinta, pero tú ya hace siete que dejaste el medio siglo, y en todo este tiempo que nos tocó vivir juntos, nunca me hablaste con ese tono que empleas con tus amigos, con ellos te noto mucho más suelto, no sé como más tú, pero cuando hablas conmigo sin llegar a adoptar una postura de padre decimonónico, te noto distante y lo peor es que al final siempre me dices que entre un padre y un hijo tiene que haber respeto, pero sobre todo confianza, !mucha confianza! Papá yo creo que te contradices entre lo que dices y como lo haces. De todas formas no quiero que cambies de tema y por favor, contéstame a la pregunta.
- Hombre yo te contesto, pero primero me tienes que decir por qué me haces esa cuestión. ¿Por qué para saber si tengo confianza en ti me haces precisamente esa pregunta?
- Porque si te preguntase algo que no te comprometiera podrías contestarme como te diese la gana, con mentiras o no, y quedarías de puta madre, mientras que yo no arreglaría nada, no sabría si me mientes o si eres sincero conmigo, y por eso lo que quiero es que me contestes precisamente a esa pregunta, ¿me explico?
- Pero tú eres consciente de que estás intentando ponerme en una encrucijada, ya que si te contesto que sí, estarás contento porque te demostraría que tengo confianza en ti, pero a la vez te cabrearías y te molestarías conmigo porque pasaría de ser un esposo fiel y padre ejemplar, a ser una especie de hijo de puta que le anda poniendo los cuernos a tú madre. Por el contrario si te contesto que no, pensarás que es mentira, que te engaño, que no tengo huevos a decirte la verdad, y por lo tanto además de ser un hijo de puta por engañar a tu madre, lo soy por partida doble por no tener confianza en ti y no ser capaz de decirte la verdad. Muy bien hijo, me dices ¿por qué me quieres poner a prueba?
- Mira papá, no te enrolles. Tú sólo tienes que decirme la verdad. Así de fácil. Si me dices que no, yo te creo, y si me dices que sí, también. ¿Qué no me lo quieres explicar? Pues vale. ¿Que sí? Pues mejor. Pero de todas formas yo no te voy a juzgar por ello. Lo único que quiero es saber hasta que punto tienes confianza en tu hijo. A mí lo que hagas tú con tu vida es tu problema, puedes hacer lo que te venga en gana, bien sea con mamá o con quien quieras. ¿Me entiendes?
- A medias. Estoy convencido de que detrás de esta pregunta se encierra un algo que todavía no soy capaz de deslumbrar, vaya que creo que me quieres tender una trampa.
- Papá sólo por pensar así me estas dando la razón. Tú no tienes confianza en mí. Ahora ya no me importa que me contestes o no. Es igual, creo que ya averigüé lo que quería.
- !Ves! admites que tu pregunta era una trampa, que buscabas confirmar una sospecha, tu no buscabas ni confianza, ni amistad ni ocho cuartos, !admítelo!
- Papá, cuanto más estás hablando más la estás cagando. Yo sólo quería saber si confiabas en mí, yo deseaba que tú te abrieses a mí, que me vieras como un amigo, ese amigo que dices ser cuando te conviene que hable y desembuche, y sin embargo cuando es al revés, cuando soy yo el que se pone en tu papel, entonces vas y empiezas a poner trabas.
- Sí, ya, de acuerdo, pero admites que la pregunta tiene muy mala leche y pretendes ponerme en una encrucijada, en una difícil elección.
- Mira, si lo quieres creer así, pues bueno, ya está, yo no te voy a dar más la paliza con ello, pero quiero que no te olvides de esta conversación, algún día te la recordaré. !Algún día verás hasta que punto eres falso!
- No te lo tomes a la tremenda, no te parezcas también en eso a tu madre.
- Eh! no te equivoques, no te equivoques. Yo soy tu hijo, no soy tu mujer. Puedo tener cosas de mamá, pero no soy como ella. De la misma forma que en ciertas cosas me parezco a ti, y a dios gracias no soy tú. Además yo si fuese mamá ya te habría mandado a la mierda hace tiempo. !Sobre todo después de saber lo que sé!
- Y tú, ¿qué sabes?
- Nada, nada.
- Mira hijo. Tú viniste a mí a confirmar algo de lo que tienes sospechas. Viniste con el cuento ese de la confianza, pero a ti te preocupa algo y yo creo que ya sé por donde vienen los tiros. Bueno, pues te diré lo que quieres escuchar, aunque creo que ya lo sabes todo. Lo mío con esa señora nunca fue nada serio. Lo que pasó fue una solemne tontería y de eso hace más de 10 años, pero esa señora, si la puedo llamar así, todavía anda con ese cuento. Además estoy terriblemente arrepentido de haberlo hecho, y ya pedí disculpas a quien tenía que hacerlo, es decir, a tu madre, la cual lo supo desde el principio y aunque le costó, hoy lo tiene superado, y lo que es más importante, me quiere y yo a ella. Lo que tuve que aprender, ya lo aprendí. !Una vez nada más, dijo Santo Tomás!
- ¿Cómo? ¿Qué es lo que me estás diciendo?
- Que sí. Qué es cierto. Qué durante un tiempo estuve liado con esa mujer. Sí. Pero me gustaría saber quien te lo dijo, quién fue esa mala lengua.
- No hay ninguna mala lengua. Además si es verdad, tampoco será tan mala la lengua que lo cuente.
- “Agua pasada no mueve molino”.
- “Agua que no has de beber déjala correr”.
- Bien, tocado.
- ¿Por qué no me dijiste nunca nada?
- Porque creo que eso no te incumbe.
- ¿Cuántos años tenía yo?.
- Hombre si te digo que fue hace diez, y tu tienes treinta, echa cuentas.
- Y con un hijo de veinte años, ¿andabas tú por ahí de picos pardos?
- No fue exactamente así.
- Y como fue, si se puede saber.
- No, no se puede saber. Esta conversación esta llevando un camino que a mí hace tiempo que no me interesa. Lo que pasó fue hace tiempo, y no quiero ni recordarlo y mucho menos contártelo a ti. Yo ya sé que me porté como un cerdo con tu madre, contigo, y porque no admitirlo, con la otra. Sabes que los hombres solemos pensar con demasiada frecuencia con la polla. Yo lo hice, lo admito, y lo único que gané de aquellos malos polvos fueron problemas, muchos problemas, y por lo que veo aún los sigo teniendo. !Joder! !Y ya han pasado diez años!
- No sé si darte las gracias por contármelo, o partirte la cara por hijo de puta.
- Muy bien hombre, pero a esa conclusión ya te dije yo que ibas a llegar hace media hora y fue cuando tu me sacaste el rollo de la confianza. Hijo, tu me hiciste una pregunta con muy mala hostia, pero ya traías la respuesta. Creo que no has sido justo conmigo, y además yo respondí con franqueza y sinceridad, para que veas que te puedes fiar de tu padre, aunque a veces te lleves alguna sorpresa.
- !Venga, papá!, ahora no te pongas en plan víctima. Yo en el fondo te entiendo, pero estás muy equivocado en tu planteamiento. Yo no sabía nada. A mí nadie me dijo nada, ni sabía de la existencia de esa paisana, y la verdad me importa un carajo. Solamente lancé un farol y tú caíste. Lo siento no fui honesto pero tampoco tu eres el ejemplo de la honestidad, o sea, estamos empatados. No te culpo de nada.
- ¿Cómo?¿ Tú no sabías nada? Entonces me quieres explicar a que viene todo este follón. Hijo, mírame a los ojos.
- Dime, papá
- ¿Qué te pasa?
- Nada
- ¿Cómo que nada? Lo de hoy no es normal
- ¿Es que no puedo hablar ni con mi propio padre?
- Hijo, tu tienes algún problema que te preocupa y no sabes como decírmelo.
- Bueno, pues en cierta manera, sí.
- Pues soy todo oídos, si quieres, vaya.
- Bien, no sé si tú eres la persona más indicada.
- A que te parto la cara. Después de contarte lo que te conté no me vengas a mí con esas.
- !Coño, papá! Para mi es muy difícil contártelo.
- Y tú que te crees, que lo que te acabo de decir ahora resultó fácil para mí. Hijo, abrevia y cuéntamelo de una vez.
- Papá, esto,.... ejem... papá, desde hace seis meses tengo un rollo con otra tía que no es mi mujer.(continuará….)
servido por ignacio
5 comentarios
compártelo
11 Enero 2006
- ¡Ah las mujeres!
- Siempre acabamos hablando de ellas
- Sí, si no hay fútbol: las mujeres
- Sobre todo las que se escaparon vivas
- ¡Ja, ja! No, también las que vivimos.
- Todas las vivimos: las cachondas, las feas y las otras.
- ¡Ja, ja!. ¿Esa es tu clasificación?
- Bueno, digamos que esta es una de muchas.
- Dime otra, por favor
- Las malas y las muy malas.
- Esa ya la conocía.
- Oye, que yo no soy un psicólogo del género femenino. Ni tampoco un clasificador profesional de mujeres.
- Ya, hombre ya, lo que ocurre es que me pareció muy ingenioso. Te diré algo más, yo también las intento clasificar, pero no me sale nada bien, porque siempre hay alguna que se me escapa y no sé en que grupo la puedo meter.
- Un amigo mío es más práctico: las que follan y las que no.
- Follar, lo que se dice follar, yo creo que follan todas.
- Sí, pero unas más que otras
- Entonces ya es otra clasificación. Yo la remarcaría de la siguiente manera: las que follan conmigo y las que no me las puedo follar, por que ellas no quieren, claro.
- ¿Te follarías a cualquier tía que se te pusiese a tiro?
- ¿Tu no?
- Hombre a todas, todas, no.
- Yo llegué a una edad en que no se puede hacer ascos a nada. A mi edad y con mi pinta, no puedo andar con tonterías. A lo práctico. O follan o no. Punto.
- ¿Tuviste muchas novias?
- Alguna. No muchas.
- ¿Cuántas?
- A ver, que recuerde ahora como novias de verdad, tres.
- Y que tal relación te quedó con ellas.
- Bueno, un poco de todo, pero en general bastante mal.
- ¿Te dejaron ellas?
- Sí, siempre. Yo no soy capaz de decirle a una mujer adiós.
- A mí me pasa lo mismo
- Pero bueno digamos que soy más hijo de puta, porque lo que hago es que la convivencia se vaya haciendo cada vez más difícil hasta que ella rompe y me deja. No sé, en el fondo me gusta no sentirme el único culpable.
- Ya pero por eso no eres mejor, simplemente eres un cobarde.
- Vale, lo reconozco, pero soy un cobarde admirable por mí mismo.
- ¿Engañas a las mujeres?
- ¿Cómo si las engaño?
- Si hombre si, cuando estás con una te lías con otra.
- Ya te dije, que no hago ascos a nada
- Pero cuando estás con una tía de puta madre, o sea, enamorado de verdad, piensas en otras.
- Hostias que cacao te traes, a donde me quieres llevar, plebeyo
- ¿Yo?, a ningún sitio.
- Venga que no nací ayer, suelta
- Que no, hombre que no hay nada
- ¿De verdad?
- De verdad
- ¿Estás seguro?
- Seguro
- ¿Seguro?
- Bueno
- Bueno, ¿qué?
- Bueno, sabes que estoy bien con quien estoy, que digamos que hasta hace unos meses se me podía tildar de enamorado, pero es que últimamente tengo unas dudas...
- ¿A quien te estás follando?
- ¡Joder! ¡Qué directo eres!
- Repito, ¿a quién te estás follando?
- No puedo decírtelo.
- ¡Hostias!. ¡La conozco!.
- Sí, y prometí no decírselo a nadie
- No seas hijo de puta y cuéntame todo.
- No, no puedo.
- Pero vamos a ver, como te voy a ayudar, si no me cuentas nada
- Pero, ¿quién te pidió ayuda?
- Hombre, de alguna manera tú.
- ¿Yo?
- Pero hombre, si no quisieses un consejo por que cojones trajiste la conversación hasta aquí.
- Yo no llevé la conversación a ningún sitio, tu eres el que estás tirando de mí, porque en el fondo eres un cotilla
- Sí, y me encanta. Venga, coño, que no nos conocimos ayer y que ninguno de los dos es un santo. Si no quieres no me digas quien es, pero cuéntame todo, o acaso yo no te conté todas mis historias.
- Seguro que te guardas más de una, cabrón.
- Que no, tú sabes que yo te cuento todo.
- Sí me lo voy a creer.
- Hostias, ¿Quién es?
- No puedo decírtelo.
- Vale, pues cuéntame como fue.
- Te acuerdas hace dos meses en Coruña cuando salimos con...
- No!, ¡no!, no me jodas que te estás tirando a...
- Dilo más alto que aquellos dos de la esquina aun no lo oyeron bien.
- ¡Serás hijo de puta!. Pero cuéntame como fue, dímelo todo con pelos –ja, ja- y señales.
- Pues empezamos aquella noche, y al principio fui solamente por follar, para que mentirte, tanto esa noche como las dos siguientes, pero poco a poco me fui enamorando y...
- Mierda, mierda y mil veces mierda. Pero, ¿tu eres tonto o que cojones te pasa?
- Oye que eso no se controla
- Y una mierda que no se controla
- Bueno, mira si estas para echarme una bronca te mando a tomar por culo y todos tan contentos.
- Anda, hombre no te enfades, pero cuéntame
- Pues cállate un poco
- Vale.
- Pues eso, las primeras veces me buscaba y me encontraba. Yo no hacía ascos a nada y así fueron cayendo los primeros polvos, hasta que poco a poco te vas conociendo...
- Sí, en la cama es un buen sitio para hacer amistades
- Si me vas a andar con puteos te juro que no te cuento nada, te mando a tomar por el culo y paso de ti el resto de mi vida
- Y una mierda, a ti te tocará aguantar como llevas tú haciendo conmigo, aunque reconozco que ella está más buena de las que me tocan a mí.
- Eso es lo peor, que me gusta físicamente, me gusta como es, me gusta como folla, me gusta toda ella.
- Ya, que estás enamorado
- Sí.
- Y además si yo no recuerdo mal tú estás casado
- No me digas, si no me lo llegas a recordar no me doy cuenta, muchas gracias, da gusto tener amigos como tú.
- Sí, pues lo estás, y esto a lo que juegas es peligroso.
- Oh! Ahora dime que es pecado. Solo jodería que tu, precisamente tú, que te llevas follando a diestro y sinestro me digas que está mal, que lo importante es tu mujer, vamos hombre!!
- No, no dije yo eso, y a no ser que me den un golpe en la cabeza, dudo que lo diga en lo que me resta de vida, que por cierto esperemos que sea unos cuantos años. Lo que te digo es que está muy mal que te enamores. Vamos a ver si me explico. Está bien que uno se enamore mucho una noche, mira y si me apuras la mañana siguiente, pero hombre, mucho, mucho más es ilógico por irreal.
- Pero esto no es irreal, yo estoy enamorado de verdad.
- Vamos por partes, primero contéstame, ¿está ella enamorada de ti?.
- Sí.
- Pero, ¿de verdad?
- Que sí.
- Pero esa chica ¿no tenía novio?
- Que va, eso era una mentira para que la gente como tú la dejase en paz
- O sea, aunque parezca mentira, esta enamorada de ti.
- Sí, y además muy enamorada
- Mierda, eso complica muchísimo más las cosas
- Ya lo sé
- Y tu, como cuanto estás enamorado?
- Como la hostia
- ¿Dudas?
- ¿De que?
- Con respecto a tu mujer, ¿dudas?
- Sí.
- Mierda y más mierda
- Oye! Muchas gracias por la ayuda y por tu sinceridad
- Déjate de tonterías que esto es muy serio
- Y tú me lo vas a contar
- Vamos a ver, sigue contándome la historia. Follásteis un par de veces y poco a poco ella te fue gustando, pero es que me cuesta pensar que así tu, precisamente tu, te enamores
- Bueno, es que hubo algo más
- Ah, ya me parecía, que más
- ¿Te acuerdas aquellos cinco días que cogí el mes pasado?
- Sí.
- Pues me fui con ella a de vacaciones
- Oh, no
- Oh, sí
- ¿De la mano?
- ¿Cómo de la mano?
- ¿Paseásteis de la mano?
- Sí
- Mierda, joder, hostias...
- Pero que importancia tiene eso
- Para ti ninguna, para ellas mucho, pero es lo mismo, vamos a lo que creo que va a ser más grave. ¿le has dicho que la querías?
- ....
- ¿Le has dicho que la querías?
- ...
- ¿Le has dicho o no que la querías?
- Sí
- ¿Cuándo follabais o en frío?
- En los dos momentos
- MIERDA, AHORA SI QUE LA CAGASTE.
- ¿Tu crees?
- ¿Cómo si lo creo? Lo afirmo de manera categórica.
- Bueno, después no se lo volví a repetir.
- Repetir, repetir, que importa el repetir. Lo importante para ella es que lo dijiste, entonces ella ya se cree que estás superenamorado de ella, que tu y tu mujer no funcionáis, que el divorcio está cerca, que ella será la elegida, que tu no vivirás sin ella y que os espera un futuro lleno de alegrías y por que no, de hijitos pequeños que rebolotearán por la casa, porque no os iréis a vivir a un piso, no, eso para el resto de los mortales, vosotros iréis a vivir a una casita blanca en la ladera de un monte, y todas las mañanas ella te llevará el café a cama y tu...
- ¡Para hostias, para!
- ¿Qué pasa? ¿Tu crees que ellas no piensan en eso?. Eso es lo que crees tu. Ellas son distintas. Ellas tarde o temprano piensan en eso.
- Venga, no digas tonterías, eso son las que frecuentas tu, yo te digo que ella no es así.
- ¡Ala! Ya estás jodido, ella no es así, otra de las grandes frases de los enamorados. Ella no es así. Y una mierda. ELLA ES ASÍ, te lo digo yo. Ella es como el resto de las mortales. Así. Y punto. No le des más vueltas.
- Mira, cuando quiera consejos filosóficos sobre la historia de las mujeres te los pediré, pero hoy estoy muy tranquilo, tanto que prefiero que te calles, ¿vale?
- Vale, hombre no te pongas así, pero es que no sé que me da verte en esta situación. Hombre, tu, precisamente tu, el héroe de mi imaginación, el pendenciero perpetuo, el eterno follador, el amante de las mujeres
- Vale, que pares. Deja ya de joder, que me empiezas a aburrir.
- Bueno, y ahora ¿qué hacemos?
- ¿Cómo que, qué hacemos?, dirás ¿qué haré?
- Oye, aquí estamos ambos implicados, yo ya sé la historia y estoy tan metido como tú en esta relación
- Vamos hombre, lo tuyo es paranoia en grado sumo. ¿Qué cojones estás diciendo?
- ¿Somos amigos?
- No lo sé, empiezo a dudarlo
- ¿Somos sí o no?
- Síííí.
- Vale, ¿me quieres o no me quieres?
- Si hombre sí, te quiero la hostia, te quiero como a una madre, como al escudo del Barça, como a las ostras en Arcade. Vamos a ver, chaval, ¿qué cojones te pasa a ti ahora?
- A mi nada, lo que ocurre es que como sufro tanto por verte en esta situación, pues claro quiero saber desde donde partimos para saber a donde podemos llegar. Entonces y recapitulando, tú y yo somos amigos, pero amigos de verdad, que nos queremos y todo. Además nos contamos nuestras cosillas como dos marujones que somos, y esto nos llevó a esta situación que por distinta y pasional no deja de ser peligrosa y violenta, y que sinceramente no nos conviene a ninguno de los tres
- ¿Pero quien cojones te ha dado vela en este entierro?
- ¡Cállate! Mientras estoy razonando cállate por favor. Yo creo que la solución es que la dejes de una manera progresiva, que vayas pareciendo que pierdes el interés por ella y así ella se dará cuenta de que ya no eres el mismo, entonces te preguntará que te pasa y tu no debes responderle nada, más bien debes hacer continuas evasivas, como si te aburriese estar con ella. Eso dará pie a que yo entre en acción y empiezo a salir contigo como coleguillas de toda la vida y un par de días que quedas con ella, la llamas a última hora y le dices que te habías olvidado una cita conmigo y la plantas. La siguiente vez te olvidas de ir. Y la tercera vez.... creo que no habrá tercera vez
- Hombre, bien pensado sí que está...
- ¿Soy o no soy tu amigo?
- ¡Claro que lo eres!
- ¿Me quieres o no me quieres?
- Te quiero mogollón
- ¿Es cosa de tres o no es cosa de tres?
- Pues claro que es cosa de tres.
- Vale, pues además de todo esto tu también debes poner algo más de tu parte. Por ejemplo cada vez que estés con ella fíjate en algún grano que tenga por la cara y dile que es horrible
- No tiene granos en la cara
- Joder!, pues cuando cambie de imagen, porque a fe que cambiará de imagen, irá a la peluquería y se cortará el pelo...
- Tiene el pelo muy corto
- Pues me da igual, pero yo te digo que hará algo en el pelo, porque al final siempre hacen algo en el pelo. Y si lo tiene corto lo cortará más, o si no lo pintará de colorines, o no sé que cojones hará pero hará algo en el pelo, y tu le dirás que no te gusta nada y que estaba mucho más guapa con el antiguo peinado
- Mira, no insistas, el tema de la peluquería está perdido. Yo te digo que ella no va a ir a la peluquería, ni se va a cortar el pelo, ni lo va a pintar de colores, porque la conozco y no es de esas.
- Ya está, si no tiene granos ni se va a cambiar el corte de pelo, tu para caerle mal de verdad le tienes que decir que la notas un poco más gorda, y que empiezas a notar como le cae la papada.
- ¡Ala!, ¡que animal eres!
- Ya, animal pero efectivo. Tu le dices que empieza a tener papada y que debería cuidarse más porque la notas más gorda.
- ¿Y si no le importa?
- ¿Qué?
- Que si no le importa que esté un poco más gorda, de hecho yo creo que le harían falta unos kilos de más porque está como un fideo
- ¿Tu eres tonto o rematadamente tonto?. ¿Desde cuando a una mujer no le importa unos kilos de más?. Aunque la báscula diese negativo siempre están preocupadas por sus kilos de más. ¿Pero tú en que mundo vives?
- No sé, no sé, no me parece buena idea. Pero en fin, tu tienes más experiencias en estas lides y sabrás mejor que yo lo que me conviene.
- Eso es lo que quería escuchar yo.
servido por ignacio
4 comentarios
compártelo
21 Diciembre 2005
. El reencuentro
-Ya han pasado unos cuantos años
-Sí, y sin embargo, ya ves, parece que fue ayer
-¿Te acuerdas de aquel bar?
-He ido varias veces, siempre brindé por ti.
-Eres un romántico
-¿Y tu?
-Yo no, sabes que soy más pragmática, por eso te dejé
-¡Ah sí, no me acordaba!
-Tonto. Sigues teniendo los ojos más grandes que yo conozco.
-Tú los sigues teniendo negros, profundos, amargos, tristes aun cuando ríen.
-Siempre te quedaste con mis ojos tristes. Cuando alguien me lo dice me acuerdo de ti
-...
-...
-Te digo tantas cosas cuando estoy solo, que ahora que ten tengo a mi lado no soy capaz de articular el mínimo pensamiento. Me absorbes.
-Sí, suelo producir ese pensamiento en antiguos amores
-Antiguos amores. Tú para mi eres el antiguo amor por excelencia. Nada mejor ni peor. Tú eres la que estás siempre por encima. Yo soy uno más.
-Siempre tuviste muy pocas ganas de enamorarte, y eso que yo sé unas cuantas que no le importarían nada hacerte ese favor
-Gracias por seguir alimentando mi ego. Ya sé porque me gustas tanto.
-Ja, ja.
-Tengo la sensación de que contigo perdí más de lo que gané. Creo que no te supe aprovechar como debía. Tienes ese algo que le falta a mucha gente, ese algo que a ciertas personas os hace especiales. La barita mágica como dice mi abuela.
-¿Tu abuela aun vive?
-Pues claro que todavía vive, y cada día me quiere más.
-Sí me acuerdo los cientos de veces que repetía sin parar las excelencias de su nieto. Por momentos me lo llegué a creer y todo, que si eras un buen cocinero, ordenado en la ropa y que incluso planchabas bien, solo le faltaba decir que eras una máquina en la cama
-¿Tienes queja?
-Eh, no te creas superman.
-¿Tienes queja?
-Nunca abandonas una pregunta desde que leíste El Principito y ya veo que sigues
-¿Tienes queja?
-En absoluto, pero tampoco te pienses que fuiste mi mejor amante.
-Siempre acabamos hablando de lo mismo, pero bueno, yo sí tengo que confesarte que tú fuiste mi mejor amante
-Ja, ja. Lo que quieres es adularme para llevarme otra vez a la cama, y otra vez no caigo contigo, tenlo muy claro, no vuelvo a caer contigo.
-Además de polla tengo sentimientos
-Sí, pero en la polla como todos los tíos
-Hala, bestia.
-Sí bestia, pero lo que digo es verdad. ¿Te ofende?
-No, en absoluto, pero creo que generalizas y como todas las generalidades son medias verdades o mentiras, como quieras
-Uy! Terreno escabroso. No entro. Ahí, no entro. Siento defraudarte.
-Cobarde, políticamente ambidiestra, cariñosa y guapa, sobre todo eres guapa. Te sientan muy bien los 32, será que antes tenías una cara demasiado aniñada.
-Será. Pero no busques que no voy a entrar en tus melosidades
-Y dale, pero si lo único que intento es ser galante contigo, por que te empeñas en resultar arisca y desagradable conmigo?.
-Porque te conozco Nachito, porque te conozco. Empiezas con esas caralladas y al final vamos a cenar, luego una copa le sigue a otra y al final cuando el alcohol te desinhibe me das un beso, primero en la mejilla, yo me dejo, después bajas al cuello, yo cierro los ojos, y al final ya estamos retozándonos como dos adolescentes, y no, Nachete no, esta noche no.
-¿Qué me ocultas?
-No te oculto nada, simplemente que me lo has hecho pasar de puta madre muchísimas veces, pero también me has dado por el culo otras cuantas y mira la verdad en estos momentos estoy muy bien conmigo misma y no pienso entrar a formar parte de esos tus juegos.
-Pero que concepto tienes de mi más erróneo. Yo nunca te hice daño, nunca te mentí, sabes lo que odio las mentiras, y sobre todo siempre te traté como a una reina. No sé a que viene a cuento todos esos reproches, Carmen de verdad, no sé a que vienen a cuento.
-El cuento es el que tú tienes. El papel de niño bonito no te pega ni con cola. Nachito cariño, que nos conocemos, y yo no pienso entrar a formar parte de tu juego, y lo último que quiero es ser esa mujer que aparece en tu vida cuando a ti te viene en gana. No. Me niego. Tú, por mucho que te quiera, no puedes ser un ser de entrada y salida en mi vida
-No me digas eso que ya me excito
-No te digo yo que solo piensas con la polla
-Ja, ja. Pero que poco sentido del humor tienes, guapa
-Digamos que tu sentido del humor y el mío son distintos.
-Vale, son distintos, lo admito. Bueno ya has acabado de darme en los morros, o crees que puedes seguir?.
-Yo no te di, simplemente tú viniste a buscarlas y llevaste, como no ibas a llevar!!
-¿Tienes novio?
-Y a ti que te importa
-¿Tienes novio?
-A ti no te tengo porque decir nada
-Como amigos, Carmen, ¿tienes novio?
-Sí, lo tengo
-¿Lo conozco?
-Que maldita manía tenéis los tíos con que si lo conoces o no. No, no creo que lo conozcas pero que importa
-No, si a mí no me importa, es porque en el fondo siento un poco de envidia
-Sí envidia. Mira, ya te dije que estoy muy feliz, no busques nada que, nada vas a encontrar. No seas cabrón, confórmate con el recuerdo del pasado y paga estos cafés.
-Siempre tan directa. Me gustas Carmen, me gustas mucho más ahora que antes, y creo que no debí nunca dejar que me dejaras
-Si lo estabas deseando. Si lo que querías es que yo dijese lo que tu no te atrevías. Y lo dije, vaya si te lo dije, sobre todo cuando me enteré que te habías acostado con Isabel
-Yo no me acosté con Isabel, y no empecemos
-Como que no empecemos?, serás hipócrita!. Todo el mundo sabe que tú te acostabas con esa puta de Isabel
-Mujer no grites así que este es un local público y no sé que van a pensar. Además Isabel no es ninguna puta y yo no me acosté con ella, eso son payasadas que tu prima Charo te metió en la cabeza.
-Sí en la cabeza. No metas a Charo en esto. Tú te acostaste con Isabel y antes lo habías hecho con Teresa, así que no me vengas con esas. Eres un cerdo infiel que aprovechas la primera oportunidad que se te presente. Te puede la polla y la cagas continuamente, pero en fin, ¿quién soy yo para reprimir tu actitud?. Es tu vida y haz con ella lo que a ti te plazca, pero de vez en cuando piensa en las personas que tienes al lado y el daño que puedes estar haciendo
-A mí también me hicieron mucho daño y nunca me quejé.
-No, eso es cierto, simplemente te callas, te metes en tu mundo, la coraza se hace impenetrable y los demás sobramos. Venga Nacho, que nos conocemos lo suficiente para no caer en tonterías de ese estilo. Mira esta conversación que empezó francamente bien, está derivando justo en lo que intenté evitar, pero al final volvemos a lo de siempre. Así que paga estos cafés, que para eso dijiste tu que me invitabas y vámosnos.
-Sí que fácil, ahora nos vamos, que bien!. Ahora que me dejas así hecho una piltrafa humana, ahora te quieres marchar. Desde luego tu no tienes consideración por un pobre hombre
-No te hagas el víctimas que no se te da nada bien. Paga que tengo prisa
-Invítame a cenar
-Y una mierda!
-Estás enamorada de verdad de ese imbécil
-Ese imbécil tiene bastantes más cosas que tu para enamorarse
-Pero tu no lo estás de él
-Ah no?
-No
-¿No?
-No
-Y vamos a ver, ¿por qué lo dices?
-Porque no hace falta nada más que verte para darse cuenta de que cuando hablas de él no lo haces como se debe hablar de un amor apasionado
-La pasión es la degeneración del amor
-La pasión es la llama del amor
-Ves que distintos somos!
-Me invitas o no me invitas a cenar
-No, y mil veces no
-Bueno, pero que sepas que en el fondo siempre estarás un poco enamorada de mi, como yo lo estoy de ti. El tiempo que es el mayor enemigo de las relaciones en nuestro caso no ha calado y seguimos enganchados el uno al otro. Estamos condenados a varios cruces de caminos.
-Estarás condenado tu, pero al infierno
-Un beso guapa
-Un beso, pedazo cabrón.
servido por ignacio
11 comentarios
compártelo