Categoría: diario desordenado
30 Enero 2008
Fue una pasión desbordante. A lo mejor es como tienen que ser todas las pasiones, totalmente desbordantes, enfermizas, degeneradas, perversas, lujuriosas y casi, casi, casi escandalosas. Vivimos la pasión en mayúsculas, sin apellidos ni ambigüedades. Estábamos enfermos. Años más tarde se lo decía a María, cuando ella me contaba su historia como quien necesita vomitar los adentros para compartirlos y sobre todo para recordarlos. Yo necesitaba hablar y ella me entendía porque yo sabía que había vivido la pasión, sé que a ti también se te fue totalmente la cabeza, le decía, y si me apuras te podría decir hasta en que época fue de tu vida, recuerdo aquellos días en los que en tu mirada yo sólo veía la ansiosa necesidad de follar como una loca después de follar como una loca. Se puso colorada, pero no negó nada. Recuerdo que aquella épcoa yo pensé, María está viviendo la pasión, y recuerda lo que te dije en casa de Manolo, aquella noche que estuvimos cenando los cuatro matrimonios y cuando tu marido se fue a la terraza a fumar, yo te miré a los ojos y te dije en bajito, disfrútala mucho ahora, disfrútala hasta el último poro de tu piel porque al final todas estas historiasterminan con dolor, con mucho dolor, así que no escatimes todo ese placer que te sale por los ojos y que la vida te está regalando, ahora que puedes, no lo escatimes, llévalo hasta el límite porque lo más seguro es que una vez que se termine, nunca podrás repetir. Después me dijo que aquellas palabras le había retumbado miles de veces y sólo la habían ayudado para llorar un poco más.
Suelen acabar bien estas historias, porque suelen terminar. Lo peor de esas historias es no tener la posibilidad de haberlas vivido al menos una vez en la vida, y es que las historias pasionales no terminan en un altar, sino que lo suelen hacer en un abundante baño de lágrimas que es el primer remedio que el cuerpo produce para la limpieza y purificación del espíritu, y por si esto fuera poco, es la única medicina que momentáneamentete alivia el desazón, como si de agua del Jordan se tratase.
Nosotros estábamos obsesionados. Fue pasión desde el primer día. Nos encontramos en la cama sin un roce equivocado. Nos compenetramos en los ritmos tan armoniosamente que a veces en vez de follar parecía como si estuviésemos pintando un cuadro de Vermeer con chimenea al fondo. Yo se lo decía, estamos de cuadro, pero no le decía de Vermeer porque me parecía muy pedante, y entonces ella me agarraba la cara con las dos manos y con fuerza inusitada, se pegaba a mi cuerpoy me besaba sin labios, hasta el fondo de mí. A veces yo llegué a escuchar de entre nuestros jadeos, como el roce de nuestras pieles producían el sonido amable y repetitivo de una cantata de Bach en sol mayor. Pero me imagino que eso sólo eran imaginaciones y ahora que lo escribo mesuenan a exageraciones.
Siempre queríamos más. A veces yo la amaba con tanta fuerza y pasión que ella se envolvía en locura y se perdía en lágrimas. Te quiero me decía, te quiero, te quiero, te deseo.Y de sus ojos salían lágrimas como fundas de guitarra y a mí se me atragantaba el aire en el pecho y nunca sabía que decir.
Duró demasiado. Duró tanto que al final con tanto roce nos hicimos dolor. Ahora no quiere hablar conmigo, ahora prefiere odiarme. Yo no soy capaz de odiarla, deben ser cosas de la edad. Me pidió que me fuese de por vidade su vida, que bastante dolor le había producido, me llamó egoista y otras cosas que no me atrevo a poner aquí por miedo a que lo lea algún menor, y me lo dijo dos veces con una separación en el tiempo suficiente como parano albergarninguna duda. Pasaron los años y un día me animé y la llamé para preguntarle que tal le iba la vida, pero ni siquiera me dio esa oportunidad, me cortó de cuajo, como quien arremete contra el cuello de un pavo en Navidad, me dio un portazo tan grande, que yo no vi desprecio sino odio, o miedo, mucho miedo, que fue lo que me dijo María que ella sigue sintiendo cuando cada 15 de febrero, aparece su pasión en el teléfono, para felicitarle su cumpleaños y para simplemente preguntarle como le va la vida.
servido por ignacio
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21 Enero 2008
Yo nunca supe montar a caballo y ella era una perfecta amazona. Insistía mucho en que la acompañara, pero al ver mis piernas temblar cuando me ponía delante del cuadrúpedo, me dejaba por imposible. Nos juntó el membrete de una nómina en una oficina de las afueras de Madrid. Me enamoré. Me enamoré de ella perdidamente. Me enamoré de ella porque siempre me miraba a los ojos y me reía desde el alma y con aquella sonrisa yo me alimenté durante un poco más de seis meses.
En aquella época yo pensaba que al mundo había que agarrarlo por los cojones, que ante los jefes no se debía claudicar jamás y la defensa de mis compañeros me provocaba más placer que una noche de bacanal en algunos de aquellos prostíbulos en donde solíamos terminar las reuniones y que varias purgaciones dejaron en las entrepiernas de mis compañeros. Fueron momentos duros. Creíamos que le estábamos dando la vuelta al mundo y lo único que hacíamos era ser los instrumentos ejecutores de una multinacional sin escrúpulos. Pero de todo se aprende. Yo me conocí un poco mejor en aquellos momentos duros y allí me di cuenta de que me crecía delante de mis superiores cuando tenía público a mi alrededor. Aquellas reuniones eran un compendio de gritos y enfrentamientos y yo empecé a llevar continuamente un cuchillo en la boca. Era implacable. Como nadie me supo frenar al principio, me fui envalentonando y alimentándome de mi propia vanidad, y por eso acabé totalmente sólo y desquiciado. Me enfadé con todos los que me pude enfadar, y defendí a todos aquellos que creí que había que defender aunque hoy reconozco que la mayoría de las veces me equivoqué en los ataques y en las defensas.De todos aquellos días sólo la rescato a ella. Un día me llevó al aeropuerto, un sitio que al principio me cautivó y después odié con todas mis fuerzas, y allí nos besamos como si nos estuviésemos fagocitando. Ella en mí y yo en ella. Cuando me dirigí al embarque me dio un CD y me dijo, lleva 10 canciones si aciertas 8 te invito a mí en Salamanca.
7 sobre 10, hice lo que pude, pero ella valoró mi esfuerzo, y nos juntamos en Salamanca.
Nos amamos arduamente. Quizás nunca volví a amar con tanta franqueza, con tanta naturalidad y con tanta pasión en mi vida. No dejamos ningún espacio de nuestra piel sin recorrer, no dejamos ningún recuerdo sin revolver. Hablábamos sin tapujos a la cara y nos contábamos la vida vista desde otra piel. Me bautizó como su otra parte y así quedé.
Nos dejamos seis meses después en Valladolid, en las puertas de un hotel que está a las afueras y que no puedo citar por el tema de la publicidad. Te quiero tanto que tenemos que dejarlo. Nunca lloré tanto en mi vida. Pudimos haber inundado la meseta. Ahora cuando paso por allí, se me sigue revolviendo el corazón con las tripas y busco por los rincones del hotel los restos de nuestras lágrimas. En su lugar creo que crecen plantas de la pasión.
La vida nos llevó por muchos derroteros, algunos fueron los más dolorosos de mi vida. También hubo un par de episodios que prefiero no contar pero lo único que diré es que me mantuvieron sin dormir más de una semana, pero aún en los peores momentos no dejamos nunca de hablarnos, no dejamos nunca de entendernos, de respetarnos, y en el fondo creo que no dejamos nunca de amarnos: tu eres mi otra parte, no te empeñes en huir, sin buscarnos siempre nos encontraremos.
Y así fue. Nos encontramos el lunes pasado y nos dejamos para el martes, pero nada de llamadas, dejemos que lo decida el destino. Fue otra vez en Salamanca, como no podía ser de otra manera. Yo venía de enfadarme con mis nuevos jefes, exactamente igual que en aquellos tiempos de tierna juventud. Ella traía un gorrito de lana y dos hijos en fotos. El lunes me dio un beso y el martes, el martes el destino hizo lo que tuvo que hacer, y para nuestro placer, lo volvió a hacer bien.
servido por ignacio
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21 Enero 2008
A los enemigos siempre hay que dejarles una salida digna, no importa la razón o las razones que te asistan a la hora de tomar una decisión en contra de alguien, siempre hay que ser generosos hasta para mandar a paseo a esa novia que te puso los cuernos con todos tus compañeros de trabajo porque estoy convencido que desde su punto de vista, tu le diste los suficientes motivos para paliar su ímpetu hormonal con otros cuerpos ajenos al tuyo.
La generosidad bien entendida es aquella en la que te das cuenta de que el odio nunca puede ser un instrumento de confrontación sino un mecanismo para entristecer la cara con aquello que nunca te entristecerá el alma. A mi me han dejado muchas mujeres con portazos pero otras lo han hecho con caricias. No niego en ningún momento que tanto unas como otras tuviesen razón en ejercer su derecho de quitarme de en medio por la vía más rápida, pero siempre respetaré más a aquellas que después de cantarme las verdades del barquero a la cara, me dieron unas monedas para pagar la última copa y su número de teléfono por si algún día necesitase de ellas algo distinto que dinero o sexo.
No admiro a nadie como persona, sé demasiado de tantos que se consideran grandes, que todo se me empequeñece cuando me pongo a comparar. Todos somos todo, todos somos buenos, todos somos malos, todos criticamos la hipocresía y a todos nos criticaron por hipócritas, todos nos creemos mejores de lo que el vecino piensa y todos lloramos con los niños muriéndose de hambre por las calles de Bombay.
De las pocas cosas que admiro es a las personas queson capaces de ser generosas cuando las cosas se ponen verdaderamente difíciles de entender, y por eso me gusta escuchar cuandohablan de sus amores pasados sin odio ni venganza, sin pasión pero sin resentimiento, sé todo lo mal que me lo hizo pasar, pero no soy capaz de odiarla tanto como para no saludarla, no soy un ángel pero tampoco soy un demonio, si algún día me necesita, ella sabe perfectamente que haré todo lo posible para poder ayudarla. A veces es tan sutil la barrera entre la amistad y el odio que nunca sabes en que lado estás de la raya.
Muy pocas veces, por no decir ninguna,he estado a la altura de las circunstancias, tengo una facilidad pasmosa para cagarla en el momento más crucial. De todas formas también tengo momentos de lucidez en los que me aventuro a mostrar el futuro, y por esome jode después cuando este se empeñaalguna vez en darme la razón. Lo que no suelo hacer es leña de árbol caído, no me gusta hurgar en las heridas, prefiero que me utilicen de cicatrizante. Yo se lo decía en la cama entre orgasmo y orgasmo (¿te acuerdas?): llegará un día en que me odies, en que preferirás no haberme conocido, en que sólo el recuerdo de mi cuerpo paseando por el tuyo te dará retortijones de todos tus sentidos en todos los sentidos. Y así fue. Y así es. Ahora me ve por la calle y cruza de acera. la llamé por teléfono y me grito odio al oído. Me pregunto en donde quedarán aquellos momentos en que me prometió amor eterno y yo le decía que la eternidad es algo que le sienta muy bien a los boleros pero fatal al sexo. Y después la besaba con mucho amor, porque yo siempre la besé con mucho amor,y por eso me dolió que se fuera negándome incluso una despedida digna, un último beso con poesía decorosa, un brindis eterno, un bolero de los nuestros, un rasgar de dos guitarras a dúo, un grito quejumbroso en silencio, unas lágrimas de: tedeseo o un simple te quiero.
servido por ignacio
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7 Enero 2008
Yo no creo en los horóscopos, ni tampoco en las historias largas, por eso me han regalado un libro de unas 1200 páginas, para joder, que lo sé yo, o para que esté tontamente enganchado al susodicho durante el mayor tiempo posible y que de esa manera deje en paz a mis amigos y familiares. Por otra parte estoy contento porque Alvite se ha recuperado y ya vuelve a escribir con regularidad. Casi se nos muere. ¿Y si se llega a morir a donde irían todas estas letras que está escribiendo ahora? (esto me lo pregunto yo a mí constantemente). Dudo que se perdieran todas esas letras, estoy convencido que de alguna manera saldrían al exterior, ya sea en forma humana o en forma espiritual, pero no me cabe la menor duda de que buscarían alguna forma de salir de sus neuronas para quedarse a vivir en algún viudo papel.
Pero también estoy descontento porque mis abueliños les quedan cada día menos navidades en vida y cada vez que estoy con ellos me da la sensación de que puede ser la última vez que los vea, y lo peor es que ellos me miran a mí como si así fuese y la putada es que de las neuronas de mi abueliña ya es dificil rescatar algún pensamiento.
También puede ocurrir que mañana me mate yo al volante y entonces el que falte en las siguientes navidades sea yo. La verdad es que lo único que me iba a joder es que no iba a tener tiempo de despedirme de aquellos que entran en esta página y dejaría de escribir sin ningún tipo de explicación. Por si acaso se me ocurre matarme en una curva, os quiero pedir disculpas si no contesto los correos y de paso, que estas letras sirvan además de avanzada despedida, como eternoagradecimientosi esto es posible. Mientras tanto, y mientras ningún cáncer me atrape un huevo o la epiglotis, mientras el volante me siga respetando y los borrachos se empotren contra un muro y no contra el frontal de mi coche y sobre todo mientras me aburra cotidianamente como me sigo aburriendo, pues me imagino que me seguiré dejando caer por estos lares con la única pretensión de vanagloriarme de lo tonto que puedo llegar a ser.
Creo también que para escribir hay que tener algo para contar y no dejarse llevar por la estética ni por la impoluta presencia de una pantalla en blanco en un teclado con ganas de marcha. Yo apenas sé decir nada porque casi nada me ha ocurrido en esta vida: unos cuantos amores que acabaron mal, unas cuantas historias que imaginé más de lo que realmente fueron y que a decir verdad nunca fueron mucho más que unos sueños pasados por el tamiz de la pretensión, y como colofón final a toda esta amalgama de estupideces, una guitarra desafinada (seguro que la tenía desafinada) rota, deshecha y destruida contra la esquina de un desengaño que resulto tener mi cara.
Tampoco se debe pedir mucho a la vida, somos tantos que apenas toca a nada, así que no creo que a nadie le ocupe ni preocupe mis opiniones ni historias. Y de paso me pregunto que hará cada noche el Sarkozy con la Carla Bruni y que ocurriría aquí si Zapatero se nos fugase con Esther Cañadas, por poner un ejemplo (¿qué diría La COPE y El Mundo?), o por ponerme un poco más comparativo,qué pasaría si un tipo de derechas español, un señor presidente como es Sarkozy, un hombrazo de poco más de metro y medio como el francés, un tipo tipo...tachán, tachán: !Aznar ! se liase con una señora que estuviese buena, que fuese modelo, actriz y que además cantase canciones de amor, y ya para ponerme más jodón que fuese de izquierdas de toda la vida (el amor no conoce barreras), y llegaríamos por ejemplo a... Christina Rosenvinge (¿Qué diría El País y La Ser?). No, la imaginación no me da para tanto. Lo de Aznar con la Christinita, mejor lo borro hasta del subconsciente.
Reconozco que a mí el gabacho no me cae nada bien, me da la sensación de que siempre va con prisa, que quiere empezar pronto los follones para acabarlos cuanto antes y así tener tiempo para ir a correr por los Campos Elíseos (bueno, ahora será más difícil porque tendrá que correr de la mano de la Bruni y eso, por muy amoroso que resulte, debe ser incomodísimo), y además yo soy de los que no se fía de los tipos que llevan camisas dos o tres tallas menos para resaltar el pecho lobo que se pulen estos machotes en los gimnasios, y por si esto fuera poco, yo, a Sarkozy, no soy capaz de no imaginármelo pilotando un B-52 o haciendo de extra en Top Gun y chocando los puños con Maverick después de abatir a tiros a unos cuantos malos, pero claro, ahora el presidán se ventila a la Bruni, la cual se había pasado por la piedra anteriormente a Eric Clapton y a Mick Jagger, y pasó de pasear por una pasarela (una profesión muy dura, muy sacrificada) a coger una guitarra para cantar en francés (otra profesión muy dura, muy sacrificada), que como se sabe es un idioma que nació para hacer el amor despacio y con ritmo (que eso es muy duro y muy sacrificado), a liarse con mesié presidan (que también debe ser muy duro y sacrificado) y mi mente, deteriorada en donde las haya, ahora no hace otra cosa que imaginarme a la parejita follando a cuatro patas y siempre igual: Sarkozy con calcetines negros y gafas de sol y ella cambiando con el mando a distancia las canciones de los Rollings o de Clapton, que sonarían de fondo como un telón de grotesco y caprichoso destino. Pero para eso está la imaginación, para la invención, para escribir lo que le me sale de los huevos y quedarme tan pancho.
Lo único cierto es que tengo una historia atravesada en el pensamiento que me da una pereza eterna volver a ella, pero sé que no me quedará otro remedio porque estoy atado a esta estúpida forma de perder el tiempo.
Y así, con esta indecente pretensión, insistiré en la inutilidad de la escritura.
Lo dicho, sin remedio.
servido por ignacio
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5 Diciembre 2007
Dejé el cine como antes había dejado sin ejercer mi carrera, como antes ni siquiera había empezado a estudiar cocina, como antes me había quedado parado en la fotografía y como antes me había dejado la música a mí, porque hay que reconocer que la música fue ella quién me dejó a mí. Como veis me va quedando menos por probar, pero el problema es que aquí no termina la cosa. Mi desconocido don, incisivo, constante, joputa, también intentó aflorar a mi piel desde la butaca del espectador con bolígrafo en mano. Fue un periódico de barrio el que me contrató para escribir sus crónicas de cine. Bueno, la verdad es que no fue un contrato sino una subcontrata, porque al que habían fichado era a mi amigo Miguel y como a él no le gustaba el cine, yo me apunté para alimentar el ego. Si lo hago gratis, hombre, si lo hago gratis, le dije yo muy convencido. Imbécil, eso es lo que soy, un puto imbécil, es lo que medije a mí nada más colgar el teléfono. Durante cuatro películas y sus respectivas crónicas me creí Guillermo Cabrera Infante, por lo menos. Evidentemente que la cosa no pasó de ahí, como siempre. En este caso lo que hubo fue un par de motivos que me impulsaron a abandonar otro posible don. Veamos. El primero de los motivos fue que ellos eran los que me obligaban a ver la peli que quisiesen, y a mí eso de que me obliguen me pone de los nervios sobre todo cuando me dijeron que tenía que ir a ver Scary Movie 4. Y el segundo motivo fue que me limitaban la escritura a no sé cuantos renglones, y eso sí que no, por ahí no paso, porque esos señores tenían que saber que a mí me cuesta mucho escribir y por eso me parecía injusto que una vez que me pongo, vengan ellos a limitarme el espacio. Están las musas muy caras como para dejarse influir sólo quinientos caracteres. También tengo que reconocer que en la escritura de las crónicas yo me perdía un poco, vaya, que no me centraba única y exclusivamente en la película. Por ejemplo, el día que fui a ver El pianista de Polanski, creo que le envié una crónica más conflicto arábe-israelí que las claves de esa película trampa. Por eso antes de que Miguel pasase el mal trago de decirme que cerraba la subcontrata por miedo a que a el le cerraran el bolsillo, decidí mentir mucho trabajo e imposibilidad de seguir escribiendo. Y los dos tan contentos.
Pero ocurrió que me pilló el gusanillo de la escritura, quien lo iba a decir, yo escribiendo, yo que las únicas veces que escribía era copiando en los exámenes ahora me venía a mi mismo con el cuento de que quería ser escritor. Pero antes de mandarme a paseo y por miedo a que a lo mejor ese fuese mi don me dije, Nachiño hijo, la escritura no será lo tuyo, pero otras cosas tampoco lo eran y bastante guerra diste con ellas, así que ahora no te rajes. Por una vez pensé que era el don el que venía a mí y no yo a él, “cuando alguien no persigue un sueño corre el riesgo de que el sueño lo persiga a él” Beatriz dixit. Y me dije, pues ahora después de estas cuatro crónicas de películas, toca escribir una novela. Y me puse a ello, pero como yo soy más papista que el Papa (bueno, esto es un decir, porque a mí este Papa nuevo me da mucho miedo y si lo veo en una foto o por la tele, es casi seguro que esa noche voy a soñar con su cara de vampiro intentando chuparme la sangre entre sudores y sarpullidos escrotales) me dije, no una sino que voy a escribir dos novelas a la vez, a güevos no me gana nadie. Otra semana que me encerré en casa mintiendo en el trabajo una indigestión con diarrea sanguiñolenta y borborigmos intestinales cual batería de Gene Krupa y puse en marchalas dos novelas. A la semana siguiente, al ver en lo que me había metido, me las arreglé para unir las dos novelas en una. Más tarde pensé que quizás había que empezar como hacen todos, con un relato extenso, y me mentí diciendo que perfilaría mucho mejor mi estilo como escritor con un relato que con una novela, y de paso me prepararía internamente para empresas de mayor porte. Lo que ahora me hacía falta era coger soltura, y aunque el relatillo iba a menos, yo no me desanimaba y creía que estaba marcando tendencia, no más hay que pensar en Rulfo, me repetía hasta la saciedad. Y al final ocurrió lo que tenía que ocurrir, que lo mandé todo a paseo cuando aún no había llegado al centenar de hojas y todavía no sabía lo que quería contar. Creo que por ahí anda, por alguno de esos archivos que guardo como copias de seguridad y que después pierdo o se me estropean. Y otro posible don a tomar viento. Otro don que me dejó tirado cual colilla. Y ahora que hago cuentas, si sumo las mujeres me dejaron y los don que me abandonaron, creo que la cosa va a estar muy igualada, y como ya dejé mi etapa de felicidad, no sé que va a ser de mí en el futuro más cercano. Si al menos supiese hacer algo bien...
servido por ignacio
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4 Diciembre 2007
No contento con mi fracaso en el mundo de la imagen estática, pensé que a lo mejor poniéndole un poco de movimiento podía encontrar mi don perdido o mejor dicho, mi desconocido don, porque lo que está claro es que no se puede perder lo que nunca se tuvo.
Así que me apunté a otro curso (y van…). Este era de técnica cinematográfica e introducción al guión. La cosa empezó bien, y terminó, pues terminó como siempre, con la asqueada sensación de vacío espiritual que cada tema provoca en mis adentros una vez creo conocer. Lo mejor sin dudar alguna fue Julia, una profesora de ojos indisolubles, a veces verdes, a veces marrones, a veces violeta, a veces azules, no ahora que lo recuerdo, azules nunca fueron, fueron verdes, marrones y violetas, pero en todo caso fueron siempre espectaculares e indisolubles. Julia además de ojos también tenía una cara muy bonita, pero de lo que me enamoré yo fueron de sus dos incisivos superiores ligeramente separados que es como me gustan a mí, bueno, a mí no me gustan especialmente separados, sino que a mí como realmente me gustan es que sean unos incisivos superiores distintos.
Vamos a ver. Un día, de repaso nocturno, cosas del insomnio dominguero, me puse a repasar las mujeres que de verdad me gustaron, las mujeres por las que estuve a punto de perder el juicio, las mujeres de rompe y rasga y escapo por miedo a que sus abrazos tengan tentá-culos, y hete que en ese repaso, caí en un detalle que nunca había reparado o que nunca le había dado importancia hasta ese día: los dos incisivos superiores. Detalle sin importancia, dirían algunos, pero detalle al fin y al cabo, diría yo.
Todas, y digo bien, todas las mujeres que me gustaron (y gustan) resultaron tener dos incisivos superiores ligeramente distintos a lo que técnicamente se denomina normales. No seré yo quien niegue la jovialidad de una sonrisa francamente abiertamente, esas sonrisas tan blancas que producen ceguera, esas sonrisas como medio de locomoción hacia el amor juvenil, esas sonrisas tan perfectas que el cepillado de dientes es como pasarle la mano a un lienzo de Velázquez, sabes que nunca lo vas a poseer y sólo conseguirás ensuciarlo. Pero a mi siempre me atrajeron las sonrisas que venían con algún que otro defectillo, y en concreto las sonrisas que traían alguna imperfección en los dos incisivos superiores. Me han gustado, de esa manera, la sonrisa tipo conejo, la de los dos incisivos montados uno encima de otro, la de ellos ligeramente separados, la de dos paletas tipo paleto, la de fuertes y agarrados en su dentadura mandando sobre el resto de los mortales y la de aquellos que le faltan un pequeño trocito en su borde lingual. No concibo el porqué de este misterio, ni nunca busqué cual enfermo metal esas diferencias en las mujeres que amé, sé que en el repaso del insomnio dominguero me surgió ese denominador común. Y así hay que aceptarlo.
Pues bien, Julia, tenía los dos incisivos superiores ligeramente separados el uno del otro y aunque oficiaba en su cara un ligero prognatismo mandibular, lo disimulaba francamente bien con el peinado y las pinturas. Y ahora podría abrir un paréntesis sobre los engaños que se le hacen al rostro vía pinturas por doquier y/o peinados imposibles, engaños que buscan la eterna bendición de alcanzar la belleza. También se podría hablar del fresco y jovial golpe de agua como vía para resaltar la perfección natural que ilumine lo más grandioso que la naturaleza construyó (joder que pedante me está quedando esto). Bueno, pues lo dicho, yo en ambos casos y en todos en general, estoy a favor, o sea, yo siempre estoy a favor de que cada uno vaya como más le plazca y de hecho me da igual que una mujer quiera pintarse, que otra que le apetezca estar con la cara lavá y recién peiná, o que otra se esconda en unas gafas de cuerpo entero, a mí como esa mujer me guste, me gusta hasta con diarrea. Pero ese ya es otro tema y ya me entra la escatología. ¡Cuánto glamour pierdo! En fín, estábamos en Julia
Julia no sé porqué extraña razón, vio en mi un alumno bueno, y yo en ella vi desde el principio una profesora buena que no una buena profesora. Pasamos mucho tiempo montando juntos. Bueno, y escribiendo, y rodando, pero el montaje lo hicimos los dos solos y de la mano. Elaboramos dos cortos y ningún premio, que se le va a hacer. Así que después de poner mi intelecto en aquellos guiones, después de rodar y de montar, después de ver el rostro de Julia en cada fotograma, después de no tener ni una mención en los dos concursos de cortos a los que enviamos nuestras obras maestras, decidí seguir mi camino, o sea, decidí dejar el cine en la retina y no en las manos, así que proseguí con mi afición de espectador y dejé la de montador de Julia para otro más docto. Fue una pena, siempre me gustó, tanto el cine, como Julia y como montar.
Ahora, cada vez que la veo con su marido y sus hijos, me sonríe de una manera rara, lo hace con la boca cerrada y yo creo que lo hace a propósito, sé que no quiere mostrarme sus dos incisivos ligeramente separados, sus dos incisivos que me llevarían a la locura de nuevo, por eso lo evita, me conoce y sé que lo hace por eso, así que los encierra y me sonríe con los dientes escondidos, pero he de reconocer que hasta eso me provoca, hasta eso me gusta, la imaginación da alas en donde la mayoría de las veces no se puede pensar en volar, pero no con Julia, con Julia ya es imposible, además no se debe ir por ahí repasando incisivos, no se debe ir por ahí buscando un don desconocido en los ojos indisolubles de Julia, a vecesverdes, a veces marrones, a vecesvioletas, o en aquella sonrisa con dos incisivos superiores ligeramente separados que entre montaje y montaje, un día me hicieron soñar.
servido por ignacio
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27 Noviembre 2007
Toda mi vida he sabido que yo tengo un don, pero mi mayor desgracia es que nunca supe cual es, y por eso me he pasado mi vida entera en busca de ese desconocido don. Al final he llegado a una conclusión: mi único don es saber que tengo un don desconocido.
En la búsqueda continua e incesante de este mi don, no he escatimado ni tiempo ni medios, y a decir verdad, creo que tampoco han sido pequeños mis continuos fracasos. He dado tantos pasos en falso, que no sé ni por donde empezar, pero como tengo que hacerlo por algún sitio empezaré por los fracasos más sonoros.
El primero de ellos y quizás con el que más constancia he tenido para darme de bruces, ha sido la música. En el mundo de la música yo lo he probado todo, desde el piano hasta la armónica, desde la flauta dulce hasta la gaita desafinada, desde la guitarra acústica, hasta la española pasando por una de doce cuerdas que después regalé a una mujer como símbolo de mi amor y ella prefirió destrozarla contra las paredes como símbolo de su desamor. Me pareció mal, pero como ella era muy freudiana me pareció un ejercicio muy coherente y yo ante los coherentes no tengo nada que decir, quizás porque yo soy la reencarnación de la incoherencia. Quizás.
Dentro de la música también está el canto, pero por su persistencia en mi ser,tiene su capítulo aparte, y es que yo he intentado cantar todas las canciones del mundo conocidas: desde Palito Ortega (tengo el corazón contento lleno de alegría) hasta Mocedades (me sigo emocionando como un crío cada vez que escucho el Eres tú, y sigo pensando que aún podemos ganar el festival de Eurovisión del 73, ánimo Amaya, haz el gorgorito final, túuuuuuuuuuuuu), desde J. M. Serrat (todos los poemas que sé se los debo a su música y a la de Paco Ibáñez, aunque sólo me han servido para salir airoso de conversiones de pedantes, menudo honor!), hasta La Pradera, Los Panchos y el inefable Silvio Rodríguez.
En vistas que con el castellano el éxito se vendía muy caro, probé cantar en mi inglés de Murcia, sobre todo con The Beatles, Bob Dylan y Van Morrison. El resultado por muy desigual, prefiero obviarlo. Ahora se me da por la opera y creo firmemente que puedo llegar a ser, sino un tenor, sí un barítono respetable. Infeliz de mí…
Pero no sólo me he dejado vencer por el mundo cruel de la música y su indiferencia para conmigo, el mundo de la cocina también me ha llevado a dar varios rebolcones por el lado más amargo de la amargura, si es que existe. Tengo libros de todos los cocineros del mundo, desde los más conocidos (los mejores, sin duda alguna los de Arzak) hasta los monjes budistas del Tibet occidental (no lo compréis, comen fatal). Tengo utensilios de cocina que ni yo mismo sé para que valen, y en mi despensa hay hasta cinco tipos distintos de harina, a saber: trigo, maiz, centeno, arroz e integral, las cuales se van pudriendo y llenando de unos bichitos negros asquerosos que lo colonizan todo, para que al final nunca me salga la masa de la empanada como la del Pipeiro de Pontecaldelas. Este capítulo lo podría titular: Mi vida por una buena masa de empanada de xoubas. Como colofón final, decir que este año me he matriculado en el ciclo de grado medio de cocina, y sólo fui a la presentación, los muy cretinos me querían hacer ir a clase. A mi!!!!
También he intentado ser masajista y estudié en un curso de un año, más anatomía que en toda la carrera. Me compré (y de hecho aún los tengo) más aceites corporales que la producción de aceite de oliva de toda la provincia de Jaén. Viajé hasta Turquía y Tailandia para conocer técnicas e hice masajes a todos y todas, amigos y amigas, vascos y vascas. El resultado final fue el siguiente: siete, "tío tienes unas manos fantásticas"; dos: "te tengo que invitar a comer un día" (sigo esperando), y uno: un polvo con una chica del que no pienso hablar porque eso sí que es muy mío… Los demás, indiferencia absoluta.
servido por ignacio
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29 Octubre 2007
Me traía mazapanes a la cama, mazapanes que ella misma hacía. Se levantaba temprano, a veces no dormía, y se metía en la cocina para hacerme un montón de mazapanes para desayunar. Me despertaba el olor dulce de las almendras pero me quedaba en cama esperando que ella llegara con la bandeja llena y llena de besos invitadores de mazapanes y más mazapanes. Hacía formas dispares. Bocas. Letras. Tetas. Otras formas. Cosas nuestras. Mejor no hablar, nadie lo entendería. Un día plantó una alcachofa en el jardín de su pueblo, un pueblo muy lejano a todo, un pueblo que apenas sale en los mapas, un pueblo que sólo tiene dos carreteras, una iglesia, un frontón y un teleclub. Un pueblo que fue de su padre y que también fue nuestro. Nos sentábamos en el borde de su cama y comíamos mazapanes y pensábamos qué podíamos hacer con aquella alcachofa. Después hablábamos de loque podíamos hacer en aquel pueblo. Ella siempre tenía ideas, siempre pensaba que juntos lo lograríamos todo. Un día me dijo, si te vienes conmigo, te pagaría para que me escribieses todos los días. No necesitarías ni siquiera ir a trabajar, yo ganaría dinero para los dos y tú solamente te dedicarías a escribir. Fue en aquella época en la que yo pensaba que el mundo me pertenecía y escribía cosas de amor, pero solamente sabía escribirle a ella, era incapaz de pensar en cualquier historia que no fuese la nuestra, era imposible que nada ni nadie nos detuviese. Éramos muy felices sabiendo que nunca seríamos felices. Pero a veces yo me entristecía y no le decía nada. Pensaba en el día en el que, como hoy, ya no nos hablásemos, ya no nos pudiésemos ver, ya no existiéramos el uno para el otro. Pensaba en un día, tal como hoy, en el que sólo quedasen recuerdos, ni siquiera un teléfono que echarse a la cara, ni siquiera una dirección a donde acudir, solamente los putosrecuerdos. Por eso escribo, porque no puedo llamarla, porque no puedo verla y porque algún día moriremos y el uno no sabrá nada del otro. O a lo mejor sí. A lo mejor el día en que yo muera a ella le salta el corazón, le da un pálpito y me empieza a buscar por todos los lados de mi vida. Y a lo mejor me encuentra, pero bajo tierra, y entonces se acordará de aquel día en el que le dije que lo mejor que podríamos hacer era comprar un panteón para los dos: una vida es poco para amarte, déjame regalarte la eternidad. Y a lo mejor es a mí al que le da una sacudida el corazón, pero será peor, porque yo no la podré llamar, así se lo prometí, así que no me quedará otro remedio que morirme sin saber si ella ya se ha muerto o simplemente me dejó de por vida y de por muerte.
A lo mejor no todo en la vida es lo que parece, ni la felicidad es tal, ni las mentiras son tan mentiras, ni las lágrimas son tan reales, ni los sueños son tan patéticamente infantiles. Alo mejor yo no soy lo que parezco.
servido por ignacio
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