EL DIVÁN DE LO EFÍMERO http://nachinhogonzalez.lacoctelera.net Lo mejor del futuro suele ser la posibilidad de evocar el pasado. Jose Luis Alvite es-es Viajes http://s3.amazonaws.com/lcp/nachinhogonzalez/myfiles/CHET BAKER 165x65.jpg EL DIVÁN DE LO EFÍMERO http://nachinhogonzalez.lacoctelera.net the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com Nada es verdad http://nachinhogonzalez.lacoctelera.net/post/2009/11/19/un-pensar 2009-11-19T14:10:49+00:00  

Sabes la realidad de tu vida, la conoces perfectamente, a veces te engañas con ella, necesitas engañarte con ella para darle un poco de lógica a todo esto, darle contenido, darle explicación, una puta mierda cósmica eso es lo que eres, además sabes que existen cosas que soñaste y que tú nunca podrás hacer porque ya sabes que eres el hombre que nunca llegarás a ser, sabes que detrás de un día se esconde tu no existencia, tu no vida, tu sólo efímero recuerdo en las mentes de quien alguna vez te quisieron, el lúgubre y tétrico momento del silencio, el vacío existencial por excelencia, y por eso sabes que no hay situación que merezca la pena ser sufrida, sólo el propio sufrimiento de los tuyos -que no el propio- merece dedicarle las lágrimas de un sentimiento que a veces consideras extraño, sabes que las flores nacen cada día y en los verdes pastos de tu tierra día a día siguen saliendo las vacas a pastar, vacas que nunca son las mismas pero todas nos parecen iguales y cada día sigue naciendo un ternero y en él ves la ternura de la vida cuando alcanza la ubre de la madre y se pone a mamar, no sé por qué mamón es un insulto, también te enterneces con la carrera feliz y despreocupada de un corderillo balando y no sabes que sientes en tu interior cuando eclosiona un huevo y sale de él un pollito y empieza a dar vueltas sobre sí hasta encontrar algo que comer, somos porque comemos, a veces piensas qué pensaran todos esos bichos pero después te los comes sin pensar en el crimen cometido porque sabes que lo que realmente importa no tiene precio, que la mente son conexiones químicas, acetilcolina y algún que otro neurotransmisor más y punto, sinapsis arriba, sinapsis abajo, todos somos iguales, sabes que no hay colores, no hay sabores, no hay urgencias, no hay tensiones, no hay riñas, no hay hambrunas, no hay desesperos, no hay desarraigos, no hay odios, no hay desprecios, no hay horrores, sólo hay lo que somos capaces de provocar con el agravante de que creemos en la importancia de lo que hacemos y nos sentimos más fuertes por hacerlo, y debe ser por eso por lo que se mienten prisas, por lo que vives en mentiras, por lo que mientes caminos a seguir, y como consecuencia mientes a quien te miente y la rueda no para hasta el infinito, que es el finito de tu propia vida, y sabes que detrás del último día ya nada volverá a ser igual y todo quedará en el puesto que ocupaba antaño, las calles que tu paseaste y que creías tuyas seguirán ahí para que otros las sientan igual que tú, y no te reconforta pensarlo, no te alegra lo más mínimo, somos egoístas y queremos única y exclusivamente todo para nosotros, ya sabemos que nuestras vidas no valen nada y que detrás de ellas no viven nada más que un pálpito cardíaco con unas cuántas conexiones neuronales y unos músculos que desobedecen a la voluntad pero debe ser por eso mismo por lo que crees en la propia caducidad de tu vida y te empeñas en sacarle jugo a cada instante, aunque después cada instante te pesa y cada día se sucede sin pena ni gracia en tu calendario, te acuestas con la misma idea que el día anterior, sueñas que un milagro te hará salvar, sueñas que un día podrás hacer lo soñado, pero a la vez sabes que ese día no llegará nunca, pero hasta ese día que no llegará no te resignas a dejar de soñar, y de ese bucle no sales porque no te interesa, necesitas poder soñar aunque sea para poder engañarte, no sabes nada, no tienes idea de nada, sin embargo sabes lo que es el amor con mayúsculas porque lo has vivido, y también sabes que es el sexo porque los has disfrutado, y también sabes que es la pasión porque la has sufrido, y después de todo ello, lo único que te mueve a escribir esto es el saber que estás dispuesto a darlo todo por alguien en quien crees, the only true you know is you, así te sale, como en la canción, así te sientes como cada vez que la escuchas en las voces de esos dos, así merece la pena vivir, piensas mientras tu coche te lleva de un lado para otro buscando lo que sabes que no vas a encontrar, pero alquilándote para poder seguir durmiendo con tranquilidad, aunque en tus manos se cuelgue cada  noche el comisario Maigret en búsqueda de cualquier café de París que le sirva un aguardiente, con su pipa, su sombrero hongo y su gabardina con cuello de piel, y en el fondo te gustaría imaginar que allí estás tú compartiendo con él ese aguardiente, y le das gracia a la imaginación por permitirte vivir lo que nunca vivirás, no hay nada importante, sólo personas, no hay nada por lo que merezca la pena morir, y todo esto lo sabes porque cuando aparcaste el coche, viste a una señora mayor paseando un viejo carro que transportaba un hatillo de leña para sabe dios qué, y mirando para sus ojos, para sus manos, para su andar cansino y humillante, se te dio por escribir todas estas tonterías, y de paso se te dio por pensar que detrás de cada una de nuestras propias preocupaciones vive el único convencimiento de que nada es verdad.

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Plantación de polvo. Por Jose Luis Alvite http://nachinhogonzalez.lacoctelera.net/post/2009/11/02/plantacion-polvo-jose-luis-alvite 2009-11-02T21:31:03+00:00 Muchas veces esperé en vano a que una fulana me dijese de madrugada algo que sin embargo jamás pude escuchar: "No podemos seguir con lo nuestro sin ser contradictorios. Acabemos con esto de una vez. Sólo si rompemos yo volveré a ser la mujer desdichada que buscabas y tú serás de nuevo el perdedor que me sedujo. Sé que lo entenderás, cielo. ¿Recuerdas la noche en que nos conocimos? Me dijiste: "Las cosas que hagamos juntos nos parecerá que fueron sin duda más hermosas si pasado algún tiempo las recordamos por separado". Así fue como empezó lo nuestro. Sin preguntas, sin expectativas... seguros de que la pasión que pusiésemos en aquella historia sería exactamente la que íbamos a necesitar para que el sudor de sus llamas nos ayudase luego a extinguir el fuego. Ambos sabíamos que por muy sincera que pareciese, no había en nuestros labios una sola promesa que no fuese fingida o infundada. Era evidente que ni mis cálculos entraban en tus cálculos, ni entraban tus sueños en mis sueños. ¿Y qué me dices del futuro que nos esperaba? ¿No fuiste tú acaso quien dijo aquella misma noche que el amor eterno es aquel cuyo doloroso fracaso se recuerda eternamente? Me prometiste entonces amarme todo el rato y yo te pregunté qué harías el resto del tiempo. ¡Bobadas, cielo! Nada es para siempre. Fíjate en los creyentes. En el caso de los creyentes ni siquiera la muerte es para siempre. ¿Habría de serlo el amor? No, claro que no. Creemos que durará mientras no se nos acaben las promesas, pero tú y yo sabemos que entre un hombre como tú y una mujer como yo no hay una sola promesa que no acabe inevitablemente en una disculpa. Ya no somos adolescentes y dentro de pocos años incluso nos colgará la piel de los pies. Hicimos cuanto pudimos por prolongar esto, pero, sinceramente, llega un momento en el que ni la pasión produce tanto calor, ni sabe el sexo mejor que la comida. Dejemos los sueños para los adolescentes. Que sean ellos quienes crean en sus propias promesas y se juren solemnemente que seguirán unidos hasta que la muerte los separe, seguros de vencer el hambre a dentelladas, convencidos de que por muy mal que les vayan las cosas sobrevivirán gracias a haber comprado con sus miserables ahorros una estúpida plantación de polvo. No es así en este caso. Lo nuestro sólo fue unirnos persuadidos por la idea de que al construir algo así íbamos a necesitar cuatro brazos para destruirlo. Y también porque alguien me dijo en alguna parte que estabas deseando conocer a una fulana con la que pudieses romper a sabiendas de haber compartido con ella una de esas historias que sólo suenan bien gracias a que terminan mal"...

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Dos incisivos superiores http://nachinhogonzalez.lacoctelera.net/post/2009/10/30/dos-incisivos-superiores 2009-10-30T20:36:57+00:00  

A veces uno se encuentra en la terrible situación de vivir momentos repetidos con la misma angustia y tristeza que la primera vez, con las mismas tesituras que cuando sintió en el bautizo sentimental de lo que los cursis llamamos amor. Uno cree que aprende a educar los sentidos, a controlar las emociones, a sentirse por encima de ciertas situaciones que hace tiempo me hubiesen puesto muy nervioso pero que hoy pensaba superadas por repetidas y por años de experiencia,  sin embargo un mínimo roce de realidad me pone rápidamente en mi sitio para recordarme que no soy otra cosa que un animal de costumbres repetitivo y aburrido, un animal que por mucho que se busque, no se da encontrado. Está claro que en mi oráculo de Delfos, yo no me doy conocido.

 

Ella siempre tuvo los ojos más chispeantes que uno pueda ver en esta vida, cejas que no terminaban nunca, mirada de gata en celo en las noches en que los dos huíamos para encontrarnos y nos buscábamos y nos encontrábamos y agarrábamos la vida por los huevos, pero sobre todo ella tenía dos incisivos superiores que se montaban en su línea media y que yo me empeñaba una y otra vez (y con notable fracaso), en separarlos con mis labios y mi lengua.  Nunca nos dijimos un te quiero porque no tenía sitio, no cabía entre nosotros dos, sin embargo llegamos a sentir experiencias que iban más allá de la propia situación, situaciones que iban más allá de la propia lógica, y lógicas tan sencillas como no decirnos la verdad a la cara o callarnos para no mentir.

 Sin querer uno se distancia hasta de lo que le parece perfecto, sin saber muy bien el porqué los días pasan pero muchas personas van quedando atrás en tu currículo sin que lo merezcan, y así fue como los escuetos mensajes del móvil fueron el único destello de luz en un futuro que poco a poco lo fuimos apagando hasta que hoy se apagó del todo.

 

Hace un par de años a ella le llegó la maternidad y fue así como nuestros encuentros pasaron de ser de una cama a una cafetería, de un revolver de pasiones a una suave caricia en la mejilla,  de tórridas miradas cargadas de pasión a sonrisas medio forzadas, de mi lengua y mis labios intentando separar sus dientes  a un beso delicado y sutil como el de dos amigos,  pero aún en los momentos más tediosos, aún en los momentos más descargados de emociones, aun en los momentos en donde manteníamos la calma con el café de por medio, había algo dentro de nosotros que sabía que si el otro se arrancase, podría surgir la mayor de las tormentas amorosas, la sempiterna latencia de la pasión.

No puedo decir que no nos volvimos a acostar, ni tampoco que resultó mal la experiencia, pero lo cierto es que esa última vez ambos notamos como si un hielo del tamaño de un muro gigante se entrelazara entre nuestras antiguas pasiones. Rendimos en la cama como habíamos hecho siempre pero ambos sentimos que en aquellos forzados abrazos algo nos estaba arrastrando hacia el abismo del olvido, ambos supimos que aquel encuentro sabía a despedida.

 

No me dolió que no me cogiera el teléfono, ni que no contestara a mis mensajes de felicitación por el día de su cumpleaños (nunca me olvidaba porque era el mismo día que el de mi padre), ni siquiera me importó mucho cuando hoy me llamó para decirme (ante mis insistencias), entre risas nerviosas y entrecortadas, que se encontraba perfectamente pero que simplemente no le apetecía saber de mí, bueno, esto último no llegó a decírmelo, hay cosas en la vida que no se le debe decir ni al peor de los enemigos, se llama educación, pero lo cierto es que no le dejé hablar ni yo tampoco hablé mucho (por una vez en mi vida), llámame cuando te apetezca, creo que le dije, vale, creo que me contestó. Sin embargo reconozco que lo que realmente me dolió fue la propia circunstancia vivida, el choque brutal de realidad, la sensación de haber despertado de un sueño que quizás duró demasiado tiempo pero que no por ello resultó muy plácido y pasional, me dolió el propio dolor que sentí cuando colgué el teléfono y empecé a sentir como se me escapaban dos lágrimas sin ningún tipo de suspense ni de control, dos lágrimas que en su rodar llegaron a mis labios y a mi lengua y me recordaron que por mucho que me pese, que por muchas vidas que vuelva a vivir, jamás podré separar con mis besos, aquellos sus dos incisivos superiores.  

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Como pan para los ciegos. Por Jose Luis Alvite http://nachinhogonzalez.lacoctelera.net/post/2009/10/17/como-pan-los-ciegos-jose-luis-alvite 2009-10-17T21:36:29+00:00 Recuerdo que la primera vez que me acosté con una fulana en el barrio chino, ella me preguntó qué tal lo había pasado. "Muy bien; lo he pasado muy bien", contesté un poco incómodo. Ella rehizo la cama estirando grosso modo la sábana, retiró de mi mano el dinero a pagar por el servicio y me tranquilizó con la rutina pedagógica con la que supuse que antes había tranquilizado a otros como yo: "Pues eso no es nada, ¿sabes?. Te lo pasarás mejor cuando aciertes con el agujero"... Entonces todo lo relacionado con el catre me parecía vergonzante y complicado, pero ahora que soy mayor y me he revolcado durante muchos años en los cocederos más sórdidos del orbe lupanar, sé que aquella señora había actuado al mismo tiempo con sinceridad y con delicadeza, dándome a entender que la ceremonia del sexo en cierto modo se redondeaba con la misma liturgia con la que resolvería un jugador neófito el golpe soñado con el que igualar por primera vez en el golf el dichoso par del campo. Conocí luego a muchas mujeres como aquella y compartí con ellas circunstancias como la de entonces, lo que pasa es que con el transcurso del tiempo la conversación se fue mezclando con el sexo, los sentimientos desplazaron a los impulsos y cuando quise darme cuenta resultó que la literatura había empezado a relegar a los instintos, de modo que ya no podía acostarme con una de aquellas chicas sin antes convencerme de que lo que hacían nuestros cuerpos al restregarse en la berrea del catre no era otra cosa que aprovechar el sudor para amasar a oscuras el pan ácimo y marrón con el que podrían haber comulgado a la salida de la escuela los niños ciegos. Es cierto que sus estudios no tenían mucho que ver con mis estudios y que sus expectativas eran más inciertas que las mías, pero yo estaba seguro de que la sordidez en cierto modo nos igualaba y que a efectos de sabiduría vital las cosas que yo pudiese enseñarle a ella no tendrían en absoluto más valor que las que ella pudiese contagiarme. Yo le recomendaría luego un libro de cabecera y ella a cambio me daría las señas de un urólogo de confianza. El uno se habría convertido de ese modo en el complemento del otro y dejaríamos correr el asunto sin importarnos que aquello desembocase en algo serio, tal vez en una de esas historias en las que el sexo es un sitio húmedo, pero agradable, en el que sentarse a envejecer. Veinte años después de aquella primera experiencia en el barrio chino me reencontré en los andurriales de Vigo con la mujer con la que había debutado tanto tiempo atrás en cama, me di a conocer, nos tomamos unas copas y me preguntó como me iba. Aunque creo recordar que me costó mostrarme convincente, le dije la verdad: "Sigo en las mismas, ya sabes, la furia, los instintos, las expectativas y todas esas cosas... pero ya nada es como entonces. Sé sobre este ambiente más de lo que imaginé que llegaría a saber si hubiese nacido en él. Casi ni recuerdo la decencia. Hace tanto tiempo de aquello... Los excesos sexuales están amenazando mi capacidad para la literatura porque, ¿sabes que te digo?, porque ya no soy capaz de soñar cosas que me impresionen más que la realidad. La esporádica suerte de dormir se me ha convertido en un verdadero desperdicio. En cierto modo diría que soy feliz, pero se trata de una felicidad como automática, algo trivial y aritmético, una alegría tan insatisfactoria como si la felicidad se me hubiese convertido en un deber. La lista de las cosas que de muchacho creía interesante aprender se ha convertido con el tiempo en la lista de las cosas que me convendría olvidar. A veces pienso que era más feliz cuando disfrutaba menos"... Yo estaba desencantado y ella estaba mayor. A punto de cerrar el garito en el que nos reencontramos, me dijo: "Siempre quise ser algo que valiese la pena, no sé, cualquier cosa que no oliese mal, pero dejé la escuela después de haber aprendido apenas a borrar el encerado. Ahora tengo cincuenta tacos, cielo, y no hay en la farmacia un solo medicamento que me haga en el hígado menos daño que el alcohol. A veces me miro al espejo y hasta me parece que se me haya subido a la cara el bajo vientre. Dices que estás desencantado. ¿Como supones que me siento yo? Te diré algo: En este oficio se empieza cuando por culpa del hambre te falla la conciencia; y se acaba, cariño, cuando por culpa de la edad te fallan los estrógenos". Rematada así, la historia queda algo coja, lo reconozco, pero eso se debe a que en el viaje de regreso a Compostela noté que mis recuerdos se resentían por culpa de que a mi sueño le renqueaba el coche...

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De aquellas hostias estos lodos (y 3) http://nachinhogonzalez.lacoctelera.net/post/2009/10/09/de-aquellas-hostias-estos-lodos-y-3-3 2009-10-09T19:55:35+00:00  

Es curioso como me marcó esa etapa de EGB, sobre todo porque a mí prácticamente no me rozaron en los 8 años que estuve allí pero con las hostias que le dieron a mis compañeros, consiguieron inculcarme el mayor de los miedos en mi infancia, algo que no se lo perdonaré en mi puta vida. Afortunadamente para mi salud física y mental, llegó el día en que entré en el instituto: la mejor etapa de mi vida, el lugar en donde pude volver a sentirme libre. Siempre estaré en deuda con el Instituto A Xunqueira, siempre estaré en deuda con Mari Carmen Mejuto, la profesora de francés, un faro que iluminó mi vida con su presencia elegante, su voz grave, su exigencia y respeto por cada uno de nosotros, su tesón, voluntad y valentía. Nunca dio un grito, nunca se le ocurrió dar un cachete, pero nos tenía a todos sentados, callados y atentos a sus explicaciones. El día que la enterraron lloré a moco tendido cuando sonó el Canto de los Esclavos del Nabuconodosor de Verdi en la Iglesia de San Bartolomé, ahora cada vez que escucho sus primeros compases, me viene su elegante presencia y se me entristece el alma y me saltan (como ahora) un par de lágrimas por ojo. Ricardo Artime. Matemáticas en COU. Entraba en clase con sus pantalones blancos de pana, se dirigía al encerado y se ponía a escribir con toda la tranquilidad del mundo cualquier corolario mientras todos tomábamos nota sin parar. Ni un "callaros", ni una amenaza, su autoridad le venía impuesta en su presencia, y a nadie se le ocurría cuestionarlo. Había más, Severino Yáñez, Antonio Couto, Javier el de Filosofía, Aurora de Matemáticas, eran profesores que nadie les dotó de autoridad porque eso es algo que no se puede comprar, a ellos les gustaba enseñar, y dar clases era algo más que una forma fácil de tener un trabajo de por vida por 16 horas a la semana.

Hoy, cada vez que escucho eso de dotar de autoridad a los profesores, me echo a temblar porque primero serán a ellos los que se le doten de medios para utilizar el miedo y después será el ejército porque ya se sabe que si los niños son maleducados, la sociedad es maleducada y no se puede confundir libertad con libertinaje, y si los niños son revoltosos, la sociedad es revoltosa y si los niños son violentos, la sociedad es violenta, y ahí llegamos, y esa es la excusa que algunos buscan para implantar el palo en la escuela y el miedo en la calle, y sé que suena a exagerado y sé que suena a demagógico, y seguramente lo es, pero es que no soporto a los defensores del orden con el palo, los salvadores de la disciplina a base de hostias, los justificadores de cualquier medio con tal de servir a su fin, en fin, Maquiavelo, ¡quien te lo iba a decir, después de tantos años y sigues en boga! Y seguramente será por eso por lo que monto en cólera cada vez que alguien justifica un sopapo a un niño diciendo que una hostia a tiempo cura muchos problemas en el futuro, como si una hostia fuera la vacuna de la indisciplina, como si aquellas hostias que soplaban en mi colegio no anidasen en mí el mayor de los desprecios que tengo hacia el genero humano, como si aquellas hostias no hicieran crecer en mi el mayor (y único) de mis odios, el mayor de los resentimientos hacia aquellos tipos y hacia todos aquellos que justifican sus limitaciones a base de violencia con los que no se pueden defender.

Y ya no sigo, que me estoy poniendo de muy mala hostia y me están entrando unas ganas de coger un bate de béisbol e ir a por alguno de aquellos hijos de la gran puta que atemorizaron mi infancia con sus hostias salvadoras.

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De aquellas hostias estos lodos (II) http://nachinhogonzalez.lacoctelera.net/post/2009/10/04/de-aquellas-hostias-estos-lodos-ii 2009-10-04T10:24:12+00:00  

Vilas Simal, profesor de Gimnasia que el día que te olvidabas de llevar la ropa deportiva te ponía a hacer gimnasia en calzoncillos, te humillaba delante de tus amigos con continuas burlas y por si esto fuera poco, solía coger a la gente por la piel del cuello a la altura de la laringe y la retorcía hasta que te caías de rodillas mientras hablaba para los demás contando chistes fáciles como si la tortura fuera parte de la vida. Creo que últimamente anda bastante enfermo. Me alegro.

Don Lino, así a secas, sin apellido. Ex seminarista, feo, cabezón, calvo y gordo. Sus manos parecían empanadas, y sus dedos un muestrario de pollas. Era un naranjito andante con una mirada que infundía miedo. Yo llegué a soñarlo. Un día le dio una hostia a J.C.D.Méndez que sonó en toda la clase y que aún me retumba en los oídos, todo porque el chaval despistado no se puso de pié cuando el llegó. Vivas, el director. Su especialidad era subirte por las patillas en alto en peso y dejarte caer con un sopapo a mano abierta. Su única obsesión la caligrafía. Este ya la palmó y ya abrí la consabida botella de champán a igual que con Don Eduardo, una especie de orangután que te pegaba con la mano abierta en la cabeza mientras saltaba y te llamaba mameluco, titiritero. María Rita García Alén, atemorizaba sólo verla por el pasillo. Pequeña, flaca, llena de arrugas y una disciplina que rallaba la paranoia y que para que nadie dijese nada, las pagaba en grado sumo con cualquiera de los alumnos que fueran de su familia. Por lo menos está te enseñaba algo de matemáticas y ciencias, pero sus gestos de gallina loca nos infundía el mayor de los miedos que yo viví. Ángel Ucha Cochón, el mayor hijo de puta de todos ellos. Había sacado la plaza de profesor sin optar a las oposiciones porque durante la carrera fue uno de los tres mejores expedientes y en aquellos tiempos gracias a ello conseguían plaza fija, o sea, este cabrón con apenas siete u ocho años más que nosotros se forró a darnos hostias sin ton ni son. Yo le ví agarrar por los pelos a A.F. Iglesias y zarandearlo como un muñeco (aunque a este las mayores hostias se las dio Vilas Simal en el pasillo central, fuera del aula, cuando volvió a entrar en clase venía llorando y sangrando por las narices y por los oídos, era el año 82). Pegar hostias a mano abierta que nos sentaba directamente en la silla, o agarrarte por las orejas y abrírtelas por la unión con el lóbulo (de eso este menda da fe) eran las especialidades de este hijo de puta, un sádico que cada vez que lo veo me dan ganas de saltar encima de él y ahogarlo poco a poco en un bañera llena de ácido. Había más, pero estos eran los peores. Han pasado casi 30 años pero no los pienso perdonar en mi vida, y por eso tiemblo cuando escucho desde la administración que los problemas actuales de educación pasa por que se ha perdido el respeto a los profesores y hay que dotarlos de autoridad.

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De aquellas hostias estos lodos (I) http://nachinhogonzalez.lacoctelera.net/post/2009/10/03/de-aquellas-hostias-estos-lodos 2009-10-03T18:18:41+00:00  

A veces conoces a personas de la manera más tonta y absurda. Otras, es el trabajo que te impulsa al contacto con alguien que sería muy difícil que en tu vida normal coincidieras para compartir un café, son como los cuñados: te vienen impuestos. Lo normal es que entre personas  parecidas, el trabajo fortalezca vínculos, y por el contrario, cuando alguien te cae mal y tienes que trabajar con él, aprovechas cualquier excusa para ponerte en su contra. Somos demasiados complejos en buscar soluciones sencillas y la mayoría de las veces lo último que hacemos es despersonalizar los contextos. A Antonio y a mí nos unió una antigua empresa y un curso de formación en Barcelona. Antes nos habíamos visto un par de veces con la desconfianza que da ver a alguien de la competencia sonriéndote abiertamente mientras te pregunta que tal va todo. El curso de formación duraba dos semanas, y el segundo día yo acabé en la cama de alguien que no pienso mencionar pero que me tuvo entre sus piernas las dos semanas en cuestión (bueno, y mucho más, pero ya digo que eso da para otra historia) sin dejarme dormir no más de un par de horas al día. Ni que decir tiene que fue el curso más perdido de mi vida.

De esa manera surgió entre Antonio y yo la amistad que da la complicidad. Le agradezco la cantidad de veces que me cubrió delante de los jefes ante mis continuas ausencias o impuntualidades. Entre café y café (imprescindible para abrir un poco los párpados) yo le iba medio contando y él escuchando, y ya con unas cervezas, pues los dos nos fuimos contando sin reparos. A los dos años, la vida nos empujó a caminos distintos, pero nunca dejamos de llamarnos con cierta asiduidad. Ayer comimos juntos en un sitio en Santiago que antes era la créme de la créme y últimamente anda bastante decaído. Nos acompañó Manolo, pero este merece un capítulo aparte, o dos, o tres.

Hablamos de todo un poco, pero como padres imbéciles que somos, los hijos entraron a colación cuando yo dije que era absolutamente incapaz de pegarle un azote. Antonio me dijo que él no estaba de acuerdo, que un azote a tiempo es una bendición y que a su hijo pequeño es raro el día que no va para cama con un par de cachetes encima. Me vino a la memoria esas atribuciones que ahora se les quiere dar a los maestros en la escuela, dicen que la ley los tiene que dotar de autoridad, y yo me pregunto como se puede dotar por ley de autoridad, como se impone, donde se puede comprar. Y es que yo tuve profesores que gritaban como energúmenos, que zurraban de lo lindo y que nos castigaban como verdaderos sádicos a los cuales nunca les tuve (ni tendré) el mínimo de los respetos, su supuesta autoridad simplemente era miedo, y por eso sigo brindando con champán cada vez que uno de esos hijos de puta se muere. Fue en el Colegio Nacional Público de Prácticas, Masculino Aneja de Pontevedra . Fueron a finales de los años 70 y principio de los 80, y no fue ni uno, ni dos, ni tres, los que se enzarzaban con niños de 6 a 14 años con saña e instintos depravados...

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A ver cuanto dura http://nachinhogonzalez.lacoctelera.net/post/2009/10/02/a-ver-cuanto-dura 2009-10-02T08:34:51+00:00  

Empecé a escribir este blog por aburrimiento, por que no tenía otra cosa que hacer o porque simplemente me apetecía dejar constancia por escrito de las paridas mentales con las que se me da por matar el tiempo. Por las mismas causas dejé de escribir, sin más. Como no entiendo de casi nada tampoco me entiendo a mí, y aunque pensé varias veces en retornarlo no conseguía alquilar fuerzas que me permitiesen moverme con cierta soltura dentro de la páginita en cuestión y está claro que por lo que me pagan tampoco merecía la pena esforzarse un poquito.

 

Dicen que lo más difícil de escribir es ponerse a ello, que por mucho que uno pasee, observe, piense, recapacite, se concentre, estudie o reflexione como no se sienta delante del papel  nada consigue, o sea, como decía uno de esos sabios que lo saben todo: la inspiración existe pero te tiene que pillar trabajando. Y hete que aquí yo no estoy de acuerdo, me refiero en lo del trabajo porque está claro que soy un vago con pedigrí, un vago vocacional, un vago con avaricia. No estoy a favor del trabajo, no estoy a favor de esa forma de esclavitud con la que la sociedad de bien pensantes me quiere hacer pasar por el aro. Si me siento con papel y lápiz y en vez de ponerme a escribir estas payasadas hago cuentas sobre mi vida económica, me daría cuenta de que estoy perdiendo el precioso tiempo limitado que tengo para vivir en trabajar para poder pagarme las cosas que no necesito para ser feliz. Entre tanto, si me revelo ante esta cruda realidad, corro el riesgo de que me den la espalda la mayoría, que me tilden de antisociable, de antisolidario y de egoísta recalcitrante. Sinceramente, soy un animal social, así que reconozco que me importa lo que los demás piensen de mí, uno no sólo es quien es, sino quien cree que es y además como los demás piensan que eres, negarlo es negar la mayor. Si se mira mi tiempo en clave laboral, está claro que no soy un colmado de virtudes, pero si se mide mi tiempo en clave de actividad, ahí gano por goleada. Hago muchísimas cosas que en términos pecuniarios son un desastre (como dice mi padre, no te sirve para nada, es como hablar gallego) pero que a mí me divierten lo suficiente como para pasar el rato de una manera tranquila y sosegada. Sin más. Escribir fue uno de esos placeres a los que le dedicaba tiempo y dinero (más bien poco, para que negarlo) pero que nunca me han dado un duro aunque es cierto que me han proporcionado otros placeres que no digo por riesgo a ser más pedante de lo que soy.

 

Por otra parte ocurre que a mí todo me cansa, que lo que hoy me parece lo más sublime, al día siguiente me aburre completamente; lo que no conozco me parece perfecto pero lo que empiezo a entender, me cansa sólo con volver a pensarlo; lo que en un principio es un entretenimiento, al cabo de muy poco tiempo se acaba convirtiendo en una pesadez que soy incapaz de soportar.

Como me gusta bastante leer (igualmente de desordenado, empiezo todos los libros con una voracidad impresionante y poco a poco me van aburriendo hasta que miro más para las páginas que me faltan para terminar que las letras con las que están escritas) supuse que hay que ser a lo menos respetuoso con esas mismas letras, así que me imagino que en algún momento debí pensar que escribir por escribir no tenía sentido, además me sigue pareciendo una mala educación para conmigo mismo y mis gustos.

 

Creo que por todo eso dejé de escribir o a lo mejor no, pero creo que por todo eso empiezo hoy de nuevo.

A ver cuanto me dura.

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Sin sentido en el mundo (o el preñe de las vacas) http://nachinhogonzalez.lacoctelera.net/post/2009/04/05/sin-sentido-el-mundo 2009-04-05T10:58:00+00:00  

Grande y fértil, la tierra, así se levanta, se ve, tu la puedes tocar, es visible, es palpable, mientras a tu alrededor todo es virtual y yo sigo sin entender en donde cuelgo todo esto que escribo, sigo sin saber a donde va y quien lo guarda, allá al fondo, hay un campesino que se levanta para mirar hacia el horizonte, la vida depende del tiempo, a ti te molesta si llueven los días que coges vacaciones, miro por el retrovisor y veo las hojas nuevas verdes que brotan en los plátanos, en los carballos, en los abedules, una primavera nueva, un año más, un año menos, crees que sabes algo, que tu vida tiene sentido cuando entras en la vorágine de la mentira y la manipulación, resultados y objetivos, dudas entre decir la verdad y ser señalado, o mentir para poder vivir en paz y sin problemas, miento como mecanismo de liberación, como mecanismo de necesidad, como algo que me puede hacer crecer y sobre todo que me evita dejar atrás a los que de verdad me quieren, no soy muy dado a grandes discursos pero suelo ser vehemente en las discusiones, me dicen que soy tan provocador que llego a ser muy maleducado, lo siento, de verdad que lo siento, no es mi intención, no suelo insultar a los que piensan de manera distinta a mí, pero no me gusta que me intente convencer venciendo, debe ser en esos momentos cuando sale lo peor de mí, es cuando mis actitudes rozan la falta de consideración con el que tengo en frente, soy implacable, no me gusto, intentaré cambiar, no me gusto, o a lo mejor ya es tarde para cambiar, a lo mejor lo único que puedo hacer es estar callado, a cierta edad es difícil cambiar, resulta más fácil callar y pensar sin que nadie tenga que saber tus opiniones, a nadie le interesan, los manzanos están en flor, preciosos, después darán unas manzanas bastante malas, para que mentir, aunque mi madre las aprovecha para hacer compota que va muy bien para el estómago, o por lo menos para el estómago de mi padre, que más que estómago es un tanque de fermentación, la barriga de mi padre es una despensa de productos caducados, hoy está acabando el turrón que sobró de navidad, y ahora vendrán las roscas de pascua y las desayunará hasta principios de mayo, como mínimo, sin embargo mi abuelo se cuida más y por eso mi madre le hace la compota con sacarina, que ya es rizar el rizo, entre las esperanzas que aún tengo en la vida habita alguna profesional que nada tiene que ver con el prestigio, sin embargo hay personas que lo ven como una necesidad, el prestigio social, otra vez la vanidad y sus primos, no soy de los que piensa que con el tesón y el esfuerzo se consigue todo, ni en la vida laboral ni mucho menos en la vida particular, para mí (nótese que anticipo el para mí en vez de afirmar sin remisión, mis primeros pasos para el cambio) es una solemne tontería, somos el resultado de múltiples factores siendo la suerte el dios que lo mueve todo, si por dedicación y esfuerzo fuese mis padres o mis abuelos tendrían que haber conseguido en la vida el doble de lo que yo tengo y para mi suerte y su desgracia ellos no tienen ni la mitad, así que nada me puede convencer, yo he decidido disfrutar de la vida de soslayo, mis placeres carnales los fui apartando porque ellos me fueron apartando a mí, para que mentir, hubo épocas en que despertaba con una mujer distinta a la que me había acostado, me creía importante, pero amé todo lo que pude sin dejar un resquicio de sentimiento y salí trasquilado, creció mi cinismo a la vez que perdía la timidez, ahora no echo de menos nada, un gintonic ya me parece un exceso y los libros de Bukowsky los desterré en el trastero, sólo me divierte conocer a gente a la que cuando le pregunto por su pasado no me contesta con títulos académicos ni con ascensos empresariales, sólo me gusta estar con gente que tiene sentido del humor y del honor, gente que se levanta a sabiendas que aquí está de prestado y que no pintamos nada, que la mejor compañía es la que comparte tu plato y tu vaso sin pensar que le puedes contagiar todas las enfermedades venéreas que pueblan por el mundo vírico y bacteriano, gente que aprecio y quiero, gente a la que no me importa explicarles que las vacas para que den leche primero hay que preñarlas.

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