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EL DIVÁN DE LO EFÍMERO

Lo mejor del futuro suele ser la posibilidad de evocar el pasado. Jose Luis Alvite

21 Octubre 2005

No se reía

No se reía. Era muy sería. Se veía y creía superior. Yo la estaba mirando mientras revolvía por vez primera el segundo café de la tarde. La veía y la creía superior.
Nos deberían separar cuatro o cinco metros, no más que dos mesas, pero a mí esa distancia me parecía enorme, inmensa.
No sé en lo que me fijé primero, si en sus ojos negros, profundos, aterciopelados, rasgados, salvajemente maquillados, o en sus perfectas y pobladas cejas oscuras, o en el pelo rizo hasta el infinito cayéndole asilvestradamente por encima de sus hombros, o quizás en un lunar que tenía un poco mas abajo del ojo izquierdo, cerca de la nariz, un lunar que dominaba aquel atractivo rostro.
El sol apareció de repente entre los dos edificios que nos rodeaban, y uno de sus rayos incidió directamente en el lado izquierdo de su rostro, dibujando un ligero halo contorneando su perfil, un halo en donde la nariz reinaba con toda su hermosura, con toda su grandeza, con toda justicia.
Estuve mirando para ella aproximadamente un café y medio, fijándome en todos sus movimientos. Quería cogerla en un gesto que no fuese perfecto, en un ligero renuncio de su impecable clase, pero con mujeres así, eso es imposible.
Desfilaron por su vera tres amigos, molestándola con intrascendentes comentarios, tonterías post-adolescentes sin madurar, pero ella -!gracias!- no sonrió ni siquiera una vez, no mostró el mínimo interés. Se mostró tan fría, apática y aburrida que por momentos estuve a punto de saltar y decirles a aquellos imbéciles imberbes que no me jodieran el cuadro que estaba mirando, que no la siguiesen molestando, que no perturbasen su soledad.
Creo que en ningún momento me intuyó. Dudo que sepa que había alguien en el otro rincón de la terraza que garabateaba su perfil en hojas de servilleta, que dibujaba absorto la leve sonrisa que nunca emitiría. Dudo que en todo lo que quedaba de día alguien pudiese sacar una sonrisa de aquel rostro.
Dudo que alguien más, en su vida, le diese las gracias por no sonreir.

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