DIALOGOS 1: EL ADIOS
- Entre todos, tu.
- ¿Por qué?
- Porque eres distinto, nada convencional
- Distinto, siempre el mismo adjetivo
- ¿Cuantas te lo han dicho?
- Más de lo normal, menos de las que me gustaría.
- ¿Siempre viviste engañando?
- ¿Engañando a quien?
- Engañándote a ti.
- Típica salida de mujer abandonada.
- No seas hijo de puta a nadie le gusta que se le trate así.
- ¿A que viene esta conversación?. Lo nuestro termino. Punto y final. No hay sitio ni para la amistad. Después de follar es muy difícil hablar de tópicos y comportarse como falsos amigos, eso queda muy bien en las películas americanas.
- Te gustas. Te encanta esa imagen de hombre duro, de machito, pero en el fondo sabes que solamente eres un derrotado, un don nadie, un mediocre que juega a ser interesante.
- ¿No era yo el distinto? ¿No te gustaba por eso? ¿No decías que entre todos, yo?
- Sí, pero no te creas que todo lo que haces me gusta. Es cierto que me gustas y la verdad es que no sé el porqué, como pasa casi siempre, que te va a gustar quien menos se lo merece, pero tampoco pienses que te veo como una estatua griega, como un Adonis. No eres perfecto, tienes muchos fallos en lo físico y en lo psíquico, sobre todo en lo psíquico, creo que en poco tiempo serás carne de psiquiatra.
- ¡Joder! ¡Qué mal te sienta el desamor!.
- ¿Desamor? No te equivoques, tu esto lo definiste como atracción, ¿recuerdas? Ni amor ni sexo: atracción física.
- Correcto. Se acabó la atracción se acabó el contacto, se acabó la historia.
- Tienes miedo a enamorarte.
- De ti, no.
- Muchas gracias por el cumplido, pero que sepas que tu tampoco eres el hombre de mi vida.
- Pero soy distinto.
- Mucho te gusta que te lo digan.
- Es una forma de alimentar mi ego. No soy guapo, tu acabas de decir que no soy lo más parecido a una estatua griega, y tampoco intelectualmente destaco por nada en concreto, aunque intente hacer pinitos que me refuercen en mi condición de distinto a los demás, por eso cuando me definen como distinto, me encanta, es justo lo que busco.
- Si lo llego a saber no te digo nada.
- Es igual, hay formas de hablar en donde sobran las palabras, y tu ya hace tiempo que me lo habías dicho.
- ¡Serás chulo!
- En estos momentos lo soy, lo admito, pero creo que también puedo ejercer como tal. A ti en el fondo también te gusta mi chulería.
- No sigas hablando más que la vas a cagar. Mira, ya que estás condenado en mi recuerdo, no lo jodas ahora, justo en este momento. No pases a mi historia como un idiota.
- De acuerdo, hagamos un borrón y cuenta nueva. Te diré algo bonito. Te diré que tu no fuiste una de otras tantas. Siempre hubo en ti algo que me atrajo por encima de lo físico. Por ejemplo me gustas mucho como bebes el café, que me encantan tus manos finas y pálidas agarran casi rozando la cucharilla y sobre ella revuelve el oscuro líquido. Y también me gusta como acercas la taza a tus labios, esos tus finos labios que besan con pasión y me gusta como tu sonrisa aparece de entre ellos y sobre todo esa pequeña muesca en el incisivo derecho que te hace muy peculiar, y sobre todo de ti me gustan tus ojos, porque después de todo lo pasado aun no sé de que color son. A veces son azules, otras verdes y las más grises.
- Gracias, nunca nadie me dijo eso. ¿Por qué has tardado tanto en decírmelo? Al fin y al cabo casi llevamos un mes acostándonos juntos.
- Bueno, pero realmente sólo cuatro noches, cuatro sábados, cuatro fines de semana. Esa fue nuestra meta antes de empezar y debe ser ahora el punto final. Nada de prórrogas.
- Que sí hombre que sí ya lo he entendido. Aprovechas la mínima para recordármelo. Tranquilo hombre, tranquilo que no estoy enamorada de ti, y no pienso hacer ninguna locura por ti. Por tipos como tú no merece la pena que una se coma el tarro. Si esto se lo estás haciendo a tu mujer, mañana me lo harías a mí sin ningún tipo de duda.
- ¡Exacto! Sin ningún tipo de duda. Ya sabes mi teoría la vida está para disfrutarla, no para sufrirla. Por tanto disfrutemos cuanto podamos, sin riesgos y sin sentimientos.
- Y dime una cosa, ¿siempre le pones el final al principio?
- No, a veces no hace falta decir nada para darse cuenta de que ya se acabó al principio. Otras, uno se da cuenta de que corre el peligro de que se enamoren de ti, y es entonces cuando huyes. Y otras son como tu. Alfa y omega. Principio y final.
- Vaya o sea que soy del grupo tres.
- Venga, no te hagas la mártir. Si te acostaste conmigo la primera noche de conocerme, tu no eres ninguna santa. Dudo que yo fuese el primer tío que te llevas a la cama nada más conocerlo. No eres tu mejor que yo.
- Sí que lo soy porque yo no tengo ninguna atadura, yo no engaño a nadie. Soy libre y tu no.
- Muy bien, muy bien, ya entraste en el agujero, ahora sigue hurgando.
- Mucho te jode que te recuerde tu mujer.
- Sigue, sigue...
- Me das pena, en el fondo eres un pobre hombre.
- No, creo que te estás equivocando, no soy ningún pobre hombre, soy simplemente un hombre, con las ideas muy poco claras, eso sí que es cierto, pero alguna aun tengo, ¿y tú? ¿Tienes alguna idea sobre tu vida?
- Alguna.
- ¿Alguna? ¿A que le llamas alguna? Tu ya has triunfado en la vida, a saber: estudios, oposición, trabajo fijo y estable, una casa de revista de decoración, y cuando te apetece, algún hombre que te alegre las noches y te lleve el desayuno a cama.
- Trivial, análisis muy trivial
- Pero certero.
- ¿Tu crees?
- Volvemos a los reproches. Es mejor que pague el café y que nos vayamos.
- Sí, es mejor.
- De todas maneras tienes mi teléfono, y si necesitas cualquier cosa, no dudes en llamarme.
- ¡Ja!. Pero ¿qué es lo que tu me puedes dar? Si en ti no hay cariño, en ti solo hay sexo.
- No empieces, pero te lo negaré. No solo te tengo cariño, sino que a mí manera, te quiero.
- Y cual es tu manera, porque ahora si que me has dejado alucinada.
- Mi manera no tiene normas, no tiene leyes, no tiene razón. Va a impulsos. Tú eres un impulso muy fuerte. Eres un gran impulso.
- Impulso. Es eso como defines todo esto, como un impulso.
- Sí, bueno y también unos cuantos polvos potables.
- Hijo de puta.
- Eh, que es broma. Aunque ha decir verdad follas muy bien.
- Pues ya que estamos de sinceridad te he de decir que tu no eres el tío que mejor me he follado. Te falta un punto de aguante y de agresividad.
- Ah, muchas gracias. Pero eso no me lo decías ayer por la noche.
- Excitada una no piensa y solamente dice lo que el otro quiere escuchar.
- Y en el café de la mañana sin feromonas pululeando te vuelve la lucidez, y los análisis se hacen categóricos. ¡Que bien!
- Bueno, tampoco es eso, lo que ocurre es que sé cuanto aprecias tu ego, y después de todo también me gusta darle una pequeña hostia, a ver si baja un poco su autoestima.
- Sí, de todas maneras creo que tienes mucha razón, no soy un excelente follador, porque tengo la mala costumbre de pensar en la persona que tengo entre brazos, y no sólo pienso en follar, sino que también me gusta besar, abrazar, acariciar... y demás cosas que creo bien pudiste comprobar y atendiendo a tus gemidos, disfrutar.
- Sí, eso lo haces bien, pero te falta un punto salvaje. Si presumes de conocer a las tías, te diré que estás equivocado, porque no a todas les gusta lo mismo, ya que si bien es cierto que la ternura juega un papel importante, también he de decirte que a algunas nos gusta que un hombre se comporte por momentos con fuerza, con pasión descontrolada, con aspereza
- ¡Ah! Y tú ¿eres de esas? ¿En el fondo te gustan los camioneros con camiseta de asas y manchas de grasa hasta en los calzoncillos?
- Pues sí.
- Y yo solamente con mis caricias, ¡vaya!. ¡Qué pena!. Sabes que con este comentario me estas poniendo...
- Sí, pero ahora ya no hay oportunidades, ya se acabaron las opciones, ya hubo principio y final. Alfa y omega. ¿Recuerdas?.
- Bueno, a veces también se deja un lugar para repasar lo olvidado, o para corregir los fallos.
- Ah, y ¿desde cuando? Porque esa norma es nueva, ¿me equivoco?
- Ya te dije que las normas son mías y las pongo yo según me plazca
- Y ahora te place volver.
- Bueno, digamos que ahora recuerdo algo que se me olvidó ayer.
- Eres un imbécil. De verdad piensas que después de todo lo que me has dicho yo me iría contigo otra vez a la cama.
- Pero, ¿qué te he dicho que no supieses?
- ¡Dios mío que cínico!. Y yo que estuve a punto de enamorarme de ti...
- ¿Ves? Ya lo sabía yo, si al final siempre pasa.
- Pero serás hijo de puta. ¿Quién cojones te crees?. Qué pasa, ¿acaso no tienes sentimientos? ¿Eres como un animal?
- Por favor no chilles que nos están mirando toda la gente de la cafetería.
- Me pongo como me sale de dentro. ¿Tienes vergüenza? ¿Después de todo, tienes vergüenza? ¡Que extraño, yo juraría que eres un perfecto sinvergüenza!.
- Por favor...
- ...
- No te alteres, tranquilízate.
- Bueno, paga esto que me tengo que marchar, he quedado con una amiga
- Muy bien, pero por favor tranquilízate, no hay para tanto.
- Por favor, cállate ya, que cada vez que abres la boca es como si vomitaras mierda.
- Vale, pago y nos vamos. Oye, una última cosa.
- Dime
- ¿De verdad que te gusta follar salvajemente?
