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La Coctelera

EL DIVÁN DE LO EFÍMERO

Lo mejor del futuro suele ser la posibilidad de evocar el pasado. Jose Luis Alvite

7 Noviembre 2005

jose luis alvite.

Después de un año sumido en una depresión salvaje, vuelve Jose Luís Alvite a regalarnos su particular mundo, sus sórdidos amores, su música ásperamente sentimental y sus imposibles metáforas llenas de ingenio y genialidad. Que me perdone que lo publique en este blog, pero no todo el mundo puede leer El Faro de Vigo. Gracias D. Jose Luís por existir.

Creo haberlo visto claro durante los interminables meses de la maldita depresión. Comprendí, por ejemplo, que en la vida no hay que dar un solo paso sin disfrutar al máximo el suelo y el calzado, que sólo si estás bien despierto puedes dormir tranquilo, y que a cierta edad, muchacho, y aunque los libros digan otra cosa, no hay duda alguna de que has tenido suerte porque tu posteridad fue ayer. Todos sufrimos alguna vez el revés de un éxito y creímos haber tocado el cielo con una caricia, con una copa o con la paladar suavidad de un beso. Luego resultó que las cosas vinieron a su sitio y que en realidad se trató de una simple alucinación de la madrugada. Creímos en la posibilidad de colarnos en la biografía de aquella mujer distinta, muchacho, sin caer en la cuenta de que para ella sólo fuimos un sitio por el que doblar sus fotos y el bolsillo en el que metieron a cada rato las manos. La gente verdaderamente importante anda por otros raíles y sólo a veces nos tropezamos por casualidad en el cambio de agujas y ella nos mira como miran las señoras interesantes cuando su coche cama se cruza hipermétrope en la niebla con un tren de mercancías atestado de grava y fugitivos que chilla soprano en las vías como la cisterna de un retrete. Compartí en una ocasión mi cama con una interesante mujer de mundo y nos dimos semejante festín comiéndonos los dientes, que por la mañana el colchón con el pescado del pubis parecía una matanza de salmones. Después yo me marché al trabajo y ella se quedó un rato a pasar a limpio con rimel el pedigrí de sus ojos. Ya no estaba en casa cuando volví horas más tarde. Hoy no me habría decepcionado. La vida me enseñó que la Historia jamás le guardará un sitio al "caddy" de Jack Nicklaus. Nadie se acordará de nosotros cuando el enterrador retire de nuestra tumba el periscopio y las flores. A los difuntos importantes sus viudas les ponen un flexo y enfermeras pero nosotros somos otra clase de gente, muchacho, así que habremos de ir haciéndonos a la idea de que a nuestro maldito cadáver se le morirán en cuatro días las moscas. ¿Y qué podríamos haber hecho para evitar nuestro destino? ¿Cómo podríamos siquiera reproducir limpiamente al piano las manchas de una partitura con el Réquiem de Mozart? Todos tenemos billete para el mismo viaje, muchacho, el viaje de la vida, sólo que los buenos van sentados dentro, y el resto, nosotros, tú y yo, amigo mío, el resto vamos dando tumbos en las ruedas. Es cierto que me acosté aquella noche en mi casa con una mujer de mundo, pero, ¿qué quieres que te diga?, ella tendrá reservada en la Opera una tumba con acomodador y a mí nadie me creerá que aquella noche era sudor la melancólica sensación de bajamar en el interior de la vejiga. Por eso durante los largos meses de la depresión, me miraba en el baño y me parecía que mi sonrisa era la mecha con la que acabaría volándome la cabeza frente al espejo. Arrastré durante lustros la voluntaria decadencia de alguien que se creía capaz de jugar al billar en las escaleras del cadalso y un día descubrí que tenía el trágico aspecto de un pobre diablo que se hubiese pasado las noches durmiendo colgado en el gancho de la carne. Una tarde me encontré tan estreñido que estuve tentado de hacerme una cesárea con la cuchara de la mermelada. En la oscuridad de la depresión descubrí que jamás había visto tantas ventanas en casa. Una madrugada pensé en saltar tranquilamente al vacío con un cigarrillo en la boca. Me sentía tan poco importante que incluso se me metió en la cabeza que mi mujer me reprocharía que los niños perdiesen por mis exequias un día de colegio. Además, detesto el tedio. Y si no salté aquella madrugada al vacío, muchacho, seguramente fue porque no tuve la certeza de no aburrirme en el aire...

servido por ignacio 10 comentarios compártelo

10 comentarios · Escribe aquí tu comentario

javier quejigal

javier quejigal dijo

Sencillamente insuperable. Amigo, yo he visto esa mecha y he sabido lo que es descubrirse acechando las ventanas. Barrunté el tedio de que hablas incluso en mi proyectada caída. Ni siquiera lloré de saber que mi sepelio quedaría en una falta sin justificar en los boletines de notas de mis hijos.
Mi mujer se incomoda cuando siente que existo. Iba a dejarme morir; pero hoy he decidido aplazarlo. He recordado que en ocasiones sorprendí un brillo desechable en los ojos de las hembras a mi paso. Miraré en el estercolero. Voy a tirar de ahí. Puede que encuentre algo.

29 Noviembre 2005 | 12:35 PM

Sara

Sara dijo

Que lástima que un ¿hombre? como José Luis Alvite, mentiroso, carroñero y con el rigor periodístico de un felpudo deshilachado a la puerta de un gallinero, tenga que seguir torturándonos con su diarrea mental. Si tiene depresión que se la cure desmintiendo todas las falsedades que ha publicado en su vida, y que purgue su regocijo con las desgracias ajenas.

7 Agosto 2006 | 10:18 AM

Sara no habla con propiedad

Sara no habla con propiedad dijo

Sara...
Jose Luis Es sencillamente genial...no digas tonterias y vete a leer tus revistas del corazon o a fregar x ai

18 Agosto 2006 | 04:37 AM

José Luis

José Luis dijo

Ernie Locuasto no permitiría entrar a Alvite de nuevo en el Savoy. Ha perdido la genialidad de las metáforas para quedarse en el basurero casposo de la televisíon nocturna. Lorraine también confía que vuelvas a la genialidad

19 Agosto 2006 | 08:55 PM

Luisma.

Luisma. dijo

llevo muchos años siguiendo puntualmente los articulos de alvite.hoy no tengo dudas de que es el mas sublime articulista jamas conocido, manteniendo una calidad sostenida capaz de vivificar la materia exangue y con la magia de su oficio, encantarnos levitando en una nebulosa surrealistamente verosimil. Con precisión cirujuna dirige certero el escalpelo al turgente tumor purulento, habitaculo de la inmundicia, la abyección, la miseria y la codicia. Nos baña en la "materia", alguno reblinca, nunca le habian enseñado "por dentro".
La literatura se daria por satisfecha, pero Alvite es mucho más:un compromiso ético y de justicia material. Restituye al olimpo o a las catacumbas de la ponzoña. Según los meritos de cada cual.
Larga vida Maestro.

22 Agosto 2006 | 02:19 AM

Sara

Sara dijo

Por cierto, no suelo leer revistas del corazón, pero no me cabe duda de que en ellas hay bastante más de verdad que en los artículos de ese sinvergüenza de Alvite. Por mi parte sólo puedo celebrar dos cosas, la primera que haya pasado por una depresión de órdago (que sepa lo que se siente) y la segunda que se dedique a escribir ficción nada más, donde no pueda seguir dañando a la gente con sus injurias.

Muérete Alvite

4 Septiembre 2006 | 01:57 AM

Sara

Sara dijo

No tengo que ir a fregar a ningún sitio. José Luis Alvite intentó hundir a mi familia publicando una noticia que era MENTIRA, y ni siquiera tuvo narices de llamar para disculparse. Es un despojo humano y lo repetiré las veces que haga falta, disfruta tú con él si tanto te gusta, pero permítenos a los demás nuestro odio legítimo.

4 Septiembre 2006 | 01:57 AM

Gonzalo

Gonzalo dijo

No he leído lo bastante de Alvite como para poder opinar sobre su submundo pero sus metáforas imposibles tienen su aquél. Lo que sí es cierto es que calumnia y así ha sucedido con la mujer de Mahler. En cierta ocasión hablaba de que volvía a altas horas con las piernas todavía sin cerrar bien. Esto es un infundio. Le fue infiel, pero en absoluto en los términos malignos de Alvite, quien hubiera merecido una querella de sus familiares. Las relaciones conyugales iban de mal en peor, sobre todo luego de la depre de Mahler tras la muerte pavorosa de su hija, máxime cuando él, en la época del embarazo había compuesto, contra la voluntad de ella (una mujer de enorme personalidad y valía) los Kindertotenlieder (canción de los niños muertos). Pero del coño de la Bernarda, nada. Nadie se ha atrevido a sugerir nada similar.

26 Septiembre 2006 | 01:33 PM

suso de aguion

suso de aguion dijo

Querida Sara, lamento esa opinión sobre Alvite, legítima seguramente. Pero ¿a quién no le atenaza, en ocasiones la cobardía, o la ausencia de valor?. No todos tenemos madera de héroes: fíjate en los treinta millones largos de españoles que vivíamos en 1975, cuando ahora resulta que todos tenemos un pasado antifascista. Es esa náusea que se siente ante tropelías cometidas en tus narices: trato a los ancianos, niños maltratados, etc. y después, nadie hemos visto nada. Por lo menos él no trata de pontificar sobre la virtud, ni de convencer a nadie. Quizás no merezca un halago, ni lo busca, tan solo entretener y provocar una sonrisa (amarga, en ocasiones).

26 Septiembre 2006 | 07:00 PM

Savia

Savia dijo

Fantástico, te adoro Alvite. Me embelesas, me tienes a tus pies olorosos buscando una taberna.
Eres la filosofía escupida con más clase que he leído ultimamente. Has vuelto de un ciclón y estoy como si llovieran cigarrillos gratis.
Te quiero agrio más que dulce y áspero más que dócil.
Muac

12 Septiembre 2009 | 07:32 PM

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