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La Coctelera

EL DIVÁN DE LO EFÍMERO

Lo mejor del futuro suele ser la posibilidad de evocar el pasado. Jose Luis Alvite

17 Noviembre 2005

El día que dejé que me dejaras. Tus lunares

El día que dejé que me dejaras repasé cada uno de tus lunares. Lunar de al lado del ombligo. Insinuante. Tu cuerpo era moreno con aspecto dorado. Nos desnudamos en la playa. Yo boca abajo. Te reías y me acariciabas con tus uñas paseando por mi espalda. En la sauna hace mucho calor. Tengo que lavar bien las pescadillas y encajar bien la cola en sus dientes sino después se abren en la sartén. Enharinarlas bien y freírlas en aceite de oliva muy caliente. El de oliva es muy caro pero estas navidades nos regalaron una lata de 5 litros, pero sólo lo usaremos para las ensaladas, entendido?. ¿Compraste la barra de pan y la leche?. Tumbado en un asiento de madera miro para el techo también de madera. Sauna finlandesa. Las familias finlandesas la comparten, o eso dicen. Yo no me veo aquí en pelotas con mis abuelos y mis padres. A lo mejor con mis hijos sí, pero con mis padres no. Nunca vi a mis padres desnudos. No soy capaz de imaginármelos haciendo el amor. Sin embargo aquí estoy yo y ahora estoy totalmente desnudo y me toco sin miedo y sin pudor. Sudo. Me toco. Tu abuelo tocaba el acordeón y tú bailabas, pero sólo ibas a tu pueblo en verano. Y en Navidad. Castilla seca. Castilla amarilla. Castilla entró en mi el día que descubrí la sobriedad de su belleza. Y tú estabas a mi lado. Me enseñaste tu pueblín. Y entonces lo vi claro. Entendí tu alma. Entendí Castilla. Juro que la entendí. Lunar al lado de tu comisura labial izquierda. Provocador. Tu lengua no lo tocaba. La mía sí. En la playa nos miraban. Tu mano se dejaba caer por mi espalda y llegaba a mi culo, me abrías las piernas y yo me dejaba hacer. Tus ojos se reían y salían destellos de maldad. Deshazme en amor. 70º y subiendo. Si me quedo aquí encerrado, ¿Cuánto aguantaría antes de morir? ¿moriría delgado?. Sudo mucho. Me voy a desintegrar. Mi madre me compraba las botas dos números más para que me durasen para el año siguiente. Después la realidad era otra bien distinta. Las rompía por las patadas al balón y casi nunca aguantaban enteras el invierno. Al año siguiente otros dos números más. Así hasta el infinito. Mi infancia son dos números más en los pies, por eso ahora cuando ando arrastro los pies y todos dicen que soy un vago. Soy muy vago. No, no soy vago, soy cansino. Lunar detrás de la oreja. Ese te pertenece a ti, sólo a ti -me decías-, y te apartabas el pelo y me lo regalabas. El día que murió tu abuelo no llegaste al entierro. Lloraste en mi hombro. Aún no nos conocíamos pero ya sabíamos que uno era para el otro. No sabíamos como éramos pero ya nos amábamos. Yo marcaba muchos goles y siempre dormía con el balón, pero nunca llegué a nada así que no hay anécdota que contar a los periódicos. Nadie narrara mi biografía. Siempre hablan los mismos, los que se eligen triunfadores. ¿Quiénes se acuerdan de los que pierden?. Por eso ahora soy vago, ya sé que no llegaré a nada, así que no me esfuerzo. León. La catedral. Barrio húmedo. Te voy a llevar a comer a unas bodegas las mejores mollejas del mundo. Me ponías las manos en tus alas de ilion y te empujabas hacía mi, y entonces eran mis manos las que resbalaban por tu culo. Flaca, no me mires así, que te conozco. En la playa casi nos echan por escándalo púbico. Te echo una carrera nadando. Te ganaré con un solo brazo. Hacías trampas, pero aún así yo te ganaba. En la ducha el agua me caía muy caliente y creo que hubo un momento en que no pensé en nada. Tenía los ojos cerrados y la botella de gel en la mano. Tulipán negro. Me vestí con los dedos arrugados de tanta agua. Me costó abotonarme la camisa. Lunar del interior de tu muslo derecho. Bésalo. Bésalo. Si me afeitase ahora sería más fácil, y es que tengo mucha barba, pero seguro que si me corto no pararé de sangrar y eso es porque los poros están abiertos. Me imagino un poro que se abre. ¿Cuánto se puede abrir un poro? ¿Será como un volcán?. Paso. Me seguiré dejando barba. A lo mejor no pensé en nada cuando me estaba duchando, y si pensé no me acuerdo, aunque casi nunca me acuerdo de lo que pienso. Lunar de detrás de la rodilla izquierda. Camino de la perfección. Tenías un jersey naranja que te ponías con los vaqueros gastados. Andabas marcando los pasos y me mostrabas el culo. Las cuestas de Sanabria son muy empinadas pero tú las hacías más. Sé que te tengo que dejar, pero eres un capricho muy grande. Una vez nos deshicimos en amor en el callejón de delante de tu casa y al terminar, te agarraste a mi cuello y te pusiste a llorar.
¿Qué te pasa?. Nada, creo que soy féliz.

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Paula

Paula dijo

comienzo a entender el éxito de las etregas por fascículos de las primeras novelas, ayi cuando se inventó el periodismo diario... Me gusta la serie, me gusta lo que escribes y como lo escribes..pero espero que no sufras cuando lo haces..Morir delgado?...es pasar de la tristeza a la risa leerte.... Por que hora andamos??

18 Noviembre 2005 | 12:19 AM

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Cuantos buenos recuerdos le debemos a la mala memoria. Alvite Parador

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