Ahora toca lavarme
Me hubiese gustado guardar todas y cada una de nuestras alegrías en sobres cerrados para poder enviármelas a mi mismo el día en el que las lágrimas dominasen mis andanzas.
También me hubiese gustado jugar a escondidas con las realidades, vivir en los sueños sin prisas para despertar, andar descalzo por el envés de tu espalda, abandonar mi piel para el regocijo de tus manos, mirar a hurtadillas por cada una de las esquinas por donde sueles andar, dejarte una rosa encima del sofá para sorprenderte cuando llegases de trabajar, marcar en mi alma las veces que te hice volar en mi boca, presumir de tus ojos y de su constancia para con los míos, amarrar mis pensamientos a los tuyos y hacer de los dos uno distinto que sería igual a lo que somos los dos, y después, en el regocijo del descanso, hacer café y servírnoslo en dos vasos de cristal con foto de blanco y negro y musicar los besos que nos dimos con chimenea de fondo.
Es medianamente normal que busque la inspiración en cualquier detalle pequeño con el que sorprendo al alma, ahora un señora cantando una canción que creía olvidada, ahora un niño comiéndose un sugus como manjar de dioses.
Hay momentos puntuales que despiertan lo dormido,así
como hay frases que vapulean los sentidos y miradas que nutren los recuerdos. Hay besos, claro, siempre hay besos. Se supone que debería haber risas,abrazos y como es lógico enfados y distanciamientos, pero no, hasta en eso diferentes, hasta en eso nosotros decidimos ser auténticamente nosotros, a contracorriente y aprovechando cada segundo así como cada centímetro. Nuestro lugar lo encontramos en el corazón del otro, allí en donde el resurgir se hace a base de caricias, y las respuestas a las miles de preguntas que nos hacíamos con los ojos se producían en el silencio tan respetuoso como ambiguo y cobarde.
Me gustaría escribirte sobre mis sentimientos cuando se agolparon en la boca del estómago, cuando un rechinar de dientes era el único ruido de mi
interior, cuando los exabruptos hacia todo lo que se movía eran mi única constancia diaria de que yo existía. También me gustaría explicarte, a ritmo de inspiración confesional, como me inventé una nueva
vida a la vez que me metía dentro de un pijama de frío y duro hierro: era la búsqueda de la protección del alma cuando en un despiste que no fue tal, la dejé campar, por vez primera en mi vida, a su libre albedrío.
Salió escaldada, salió dolida, salió sin poder replicar, pero sobre todo salió sin poder hablar ni siquiera para ella misma. Cuando uno pierde ciertos valores en la vida, cuando uno se ve como aquel que siempre detestó ser, la solución no es romper llorar pero a mí no se me ocurrió otro camino. Lloré más que en toda mi vida, lloré hasta no poder más, hasta nutrirme de mis propias lágrimas, hasta que se me arrugaron las mejillas por tanta humedad, hasta que se me cayó la pátina de maquillaje que con tanto esmero me fui construyendo durante toda mi vida.
Ahora toca lavarme.

M dijo
Un sugus. ahi me soprendi, segui leyendo, pero volví al sugus.
Toca lavarse.
Toca.
24 Noviembre 2005 | 07:54 AM