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La Coctelera

EL DIVÁN DE LO EFÍMERO

Lo mejor del futuro suele ser la posibilidad de evocar el pasado. Jose Luis Alvite

22 Diciembre 2005

Ojalá tenga más huevos

Repaso lo escrito el día anterior y corrijo lo que no me gusta. Tengo un miedo atroz a caer en sensiblerías o en banalidades. Creo que nadie merece ninguna de las dos cosas.
El día de ayer fue duro, muy duro. Llevo días viviendo con una especie de falta de aire en los pulmones. A veces crece tanto esa sensación que parece como si me dominase totalmente. Además lo que me preocupa no es en sí esta disnea, sino su conexión interna y directa con mi rostro. Cuanto peor respiro, peor cara tengo y más triste estoy. Podría definirla como una tristeza- cabreoperpetuo respiración dependiente. Vivo en esos días en los que prácticamente todo me parece mal. Huyo y rehuyo de los que me quieren, porque lo último que me apetece es oírles sus juicios, sus consejos y sus complacientes comentarios.

Seguramente vivo en un estado de depresión interna, pero no uno de esos estados en los que se llora por todo, pero sí en los que todo y todos me sobran. Seguramente es por eso por lo que corro hacía aquí a escribir, para liberarme de estos malos espíritus que me asolan. También he de confesar que hay circunstancias que ayudan, y aunque son varios los días que llevo así, cojamos como ejemplo ayer, porque hoy todavía es hoy y a lo mejor aún puede empeorar más.
Empiezo el día con ganas, no duermo ni mucho ni bien, pero voy durmiendo que ya es bastante, y además conociéndome a mi en otras épocas, no debo protestar. Después de darle mis bos días en forma de lectura a Don José Luís, me fui a darme un baño de bajos en forma de piscina, y después llevé el coche al taller porque el muy capullo se le dio por perder el líquido de frenos. Pasé por la librería, tomé dos cafés, me vine para casa, escribí la crítica de Match point, y estuve escuchando todo el día discos de Miles Davis, algunos buenos, otros un verdadero coñazo. Empecé el día con energía, y con ganas importantes de mejora interior, de hecho si esto no fuese así no hubiese empezado estos renglones, pero es que últimamente ya me empiezan a molestar hasta las llamadas de teléfono, así que cuando me llama Fernando, Rubén, Toño o Guille simplemente no cojo. Me aburren. Mejor dicho, me aburro. Cuando es Luisa (uno de estos días tendré que escribiré sobre ella y un pequeño altercado que tuvimos en forma de no control de palabras) pongo una voz lo suficientemente transmisora de tristeza para que me pregunte como estoy, y yo le pueda responder que mal, y entonces me dice que me comprende, que para lo que quiera está ahí y todas esas cosas, pero yo lo que busco es que cuelgue de una puta vez.
Había quedado con Pablito (este ya es otra cosa) para comer en Coruña, lejos de mi ciudad porque como no tenía coche, me apetecía viajar un rato en tren. Debe ser que en el fondo me gusta ver esa imagen que devuelve el cristal del vagón cuando dejo que mi cara descanse en la palma de mi mano derecha. Esta pose melancólica mirando por la ventanilla mientras llego tarde a la cita resulta patética, pero al fin y al cabo ese soy yo. Al final Pablo me llamó diciéndome que no podía venir, así que me quedé en casa y esta empezó a ganarme terreno. La muy cabrona sabe que cuando vivo en estos estados, no debo quedarme en su vientre, pero como nunca nos llevamos muy bien, me ataca a la yugular y empieza a crear una atmósfera tan asfixiante, que me tengo que marchar escopeteado de su interior. Y ahí vino lo peor.

En la calle me estaban esperando las estampas más jodidas que he podido ver desde hace tiempo: una chica llevaba a dos niños a la piscina, debía llegar tarde porque corría cargada con las mochilas. Un chico aparcó delante de mí una furgoneta y apuró un beso fingido a su mujer mientras esta abría la puerta para vaciar a los niños. Ella ni le miró, sería porque le pesaba más el niño que la mochila, o porque aquel beso le resultaba tan vacío como la mirada que se hundía detrás de sus gafas
Estaba claro que era la hora de los colegios para ir a la piscina, así que me fui a andar un poco pensando como cambian los lugares dependiendo de cómo los mires. A las 8 de la mañana la piscina es silencio, sosiego, tranquilidad. La siento mía y de los dos o tres que me acompañan. A veces coincidimos abriendo el portalón y nos damos unos buenos días cargados de educación. Cualquiera diría que después gritamos con el primero que nos encontramos en la calle. Sin embargo por la tarde, cuando paso por delante de ella, todo está cambiado, niños y madres, madres y niños pueblan los pasillos y sus alrededores. Entonces todo me parece distinto y distante, ni siquiera la reconozco y paso por su lado como un autómata. Y me pregunté, ¿haremos lo mismo con las personas?.

Seguí caminando y me encontré a Jose que me contó que estaba hasta los guevos de su trabajo, que tenía ganas de dejarlo todo, pero no sabía cuando. Estuve con él más de media hora y no sé que tonterías me estuvo contando. Al final se despidió con un típico: "te veo muy bien, Nacho, en serio, te veo muy bien". Idiota.

No me gusta ir a los bares por la tarde, paso de café porque además los periódicos ya han envejecido desde la mañana, así que fui muy despacio a buscar el coche intentándome perder por una ciudad que conozco al dedillo.
No intentéis nunca perderos en vuestros territorios, siempre corres el riesgo de que alguien te encuentra sin que tu lo quieras. El coche ya estaba arreglado. Todo perfecto. Nada más sentarme puse música pero no sonó nada. En la ciudad caía esa lluvia menuda y ligera que sólo moja a los bobos. Deseaba que el móvil se acordase de ti, pero quien llamó fue mi jefe negándome el alta de un cliente y con ello unas cuantas perras para el bolsillo. Desee escapar, pero me atrapó un atasco. Y lo peor aún estaba por llegar...

Se llama Suárez Hernández, Juan José. Era el 35, porque después venía Vázquez Adan, José Carlos y el último de los 37 era Zas Rodriguez, Francisco Javier. A él le tocó repetir 8 de EGB, y como era tan rebelde los profesores le habían castigado sin ir a la super-excursión de fin de curso. Gracias a mi padre, que estaba en las APAS, Juanjo consiguió ir. Me acuerdo cuando aquel día de Mayo del 82 en el patio de colegio me dijo: tu viejo es cojonudo, no como el mío. Y yo le respondí que mi padre no era ningún viejo.
A él lo atrapó las drogas, como a Diaz Márquez, José Carlos, Saavedra Iglesias, Alberto o Laria Martínez, Antonio. Ellos todavía cuentan sus días (algunos en la cárcel y otros -paradojas- son guardias civiles pero los pillaron traficando), pero hay muchos otros amigos que no lo pueden contar.
Es cuestión de suerte, por ejemplo la que no tuvo Rey Neira, Pablo cuando con 21 años un cáncer óseo lo mandó a paseo. O la de Sierra Antúnez, Juan José, que después de luchar toda la vida con una leucemia, lo mató justo después de licenciarse en derecho. Ya hay que tener mala hostia. Y de esos 37 que siempre fuimos, al primero que le tocó marcharse fue a Fontán Calleja, Jose Antonio que no aguantó una excesiva presión de adolescencia con alcohol paterno y con 15 años decidió que ya había vivido demasiado colgándose de una viga. Ya enterramos a 3, pero desde aquí quiero mandarles un mensaje de tranquilidad: tarde o temprano iremos todos.
Pero a lo que iba, ayer me encontré a Juanjo. Me venía a pedir unos céntimos de euro cuando al mirarme a los ojos me conoció y nos cortamos los dos. Me contó que está desenganchado, pero que no tiene trabajo y tiene que pedir para ir tirando. Está esperando una paga de no sé qué consellería, y por eso tiene que ir todos los lunes a hacerse análisis de orina. Tiene que estar limpio para que le den la pasta. Ya lleva dos análisis bien. Mientras hablábamos, se cruzó el número 23: Pillado Ares, Victor Manuel, alto, guapo y joven empresario. Nos saludó con una sonrisa y se fue. No paró. El siguió. Seguramente tan cortado como lo estábamos nosotros dos. Me vino a la cabeza aquel viaje a Madrid, nuestra primera salida de casa con apenas 14 años cumplidos. Cinco días en la capital. Todavía tengo las fotos, y os juro que hay una en donde estamos Juanjo, Victor y yo. Que injusto es todo. Que mierda.
Me gustaría tener una pareja Nacho, e ir a cenar con ella por ahí. Ya molaría, ya!. El peor momento fue cuando al final le solté la pasta, me daba igual que fuese para comer, o para que se metiese un pico de cualquier mierda.. Me resultó jodido su mirada y a él la mía, pero a estas alturas no nos vamos a andar con engaños. Me maldije por mi falta de arrojo. Ojalá la próxima vez tenga más huevos y lo invite a cenar.

De vuelta a casa, pensé en mi depresión advenediza. Pensé en que derecho tengo de estar triste, de estar cansado de lo que hago, de estar apático y aburrido.
Llegué a casa, encendí el ordenador, y evidentemente no había nadie que me dejara un hola, que tal. Cada día tengo más claro que no volverá a aparecer. Y me pregunté que cojones hago escribiéndote todas las mañanas a la vez que me invento cien diálogos
Contigo por si algún día decides aparecer. Y me enfadé las mismas cien veces conmigo, por no tener nada claro las cosas más elementales, las que hay que sentir para poder respetar.
Hoy se me ha pasado el tiempo, y me he quedado peor de lo que empecé, al paso que voy me parece que dentro de poco también me voy a cagar en este supuesto blog. De todas maneras, ansío que llegue pronto mañana, a lo mejor decides regresar.

servido por ignacio 7 comentarios compártelo

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Verónica

Verónica dijo

Quizás sea una señal. Justo en esos días malos, algo te apedrea el corazón para hacerte abrir los ojos. No tengas miedo a que tu vida tome otro rumbo; todo pasa por algo, y tal vez éste era el momento propicio. Mira al futuro de frente, a tu amigo de frente, y no te acobardes porque, querido Nacho, TÚ TAMBIÉN MERECES UNA EXISTENCIA MEJOR. Repítelo. Créetelo y que no te frene el pánico a la hora de afrotar la felicidad. Basta ya de pasado. Levanta la cabeza y grita "Bueno, vale. Allá voy!!", y entrégate desnudo al son de un fluir bajo la luna.
Mucha suerte.

22 Diciembre 2005 | 02:40 PM

Ona_

Ona_ dijo

Hola q tal?

Sigo leyendote y aunq t veo chungo... me gusta lo q escribes. Animos Nachin!!

Un beso.

22 Diciembre 2005 | 03:21 PM

vebegodu

vebegodu dijo

....ánimo, son llamadas de atención, lo importante es como lo traduzcamos.....
Calma..y paciencia!!!!
Besotes!!!

22 Diciembre 2005 | 08:46 PM

Waira

Waira dijo

Si supieras que leer tu blog me ayuda a no acabar de morirme de la tristeza imaginando que estoy sola con todo esto que me pesa por estos días

22 Diciembre 2005 | 11:39 PM

Nocturna

Nocturna dijo

Probablemente La Coctelera no es
la solución, pero ayuda.
Durante cuanto tiempo?
ni idea.
Sigue....
Un beso de....Noc_

23 Diciembre 2005 | 02:14 AM

nuria

nuria dijo

Yo creo que todos casi todos los que escribimos aquí lo hacemos por razones parecidas: para escapar de una vida que no nos gusta demasiado, para llenar un vacío interior que nos atormenta, o para gritar las cosas que no nos atrevemos a decir directamenta a la cara. Sea por lo que sea, escribir es nuestra válvula de escape. No dejes de hacerlo, Nacho. Nos necesitamos.
Un fuerte abrazo

23 Diciembre 2005 | 11:20 AM

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