Esperanza-4
Y se me cae una lágrima de amor, porque antes lloraba de tristeza y ahora de alegría, antes lloraba para el interior y ahogaba las penas con más penas, pero ahora lloro de felicidad para mojar los momentos y resbalar con ellos por la piel de mi cara. Lloro de felicidad, de tenerla a mi lado, de sentirla como si fuese un milagro, y ella me devuelve la imagen de su cuello, me muestra sin dobleces cual es el sentir de mis dedos sobre su piel, Esperanza, mi amor, me golpea las pupilas con su amor.
Cojo sus manos con mi cuerpo. Veo sus dedos marcándome la extensión de mi piel. Esperanza tiene unos dedos largos, flacos, finos pero a la vez rígidos y fuertes. Su cuerpo es menudo, sus manos el contraste. Los dirijo por mis piernas, y dejo que se deslicen sin más control que el propio que se nos escapa. Esas manos que sueño en mis horas de soledad. Esas manos que mi memoria dibuja en la oscuridad. Las manos que me acarician sin cesar, las manos que no tienen preguntas, que no tienen que contestar. Me moldean despacio y me muestran mis líneas. Andan descuidadas en mí y por mí, me buscan con timidez, pero ni me cogen ni me sueltan. Ojalá sus manos me pudiesen hablar. ¿Por qué las siento en mí pero no las entiendo?. Se separan dos segundos de mi piel que para mí son años, y regresan para caer en mi boca. Beso cada dedo. Perfilo con mis dedos los suyos. Abre la mano. Atrapa el aire. Me lo da. Sus manos me dan la mano. Me quieren atrapar el aire que respiro pero yo no entiendo lo que me están diciendo. Me confunde, Esperanza está como triste. La melancolía se le ha ido y ahora me mira con ojos tristes, amargados y sobre todo ambiguos. No me dan la seguridad que me falta, que yo necesito, pero me muerdo los labios y no pregunto. A lo mejor todo ha sido simplemente el primer contacto. Un dedo en mi boca, ¿una despedida?. Sin embargo yo la recibo a manos llenas. Me gustan sus manos cuando haciéndome el amor agarran fuertemente las mías. Me dan energía. Me transmiten poderío. Beso sus manos con anhelo. Palidezco ante ellas. Lo ha sentido o simplemente lo ha hecho. Esas que he soñado, me han recorrido, me han acariciado, me han descubierto, me han saludado, me han recibido, me han amado. Pero ahora noto sus manos tristes, caricias pesadas, compromisos adquiridos. ¿Por qué no le pregunto que le pasa?. ¿Será por mi culpa?. ¿Le habré hecho algo que no le gustó? ¿Dije algo?. Esperanza está triste, y yo no sé que debo decir. Tengo las suficientes postales como para escribirle una vida entera. Lo haré, sí señor, lo haré poco a poco, según me lo vaya pidiendo el cuerpo, y según me lo vaya pidiendo ella. No debería dudar de lo que me dice, y sin embargo ella a veces no es ella. Yo simplemente quiero decirle que sueño con ella hasta cuando estoy con ella, que mis sueños solamente se construyen con sus imágenes, y que si bien es cierto que mis manos tiemblan cuando sueñan con su cuerpo, mi mente por el contrario se evade cuando pienso en sus manos, mi corazón golpea sin pausa mi caja torácica al sonido de cada una de sus risas, e incluso mi alma agoniza miserablemente cada uno de los segundos de su ausencia, pero también es cierto que a cada abrazo suyo me regresa como llamas de fuego, ¿será por eso por lo que cada abrazo me llena de su calor?, ¿será por eso por lo que en su ausencia siento frío?. ¿Qué miras Esperanza, que sueño se te escapa por esa ventana? El no evadirme de lo que me rodea me condena a la incomprensión externa, al no entendimiento de mis actos, a la crítica fácil por parte de aquellos que se empeñan en la necesidad de palpar todo lo que se puede ver, sin ver que se puede tocar con el espíritu, más fuerte que con los dedos.

Blue Moon dijo
palidecer, el mundo se evade, o soy yo quien me evado, a veces, algo te toca el alma, no sabes qué es, no sabes por qué, pero te evades
4 Enero 2006 | 11:47 AM