Al final le ganó. 1
Y al final la reventó totalmente, le pudo, le ganó.
Sus entrañas acabaron totalmente podridas y cada uno de sus órganos quedaron absolutamente infestados, inservibles, asqueados de vivir o mejor dicho de malvivir, porque eso no era vivir, Sr. Raúl, se lo digo yo, eso no era vivir, aunque a decir verdad ella nunca se quejó, no señor, todo lo contrario, durante todo este tiempo estuvo luchando para dejar en la memoria de los vivos su eterna sonrisa de niña traviesa, aquella dentadura blanca, inmaculada, impoluta, perfecta en su conjunto, sublime en su individualidad, su perenne sonrisa y su contagiosa risa, pero le repito, Sr. Raúl: aquello no era vivir.
Cuida de la niña y haz lo que tengas que hacer para ser feliz, me decía mientras se iba consumiendo poco a poco. La desgracia anduvo por ella a sus ansias, a veces con lentitud y entonces nos crecían las esperanzas, pero otras lo hacían con tantas prisas que yo temía que llegado el momento ni siquiera me diese tiempo a despedirme de ella. He rezado mucho, Sr. Raúl, y no me avergüenzo en decirle que incluso he llegado a rezar para que todo terminase lo más pronto posible, para finalizar de una vez con tanto sufrimiento. En esta vida se aprende a base de golpes, a base de tropiezos, a base de errores, pero yo le digo que no se sabe lo que es sufrir hasta que el dolor te lleva a desear la muerte de la persona amada.
La reventó por dentro, dios mío, ¡cómo la dejó!, es increíble a la velocidad con la que se pueden pudrir las entrañas. Dos años sin pausa, sin freno, sin una noche en la que poder dormir plácidamente. Dos años desde el pequeño bulto en el pecho hasta esa sonrisa final. Recuerdo cuando nos tirábamos en el sillón y ponía su cabeza en mi regazo: acariciaba su espalda con cuidado, con miedo, temía que el mínimo roce de mis manos la pudiesen lastimar. Yo pensaba que a lo mejor podría ir matando las células malditas con mis caricias pero no hubo forma, no hubo manera, y lo único que conseguí de aquellas tardes fueron recuerdos que ahora me matan cuando me tiro en el sofá y no sé que hacer con mis manos, mis dedos la extrañan tanto como yo, y entonces me pregunto Sr. Raúl, ¿qué pinto yo en todo esto?. ¡Ya me dirá usted a mí que pinto yo en todo esto!. Este mundo ya no es mi mundo, 35 años y sin ganas de nada, no me acuerdo lo que es reír abandonándome a la risa en sí, es cierto que a veces esbozo una sonrisa, pero enseguida viene su recuerdo y me arrepiento al momento de mis propia risa, es como si le faltase a su memoria, como si mi mente y yo estuviésemos haciendo algo malo...

EsPeRaNzA dijo
Escribes la vida misma tan bien escrita que leerte es un lujo.
Antiguo me dio tu mensaje ignacio. Gracias a ti, siempre.
7 Enero 2006 | 11:10 AM