Hoy me toca a mi.
Pablo siempre dice que los enamoramiento le duran lo que una erección, y que cuanto más folla más amor siente, pero yo sé que lo dice para hacerse el gracioso, sé que eso no es verdad. Tampoco le puedo negar que una cosa es el amor y otra cosa estar enamorado, y que después de no sé cuantos millones de años intentando escribir y definir esos sentimientos, aun nadie se ha puesto de acuerdo. No sé que me pasa, Pablo dixit, pero es que últimamente me enamoro de manera distinta.
Nachito, tu bien sabes que Nuria fue mi gran enamoramiento. No sé cuanto, pero mucho. Después de 5 meses de horas y horas al teléfono, de viajes por media España para pasar una noche con ella, de paseos infinitos por las ciudades más bonitas del norte de España (de la mano siempre de la mano), después de cientos de miradas habladoras, de susurros escondidos, de tiernos abrazos encendidos de pasión, se me hace difícil, por no decir imposible, olvidarla. La última noche que pasamos juntos,con el primer abrazo nos caímos a la cama y nos quedamos casi una hora mirándonos a los ojos sin apenas podernos decir nada. El único ruido que se escuchaba eran los besos que de vez en cuando iban surgiendo pero que ya no tenían la misma continuidad de los de antaño. Los únicos movimientos eran mis manos acariciando su cara, mientras mis ojos se iban enrojeciendo a ritmo endiabladamente tierno. !Qué mal lo pasé! Había tristeza y alegría. Tristeza porque nos estábamos despidiendo. Los dos sabíamos que la cosa ya era definitiva. Alegría porque los dos éramos conocedores de que habíamos vivido una especialísima y preciosa historia de amor de la que ahora solo quedan páginas escritas en nuestra memoria. Me cago en los boleros, Nacho, me cago en los boleros y en el eterno daño que me han hecho.
Ahora, cada vez que surge en mi memoria todos los recuerdos vividos, las tardes paseando por Valladolid, las mentiras en el curre para escaquearnos, las noches sin sueño, las miradas infinitas, los desayunos en la cama, sus mensajes de amor…, pues cada vez que me asaltan todos esos detalles, me entristezco y me gustaría llamarla, y preguntarle como le va la vida, que tal en el trabajo, como está su hermana, que tal lleva lo de su tío… pero sé que sería peor, porque ninguno es capaz de olvidar al otro y esas llamadas duelen más que las no llamadas. Así que me callaré y aguantaré hasta el próximo amor, si antes no me muero ¿Por cierto te dije que la semana pasada me acosté con María?
Y ahora digo yo: ¿Quién le niega una borrachera a Pablo? ¿Quién le niega una botella de orujo de hierbas y otra de pacharán en el fondo de un bar de mala muerte?. ¿Quién se atreve a decirle que debe cambiar?. Con esas historias que guarda en cada poro de su piel, ¿quién es capaz de escaparse sin saber como termina cada una, si saber como empieza la siguiente?. Así es Pablo, una persona que aparece un fin de semana en tu casa y al enterarse que estás pensando en estudiar piano, a la semana siguiente te regala su teclado que le costó no sé cuantas pelas, pero prefiere que lo tengas tú antes de que una desalmada se lo arrebate en una noche de pasión sin control ¿Quién le niega el hombro a Pablito?
Pero hoy me toca a mi. Hoy quedaré a comer con él, y sé que me vendrá con sus miserias, con sus amores, con sus falsos arrepentimientos, con sus locuras encadenadas..., pero hoy me toca a mí, esta vez lo pararé en seco, esta vez seré yo el que hable, hoy seré yo el protagonista principal de la película, el que tenga cosas que contarle, el que contará su vida a ritmo de bolero, hoy seré yo el que le diga que esta semana se me atravesó en una calle de Madrid una especie de ángel vestido de negro y me regaló una noche pintada en una servilleta de bar. Esta vez me toca a mi, Pablito, esta vez me toca a mí.

MARTA Y TODAS LAS MARTAS dijo
Ayquégustitopamisorejas...
19 Enero 2006 | 01:47 PM