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La Coctelera

EL DIVÁN DE LO EFÍMERO

Lo mejor del futuro suele ser la posibilidad de evocar el pasado. Jose Luis Alvite

10 Febrero 2006

Cartas a Alvite. Seguir respirando

Querido Don Jose Luís:

Creo que hace el mismo tiempo que no le escribo, como el que usted no para de regalarme geniales artículos diarios, inspirados relatillos que no sólo me alegran el día sino que de paso dan sentido a mi deambular cansino y errático por el que transcurre mi rutinaria vida. Entretanto, mi escaso intelecto se caga en su estampa imaginando y pensando de que vid beberá usted para sacar tantas ideas geniales, tantos temas vírgenes, tanta calidad sin despeinarse, para después decirme - el escaso intelecto, digo-, pero bueno, ¡ qué cantidad de cosas dice este señor que yo no sabía que yo pensaba exactamente igual! Algún día, ya lo verá, estoy convencido de que usted podrá vender sus ideas en una gran tienda para escritores frustrados, pintores sin musas, cantantes sin inspiración, escultores fracasados y gente en general banal y sin ideas pero con el interés de querer contar algo como interés secundario en sus vidas. ¿Se imagina?, yo ya estoy viendo un gran cartel luminoso en el medio de la Plaza del Obradoiro como el que tenía Rick en Casablanca – ¡con dos cojones!-, en donde se pueda leer:

SE VENDEN BRILLANTES IDEAS DEL PROFESOR D. JOSÉ LUÍS ALVITE.

Lo de profesor lo pongo porque me da la sensación de que así le da como un poco más de empaque e importancia a la cosa, y sobre todo porque estoy convencido de que de esta manera podrá vender las ideas un poquito más caras.
Yo, por mi parte, le repito que no ando sobrado con el tema de las letras, los párrafos cada me cuesta más juntarlos con un cierto acierto (¿he estado acertado en este juego de palabras?), cada día que pasa me resulta más difícil encontrar un hilillo de donde tirar y buscar algo que habite dentro de mí, de hecho ya no sé si realmente no existe o si es que prácticamente copio todo lo que se puede copiar en lo subtítulos que mis desordenadas lecturas han dejado en algún punto de mi subconsciente.
Y es que llevo unos días, D. Jose Luís, en los que no es que me cueste escribir, sino que lo que realmente me cuesta es simplemente sentarme a hacerlo. Me acerco al ordenador y lo miro de reojo, con cierto asco, y más de una vez me he sorprendido diciéndome, hijo de puta, cabrón, deja que mis dedos violen tu teclado para uso y disfrute de mis vómitos más internos. Y entonces, además del asco que me doy una vez escuchado mi propia voz, me miro en un hipotético espejo y me sincero conmigo mismo, pero vamos a ver, ¿a quién cojones le interesa que yo pierda el tiempo en pajearme mentalmente para cubrir este par de folios? Y claro, y me sigo contestando como solemos hacer todos los absurdamente engreídos, los soberbios enfermizos, los frustrados intelectuales, los idiotas que pensamos que el mundo debería girar entorno a nuestras ideas y que la gente no las conozca o no las comparta es un claro ejemplo de esta mierda de país (ponga usted cualquier país que en todos los sitios se piensa de igual forma) y que de esta manera no se va a ninguna parte en la cultura de este pueblo. Lo que nunca pensamos es que los que realmente no va a ninguna parte somos los cuatro mamarrachos con vocación indefinida, o mejor dicho con ansias de vivir de este absurdo cuento intelectual, y el no va más de la payasada general es que pretendemos que se nos pague por plasmar las imbecilidades que de repente se nos aparecen en forma de realidad onírica o estúpida, ¡qué más da, si todo es lo mismo!
Y para muestra, pásese usted estos días por el salón ese de Arco y verá que lo que le digo es un verdad como un templo. El día menos pensado alguno de estos “creadores” va a vomitar en un orinal, lo titulará Sociedad en decadencia y unos cuantos idiotas lo catalogarán de genial y le darán el premio al artista idiota (esto lo digo yo) del año y yo no pararé de reírme y a la vez de llorar por las imbecilidades que nos tenemos que tragar de unos cuantos cenutrios que dicen que su arte necesita más apoyo de las instituciones. Y como soy como soy, lo diré a los cuatro vientos y entonces vendrán unos cuantos intelectualoides a decirme que soy puto ignorante (¡vaya novedad!), y que no entiendo lo que el artista quería plasmar. Pero dentro de mi, -y aquí entra la vanidad envuelta de verdadera ignorancia- seguro que pensaré que todo eso es una mierda y que el verdadero arte es el que unos cuantos de nosotros realizamos diariamente desde el anonimato más absoluto, sin cobrar un duro y ni pedir subvención (aunque estoy convencido de que pronto llegará algún iluminado que buscará lucrarse de estos excrementos mentales que se escriben en forma de blogs!), sin que admitamos nunca que la mayoría de nuestros textos nunca soportarían la más mínima criba intelectual.

Comprenderá que si esto es lo que pienso de mí, pues no tenga ganas de escribir nada o casi nada, y es que en estos días o me sale todo de corrido y sin pensar ni corregir, o yo paso de trabajarme un texto para que la red se lo coma con patatas y no tenga ni siquiera la educación de brindarme un buen eructo. Según mi amigo Arturo, ese es el verdadero camino de la genialidad, el momento en el que el autor, agobiado por sus propias frustraciones, es capaz de escribir hacia adelante sin pausa que lo justifique, el sublime instante en el que todo lo que le salga de dentro vendrá en estado puro, porque no se ha parado a pensar, porque no ha dejado que su mente se contamine, y así, sin correcciones y sin frenos, dejando libre a la mente, es como sale lo esencial del ser, el sorprendente camino de la genialidad. Y yo, inconstante y manipulable como nadie, pues le hago caso y claro lo único que le surge a mi mente son cosas como tetas, coños y culos, y al releerme, me entra un no sé qué, aquí mismamente debajo del esternón, y una angustia social a que me tilden de cerdo salido y libidinoso del tres al cuarto, pajillero profesional y masturbador reprimido, que borro todas las tetas, los coños y los culos y me pongo a escribir cuatro malas frases manídas, dos mentiras calculadas y una pátina de misterio que nunca es tal, para envolver un amor o mejor dicho, un desamor con aire de película en blanco y negro, y me miento diciéndome que todo vale con tal de que mi intelecto salga libre del pecado crítico de los que me puedan llegar a leer y quieran hacer un ejercicio (masoquista, mire por donde se mire) de intentar comprenderme.
Y entonces es cuando aparece usted, D. Jose Luís, entonces es cuando usted aparece con una fuerza, un poderío, una claridad mental de tal magnitud, que leo cualquiera de sus metáforas sublimes y me digo, mierda, justamente esa era la que yo quería escribir, y entonces me deprimo hasta la extenuación, y borro y anulo todo lo escrito. Me pasa lo mismo si pongo una canción de Van Morrison, y al escuchar el primero de sus alaridos acompasado de armoniosa belleza, me digo, mierda, justo así es como a mí me hubiese gustado cantar. Ni que decir tengo si lo que me pongo a escuchar es a mi abuelo, lo primero que mi mente me dice es: mierda, justo así es como yo quería ser, es como yo debería hablar, es como yo debería sentir. Al final me doy cuenta de que mi vida está llena de una gran cantidad de “justos asís” envidiosos y rencorosos.
En resumidas cuentas, uno se queda consigo mismo, y se tiene que conformar como es, pero no se crea, muchas veces también pataleo y me enfado y entonces como remate final me digo, mierda, justo soy como no querría ser. Y por eso el único refugio posible que encuentra mi ánimo atropellado son otra vez sus escritos, y me siento como un polluelo al que le ha pillado la lluvia y busca desesperadamente el calor de su mamá. Parezco unas simples manos frías con necesidad de su lumbre para poder acariciar, soy, y me duele admitirlo, un puto inconstante con necesidad de respirar sus frases para poder sentirse un poquito vivo. Y es que a veces, mi querido y admirado Don Jose Luís, uno se ve tan patético, tan triste, tan tétrico y lúgubre, que hasta me miento diciéndome que la barriga que tengo me da personalidad. Mi madre, que en esto de ser persona sabe mucho, una vez me dijo que por mucho que salte, nunca llegaré a la altura del metro cincuenta de mi abuelo. Hasta ahora nunca la había entendido y siempre suspiraba por que entrase en mí la elegante y errática fantasía con la que rodean a los genios iconoclastas.
En fin, que hoy tampoco escribiré ninguna idea genial, que esta carta sólo es un resquebrajo de tripas, una solemne estupidez, un poco más de sal en mi herida, y sólo espero que un día las musas me encuentren trabajando en un texto y me regalen algo del que usted se sienta orgulloso, mientras tanto, por favor siga usted regalándome trocitos de su cielo, suculento maná para mis adentros que me permitan seguir respirando.

servido por ignacio 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Nocturna

Nocturna dijo

Me has recordado una conversación que tuve hace unos días en la cocina de mi casa
mientras veíamos mas o menos atentos el televisor cuando daban las noticias
y empezaron las las imágenes de la feria "Arco" solo se me ocurrió decir:
-Madre mía eso es arte? me gustaría ser millonaria para presentarme ahí, comprar
algo de ese arte y mirando al su autor tirarlo directamente a la basura..
Naturalmente no soy millonaria una pena, intentaría hacerle un favor a eso que llaman arte...Noc_

10 Febrero 2006 | 12:38 PM

Ona_

Ona_ dijo

"Dios da bragas a quien no tiene culo"

10 Febrero 2006 | 01:06 PM

babiblu

babiblu dijo

Charla frente a un espejo. Intenso y conmovedor.

10 Febrero 2006 | 10:30 PM

Alejandra

Alejandra dijo

Maldita sea la inconstancia!... Maldita la sensación de querer y no tener la capacidad de hacerlo.

Siempre he tenido la fantasia de hacer algo grande... de romper esquemas, de crear una nueva manera de ver el mundo. Pero no... no surge.

Sé a que sabe la frustración. Sé a que sabe sentir que se puede sin saber cómo, ni por donde empezar.

Tengo miedo.

12 Febrero 2006 | 01:20 AM

Alejandra

Alejandra dijo

Maldita sea la inconstancia!... Maldita la sensación de querer y no tener la capacidad de hacerlo.

Siempre he tenido la fantasia de hacer algo grande... de romper esquemas, de crear una nueva manera de ver el mundo. Pero no... no surge.

Sé a que sabe la frustración. Sentir que se puede sin saber cómo, ni por donde empezar.

Tengo miedo.

12 Febrero 2006 | 01:27 AM

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Cuantos buenos recuerdos le debemos a la mala memoria. Alvite Parador

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