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La Coctelera

EL DIVÁN DE LO EFÍMERO

Lo mejor del futuro suele ser la posibilidad de evocar el pasado. Jose Luis Alvite

21 Febrero 2006

Entre padre e hijo 6

- Hijo, no sé como lo has hecho, pero me parece que voy a tener que tragar mis palabras.
- Te lo había avisado.
- !Qué pedazo de mujer! !Qué preciosidad! !Qué encanto! !Oye, incluso parece una persona extraordinaria, muy humana. !Vaya, que no parece puta!
- !Ya tardabas!
- No, a ver, entiéndeme bien, quiero decir que es una putada, ¡uy, perdón! quiero decir que es una cabronada, que una chica así no tenga otra salida en la vida
- ¿Me ayudarás con Rosa?
- ¿Qué pasa es que no puedes tu sólo con ella? Es una hembraza, pero yo creo que tú sólo puedes, aunque si hay que echarte un cable...
- !Papá, no seas animal, me refiero a mi mujer!
- !Ah! es cierto !tu mujer! Oye, por momentos me diste un susto y alegrón al mismo tiempo. Ya me veía yo encima de...
- Pero por favor, ¿no puedes dejar de mirarla como una prostituta? Ella es mi novia y nada más. No quiero que pienses a lo que se dedica, bastante tiene ella con lo que tiene como para que los demás se lo estemos recordando continuamente, ¿no?
- Sí, sí, creo que tienes toda la razón del mundo pero es que con esas caderas, se me hace duro frenar la imaginación, que quieres que te diga, se me hace duro, muy duro y más duro aún se me hace que hables de ella como tu novia, no soy capaz de aceptarlo, así de repente, como si fuese lo más natural del mundo. Cuando hablas de tu novia, inmediatamente me viene a la cabeza tu mujer, han sido tantos años que… bueno, entiéndeme, para mí tampoco es fácil.
- Si lo entiendo, pero como quieres que la llame: si la llamo por su nombre, ya me estás preguntando a quien me refiero si a ella o a mi mujer; si digo novia tampoco te gusta, amante no me gusta a mí, pues !menudo problema tenemos, nos falta vocabulario!
- Sí, la verdad es que un poco de razón sí tienes, creo que deberíamos inventarnos un palabro para estas situaciones, de todos modos, y ahora en serio, ¿estás pensando seriamente en lo que estás haciendo? ¿A dónde quieres llegar?
- Pues claro que lo estoy pensando, pero no tengo ni idea a donde quiero llegar. Una parte de mí me dice que sea valiente y si realmente estoy tan enamorado de ella pues que deje a mi mujer y me marche con ella, pero cuando lo pienso dos veces me entra un escalofrío por todo el cuerpo y sé que nunca lo haré. Además está Carlitos, y no resultaría fácil.
- Bien, hijo. ¿Y la otra opción?
- ¿Quedarme con mi mujer?
- No, si te parece la otra opción es quedarse con las dos! Hijo, ¿tú eres tonto o te lo haces?
- Ya papá, es que estaba pensando…
- Era lo que te faltaba, que ahora además de follar se te diera por pensar. Tú lo que tienes que hacer es actuar y no pensar
- Venga hombre no te pongas así.
- Me pongo como me da la gana.
- Vale, hombre, vale.
- Y ahora, ¿me contestas?
- Sí hombre, sí, te contesto. Mira, sé que tengo que dejar a Rosa, mi novia, porque así no voy a ninguna parte, y seguro que aún por encima le estoy alimentando alguna esperanza de que pueda seguir conmigo, y la verdad, no quiero que se ilusione para al final darle un batacazo, pero, ¡joder, se me hace tan difícil!
- O sea que tienes decidido dejar a tu ... , a tu..., bueno a la chica dominicana, y dedicarte a tu mujer y a tu hijo.
- Pues sí.
- Vale, entonces ¿para qué cojones quieres que hable con tu mujer?
- Pero !no te lo dije, para ver si sospecha algo!
- Pero vamos a ver, mameluco, si vas a dejar a…, a…
- Rosa
- Ya sé como se llama
- Es que parecía que te habías atascado!
- No me atasqué, estaba buscando un palabro para definirla, y no me cortes, decía que si vas a dejar a…, a… Rosa, a la otra Rosa, pues déjala de una vez, no seas tan cabrón de darle falsas esperanzas y así, ya de paso, pues no alimentas las sospechas de tu mujer
- ¿Pero tú crees que tiene sospechas?
- ¡Y yo que cojones sé!, pero en el caso hipotético de que las tuviera, si tú no alimentas esa relación, verás como enseguida las olvida.
- Sí, sí, lo sé, tienes toda la razón, pero el problema es que a mí aún no me apetece dejarla.
- ¡Ya, si eso ya me lo estaba imaginaba yo! Tú lo que eres un hijo de la gran puta, y que me perdone tu madre, pero lo que estás esperando es aburrirte de esa chica para después volver a tu nidito de amor con tu mujer, o sea, jugar a coño fijo.
- ¡Papá! te recuerdo que Rosa es tu cuñada, así que no hables de ella como un objeto sexual.
- Nuera, hijo, nuera.
- !Eso! es que nunca me aclaro con lo de los parentescos
- Ni tampoco te aclaras con otras cosas, pero me quieres contestar, alma de dios.
- ¡Es que no sé que hacer, papá, no sé! Lo único que sé es que hoy por hoy estoy enamorado de las dos, quiero tanto a una como a la otra, y por momentos me doy cuenta de que ambas podrían ser perfectamente complementarias y entonces, me pregunto, ¿por qué no puedo compartir las dos?
- Tu, hijo, o estás enfermo, que cada vez lo veo más factible, o simplemente no eres buena persona, que no es incompatible con lo anterior.
- Eh, eh, pues tú no hables, al fin y al cabo, yo era la primera vez que iba de putas, pero tu eres todo un profesional.
- Pues para ser la primera vez, no lo haces mal del todo, espero que con todo este follón, se te quiten las ganas de volver y además quiero aclararte una cosa: es cierto que yo fui alguna vez, pero no soy ningún experto, y sobre todo, nunca me encoñé con ninguna puta.
- Joder, papá, que no utilices esas palabras.
- !Ay!, es cierto que ahora eres fino, pero mira chaval, lo que te está ocurriendo a ti se llama encoñarse y el remedio para esa enfermedad es desencoñarse. ¿Entiendes? ! Mira tú qué fácil es: Encoñarse-desencoñarse.
- ¡Qué fácil es ¡
- Encoñarse. Desencoñarse.
- Venga, para ya de hacer el imbécil.
- Mira, a mí, sinceramente, me da absolutamente igual que te quedes con una o con otra, como si mandas las dos a paseo, pero si te quedas con las dos me parece una putada, o una cabronada o como coño quieras decirlo, porque a todo esto, ya no sé si puedo decir coño, o tengo que decir vagina, pero bueno como te iba diciendo, esta última opción, la de quedarte con las dos, es una cabronada para ambas y para tu hijo Carlitos, o sea que deberías pensar, recapacitar y después actuar en consecuencia, aunque lo hagas por vez primera en tu vida!
- No metas a Carlitos en el medio !por favor!
- Ah claro, prefieres mejor que lo cuelgue de una lámpara en el medio del salón para que no moleste. Hijo, despierta, tu hijo también cuenta en toda esta historia ¡por favor…!
- Pero papá, ¿qué pensamiento crees que tengo en mi cabeza las 24 horas del día?
- ¿Sexo?
- !Joder, me estoy enfadando de verdad! ¿No puedes hablar contigo ni por un momento en serio?
- Hijo, esta situación tampoco me parece muy seria. Pero bueno, me alegro que estés pensando en tu hijo, lo contrario me apenaría. Y no te enfades, y deja de rascarte los huevos, que estás todo el tiempo rascándotelos.
- ¿Quién yo? Eh, he de decirte que sigo trabajando como el que más, y que todas estas historias no han minado mi capacidad de trabajo…
- Que no, hijo, que no, que no me refiero al trabajo, me refiero al acto en sí, que llevo media hora contigo y te estás rascando continuamente los huevos. !Oye!, a todo esto ¿tú no agarrarías ladillas?.
- !!Papá!!
- Oye, que te hablo en serio con las compañías que andas, no me extrañaría. Mira, ya que estamos con confesiones te diré que yo una vez las agarré y tu madre casi se entera
- ¿En serio? ¿Y cómo?
- Pues follando, ¡cómo va a ser! No te creerás el cuento chino ese de las toallas, no?
- ¿Y mamá te las vio?
- ¿Cómo que si tu madre me las vio?
- Pero no me dijiste que casi se entera?
- Digo que casi se entera porque si llegamos a follar esos días, seguro que se las contagiaría, porque las ladillas se contagian por contacto, y de la misma forma que te contagian a ti, tú puedes hacer lo mismo con los demás. ¿Voy muy rápido para tu minúsculo cerebro o eres capaz de seguir el ritmo? Pero bueno, en tu caso, igual las ladillas son una solución, porque con un poco de suerte se las contagias a tu mujer y ya no tienes que preocuparte si la dejas o no. Conociendo a Rosa, como creo que la conozco, si ella se entera te deja automáticamente.
- Pero que sentido del humor más retorcido tienes. Yo no tengo ladillas, Rosa es muy limpia, y además, yo siempre fui muy dado a rascarme los cojones, pero lo hice siempre como un acto mecánico, como un si fuese un tic nervioso.
- Pues menudo tic más insistente tienes, hijo.
- Papá yo lo estoy pasando mal, y tú en vez de ayudarme me lo haces pasar peor. Ahora empiezas a acojonarme, ¿de verdad crees que puedo tener ladillas?
- O algo peor, hijo, o algo peor.
- Hombre algo peor no creo, lo hacemos siempre con condón.
- Pues me alegro mucho saberlo, pero he de decirte que las ladillas no entienden de condones y tu no haces otra cosa que rascarte los cojones. A ver hombre, déjame que te vea yo esos huevos. !Bájate los pantalones!
- Papá deja de hacer el imbécil.
- No estoy haciendo el imbécil, porque aquí el único imbécil, y siento recordártelo, eres tú, yo lo único que estoy intentando hacer es ayudarte. Coger ladillas es más fácil de lo que tu te crees, y sobre todo andando con el tipo de mujeres que andas tú, o sea, que si quieres que te ayude yo intento encontrártelas, pero si no quieres y lo prefieres hacer a solas, pues hazlo. Ahora bien, te aconsejo que te mires bien, que te fijes ¿eh? por favor mira bien, mira bien, porque si las tienes y se las contagiaste a tu mujer, entonces ya la cagaste de verdad, y te estoy hablando muy en serio.
- De acuerdo. Hoy al llegar a casa intentaré mirarme.
- Muy bien hijo, muy bien. Y como prefieres hacerlo, delante de tu mujer, o le pedirás a Carlitos que te ayude. Anda métete ahí en el cuarto de baño, que tu madre aún va a tardar en venir, y si ves algo raro entre los huevos, dímelo.
- Gracias. Y ¿qué es lo que busco? Yo nunca he visto ladillas en mi vida, no sé ni como son, ni por donde suelen ponerse.
- ¿Nunca le quitaste piojos a tu hijo?
- Pues no, Carlitos nunca los tuvo, además eso de los piojos era antes, ahora, en estos tiempos ya no los hay.
- !Joder!, con los tiempos de ahora. Ahora ya no queda ni el placer de rascarse la cabeza por una buena carga de piojos. !La cantidad de piojos que tu madre te quitó a ti y a tu hermana! ¿No te acuerdas cuando os echaba ZZ, y os peinaba con aquel peine de puas muy finas? !Había que quitar las liendres! ¿Y dices que ahora no hay piojos? ¡y una mierda, cómo no va a haber piojos!
- Bueno a lo mejor los hay, pero Carlitos nunca los tuvo.
- ¿Y lombrices?. ¿Tampoco los niños de ahora tienen lombrices?
- Papá, me está empezando a picar la cabeza con lo de los piojos !no hagas ahora que me pique el culo hablando de lombrices!
- No te olvides, hijo, que lo que realmente te pican son los huevos.
- No, si no me olvido, además ya estás tú para recordármelo, aunque, no acabes de decirme de una puñetera vez como son las ladillas.
- Pues mira, las ladillas son como centollas pequeñitas.
- !Papá!. Joder, es que no puedes hablar en serio. Primero me agobias diciéndome que debo estar repleto de ladillas, y justo cuando me empiezo a preocupar, coges y me sueltas esa parida. !Dios! para que te contaría nada. !Siempre igual!
- Pero hijo, ¿tu eres tonto? si te lo estoy diciendo en serio. Las ladillas son como centollas, redonditas y con seis u ocho patas por los lados. Los piojos, como las pulgas, son aplastados; las garrapatas, también llamadas carrachos, son mucho más gordas y suelen estar hinchadas, dependiendo de la sangre que chuparan, sobre todo las hembras; pero las ladillas son como centollas pero del tamaño de una cabeza de alfiler o quizá un poco más grande, o más pequeñas, pero lo que sí te puedo asegurar que yo no tengo la culpa ni de su tamaño ni de su aspecto, y mucho menos de tus purgaciones.
- Coño, es que lo dices de una manera, que parece que me estás tomando el pelo. Bueno, y a todo esto, ¿por dónde debo buscar?, porque ahora no para de picarme!
- Pues por donde vas a buscar: por los huevos, hijo, por los huevos y sus alrededores. Mira yo ya estoy curado de espanto y no me asusto de nada, y mucho menos de verle los huevos a mi hijo, así que anda, bájate los pantalones y túmbate ahí en la cama de la que fue tu habitación.
- Pero !quién me mandaría a mi venir aquí!
- Déjate de tanto sermón y desnúdate de una vez.
- Papá, en esta situación me siento degradado como persona, o sea que por favor, !apúrate!
- Sí, tranquilo, pero me apuesto lo que quieras a que te descubro unas ladillas como puños. Ese rascar de cojones no puede ser natural, eso te lo digo yo. Vamos a ver. Coge la lámpara de la mesilla y aproxímala aquí. !No! un poco más. !No tanto que te vas a quemar las pelotas con la bombilla, y después menuda follón se iba a montar.
- !Si este follón te parece pequeño!
- Anda, estate callado un poquiño y no te muevas. Vamos a ver, mueve un poco la lámpara hacia la derecha. Así, bien. !Oye! aprovechando la situación, empiezo a entender que le gustes a las mujeres. Menuda pistola gastas, ¿eh? Menudos genes más cojonudos te dejé, y aún por encima tengo que aguantarte gilipolleces.
- Papá, voy a hacer como si no escuchase esos comentarios y por favor dedícate a buscar ladillas, y acaba de una vez, que estoy a punto de perder los nervios, y ahora sólo faltaría que viniese mamá y nos viera a los dos en esta posturita, porque no me negaras a mí que lo de la posturita no es nada normal.
- Tranquilo, hijo, tranquilo. Vamos a ver. Parece que estás bastante limpito. A ver por aquí atrás. Coge aquí con tu mano este huevo y levanta, que por aquí por la ingle se suelen esconder las muy putas. Me refiero a las ladillas ¿eh?
- !Acaba hostia! !qué me parece que escucho llaves, que no sé si vendrá mamá de la compra!
- No me grites, coño, que me vas a poner nervioso y así no soy capaz de concentrarme, porque aunque lo creas, hasta para esto hay que estar concentrado. Tranquilo que ya casi acabo, y me parece que vas a tener suerte. A ver por este huevo, vale, anda vístete, aunque yo de ti me vigilaría las pelotas a menudo, sobre todo si sigues con esa vida. Tampoco te vendría mal que te compraras un buen champú antiparasitario.
- Gracias, experto. Y tu me aconsejas alguno bueno, ¿que marca usas tú?
- El nombre del mío no me acuerdo, pero tu puedes usar un martillo, un yunque, y mucha paciencia.
- !Qué gracioso!, pero !qué gracioso es mi padre!. Bueno, hablemos en serio, vas a hablar con mi mujer, ¿si o no?
- De acuerdo, pero no te prometo nada. Hoy me dejaré caer por tu casa y hablaré con ella, pero ya te digo, no prometo nada. Igual me corto y no soy capaz de decirle nada. No me pidas nada. Yo ya te llamaré y te contaré.
- Confío en ti.
- Pues yo no.

(continuará, un par de capítulos más y los dejo que estos no paran de hablar y ya están bastante pesados!)

servido por ignacio 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Nocturna

Nocturna dijo

Uff creí que los pillaba la madre! por poco!...Noc_

21 Febrero 2006 | 01:26 PM

Nocturna

Nocturna dijo

Hay que entender que Internet es un medio de distracción.(Y mil cosas mas)
partiendo de esa base....me gusta leerte...chim pun!...Noc_

21 Febrero 2006 | 11:57 PM

Ana

Ana dijo

Eso te iba a decir... quiero más!!!!... Quiero saber que pasa!!!... Espero que pronto nos regales un poquito más... Veo que es el 6, así que supongo que habrá otros 5, que voy a buscar ahora mismo...

Me alegra volver por aquí...

27 Febrero 2006 | 10:29 AM

Ana

Ana dijo

Espero que termines pronto esta conversación entre padre e hijo... Tengo que confesarte que me he reído mucho con ellas, a pesar que es un tema que no me parece muy grato, ya que no estoy de acuerdo con la infidelidad, mentiras o engaños, pero según leía, has provocado más de una carcajada...

3 Marzo 2006 | 04:28 PM

Marit

Marit dijo

Excelente, no te desprendes de la narración me dejaste picado; ¿Qué sigue?

12 Septiembre 2006 | 09:31 AM

gijonudo

gijonudo dijo

La verdad es que me estaba yo agobiando a ver si el pobre habia pillado las clandracas esas, pero bueno a ver que nos cuentas de la esperada conversacion suegro-nuera. Y no tardes mucho que me intriga lo que tu sucia mente puede dar de si jeje.

21 Febrero 2008 | 01:36 AM

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Cuantos buenos recuerdos le debemos a la mala memoria. Alvite Parador

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