Ella era lo que yo había soñado que podía soñar
Ayer me encontré su sombra andando por el pasillo de casa. No me asustó. Me quedé mirándola fijamente a todos sus contornos, a su mentón, a sus pómulos, a su risa, a su voz, a su fuerza, se puede mirar a su fuerza, no me mires así que yo te digo que se puede mirar a su fuerza, yo lo he logrado, yo lo he conseguido. Ella había regresado con la misma ilusión con la que aquel día me atrapó, ya hace tiempo, ¿te acuerdas? ¿Te acuerdas lo bien que le quedaba la música en el cuerpo? Un día despertarás y te darás cuenta de que todo fue un mal sueño, una mierda de recuerdo en tu memoria, un nido de cagadas de un pasado que ya no existe, despierta, coño, despierta, todo sigue igual, el mundo no va a parar de girar porque te haya dejado una tía. ¿Has regresado a mí o es sólo un sueño? Se lo pregunté, eh, se lo pregunté mirándola a la sombra de sus ojos, entonces ella se inclinó y me besó suavemente en los labios. Si no soy un sueño ya me dirás tú quien soy. Nunca dices nada, nunca dices nada, todo lo mezclas, todo lo ensucias, todo lo confundes, y al final, nunca dices nada, como siempre, todo es igual a tus putos escritos, adjetivos, muchos adjetivos pero nada de contenido, te pierdes por los bordes, eres un puto inútil.
En la espesura difusa y diáfana de un aire viciado por el humo de un cigarro que se consumía a la espera de acercarlo a mi boca para poder respirar, sus ojos aparecieron en mi boca como recién caídos del cielo. Nunca fui una mujer de un solo hombre pero esta noche me permitiré hacer una excepción contigo. Me levanté el ala del sombrero con el dedo índice de mi mano derecha que sujetaba el penúltimo gin-tonic que me tocaba beber esa noche, la miré de reojo y sin pestañear comprobé lo bien que le sentaba el negro. Ya estamos, ya empezamos con las mismas tonterías de siempre, ya empezamos a desvariar. Un lunar encima de la comisura de su labio me indicó el camino de su alma a medianoche. Si tienes frío yo hoy tengo mucho calor que compartir. Entonces su sombra salió de la pared del pasillo y con su parsimonioso y ceremonial andar, soltó los brazos y me abrazó atándose a mi cuello. Veo que todavía no has despertado, veo que todavía crees en milagros. Pablito, capullo, yo no te he pedido este ejercicio de camaradería, así que vete a tomar por culo. Si quieres podemos pedir dos copas más y después nos vamos de aquí cagando hostias antes de que esta fulana te vacíe la cartera, y no lo hago por camaradería, lo hago porque me das pena, mamarracho de los cojones. Mi sombrero era de fieltro Borsalino, mi reloj inexistente, mi tabaco del primero que me viniera a la boca. Deja de soñar, y escápate atado a mi cintura, esta noche te prometo amor fiel. Reconozco tu silueta andando por los lados más austeros de mi vida, reconozco tus ganas, tu sentido del ritmo, tu jadear entrecortado, tu canción preferida susurrándomela al oído, tu mirar por encima de mi hombro, tu sonrisa a contraluz, es tu silueta, lo sé y en ella reconozco el color de tu pelo, la pintura de tus labios y el rimel de tus ojos.
Sobrados, tengo motivos sobrados para andar por las espesuras de mi imaginación, tu no sabes lo que es perderlo todo y volverlo a perder, nada se parece a lo vivido, nada es como antes, ni siquiera ella en mí es igual a ella en mí, pídeme la última y paga tú que esta noche no me apetece salir. Se sentó en la silla que Pablo había dejado vacía en su quinta excursión al baño. Se levantó la falda negra hasta la rodilla, abrió el bolso y sacó un cigarrillo de una pitillera dorada. Si tienes tanto calor, ¿por qué no me das fuego? Si me dejas desnudarte recorreré tu espalda a ritmo endiabladamente lento, te fundirás en mi boca, pedirás que te muerda hasta el infinito. No uses tus armas, eres sólo una sombra, eres un recuerdo, el cigarro me quedó a medias, y tus medias ya no son mis fetiches soñados. Con quién hablas, estás muy borracho y creo que en nada se te va a dar por llorar, y eso sí que paso de aguantártelo, así que recoge tu chaqueta y deja ese absurdo sombrero de donde lo robaste. Yo no lo robé Pablo, lo compré hace ya muchos años, yo siempre he usado sombrero, recuerdo uno de paja Dobbs que mi padre me regaló cuando vine de la mili… Tu nunca hiciste la mili !capullo! y lo único que te pusiste en la cabeza fue un peine cuando todavía tenías algo que peinar, deja ese puto sombrero en ese perchero y vámonos de aquí de una vez. Tus manos tienen el dulce aplique romántico de una caricia a contrapelo, de una escueta sonrisa en la penumbra de un beso, de una cálida sensación de bienestar a la altura de mis sentidos. Si quieres te hago un precio especial esta noche me encuentro con ganas y tu me gustas mucho, si vieras lo que soy capaz de hacerte recurrirías a la memoria y a la sonrisa en menos de lo que canta un gallo. Pablo paga la última. Ella nunca usaba joyas, no le gustaba el resplandor del oro en sus dedos ni la vanidad con la que se hace gala de lo superfluo, ella me ataba siempre a su soñar, ella era lo que había soñado que podía soñar. Ya está todo pago, trae para acá el puto sombrero, y ponte la gabardina que afuera está lloviendo.
Siempre llueve. Siempre.


Nocturna dijo
Muy duro consigo mismo, no? quizas deberia tener otra opinion para comparar...Noc_
6 Abril 2006 | 11:33 PM