Hace ya tres años, hace dos.
Ni un ápice de lamento en mis entrañas más oscuras, ni el sonido apagado y a media voz del temblor de tus manos recorriéndome mis ganas de amarte, ni la sosegada calma que las esperas voluntarias nos hicieron huir con lágrimas en los ojos en las ya lejanas fechas de antaño. Hace ya tres años desde la primera vez, hace ahora dos desde que te dejé.
Tenías por aquel entonces cinco kilos de menos, una cicatriz en el labio y una sonrisa contagiosa de felicidad que yo intentaba imitar una y otra vez en vano. Recuerdo que me pasaba horas mirándote a la cara, espiándote delante de todo el mundo, imaginándome distintas formas para poder secuestrarte y encerrarte en mis sentidos sin mayor pretensión que ganar centímetros de tu rostro para mi memoria, sin mayor ilusión que buscar una pícara mirada de tus ojos en la cual agarrarme para poder besarte en mis noches de soledad. Si las lágrimas pudiesen hablar, me decías abrazada a mi pecho, algún día te podré decir todo lo que te quiero. Nunca me lo dijiste, pero sí lloramos empapados en esas mismas lágrimas el día en que decidí dejarnos, lloramos hasta quedarnos mudos, lloramos envueltos en un soplo de vida a media luz en el infinito camino hacia la mal llamada libertad.
Me aburren las letras que me impulsan a escribir, me aburren mis propios hábitos, los de antes, los de hoy, los que sé que haré mañana. Me aburre mi desidia. También me aburre la idea de ponerme a pensar, a intentar convencer, a sonsacar palabras de donde sé que no tengo ni ideas, a inventarme frases que a veces ni siquiera yo mismo comparto y mucho menos siento. A María le hubiese gustado mucho más ser que aparentar, sin embargo le vino un hijo antes de que se diese cuenta de que detrás de cada renglón que te regala la vida, siempre habita la puta consecuencia más amarga de nuestros actos, la cobardía de seguir sin frenar, la espesa, rancia y triste rutina de visitar los supermercados para comparar el precio de la leche y de los huevos, acrecentando la extraña sensación de que en tu interior vive alguien distinto a ese ser que pasea por las calles con tu hija de la mano derecha y el sonido crepitante de dos monedas en el bolsillo izquierdo de tu gabardina. Mi abuelo me decía que se debe amar con la esperanza de nunca ser correspondido, y yo decía que no lo entendía, que eso no podía ser amor. Me equivocaba, o eso creo. Me gustaba aquel jersey a rayas verdes y negras que compramos en Valladolid. Tus cinco kilos de menos hacían que te sentara de mil maravillas. Caía por tu cuerpo como una sábana de raso e insinuabas lascivamente tus pechos para que yo te pudiese desear. Nos metimos los dos en el probador y tú te mostraste tan natural, tan espontánea, tan maravillosamente dulce con todos mis sentidos que en aquel momento comprendí que lo que estábamos viviendo era algo más que un corte de mangas a la vida. El fular que haga juego con el jersey que yo para esto soy muy maniática. A María, me decías mientras me acariciabas la piel, le pesan las ganas de querer llegar a ser algo, se sabe traumatizada por su vida y olvidada por su suerte, a mí me da la sensación de que siempre está esperando a que venga un príncipe azul que descubra lo que habita en su interior para que la pueda libera de su exterior. Nunca nadie le había dado antes nada tan parecido a un beso y por ello se vio abocada a seguirle las riendas a aquella antigua vocación maternal que no sabe muy bien en donde le nació. ¿De verdad que te casarías conmigo? Dímelo otra vez que me gusta como suena.
Huí. Siempre lo hago. Huí porque no tenía nada que perder y sí todo que ganar. Por eso me marche sin tener el coraje de ni siquiera echar la vista atrás. Huí de tus brazos por miedo a que me gustasen tanto que no pudiese vivir sin ellos. Un día el deambular de mi trabajo me llevó a tu pueblo. Conocí a Abundio un señor que le daba patadas a las piedras y que después se quejaba porque decía que le dolían los pies. Vivía descalzo. Me habló de ti y me enseñó la iglesia del pueblo. Fíjese bien, tiene tres imágenes: la Virgen de la Merced, la Virgen de los Remedios y San Antonio de Padua gloria de la orden de frailes menores. Hace años que abandoné la Virgen de los Remedios por la Virgen de los Desamparados. Cuestión de fe. Mi abuela andaba con un santo a espaldas, le rezaba en la mesa de la cocina y le daba limosnas que sisaba del bolsillo de mi abuelo. Después lo paseaba por las casas de las vecinas, de señora Obdulia a señora Carmen, de señora Carmen a Tere, así a secas, sin señora. Lo dejaba dos días en cada casa y al llegar el quince de cada mes, lo llevaba a la parroquia y contaba con el párroco el dinero que había. Con ese dinero compraba flores para la Virgen. Yo en vez de dinero metía la cera de las velas sabiendo que eso no se podía hacer, pero me gustaba. Era mi práctica diaria con el ateísmo que más tarde aboné a base de exabruptos provocadores en reuniones católicas. Aún hoy cada vez que veo algún resquicio de cera en alguna moneda me pregunto si habrá sido culpa mía. Pero bueno, eso ya es otra historia, o a lo mejor es siempre la misma. Abundio me regaló un par de fotos suyas con la iglesia al fondo que yo le hice y que guardé en una caja de madera hasta hoy. Mi abuelo me dio muchos consejos pero yo nunca le hice excesivo caso. También me regaló su caña de pescar y unos cuantos refranes que cada día que pasa suelo utilizar más. Mi vida nunca dejará de ser una amalgama de situaciones sin cohesión, una sucesión de imágenes que mi mente nunca será capaz de ordenar. Tú me diste unos meses llenos de vida y candor espiritual y yo, yo sólo los pude disfrutar con el paso de los años en mi imaginación. Hace ya tres años, hace dos.

Laiza dijo
Wow! yo tambien reservaba este dia (17) para alguien especial, era el dia en que al que yo considero mi alma gemela comenzamos a ser novios, pero el destino, digamos que se encargo de terminar con todo aquello, asi que en cierta forma yo tambien guardo luto este dia, nunca habia entrado a tu pagina, me parece genial tu forma de escribir, la visitare mas seguido y tu continua escribiendo que lo haces muy bien, bien bien, es todo, Saludos desde Mexico
17 Abril 2006 | 11:48 PM