Muerto para el resto de tu vida
Son las cosas que no se pueden explicar las que despiertan las dudas, las que te dejan un poco extrañado, las que alimentan las ganas de llorar, las que te hablan sin decir nada pero que continuamente te dicen lo que te niegas a escuchar.
Suelen ser indicios, frases a medias, silencios prolongados, contestaciones tópicas, argumentos caducos, disfraces con los que se suele vestir el hastío. Lo peor es que al no ser nada palpable no los puedes encarar, rebatir, argumentar, más bien te dejas llevar por ellos e incluso y dependiendo de las fuerzas que tengas en esos momentos, peleas un cierto tiempo contra ellos y poco a poco en tu ser nace una sensación similar a la de pelear contra molinos de viento, pero al final y sin querer, te van dominando, te van pudiendo y te encaminan hacia una más que anunciada derrota final.
Nunca tienen principios, pero siempre anuncian finales, y esos finales ni son agrios, ni tormentosos, ni siquiera son tristes, son conclusiones lógicas de una situación no satisfecha. Le echamos la culpa al tiempo, al cansancio del trabajo, al estrés cotidiano, a la sinrazón del equilibrio, a casi todo, pero casi nunca admitimos que las relaciones humanas no son eternas, ya que como el tiempo que nos tocó vivir, tienen principio y tienen fin.
Hay otras historias que nacen nadando a contracorriente. Suelen ser historias que no son aprobadas por las leyes dominantes, ni siquiera son entendibles por quienes las protagoniza, pero seguramente por ello, los espíritus rebeldes las viven más intensamente, como queriendo demostrarse que pueden vivir de cara a los demás y mantenerse vivos. Es como cuando te encuentras a un montón de gente andando por la calle en sentido contrario al tuyo. A veces te da miedo, y empiezas a temer por tu seguridad. Si todo este mundo viene hacia aquí es que en el otro extremo seguro que está ocurriendo algo y seguro que es peligroso. Mejor es que me dé media vuelta y me vaya con todos por donde vine. Pero a lo mejor se te da por vestirte de aventurero y te pones a pelear a la contra. Te da igual lo que haya en el más allá, tu espíritu se alimenta de esa incertidumbre, de esa rebeldía. Quizás lo peor es cuando esa rebeldía se convierte en una característica de tu carácter, de tu personalidad, de ti mismo, y empieza a crecer y crees que tu obligación es pegarte contra todos los molinos de viento que van apareciendo en el camino, y cuando no los hay, te los inventas, el caso es pelear a la contra.
Dispuestos a admitir, admito que las historias disonantes son más intensas, porque en ellas ponemos más de nosotros, no sólo las alimentamos con lo misma comida que le damos al resto, sino que las vamos encaminando con empujones cargados de ilusión, de complicidad, de aventura y de travesura. Suelen ser eternas, porque al nacer desde un límite, da la sensación de que cada segundo que disfrutas, se lo estás ganando al mundo. Estoy vivo y vivo plenamente en mí.
Pero de lo que no podemos olvidarnos es que los espíritus rebeldes atados por las corduras externas son como un volcán en estado latente, siempre amenazan erupción, y por eso a veces vives con la extraña sensación de que en cualquier momento alguien que siente lo que sientes tú, que vive lo que vives tú, que ama como amas tú, en un momento de despiste del mayor de tus miserias, en un momento de confianza plena, te impregna la piel con el aroma de una caricia desgarradora de almas y te deja muerto para el resto de tu vida.
Dispuestos a admitir, admito que yo también pequé.

Nocturna dijo
Dispuestos a admitir, admito que yo también pelee en contra corriente...Noc_
18 Abril 2006 | 02:01 PM