Santiago y ella
Seguramente no hace falta que te deje una chica. Casi seguro que no es necesario un adiós puro, duro y definitivo, pero así fue como todo sucedió...
Es importante que llueva, no mucho, no hace falta paraguas, suele importunar. Hace falta, eso sí, una gabardina con el cuello elevado que sirva para resguardarte de esas pequeñas gotas que se suelen colar por el cuello. En Galicia la lluvia cae por los lados y de abajo hacia arriba.
Hace falta que la ciudad se vista de piedra, mucha piedra. Granito.
Hace falta la noche. Todo sucede en la noche. Siempre sucede en la noche.
Hace falta unos zapatos que resistan la humedad, que chapoteen con rabia y sin control, que oigas tus pasos como único pretexto para andar y ver las gotas de la lluvia picando en los charcos que vas a pisar.
Hace falta que no te encuentres a nadie por la calle, y menos una pareja comiéndose a besos, es tan fuerte la nostalgia como el dolor.
Hace falta que la iluminación de las viejas farolas expulse sus rayos amarillos y que estos reboten en el suelo, en las paredes, en los charcos, en tus pupilas, en tu interior.
Hace falta una Iglesia cercana con campanas que repiquen y te recuerden en su sonar, que el tiempo pasa, sin prisa, sin pausa, pero siempre anunciado el final.
Hace falta que aparezca alguna alma en pena que te pida unas monedas sueltas. Se las darás. Es tu obligación de buhonero.
Hace falta una plaza como la Quintana, o como la de Platerías, pero sobre todo hace falta una plaza como la del Obradoiro
Hace falta andar, y andar, y vuelta a andarla, recorrer sus rincones, disfrutar de su solemnidad, oler sus silencios, amarla, quererla, sentirla.
Hace falta que tu pelo esté totalmente mojado por la lluvia y que las gotas te resbalen por la cara, es la forma más cobarde de esconder las lágrimas de la soledad.
Y aunque no hace falta, siempre aparecen los recuerdos, siempre aparece ella, las sonrisas compartidas, los besos robados, las juergas en los bares, las miradas cómplices en la multitud, las manos en los cuerpos, las alegrías, las penas... No hace falta avivar su recuerdo ella siempre surge sin avisar.
Hace falta un poquito de lo que llaman amor, pero lo que más se necesita es el desamor.
Hace falta no distinguir en donde empieza el placer, en donde empieza el dolor, en donde empieza el recuerdo, en donde empieza el desazón.
Hace falta una historia como la mía y una mujer como la perdida.
Y al final lo que siempre me hace falta es la lluvia de Santiago en una cálida noche de Setiembre, mucha falta.

SUAVE CARICIA dijo
siempre es triste cuando es la despedida, aunque con lluvia , puedes disimular las lagrimas,
siempre que llega el final, es doloroso
en mi blog escribí algo respecto a eso tambien, recorde el final,es triste , pero a veces es necesario.
dejo una suave caricia
y
una estela de besos
para un amigo melancolico, que me ha echo pensar que uds sufren tanto o igual que nosotras
1 Octubre 2006 | 12:13 AM