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La Coctelera

EL DIVÁN DE LO EFÍMERO

Lo mejor del futuro suele ser la posibilidad de evocar el pasado. Jose Luis Alvite

26 Diciembre 2006

No nací para ser bueno

La constancia nunca fue mi fuerte, siempre actué a impulsos. Me apasiona todo lo nuevo tanto como me aburre las continuas búsquedas pasadas con pretensiones de recuerdos nostálgicos. Elena me dice que esto es porque soy aries, así de sencillo. Yo lo niego, nada puede ser tan fácil. Pero Elena insiste, ni sufres tanto como escribes ni nunca destacarás en nada por mucho que te empeñes: todo te aburre.

Y debe ser cierto. La desidia siempre vivió en mi vida campando a su libre albedrío. No hizo nada bueno de mí, pero me permitió descansar en los momentos más tranquilos que fueron casi todos. Hubo un tiempo que pensé que el escribir me despabilaría, y por ello me puse manos a la obra con la firme intención de mentir literariamente tal y como mandan los cánones, pero al final, pobre de mí, también me di cuenta que el no escribir me gustaba más y por ello la escritura es otra de mis pasadas aficiones.

Está claro que no soy un ejemplo ni en presente ni en pasado, y aunque suelo tener unos buenos 30 minutos iniciales de conversación, yo nunca seré un buen yerno para nadie. A mi abuela se le dio por desembuchar sus amores esta Nochebuena, debe ser que las reuniones familiares son propicias para nutrir los recuerdos, pero ella no lo hizo con nostalgia, ni con la melancolía de quien perdió sus mejores años trabajando y pariendo, sino que lo cuenta con la misma meticulosidad que un contable puntea un balance de cuentas, sin mayor pretensión de ajustarse a la realidad y sin requiebros del corazón que disfracen lo indiscutible.
La escuchaba y me decía que ya me gustaría a mí escribir como ella habla, ya me gustaría ser capaz de plasmar con letras lo que ella dibuja sin querer en el aire. Ella es capaz, con dos palabras metidas en el medio de una frase inconclusa, de pintar objetivamente hasta la atmósfera en la que vivía cuando aún no había cumplido la veintena. Cuenta tan fácil las conversaciones de antaño como te dice las medidas para hacer una excelente empanada de vieiras. Es mi madrina y la madre de mi padre. Por Pascuas todavía me sigue regalando un bizcocho que ella misma hace, suave, esponjoso, como una nube antes de vaciarse. Amarillo. Yo ya andaba con tu abuelo, pero me gustaba que me rondaran tanto como a todas las del barrio, quería que me cantaran al pie de mi ventana, una cosa no tiene nada que ver con la otra, aunque a Pila, la madre de Camilo, le parecía mal porque ella ya estaba casada, pero yo que le iba a hacer, era mi única diversión, además por muy tarde que me rondaran al día siguiente tenía que ayudar a mi madre a secar el pescado y no había otra cosa con la que matar el tiempo, y cuando hagas la empanada no te olvides de amasar la harina con leche templada y no con agua. Genio y figura. Ahora sólo espero morirme en cama con los ojos cerrados, ya llegué muy lejos, no puedo pedir más, lo que no quiero es daros un susto de muerte por si me encontráis muerta con los ojos abiertos, ! qué horror, qué susto! 91 años, y un humor a prueba de bombas.

Mis otros abuelos la miran con envidia, ellos no poseen su fuerza, a ellos les venció el hambre de la postguerra y desde un gris seis de junio, también le vencieron la muerte de su primer varón, y con él se fue la alegría de mi abuela y la entrada en la familia de sus famosos nervios. Todos los males de mi abuela, se resumieron y se resumen con esa bendita/maldita palabra: nervios. Da igual que le duela se rompa una pierna o que tenga diarrea, la culpa de todos los males la tienen los nervios. Nos acostumbramos tanto a vivir con ellos, que hubo días en que hasta mi madre le ponía un plato en la mesa para que comieran con nosotros.

Pero a mis abuelos, además de nervios, lo que realmente les sobran es honestidad. Cuando las cosas no me van bien, miro para ellos y me cargo con lo que ellos desbordan, aunque en vez de curarme me hunden un poco más en la miseria. Ahora a mi abuela materna, la de los nervios, se le están desconectando las neuronas aceleradamente, se va a morir como una niña de 6 años, y pregunta y pregunta y pregunta lo mismo siete veces, mientras el tonto de mi tío (su hijo) y la estúpida de su mujer (la imbécil de mi tía) juegan a ser psicólogos con ella dando consejos a todos sobre lo que hay que decir y hacer. Me repugnan, son ese tipo de personas que me sobran, son prescindibles, nunca están cuando se les necesitan, pero siempre aparecen por si hay algo que firmar o una foto en la que figurar. Pero es mi abuelo el que se da cuenta de todo, 85 años y dos guerras a la espalda le permite mirar a la vida de tú a tú, le permite tutear a la muerte sin pestañear. Entonces mira a su hijo y no dice nada, porque él nunca dice nada, pero yo estoy convencido de que piensa que ya es demasiado tarde, a su hijo ya lo atrapó la estupidez social. Y me mira a mí, y tampoco le gusta lo que ve, porque soy demasiado contestatario, demasiado frívolo, y rozo con demasiada frecuencia la malaeducación con mis insolentes provocaciones y mi falta de decoro, y por ellos se agarra al recuerdo de mi abuela, y por ello la acaricia con la mayor de las dulzuras que yo he visto en mi vida. Y sin decir nada, me da una nueva lección de vida y yo me quedo descolocado en el medio de todo y me repudio por la falta de coraje con la que atendí mi propia vida.

Y ya no hay sitio para más lamentos, todo en la vida se va con la constante participación de los que nunca escribirán la historia. Por eso siempre seré un inconstante, por eso y porque a diferencia de mis abuelos, yo no nací para ser bueno.

servido por ignacio 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

sansar

sansar dijo

dices que te gustaría escribir como ella habla. No tengo el gusto de conocer a tu abuela, pero viendo el nivelazo de tus textos, pagaría por poder pasar una velada escuchándola.
y siempre hay más por contar que lo que dice la historia.

26 Diciembre 2006 | 10:44 PM

Nocturna

Nocturna dijo

No hay nada que decir cuando el pasado habla, solo callar y atender para no caer en viejas batallas..de las que otros aprendieron..los abuelos esos sabios de experiencias.
PD: Felices Fiestas y buena entrada de año...el resto ya veremos (guiño) y un beso? No dejémoslo en miles de besos...aunque ya se sabe...virtuales..Nocturna

27 Diciembre 2006 | 11:42 AM

Collapse

Collapse dijo

...bajo el beso sin labios de hace ya mucho tiempo

13 Enero 2007 | 06:09 AM

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