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La Coctelera

EL DIVÁN DE LO EFÍMERO

Lo mejor del futuro suele ser la posibilidad de evocar el pasado. Jose Luis Alvite

14 Mayo 2007

La mano de mi prima Laura (y 4)

La mano de mi prima Laura actuó. Déjame hacer, tú no te preocupes. Y yo no me preocupaba pero no paraba de temblar. Temblaba y temblaba y pensaba en mis padres velando el cuerpo de mi abuelo Elías, y en la tortilla de patatas que acabábamos de comer, y en las gallinas de la señora Obdulia, y pensaba si mañana mi amigo Santi me creería cuando le contase todo lo quele estaba pasando a mi cuerpo con la mano de mipirma Laura entre mis piernas. El recuerdo de aquella noche nubló la muerte de mi abuelo, y ahora, cada vez que alguien habla del abuelo Elías, yo no sólo no logro acordarme de su cara (apenas han quedado fotos por culpa de un altercado con el fuego en el aparador de la casa de mis padres), sino que tampoco recuerdo si mi prima Laura me bajó los pantalones del pijama hasta los tobillos, o si simplemente introdujo su bendita mano entre ellos, pero de lo que sí me acuerdo (y de eso no cabe la menor duda) es que ella llegó a mí sin ningún tipo de problema: por vez primera estaba totalmente expuesto a una mujer. Después vinieron otras mujeres, no muchas para que mentir, y he de reconocer que nunca fui capaz de aparcar el recuerdo de la mano de mi prima Laura, cuando las primeras caricias me exponían a ellas.

Y es que mi prima me desvirgó con apenas 13 años aunque la operación sólo resultó manual y sin final, peroella me dejó su aliento en mi cuello, sus huellas en mi miembro y sus calores en mi cuerpo. Yo mentía sueño, ¿por qué me comportaba así? No lo sé, pero nunca había crecido tanto mi virilidad, nunca había sentido esa mezcla entre calor y rubor por todo mi cuerpo, nunca nadie me había tocado de ese modo, suave, con dulzura, estudiándome cada centímetro de mi estirada piel, y creo que nunca nadie me aterciopeló con tanta suavidad.

Pero yo seguía mintiendo sueño,me daba mucha verguenza no saber lo que tenía que hacer. Seguramente fue por eso por lo que temblaba , seguramente fue por eso por lo que lo único que se me ocurría fue dejarme hacer, y seguramente fue por ese dejarme hacer por lo que me estiraba en la cama como una anguila, por lo que las puntas de mis pies se agarrotaban, y por lo que mis manos, torpemente, querían participar de la piel de mi prima. Temblaba mucho, temblaba por su mano en mi miembro, por sus movimientos constantes, al principio suaves y luego rápidos, por el miedo a que de repente entraran mis padres en la habitación y nos vieran de esa manera, por no estar a la altura de las circunstancias, por temor a que el espíritu de mi abuelo Elías entrara en la habitación, por no saber si lo que estábamos haciendo estaba bien o estaba mejor, por la forma que tenía de tocarme y por la forma que tenía mi cuerpo de sentir. Temblaba y me encantaba, aún hoy es el día que no logro quitar ese vicio de mi cuerpo, la mano ajena atenta y firme en mis principios más extenuantes, en mis finales más placenteros. Tienes que tocarme con mucha suavidad, con la mano abierta y sólo rozando para no hacerme daño. Así fue como me indicó. Así fue la primera vez que yo toqué unas tetas, y desde aquel día se me quedaron grabadas en el canon de la perfección, desde esas tetas las demás siempre fueron merascomparaciones.

Mi prima Laura me movió con suavidad y soltura, aunque a decir verdad al principio (y cuando vinieron otras más expertas me di cuenta de ello) con torpeza, no quiero hacerte daño, me decía, y debía ser por ello por lo que de vez en cuando encendía la luz de la lamparita de la mesilla y apreciaba en directo sus avances y logros. Recuerdo aquella imagen: mi cuerpo tumbado en cama, ella sentada a mi lado y su mano derecha agarrándome la base de mi sexo mientras lo contemplaba con dedicación. Años más tarde, sin pelotón de fusilamiento ni gaitas, me di cuenta que lo único que hizo fue entrenar para otras etapas más largas y productivas de su vida, y que yo simplemente había sido un sparring sin luces, un trozo de carne con el que entrenarse, un deambular consciente de su bisoñez. Fui su conejillo de indias, pero ella fue la diosa de mi adolescencia.

Nunca volvimos a dormir juntos, nunca supe si al final mis padres desconfiaron o es que simplemente mi prima no podía sacar mucho más de mi. Nunca nos besamos, y nunca fui capaz de verla desnuda, ni siquiera las tetas que tanto toqué aquella noche. Todo quedó relegado a un segundo plano, todo quedó en mi piel y sobre todo en mi memoria.

Ahora cuando los rododendros rebosan color y las azaleas amenazan con explotar, me acuerdo mucho de mi prima Laura, de su mano, del sueño que los dos teníamos en el funeral de mi abuelo Elías, de las gallinas de la señora Obdulia y de los mocos, siempre colgando, de mi amigo Santi mientras me decía que todo lo que le estaba contando era una asquerosa y sucia mentira.

Tags: sexo, amor, nostalgia

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

sarah

sarah dijo

Me encanta mentir sueño...que bonito es!!
Si, como supongo, no has preguntado a Laura...
Si, como supongo, ella no te lo ha dicho...
¿Cómo puedes saber lo qué tu fuiste para ella? ¿Lo que sentía? ¿Lo que significaste tú en su vida?.
No importa lo que viniera después...esas cosas no se olvidan...nunca...y siempre son importantes, se encierran en un rinconcito del corazón para siempre jamás.
El relato genial Nacho, pero el final es una gozada!!!
Por cierto, ya te vale contarselo a Santi!!, yo te hacía comerte sus mocos ...esas cosas no se comparten!!...claro que es como el chiste, ¿no?, si no se cuentan parece que no han sido reales...
Nacho, un beso.
(GRACIAS por tus maravillosas palabras...)

15 Mayo 2007 | 10:42 PM

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Cuantos buenos recuerdos le debemos a la mala memoria. Alvite Parador

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