Una guitarra con gusanos (I)
Lo que nunca se supo en la familia fue por qué mi padre compró aquella vieja guitarra, ni tampoco quien le enseñó a poner los cuatro acordes que él conocía y con los que se empeñaba día sí, día también, en componer canciones de amor para mi madre. Él decía que un día le vino una especie de aparición en una noche velada por mis continuos sollozos. En su sueño, él se encontraba en la boca del metro tocando esa misma guitarra y yo, con apenas dos meses de vida, lloraba a sus pies mientras en mi jubón caían cuatro pesetas rubias. Según siempre la versión de mi padre, al día siguiente, Arturo, su mejor amigo le preguntó si conocía a alguien que estuviese interesado en comprar una guitarra española porque su suegro tenía una y no sabía que hacer con ella. Aparición y compra. Este tipo de situaciones, sueño, aparición y compra, surgieron continuamente en la vida de mi padre. Muchos años después cuando la conocí y después de haberme reído de mi padre durante toda su vida, comprendí que quizás tenía razón y que a lo mejor yo también había heredado esa discutible cualidad, porque aunque nadie me creyó, cuando la vi por vez primera enseguida la reconocí: yo ya te he soñado.
Fue por esa vía por la de la aparición y compra como fueron aterrizando en casa distintos ingenios (e ingenuos) aparatos o negocios con los que según mi padre íbamos a conseguir o mucho dinero o mucha felicidad o las dos cosas, que aunque el dinero no hace la felicidad, está claro que siempre ayuda bastante o eso al menos era lo que decía mi madre.
Apareció así una máquina de escribir Olivetti Letrera 32 con la cual mi padre intentó escribir una novela que nunca superó la primera hoja pero que recuerdo que siempre comenzaba con la misma frase: “Hubo un día en que soñé que algo así iba a ocurrir”. También fue sonado el día que llegaron a casa cincuenta y dos cintas de cassette llenas y repletas de unos misteriosos sonidos con las que mi padre se dormía escuchándolas con un viejo y enorme reproductor de cintas para, según él, aprender inglés sin esfuerzo puesto que esas ondas eran capaces de llegar a un punto del cerebro que captaba, descifraba y procesaba esos misteriosos mensajes y los transmitía a la memoria en forma de idioma de Shakespeare. Varias veces escuchó mi padre la primera cinta, y ni que decir tiene que ni siquiera fue capaz de aprender los números en inglés. Las risas de mi madre pronto se convirtieron en llantos cuando se enteró lo que mi padre pagó por las dichosas cintas.
Quizás el día que más nos entusiasmó a mi hermana y a mí fue cuando apareció con una enorme pecera en la cual iban a surgir, después de añadir unos polvos mágicos, unos minúsculos hombrecillos que nadaban y se divertían en nuestra presencia y que no pasaron de ser unas manchas azules de grasa en el agua tibia recién salida de la fuente del pueblo. Lo intentó también con unas ollas que cocinaban al vapor con sólo ponerlas al sol, con el consiguiente ahorro de energía (“aunque usted puede pagarla, España no puede, rezaban los carteles publicitarios en plena crisis energética) y ganancia de calidad de vida por cocinar sin aceites ni esencias de butano. Y todo esto con la paciencia ilimitada de mi madre en el inicio, y su categórica crítica a partir de la primera media hora que nada daba resultado, y es que la paciencia de mi madre nunca fue capaz de soportar más que un par de envites llenos de ilusión de mi padre.
Todas estas cosas divertían muchísimo a Julieta, y yo se las contaba sin ningún tipo de rubor ni vergüenza cuando acabábamos de hacer el amor. Hay gente que se inventa un pasado para mejorar su presente, yo solamente las recuerdo con muchísimo detalle, aunque a lo mejor nada de eso fue cierto y todo es producto de mi imaginación, ¡quien sabe!

sarah dijo
¡Qué bonito Romeo!
¿Con gusanos?..con semillitas de flores y mariposas!!!
Hubo un día en que soñé...que alguién componía una canción o un verso de amor para mí...
Con personas tan maravillosas en tu pasado no tienes necesidad alguna de inventar uno para maquillar tu presente...eres afortunado.
Un beso poeta!
23 Mayo 2007 | 10:00 AM