Los desamores de Elena y un café con Javier Krahe
Soy tan previsible como poco original. Si tuviese que hablar de quien me influye creo que debería nombrar desde mi querido Alvite hasta la señora que el sábado me vendió un riquísimo S.Martiño, un pez feo con rabia, con una boca que da miedo y una carne que si se sabe preparar, o sea, si no se cocina de más, es una delicia, pero como te lo pasen en el horno es como si comieses alfalfa con mojama y cecina. Pero eso fue el sábado y yo el viernes estaba fatal, llevo arrastrando unos días muy insulsos, aún no sé que voy a hacer de mi vida, si al menos algo me gustase! Cuando eso me sucede, cuando decaigo en mi mismo, me agarro como un clavo ardiendo a Santiago. Aparco lejos. Llego andando despacio. Y empiezo a callejear hasta donde me lleve la intemperie. Es cierto que podía hablar mal de los cientos de peregrinos que ya empiezan a agolparse entorno a los sitios más turísticos, pero he de reconocer que me gusta ver como ellos ven la ciudad, como se fijan en cosas que uno, por familiar, no suele hacer, y es así como me enteré que la casa que da a Platerías no es una casa sino una fachada. El barroco y sus cosas. También es cierto que dentro de los souvenirs que venden en los puestos entorno a la catedral, no venía nada mal unos cuantos frascos de colonia porque los señores peregrinos con el ansia de llegar suelen apurar el agua en demasía. Me perdí buscándome. No, quiero decir, me busqué perdiéndome. Menuda gilipollez. No voy a caer en poesía a estas edades, con lo que yo follé! Simplemente me apetecía pasear, tomarme un café en el Derby, que es un sitio muy bonito con mucha historia, con camareros de chaquetilla blanca y pajarita roja, pero con un café bastante malo y unos baños que dan asco, pero ya se sabe que eso es lo de menos, lo importante es la fachada, como la catedral, que por dentro sólo hay curas, pero ese es otro tema, lo cierto es que me apetecía ir al Derby y cuando entré me encontré a Javier Krahe desayunando. Me tenías preocupado, cuando a un artista le dedican un disco los amigos es que le suelen quedar dos telediarios. No, sigo teniendo mi mala salud de hierro de siempre. Que bien, me alegro de saludarte y déjame invitarte al café por todos los momentos buenos que me haces pasar, y tranquilo te dejo en paz con el Sudoku de El País, que yo no quiero ser el típico pesado que toca los cojones a los famosos. Y por dentro pensaba, que me diga siéntate conmigo y llama a Alvite y nos vamos los tres a comer, o de vinos, o de putas. Podría haber sido así, no fue, una pena, pero lo cierto es que es una idea como otra cualquiera, como estos párrafos que ni siquiera son ideas sino simplemente una suelta de lastre, y es que Elenita me tiene preocupado, porque se olvidó un poquito de sus orígenes y en vez de buscar a alguien que odiase fregar los coladores se dejó vencer por la dulce sensación de un paseo romántico con la única pretensión de un buen fin de fiesta con sexo oral incluido que cansa menos que el típico folleteo sin control y que da la sensación de mayor delicadeza genital y eso que no lo digo yo, que me lo dijo ella y es por ello que ahora está un poco triste y a mí no se me ocurre otra cosa que decirle que esa tristeza se la arreglaba yo dejándome meter entre sus sábanas y en el medio de su recién estrenada talla 40, pero me dice que ya no es lo mismo, que ahora que conoce el sabor del desamor, no es capaz de verme con tanto amor como antes que sólo creía que existía el amor con mayúsculas cuando me imaginaba en su bañera, y yo me río porque ella es muy inteligente, y fuerte, y lo sabe, pone voz de que no se entera de nada, pide consejo por prescripción facultativa, pero le sobran la mayoría de tonterías que le rodean que suelen ser niñatos con pocas sensaciones en la boca, y por eso se irá de vacaciones a cruzar el mar, o a una isla, o a un sitio peor, pero tiene que ser un sitio muy lejos en donde el sol se pueda tirar de vez en cuando a la Luna y no que estén continuamente con un amor imposible, ahora vengo yo ahora te vas tú, y es que Elenita necesita como agua de mayo un nuevo amor que mate su desamor, y olvidarse que detrás de la facha de un individuo no existe nada más que el pensamiento sexual de un animal en celo, y poco importa que uno lea a Proust o a Joyce, lo que realmente nos mueve es intentar llevar a la cama a la mujer por la cual suspiran nuestras hormonas para con el rabillo del ojo ver como en la mesa de al lado se cruza las piernas una monja y uno sueñe con levantarle el hábito para ver que se esconde debajo.
En fin, que empieza a hacer calor, que casi tengo 40 y que todavía no sé que quiero ser de mayor, pero que no me gusta ver a Elenita llorando sin remisión mientras no se compra un piso por falta de cambio.

dagvagfv dijo
Con esto sucumbo a tu método curativo. Me das cita?
5 Junio 2007 | 06:25 PM