Me aburro, como siempre.
Me suelo aburrir bastante en mi trabajo, bueno la verdad es que me aburro mucho, pero mucho, mucho, mucho. Lo que ocurre es que después me dejo llevar por la insidiosa propaganda que ejerce la liquidez de mi cuenta corriente en mi vida y poco más. A veces me pregunto que pinto yo en todo esto, y la mayoría de las respuestas se relacionan directamente con mi estómago y no con mis sueños, que a decir verdad hace tiempo que han dejado de existir, o por lo menos me han dejado de preocupar. Y si esto fuera poco, aún tengo otra realidad mucho más palpable y perdurable en mí persona: soy más vago que la chaqueta de un guardia, y en el caso de tener alguna que otra idea que pudiese llevar a cabo de manera brillante, mi vagancia me empuja a no moverme del sillón y dejar que las cosas sigan fluyendo por esta desesperante desesperación que se llama rutina. De lo que nunca me aburro es de aburrirme.
Hace tiempo que he abandonado la idea de llegar a algo, esa farsa con la que todo el mundo relaciona el éxito con el reconocimiento social y con la fama. Hubo un tiempo en que tuve sueños, varios, típicos, pero ahí se quedaban, en el respaldo de una silla, entre los muelles de un colchón, en los confortables asientos de un sillón con reposadero para unas cuantas latas de cerveza y fluyendo tranquilamente entre los pliegues que hace la duramadre con el aracnoides. Soy lo que socialmente se puede denominar un despojo humano, alguien totalmente prescindible para el mundo. Y es una putada, y digo que es una putada porque tengo todo lo que la mayoría de la gente puede desear, desde mis condiciones físicas perfectas (bueno, últimamente me duele mucho la espalda, cosa de frisar los 40) hasta mis facultades mentales equilibradas dentro de los límites que marca la especie humana (genero masculino que ya es limitar!). Mucha gente de este mundo mataría por tener un trabajo como el mío, me pagan bien y tengo muchos extras que aún hacen el trabajo más interesante, si cabe. Pero a mi se me da fatal eso de levantarme con ánimo de revancha hacia todo lo que se menea por derroteros contrarios a los míos, no me gusta nada la idea del esfuerzo, de la tenacidad, de la constancia, de la perseverancia y además de no gustarme, las creo totalmente erradas en sus planteamientos, tengo (materialmente y sin heredar un duro) el doble que mis padres, cuatro veces más que mis abuelos y nunca he pegado un palo al agua comparado con el trabajo que ellos hicieron durante sus vidas. La única duda que me asalta de vez en cuando es como he podido estar engañando a tantas multinacionales durante tanto tiempo, a lo mejor es que en eso sí que soy bueno: en engañar a psicólogos y jefes fronterizos (bendito principio de Peter).
Ahora ya estoy condenado por mi mismo, y me empiezo a no gustar absolutamente nada, me critico con solemnidad y si pudiera me pondría la zancadilla a cada paso que ando. Me caigo bastante mal. Creo que tuve que hacer (¿por qué siempre hablo en pasado?) algo distinto, aventurarme a que algo pudiese salir mal, creer más en mis instintos que en las letras de los bancos e intentar buscar las mañanas como un regalo que el mundo me da cada día. Soy consciente de mis limitaciones pero también sé que pude llegar a hacer más cosas o por lo menos mejor de las que hice. Está claro que aún dando todo lo mejor de mí, el mundo nunca llorará mi ausencia, y por eso siempre me he dejado llevar sin mayor pretensión que una robar una caricia y par de besos (y algo más pero este no es un post erótico), y he de reconocer que mis intentos nunca solieron durar más allá de dos asaltos. He estado dando tumbos durante toda mi vida y me he apasionado tanto por mujeres como por otros temas hasta quedarme anestesiadamente catatónico a los cinco minutos de haberlos comenzado. Hice cursos de casi todo y durante un corto (cortísimo) espacio de tiempo veía mi futuro en esos campos. A saber: heráldica (me sé todos los escudos de Pontevedra) , fotografía en blanco y negro: técnicas antiguas (sin comentarios), guión y vídeo, doblador de cine y televisión (bordaba los dibujos animados sobre todo haciendo de hormiga enfadada), estudié una carrera muy difícil (o eso decía mi madre) de cinco cursos (me gustó tanto que estuve uno y medio más) a la cual nunca me dediqué y aún me pregunto queneurona se mecruzó el díaquela elegí, de paso también hice el Curso de Adaptación Pedagógica porque creía que mi vocación de verdad era la de profesor pero no hubo ni un alumno que pensase lo mismo que yo, estudié cocina, interpretación, técnicas de estudio, inglés (para no saber nada, como buen españolito), francés (que resultó ser un idioma), música (piano, guitarra y armónica), toqué por pubs como si fuese B.Dylan, escribí cuentos porno en revistas malas que me pagaban para un bocadillo y poco más, me emborraché miles de veces (uy, esto se me escapó, creo que no cuenta), fui crítico de cine en un periódico gratuito (y estos eran peores que los del porno, me pagaban lo mismo que costaba el periódico), milité en un partido político y en dos movimientos estudiantiles (¡Corneta Objeta!) y seguro que si me pongo a pensar saco alguna que otra actividad más, pero aunque nadie me cree todavía me sigo pregunto que cojones voy a ser de mayor.
Me aburro tanto que no sigo escribiendo para no aburrir a quien se aburre leyendo esto. ¿Por qué un 20 de junio no para de llover?

sarah dijo
más...más...más...
aquí también llueve, bueno, miento,... tregua...aunque a juzgar por el cabreo de las nubes, efímera.
Uy, cuantas pagas, eso me suena...¿no es una leyenda entonces? ¿hay quién da los objetivos?...venga, ¿tampoco eres funcionario? ¿también te alimentas como yo y Alvite de joderle la paga a los jubilados con productos de mierda que no necesitan?...acabaré como el Gurruchaga, o peor...es lo malo de no tener ambiciones y aburrirse hasta de vivir. Bienvenido al club, póngase usted cómodo, ...¿un poemilla?
Va,
MI MAL
En vano ansiosa tu amistad procura
adivinar el mal que me atormenta;
en vano, amigo, conmovida intenta
revelarlo mi voz a tu ternura.
Puede explicarse el ansia, la locura
con que el amor sus fuegos alimenta...
Puede el dolor, la saña más violenta,
exhalar por el labio su amargura...
Mas de decir mi malestar profundo,
no halla mi voz, mi pensamiento medio,
y al indagar su origen me confundo:
pero es un mal terrible, sin remedio,
que hace odiosa la vida, odioso el mundo,
que seca el corazón...¡En fin, es tedio!
Gertrudis Gómez de Avellaneda
Un beso, leerte no me aburre nada, es más...me gusta.
20 Junio 2007 | 05:40 PM