Publicidad:
La Coctelera

EL DIVÁN DE LO EFÍMERO

Lo mejor del futuro suele ser la posibilidad de evocar el pasado. Jose Luis Alvite

28 Junio 2007

Sitios pequeños(II). Por José Luis Alvite. El talento según Sarah

Todos hemos leído alguna vez un libro delicioso y conservamos de sus páginas el recuerdo literal de un párrafo memorable, la descripción emocionante de un personaje inimitable, tal vez la joyería de un simple detalle cuya sorprendente brillantez perdona generosamente que el resto sólo fuese una plomiza sucesión de rutinaria y odiosa vulgaridad. La prolífica industria editorial saca cada año al mercado varios miles de títulos que se pueden adquirir a un precio muy asequible, pero eso sólo sirve para que comprendamos lo caro que sale a veces gastarse tan poco dinero. Hay gente que lee mucho y retiene otro tanto, pero hay también personas que leen tanto o más y sin embargo la lectura sólo les sirve para demostrarse a sí mismos la cantidad de cosas que pueden olvidar justo en el instante de haberlas aprendido. También hay escritores que tocaron la gloria con solo alargar unas cuantas veces la mano y otros, en cambio, no consiguieron con sus saltos otra cosa que tomar impulso para enterrarse más en el suelo. El milagro de la literatura consiste en que el buen escritor encuentre a un lector a la altura de sus textos. Se puede tener talento de escritor, pero hay también abundantes casos en los que es la perspicacia del lector la que mejora con su inteligencia y con su imaginación la dudosa calidad de lo que lee. La misma gargantilla de brillantes luce de manera distinta según de quien sea el cuello en la que se envuelve. Todos sabemos de algún escritor cuya obra no hace sino demostrar lo mucho que ese tipo odia la literatura. Muchos supuestos talentos literarios no hacen otra cosa que engarzar de manera interminable un sinfín de brillantes frases ajenas. Parecen eruditos y hasta puede que lo sean, pero la erudición no garantiza en absoluto el talento, y desde luego, deja patente la falta de originalidad creativa. Es como copiar un Tiziano y añadirle luego de tu cosecha la carpintería del marco y el rebuscado anzuelo de la firma. A mi el erudito escritor de citas y transcripciones me dice poco y raras veces me detengo en él, por la misma razón que no me gustaría tener un loro que hubiese aprendido a hablar en un cementerio. En realidad casi no me detengo en escritor alguno. He leído muy poco a lo largo de mi vida, unas veces por temor al contagio estilístico, otras, simplemente, por pereza, y las más de las veces, porque para las cosas que he procurado hacer en mi tiempo libre, el condón y la toalla del bidé me ha sido siempre más útiles que la aburrida salud moral de cualquier novela. Hablamos sobre esto durante el almuerzo de anteayer en Padrón y me costó convencer a mi editor, Alejandro Diéguez, y al colega Perfecto Conde, de que a mí realmente quienes me influyeron de verdad fueron la música, las películas y los escritores que me resistí a leer. Cuando era un muchacho, caí en la tentación de leer las rimas de Bécquer. Como suele ocurrir, no tardé en acusar en mis frases la pegadiza influencia rítmica de aquel tipo que escribía las cosas para ser deletreadas con un piano de cola en el rincón más húmedo y floral del parque, sentado al lado de una mujer a la que el sexo sólo pudiese causarle virginidad. Algún tiempo después decidí prescindir de las rimas de Bécquer, pero tardé un par de años en hablarle a una chica sin que a mi respiración se le notasen la puntilla, el arpa y las alondras. Decidí entonces que Bécquer era un inocente escritor de lacitos y me dediqué a Galdós. Leí de un tirón "Trafalgar" y "Gerona". ¡Joder!, cuando acabé, pensé que haber caído en la tentación de leer a don Benito habría sido seguramente más terrible que sucumbir a la imperial ira de los franceses. Y salté al estante de la biblioteca familiar en el que mi padre había deslizado, como si fuese lencería con flujo, un ejemplar de "La Cópula", de Salvador Rueda, que tenía un exuberante estilo a medio camino entre el modernismo y la mercería. Descubrí entonces un mundo de carnes y de tules, un erotismo que me hizo temblar el alma y las piernas. No puedo decir que "La Cópula" afectase visiblemente a mi personalidad de entonces, y reconozco que si renuncié a aquella excitante novela, fue porque si bien mi alma seguía irreprochable en su sitio, a mi madre no le gustaba nada que cada dos por tres su hijo poeta saliese del retrete con ojeras. Aun ahora, tantos años después de aquello, no sabría decir si "La Cópula" fue para mí una buena novela o se trató únicamente de una sórdida e interesante cana al aire. El caso es que la última vez que cerré el libro de Salvador Rueda, el editorial aliento marrón del carpetazo me supo en los labios como si Marlene Dietrich me hubiese echado el humo a la cara. A partir de aquella experiencia, comprendí que por mucho que pudiese aprender leyendo libros, la luz de la vida entraría con más facilidad hasta el rincón más oscuro de mi alma si pudiese abrirse paso por el agujero que causase a traición en mi espalda un hipodérmico tacón de aguja. Y me aficioné a las mujeres. Y no es que todo esté escrito boca arriba en los catres, en la morgue o en la mala vida, pero, ¿sabes, colega Conde Muruais?, entre la literatura y la carne a mi me parecía ya entonces que había la misma diferencia que entre la artillería y el tenis. Mi última adquisición en la librería es por ahora una novela de un popular escritor gallego. La necesitaba para esconder entre sus páginas el teléfono de una mujer a la que no me apetece tener localizada. No tengo chimenea en casa. Si la tuviese, a lo mejor empleaba ese libro para joderle la respiración al humo, el tiro a la chimenea y la luz al fuego.

Tags: alvite

servido por ignacio 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

sarah

sarah dijo

Ehhhhhhhhhhhhhhh....estaba yo aquí limpiando mi casita tralará larita y me encuentro con esto, pero buenooooo, jajaja!!! ya lo he leido tropecientas veces, GRACIAS por unir mi nombre al de este artista en un post tuyo, acabo de escribirte, estoy muy feliz hoy, más por el albariño que por otro cosa, pero bueno...oye, este artículo es genial, este cabronazo escribe que te mueres...cojas el párrafo que cojas...no hay rellenos...te hace pensar, te hace recordar, te hace sonreir...te identificas con él, es tan cercano...es como si estuvieras charlando con un colega en un bar de copas, que no vá de nada...solo charlar y compartir...adoro a Alvite!!!!
Un beso de buenas noches Nacho, gracias...estoy escuchando a Morrison...St James Infirmary, es mi preferida, del What´s wrong with this picture?...me encanta el saxo...

29 Junio 2007 | 01:16 AM

Estoy en Canadáaaaaaaaaaaaaa!!!

Estoy en Canadáaaaaaaaaaaaaa!!! dijo

Fijín q quería decir sexo jfka jfkaj fkolajgkoñla :-)

3 Julio 2007 | 10:07 PM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de ignacio

EL DIVÁN DE LO EFÍMERO

pontevedra, España
ver perfil »
contacto »
Cuantos buenos recuerdos le debemos a la mala memoria. Alvite Parador

Enlaces

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera