Adiós tristeza, adios. 3 Una profesora y dos tortugas
El mayor (que no, que no pienso decir los nombres) siempre dice que él es el jefe de la clase y yo sólo espero que además de fantasma (teníais que verlo desnudo: un tirillas de pilila corta), sea muy rápido corriendo porque la única realidad es que no tiene ni media hostia encima, además con las gafas que el pobre ya heredó de mí desde su más tierna infancia y los dos remolinos en la coronilla que hacen imposible el arte del peinado, tiene una pinta de atontado tremenda, vaya que me temo que no es el más popular de clase, así que como siga siendo así de fantasma y no corra más que sus amigos tendrá que apañar varias caricias en su diminuto cuerpo. Cuando nació ya era feo y mi mujer se entristeció mucho. Yo para suavizar la situación lo cogí en brazos, lo miré tiernamente a los ojos y le dije: no te preocupes, te habremos de querer igual, que es una forma muy gallega de decir estas cosas.Lo que sí tiene son unos ojos bonitos, eso sí detrás de las gafotas, y la sonrisa, cuando tenía todos los dientes, también era muy bonita. Ahora, con cada aproximación dental que asoma por las encías,mi mujer cruza los dedos y suspira en silencio, y eso es porque en casa no somos creyentes ni nada de eso porquesino ya le tendríamos puestas dos velas a todos los santos porcada diente(es que no sabemos si hay algún santo en especial para los dientes). A decir verdad, a mí también me preocupan los dientes de los niños pero básicamente porque sé la pasta que uno se puede dejar en el dentista.
Aunque en nuestro caso lo bueno de tener muchos amigos y que casi todos tengan necesidad de un préstamo (y debido a que el trabajo de mi mujer es ser la responsable de riesgos en una importante entidad bancaria), hace que este tipo de cosas o salgan un poquito más baratas o que te puedas ahorrar ciertas colas.
Bueno, pero dejo de hablar de los niños que sino pareceré el típico papá monotemático y correré el riesgo de que Elena no me vuelva a dirigir la palabra, y ya que no me llama por teléfono (hace tiempo que no nos vemos)por lo menos que me siga escribiendo contando sus amores y desamores que tan uso(y abuso) ledoy en este blog. Así que haré lo que hacen todos en su diario, por fin tendré un diario al uso, uno como esos en donde la gente cuenta sus cosas diarias, sus intimidades. Así haré yo, contaré mis cosas diarias y no esa plasta de historias con mujeres que me quieren y me dejan porque no les doy lo que me piden.
Hoy fui a limpiar la piscina. Ya dije que tengo piscina hace unos cuantos párrafos. La piscina tien tiene más o menos el mismo problema que tienen todas las piscinas, que el agua está muy fría y no hay dios que se bañe en ella. Bueno, aquí en Galicia no es que esté fría, es que está congelada, y yo sólo la utilizo para poner los pies a remojo y ablandar los callos, bueno eso si los tuviera o tuviese que siempre me gusta a mí emplear varias formas verbales para decir lo mismo y así parecer un tipo muy culto. Con relación a la piscina , yo debería cuidarla mucho porque la verdad es que nos costó una pasta (prefiero no hacer cuentas de lo quenos sale cada chapuzón)pero es que me aburre mucho andar midiendo el cloro y el ph, me parece un verdaderocoñazo, y además a toda la familia nos encantan las dos ranas que viven dentro, sólo jodería quepor culpa de ponerle cloro se muriesen las pobrecillas. Lo que no nos gustó, ni a mi ni a mi mujer, fue la serpiente (culebrilla, más bien) que un caluroso día de verano se nos coló en la piscina. No nos gustó porque teníamos miedo que se comieran a las ranas, con todo lo que nos está costando su manutención. Cogi la serpiente con ese medio galapán que sirve para retirar las hojas de la piscina y se la lancé a la finca del vecino. No es el que vecino me caiga mal pero es que no sé que me daba matarla y así de pasomi vecinoya tiene algo para contar en el bar del pueblo. Algún día hablaré de ese bar, pero necesitaré mucho espacio para contar la mitad de las cosas que allí ocurren.
Del mundo animal me gustaría decir que también tenemos dos pequeñas tortugas pero están en una tortuguera en el piso (¿se puede decir tortuguera?). El pequeño las bautizó nada más llegar como Marina (por Tortuga Marina) y Ángeles, como su profesora. El día que vi a su profesora comprendí lo acertado que estuvo el pequeño, perono me reí delante de ella por si después le coje manía a mi niño tal y como hicieron conmigo mis profesores durante toda mi etapa académica y tal y como me tiene manía ahora la puñetera DGT. Bueno, pero eso me imagino que me dará para otra historia porque estas ya no son horas.
!Aggggh, pero que feliz soy!


mariliendre dijo
Tortugas, piscina, niños... No puedes ser tan buen chico. ¿Dónde está el truco?
22 Octubre 2007 | 07:46