Adiós tristeza, adios. 7 Original y bonito
Bueno, ¿qué pasa? un momento de debilidad lo tiene cualquiera, es fácil caer en lo de siempre, en lo conocido, en esa fatal rutina que un día me llevó hacia el punto en donde me conocía tanto que me aburría de mí mismo. De todas formas hay que reconocer que es relativamente fácil volver a caer en lo de siempre, es como quedar con alguna ex a cenar y no terminar en la cama. Es fácil. Es muy fácil. Yo también lo hice. Después vienen los arrepentimientos. Pero ahora ya estoy curado y lo de ese paréntesis, que queréis que os diga, fue un momento de mirada hacia el pasado, un relieve sentimental sin importancia, un autoreconocimiento de lo fácil que me resulta ser repetitivo, y bueno, vale, caí, lo hice, pero digamos que lo veo como una estrategia para salir fortalecido de semejante experiencia, y además sólo fue una vez, tampoco es cuestión de matarme, ni de curarse de golpe sin tener ninguna recaída, que triste sería todo sin recaídas, pero yo aprendo de todo, y aprendí de esa recaída, y no me gustó lo que vi en mí, tanta soledad, tanto desamor, tanta pasión controlada, tanto mazapán, demasiados tantos, y por eso ahora me aparto del pasado y sigo andando por el camino de la felicidad que tanto me alegra el alma, por esta fabulosa y perpetua felicidad en la que se me instauró mi vida y abandono definitivamente mis desamores y sus circunstancias. Allá ellos y que se jodan.
Y seguramente fue al pensar en tanta felicidad que tengo, por lo que después de colgar ese paréntesis sin importancia (que dura sería la vida sin paréntesis, me vuelvo a repetir), me fui rápidamente al espejo del baño que me compré en Ikea creyéndome original, uno de esos espejos redondos, con dos caras, que se alarga y que se estira hasta donde uno quiere, y después se vuelve a recoger y se queda pegado a la pared para no molestar (se me está ocurriendo una metáfora pero mejor no la escribo por riesgo a parecer soez), uno de esos espejos en los que en una cara te aparece tu cara normal y que por la otra cara tu cara se agranda hasta el infinito y en tu rostro aparecen cosas que creíste que era imposible que cupiesen, es como si te miraras la cara con un microscopio, aunque yo cuando tuve microscopio no me miraba la cara y sí la sangre, la saliva y el semen, como hacíamos todos en el laboratorio y quien diga lo contrario miente, pues el espejo de Ikea es igual, y si tienes la mala suerte de tener un pequeño grano, te aparecerá un volcán en el medio de la mejilla a punto de erupcionar. Fue un amor a primera vista, el espejo, no el grano. Fue en una visita a Ikea, una visita con bolsa grande, amarilla e incomodísima, dos sillas de niños peleándose constantemente, mi mujer perdiéndose continuamente para comprar servilletas originales y baratas, mi suegra acompañando porque necesitaba un mueble para los zapatos que fuese original y barato, y yo cagándome en todo lo original y barato que puede resultar un hombre en esas circunstancias, cuando en un clareo entre la gente que paseaba por el décimo baño que había visto original y barato, lo vi en una estantería y comprendí lo bien que quedaría, ese espejo original y barato, en mi cuarto de baño, y me lo compré, y me lo instalé en el baño, y me pareció precioso, original y sobre todo me pareció muy barato, que buena compra hice, sí, y que original, y lo que va a ganar el baño con ese espejo, y que barato nos salió, y que bonito fue todo hasta que a la semana siguiente se lo vi al vecino en la parte posterior de su plaza de garaje, lo utilizo para ver lo que no puedo ver con los retrovisores, para los ángulos muertos, pero te lo pueden robar, por el precio que tiene no creo que nadie se pase el trabajo de robármelo, y me lo dijo sin pestañear, justo una semana después de haber comprado yo mi espejo original y barato, y entonces se me calló un mito y me di cuenta enseguida de que mi compra original y barata, había resultado barata pero no original, y le cogí un poco de manía porque en el fondo me jode no ser original y menos mal que era barato. ¡Con lo que yo hubiese disfrutado afeitándome por esa cara que me hace la cara más grande! Pero después sentí un ligero alivio, al darme cuenta de que yo sólo me afeito una vez a la semana, y para eso casi siempre lo hago después de salir de la piscina, porque me resulta mucho más fácil, tengo la barba más suave, más dulce, más tierna, y paso la cuchilla más rápido y no me corto, porque hay que ver las sangrías que yo me hice en la cara con las cuchillas de afeitar, parecía un anuncio de la Matanza de Texas, pero descubrí que después de salir de la piscina y tras un ligero paso por la sauna, la barba se me queda muy suave, muy dulce, muy tierna, y me afeito en un plis plas, sin cortes, sin sangre, limpiamente. Un trabajo bien hecho. Y por eso comprendí que el espejo lo iba a utilizar más bien poco, y sentí alivio, pero enseguida me entró una especie de congoja porque ya no podría utilizar lo que creí que había sido una gran compra, y lo que es peor, no le encontraba ninguna posible utilidad, porque peinarme tampoco me peino, y ahora ya no me corto el pelo a mi mismo, como hacía antes, y voy a una peluquería de mujeres que me de paso que me cortan el pelo me dan un masaje en la cabeza, aunque nunca llegué a ligar con una peluquera como hace mi amigo Antonio, que se va para un reservado a depilarle el pecho y de paso hacen otras cosas, y eso que yo en su momento también me enamoré de Anna Galiena, y el marido también me caía bien, y a lo mejor fue por eso por lo que me cortaba el pelo a mi mismo, y ahí sí que el espejo tenía cierto sentido, pero ahora es difícil encontrarle una solución, porque después de cuatro o cinco estropicios desistí la idea de convertirme en autopeluquero. Lo cierto es que como último recurso acabé hablando con él, acabé utilizándolo de consejero, y se me ocurrió leyendo a Blancanieves, como por otra parte es lógico, y a lo mejor es por eso por lo que me encanta leerle cuentos a mis niños, porque al final siempre le saco algún tipo de provecho. Por ello, después de colgar el paréntesis, me fui rápidamente a junto el espejo de dos caras, no original pero sí barato, y mirándome muy fijamente a los ojos me dije, tío déjate de gansadas, estás a lo que estás, tú a tu felicidad y santas pascuas. Así que me puse a escribir para abandonar enseguida y de una vez por todas, el camino de la tristeza y los desamores, y no hizo falta que me recordase que ahora yo soy un hombre infinitamente feliz, y ya se han quedado en el pasado las vivencias desordenadas de una vida que miento y miento sin parar. En el fondo yo soy un sibarita, bueno, mejor dicho, me declaro un bon vivant, que suena así como a medio francés y a medio snob. Pero la culpa no es mía, la culpa la tienen mis padres…

Octavia dijo
Yo tb me lo compré, pero lo tengo en una estantería tirado porque no tengo taladro para ponerlo. No eran tan fáciles las cosas de ikea?? Pensaba q se pegaría con plastilina, o similar.
Te espero en la hondo o nada.
5 Noviembre 2007 | 07:39 PM