Adiós tristeza, adios. 8. Mi vagancia y un tubo de pasta de dientes
Y es que en casa nunca hubo un puto duro y lo de bañarnos en la bañera con un cubo de agua una vez a la semana es tan cierto como que es de lo poco cierto que llevo escribiendo desde que soy ciertamente feliz, y si queréis más ejemplos sobre la penuria económica de la familia, también os los doy: está demostrado que en casa de mis padres la pasta de dientes tenía más contenido que el que le marca el fabricante, por muy optimista que éste fuera o fuese, que se puede decir de las dos maneras, y digo yo, y para ahorrar, ¿por qué no quitan de una vez por todas una de las dos aceptaciones y en paz? así todo el mundo tendría que decir fuera o fuese, me da igual, pero solamente una y así no estaríamos siempre andando con esa retranca de fuera o fuese que se hace aburrida y pedante, pero en fin, estaba diciendo que en casa de mis padres se aplastaba tanto el tubo dentífrico que al final de sus días se podía utilizar como papel para liar tabaco, mentolado eso sí. El día que le dije a mi madre que era un poco exagerada planchando el tubo para sacarle una última gotita de Colgate y que nuestra economía, sin ser boyante, tampoco debería andar tan mal como para llegar a esos extremos, me puso la cara derecha de un sopapo del revés y de paso aprovechó el momento (mi madre es de muy aprovechar momentos) y sentenció: la próxima te la voy a dar igual, pero exagerándola, ¿entendido?
Entender sí que lo entendí, pero me creó un trauma que no he podido superar en toda mi vida. Desde aquel día decidí comer manzanas continuamente y no me pregunten el porqué, ni yo mismo lo sé, pero me acuerdo que recién puesta mi cara derecha del revés que me dio mi madre, me topé de bruces con el frutero de la cocina y no se me ocurrió otra cosa que coger una manzana y poner a comérmela por vez primera en mi vida. Hasta ese día, yo odiaba las manzanas, sin embargo cuando comí aquella manzana debió aliviarme por lo menos el subconsciente porque a partir de ahí, cada vez que la vida me pone derecho por darme alguna del revés busco desesperadamente una manzana en algún frutero y me la pongo a comer con unas ansias locas.
Esto de la pasta de dientes y de la manzana debió de ser cuando yo tenía unos 7 u 8 años, o sea, que ya han pasado más de 30 años desde este capítulo tan traumático que marcó mi existencia tan profundamente. Si esos años que han transcurrido los multiplicamos por 365 días que son los días que suelen tener los años ( y me salto los bisiestos que así los utilizo como índice corrector de la solución final) y el resultado lo multiplico por tres, que son las veces que suelo lavarme los dientes al día, aunque a decir verdad alguna noche no lo hago por los efectos olvidadizos que tiene el alcohol cuando lo utilizó como neurotransmisor y este también sería un tema para estudiar, las consecuencias tan extrañas que me produce el alcohol cuando llega a mi sangre, y cito un par de efectos: se me suele olvidar lavarme los dientes (y de ahí el índice corrector de los bisiestos, aunque me he emborrachado alguna vez más que años bisiestos he vivido) pero sin embargo hablo mucho mejor inglés que cuando estoy sereno, que prácticamente no sé hablarlo y me dedico a hacer gestos con las manos y muecas con la cara, ahora bien, es emborracharme y ponerme hablar un inglés rápido y fluido que ni yo mismo sé de donde lo saco, y la única explicación que le encuentro es la existencia de la reencarnación de las almas o por lo menos de la lengua, y por ello estoy convencido de que yo en la otra vida fui británico o americano, sí, mejor americano, creo que fui americano porque ahora que me doy cuenta el acento que me sale es claramente de Iowa, y eso sí que se puede demostrar aunque no con la escritura, ofcors (que ya sé que no se escribe así, pero es una broma que estoy haciendo!).
Todas esas multiplicaciones de años por días por veces que me lavo los dientes al día, nos dan un resultado de aproximadamente 33.000, que son las ocasiones que me llevó acordado de ese sopapo del revés que me puso la cara del derecho y de esa caída sin querer delante del frutero de casa de mis padres y de esa primera manzana que me comí en vida, y aunque parezca mentira cada vez que cojo la pasta de dientes me entra un desasosiego directamente relacionado a esa amenaza de mi madre, la de hacerme entender las cosas exagerando una bofetada (ya sabéis, una bofetada del revés que me ponga la cara del derecho), y aunque no llego a planchar el tubo de la pasta como hacía mi madre, sólo me atrevo a tirarlo cuando humanamente no puedo sacar más que aire comprimido además de cerciorarme la absoluta imposibilidad de que mi madre me pueda ver tirar el dichoso tubito, y por ello aprovecho cuando cierro la bolsa de la basura para meterlo por un lateral y correr como un poseso hasta tirar los desperdicios en el contenedor, y creerme si os digo que aún así no quedo tranquilo del todo, porque aunque mi madre vive a más de cien kilómetros, tiene poderes que sólo mi hermana y yo conocemos, con los cuales averigua absolutamente todo de nuestras vidas, pero bueno, eso ya es otro cantar y lo que yo quería decir desde un principio es que me declaraba un bon vivant pero que sobre todo lo que soy es vago, pero que muy vago, y simplemente soy vago, pero que muy vago, porque mis padres trabajaron (y trabajan) muchísimo, y lo que es peor, nunca tuvieron un mes de vacaciones en ningún hotel del Mediterraneo, ni nunca fueron a Canarias (mi madre le tiene pánico a los barcos y a los aviones), ni nunca se compraron un coche último modelo, o penúltimo, o antepenúltimo, porque mi padre sigue con la furgoneta de toda la vida, la que utiliza él para el trabajo y yo para todas las mudanzas que llevo encima, y la que según él está nueva con más de 17 años encima, y yo sólo espero que el día que no pueda arrancarla mi madre no la aplaste como el tubo de pasta de dientes, porque no creo yo que resultase aunque seguro que intentar lo intentará. Decía que yo tengo claro que soy vago, pero que muy vago, simplemente por el hecho de ver trabajar tanto a mis padres, siempre sin parar, corriendo de un lado para otro, con la lengua fuera y los bolsillos vacíos, y seguramente fue debido a ello por lo queme entró desde siempre, una especie de congoja exacerbada y por todo aquello que significa trabajo, y caí en la vagancia de cabeza desde muy temprana edad, pero no una vagancia al uso, sino una vagancia muy vagancia, y ya sé que socialmente está muy mal vista pero tengo que reconocer que a mí, en cambio, me da unos resultado cojonudos, por no decir cojonudísimos si alguna de las dos palabras se pudiese decir o escribir sin caer en lo soez.
Pero eso me toca explicarlo mañana, o pasado, o al día siguiente, me imagino que lo escribiré en el momento en que mi vagancia se preste a ser vencida por mi labia y mis intentos de pasar a la posteridad enfundado en esta desbordante felicidad tan feliz que ya no sé que hacer con ella.

sarah dijo
aayyyy...cuanto has escribidooooo...vuelvo, vuelvo...vuelvo...te dejo besos, muchos!!!!!!!!
8 Noviembre 2007 | 01:28 PM