Paréntesis nº 2. Caída libre. Un beso y medio
Yo no sabía nada de alemán, ni de francés, ni de inglés y ella me decía que tampoco sabía nada de francés, ni de español, ni de inglés. A decir verdad yo enseguida supe que ella sabía algo de español, no para hablarlo pero sí para entenderlo, pero ella prefería que yo no supiese que ella sabía algo de español, así que yo aproveché para enamorarme tiernamente de sus mejillas e hice como que no sabía que ella sabía español. Pero eso ya fue un poco más tarde, al día siguiente o al siguiente pero no más tarde, porque después me tuve que marchar.
Nos conocimos en una pequeña taberna de madera en el medio de Berlín, una noche de un principio de noviembre de un año de estos en donde, al lado del Sonny Center, se celebraba la fiesta de entrada del invierno. Maldije una fiesta de invierno cuando me invitaron, porque hacía mucho frío, porque yo tenía mucho frío y por que yo soy más de primavera. Después también maldije a los fuegos artificiales porque siempre me asustaron mucho, al igual que los petardos y las bengalas, y también me asustan los perros y los gatos y la DGT, pero esos son otros problemas. Lo que no maldije fue la cerveza, ni las salchichas saliéndose por todos los lados de un escaso trozo de pan con el que te las sirven, ni las cervezas otra vez porque ya no sé cuantas tomé, ni un vino calentito que no me gustaba pero me calentaba el cuerpo porque yo tenía frío, mucho frío, y una cosa por la otra me metí varios vinitos en el cuerpo y dejé de tener frío y ya aprovechando de que no tenía frío, pues me puse a comer otras salchichas porque las había de todos los colores, y en aquella cabaña de madera en el medio de Berlín que todavía me pregunto que pintaba allí (la cabaña y yo), me la encontré de bruces y de narices, la mía grande y fea, la suya pequeña y apuntando para el cielo, y entonces yo le eché una media sonrisa, y ella me devolvió una sonrisa y media, y acto seguido le rocé las mejillas coloradas y le invité con gestos a una cerveza y me dijo con gestos que sí, que la aceptaba, y le pregunté en mi no inglés su nombre, y me dijo en alemán algo que ni entendí ni me acuerdo, y me cogió de la mano para llevarme hacia la barra y yo le di un beso en la mejilla derecha, y me devolvió la sonrisa y media, y después me devolvió la cerveza en otra ronda que pagó ella, y había gente por todos los lados, y había ruido por todos los lados y había cerveza por todos los lados, y había salchichas por todos los lados, pero yo sólo le veía las mejillas rosadas, encarnadas, aterciopeladas, y ya no aguanté más y me acerqué para darle un beso, y le di un beso, y ella no dijo que no, y le di otro beso y entonces ella ya no aguantó más y me respondió con beso y medio, y entonces yo le llevaba medio beso de ventaja pero yo no sabía como decírselo así que preferí que ella me diera otro beso y medio más, y así me aventajaba en uno entero y yo aproveché para darle uno y empatar, y así nos fuimos empatando toda la noche, con cervezas, sin salchichas porque todo tiene un límite, y por último con almendras garrapiñadas, y debe ser por eso por lo que su boca me sabía a miel con azúcar, y seguramente fue por eso por lo que mi boca le sabía a miel con azúcar, pero no nos dijimos nada porque yo no sabía alemán, ni francés, ni inglés, y con ella a mi lado, creo que tampoco sabía español, ni gallego, ni me salían los gestos, yo sólo quería sus mejillas, sonrojadas, tiernas, alegres, aterciopeladas, y ella quería que yo supiese que le gustaba y me lo iba diciendo en muchos idiomas, o eso creo porque no entendía ninguno, y entonces me empujaron en la espalda tres o cuatro toneladas de carne alemana, y me quedé pegado a ella, y yo soñé con un bolero que es la distancia más corta entre dos cuerpos, pero sólo sonó el roce de sus cabellos, y nos fuimos hacia el lugar desde donde nunca se sale, y nos recibimos sin complejos y sin miedos, mudos de palabras, a gritos y en silencios, y desperté acariciándole las mejillas y ella me regaló dos días enteros, y cuando al tercer día me marchaba, me dijo: todavía me falta un medio beso entero.

Cosiña mala. dijo
Reconozco que aunque me gustaba más tu época de desamor, lo paso genial leyéndote, tus ocurrencias y simpatía son fantásticas, no cambies.
8 Noviembre 2007 | 09:52 PM