Una historia sin más (II)
Aquí en Suiza todo es más fácil. Las cuatro de la tarde y casi es de noche. Me da tiempo a estar mucho tiempo sola. Me da tiempo a no hacer nada. Creo que lo necesitaba. Ahora me da tiempo a pensar, y pienso, y pienso, y entonces me aparecen las ganas de escribir, y escribo y escribo y escribo, y después lo leo, lo releo y lo tiro a la papelera, y entonces vuelvo a escribir y a escribir, y el tiempo no anda, se queda parado, y la noche se mete en el ánimo, se mete en mi soledad, en mis entrañas, pero llega un momento en que en vez de agobiamrecasi me gusta, necesito esta tranquilidad, este sosiego, esta oscuridad de ambiente, y así sólo me da tiempo para pensar, y sólo quiero pensar, y pensar, y escribir y escribir y escribir, y total para nada, porque nunca me atreveré a enviarte todo esto, lo sé, y seguramente será por eso por lo que tu nunca sabrás nada de mí, y seguramente será por eso, por lo que yo tampoco nunca sabré nada de ti.
Pero siempre me surgen pensamientos con el fantasmagórico propósito de aparecer de nuevo, y amenazan constantemente en materializarse en mi vida y por ello se van arrastrando por mi mente como una pesada bola de metal atada a mis pies, y de repente no respiro bien y toda mi mente pesael doble, y cada renglón aplasta cada una de las pocas neuronas que le quedan a mi cerebro y cada renglón es un ajuste de cuentas con el pasado. Y todo lo que escribo sé que no irá a ningún lado porque siempre le faltará el acuse de recibo de tus pensamientos, y yo me respondo a mí antes de esperar a que tú escuches lo que te quiero decir, y por eso mi interior me devuelve una realidad más triste que ilusionante, más real que el engaño en el que vivimos juntos, más mentira que tu locura transitoria y amatoriamal interpretada por mi parte. Todo era más sencillo y yo no lo quise ver. Ahora tengo en mi vida más criterios ciertos que todos los besos que me has dado, y tengo una visión retrasada en el tiempo sin ningún tipo de doblez, pero también sé mentirme lo suficiente para decirme que no fui tan mala, que no soy tan mala, que tuve y tengo derecho a vivir, que mis alegrías ya las empañó la triste realidad con la que me di de morros; yo también me sé mentir, Andrés, yo también me sé arrastrar por lo que quiero oír. Y así lo hice. Y ahí vuelven a nacer otros pensamientos, los posibles futuribles, quiero decir, los que podrían haber adquiriendo vida propia, los que me hicieron concebir una realidad que nunca pudo existir, los que me llevaron a mentir mis sensaciones, los que me negaron a ver la inexistencia de un beso sin miedo, los que me empujaron a lanzarme hacia ti. Que absurdo, ¿no? Pues debe ser que no, porque en vez de repudiarlos, cada día nacen con más fuerza, y a la vezme ilusionan y a la vez me matan.
Pienso que no me debería pensar, pienso que no debería dejarme llevar por mi mente, nada debería destruirme la conciencia por muy limitante que esta fuese, pero es imposible porque todos mis pensamientos están llenos de razón y se empeñan una y otra vez en cobrar vida propia y seguro que lo hacen para fastidiarte, para fastidiarme aún más, si es que se pudiera fastidiarme aúnmás, y me meten un dedo en el ojo con frases del tipo "si ya te lo decía yo", “ si es que no podía ser”, “ si siempre es lo mismo” y otras mierdeces por el estilo que vienen, y van , y vuelven, y vuelven, y vuelven, y no paran hasta que lo reconozco a grito pelado en plena noche, y no paran hasta que me doy de bruces con lo que realmente fui en tu vida. Y reconozco que en esos momentos soy todo menos feliz.
Sí es cierto, no me mentiste, y yo no debería haberme hecho ilusiones, pero me las hice, y después no supe como terminar con todo y no supe como decírtelo, y sabía que a ti no te apetece nunca discutir, y por eso huí, y por eso ahora estoy en el mismo punto que cuando empecé, y sé que no te digo nada que no sepas, y sé que así lo único que consigo es darle la razón a mis pensamientos, y ya no puedo más, ya no puedo seguir perdiendo el tiempo, y pienso, y pienso y pienso y me pongo a escribirte todo aquello que nunca fui capaz de decirte. Ni más ni menos. Sin más razones que mi propia razón.
No sé si te odio, Andrés, pero sé que me encantaría hacerlo.

sarah dijo
ay, qué complicados sois los mayores,
con lo fácil que es ser feliz, aquí, al otro lado del muro...donde no nos falta de nada y nos sobra de casi todo...
vamos a ver, preciosa, deja de comerte el tarro, de pensar y de escribir...olvídale ...o llámale...es así de sencillo...pero haz algo...
el orgullo y los recuerdos son una mierda pinchada en un palo cuando estemos ya todos calvos...tocamos a ...cuántos? tres mil millones de tios por barba?...pues entonces? de qué coño estamos hablando?
uf! yo de mayor no quiero ser como vosotros...
27 Noviembre 2007 | 12:35 PM