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La Coctelera

EL DIVÁN DE LO EFÍMERO

Lo mejor del futuro suele ser la posibilidad de evocar el pasado. Jose Luis Alvite

23 Noviembre 2007

Una historia sin más (III)

Y desde aquí, desde la frialdad de una ciudad como Zurich, que suena bien, que suena grande, pero que es más bien triste y más bien pequeña, yo te imagino paseando con tu mujer y tus dos hijos por Vigo, que suena caliente, que suena a mi infancia pero a lacual no la añoro en absoluto. Te imagino mirando continuamente el teléfono por si aparece un mensaje mío, y te imagino pensando en que está ocurriendo, y te imagino escribiéndome un mensaje tras otro sin que te llegue ninguna contestación por mi parte, porque ese número ya no existe. Y de paso me imagino que al final todo esto es una pena, porque siempre es una pena que una historia como la nuestra termine con el olvido y con el odio, una historia como la nuestra...

Ya ves, ya hablo en pasado, con lo que me costó hablar en presente. Pero ahora creo que en vez de escribir sobre pensamientos, que luego ya se sabe lo que pasa, ahora prefiero escribir sobre el pasado, que requiere de menos imaginación y esfuerzo que cuando me dedicaba a mentir el presente. Además me parece que es la mejor manera de fotografiar la vida, porque no siempre puedo llevar encima la cámara fotográfica que me regalaste, la vieja Leica que había sido de tu padre, que había sido de tu abuelo, la fotografía digital no es fotografía, me decías, está bien no lo discuto, pero no es fotografía es otra cosa, por eso sé todo lo que me quieres para regalármela, y me imagino que te dolió hacerlo pero así eran nuestros regalos, teníamos que darnos nosotros, no valía comprar cosas, eso lo hace cualquiera, y por eso me imagino que ahora te dolerá escuchar que destrocé la vieja máquina, la destrocé a propósito en el arranque definitivo que supuso poder separar tu cuerpo de mi mente.

El caso es que la tarde empieza con esta noche, tan cercana, tan fresca, y el pensamiento, mi pensamiento, se vuelca en letras, y las letras de hoy no se parecen en nada a las de ayer, y las intento ordenar, y las llevo de adelante hacia atrás, de ahora a entonces, y vuelves a aparecer tú, vuelve una espalda desnuda, como si de un proyector se tratara, y sobre ella las imágenes se suceden, y se iluminan y se trasladan, primero, unas cuantas diapositivas del proceso de transformación de una barba a perilla y yo afeitándote y el agua de la bañera hasta nuestro cuello, y después le siguen los atropellados pasos por el pasillo de un hotel escenario de una historia de libro de hace ya una lustro. ¡Joder, como pasa el tiempo! Luego apareces, proyectado sobre una esquina de tu propia espalda, masturbándote para mi, afortunada espectadora, me decía a mí misma en aquellos días en los que creía tocar el cielo con la punta de mis dedos, y entonces aparecen las puntas de mis dedos intentando acariciar esa imagen tuya en el horizonte y se me hace todo tan imposible como real, como cuando no podía parar de tocarte, como cuando decidí marcharme de una vez de tu lado, como cuando decidí recuperar mi propia vida.

Tags: desamor, amor

servido por ignacio 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

sarah

sarah dijo

ays...este me ha encantado!!!!!
tocar el cielo con la puntita de los dedos...y aún así, decidir marchar...
yo pensé que era de valientes...que podría empezar de nuevo...a él le costó mucho menos...cobarde!!!!
jo, llámalo...llámalo...porqué no lo llamas? antes de que sea demasiado tade...

27 Noviembre 2007 | 12:44

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Cuantos buenos recuerdos le debemos a la mala memoria. Alvite Parador

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