Mi desconocido don (IV) Julia y dos dientes
No contento con mi fracaso en el mundo de la imagen estática, pensé que a lo mejor poniéndole un poco de movimiento podía encontrar mi don perdido o mejor dicho, mi desconocido don, porque lo que está claro es que no se puede perder lo que nunca se tuvo.
Así que me apunté a otro curso (y van…). Este era de técnica cinematográfica e introducción al guión. La cosa empezó bien, y terminó, pues terminó como siempre, con la asqueada sensación de vacío espiritual que cada tema provoca en mis adentros una vez creo conocer. Lo mejor sin dudar alguna fue Julia, una profesora de ojos indisolubles, a veces verdes, a veces marrones, a veces violeta, a veces azules, no ahora que lo recuerdo, azules nunca fueron, fueron verdes, marrones y violetas, pero en todo caso fueron siempre espectaculares e indisolubles. Julia además de ojos también tenía una cara muy bonita, pero de lo que me enamoré yo fueron de sus dos incisivos superiores ligeramente separados que es como me gustan a mí, bueno, a mí no me gustan especialmente separados, sino que a mí como realmente me gustan es que sean unos incisivos superiores distintos.
Vamos a ver. Un día, de repaso nocturno, cosas del insomnio dominguero, me puse a repasar las mujeres que de verdad me gustaron, las mujeres por las que estuve a punto de perder el juicio, las mujeres de rompe y rasga y escapo por miedo a que sus abrazos tengan tentá-culos, y hete que en ese repaso, caí en un detalle que nunca había reparado o que nunca le había dado importancia hasta ese día: los dos incisivos superiores. Detalle sin importancia, dirían algunos, pero detalle al fin y al cabo, diría yo.
Todas, y digo bien, todas las mujeres que me gustaron (y gustan) resultaron tener dos incisivos superiores ligeramente distintos a lo que técnicamente se denomina normales. No seré yo quien niegue la jovialidad de una sonrisa francamente abiertamente, esas sonrisas tan blancas que producen ceguera, esas sonrisas como medio de locomoción hacia el amor juvenil, esas sonrisas tan perfectas que el cepillado de dientes es como pasarle la mano a un lienzo de Velázquez, sabes que nunca lo vas a poseer y sólo conseguirás ensuciarlo. Pero a mi siempre me atrajeron las sonrisas que venían con algún que otro defectillo, y en concreto las sonrisas que traían alguna imperfección en los dos incisivos superiores. Me han gustado, de esa manera, la sonrisa tipo conejo, la de los dos incisivos montados uno encima de otro, la de ellos ligeramente separados, la de dos paletas tipo paleto, la de fuertes y agarrados en su dentadura mandando sobre el resto de los mortales y la de aquellos que le faltan un pequeño trocito en su borde lingual. No concibo el porqué de este misterio, ni nunca busqué cual enfermo metal esas diferencias en las mujeres que amé, sé que en el repaso del insomnio dominguero me surgió ese denominador común. Y así hay que aceptarlo.
Pues bien, Julia, tenía los dos incisivos superiores ligeramente separados el uno del otro y aunque oficiaba en su cara un ligero prognatismo mandibular, lo disimulaba francamente bien con el peinado y las pinturas. Y ahora podría abrir un paréntesis sobre los engaños que se le hacen al rostro vía pinturas por doquier y/o peinados imposibles, engaños que buscan la eterna bendición de alcanzar la belleza. También se podría hablar del fresco y jovial golpe de agua como vía para resaltar la perfección natural que ilumine lo más grandioso que la naturaleza construyó (joder que pedante me está quedando esto). Bueno, pues lo dicho, yo en ambos casos y en todos en general, estoy a favor, o sea, yo siempre estoy a favor de que cada uno vaya como más le plazca y de hecho me da igual que una mujer quiera pintarse, que otra que le apetezca estar con la cara lavá y recién peiná, o que otra se esconda en unas gafas de cuerpo entero, a mí como esa mujer me guste, me gusta hasta con diarrea. Pero ese ya es otro tema y ya me entra la escatología. ¡Cuánto glamour pierdo! En fín, estábamos en Julia
Julia no sé porqué extraña razón, vio en mi un alumno bueno, y yo en ella vi desde el principio una profesora buena que no una buena profesora. Pasamos mucho tiempo montando juntos. Bueno, y escribiendo, y rodando, pero el montaje lo hicimos los dos solos y de la mano. Elaboramos dos cortos y ningún premio, que se le va a hacer. Así que después de poner mi intelecto en aquellos guiones, después de rodar y de montar, después de ver el rostro de Julia en cada fotograma, después de no tener ni una mención en los dos concursos de cortos a los que enviamos nuestras obras maestras, decidí seguir mi camino, o sea, decidí dejar el cine en la retina y no en las manos, así que proseguí con mi afición de espectador y dejé la de montador de Julia para otro más docto. Fue una pena, siempre me gustó, tanto el cine, como Julia y como montar.
Ahora, cada vez que la veo con su marido y sus hijos, me sonríe de una manera rara, lo hace con la boca cerrada y yo creo que lo hace a propósito, sé que no quiere mostrarme sus dos incisivos ligeramente separados, sus dos incisivos que me llevarían a la locura de nuevo, por eso lo evita, me conoce y sé que lo hace por eso, así que los encierra y me sonríe con los dientes escondidos, pero he de reconocer que hasta eso me provoca, hasta eso me gusta, la imaginación da alas en donde la mayoría de las veces no se puede pensar en volar, pero no con Julia, con Julia ya es imposible, además no se debe ir por ahí repasando incisivos, no se debe ir por ahí buscando un don desconocido en los ojos indisolubles de Julia, a vecesverdes, a veces marrones, a vecesvioletas, o en aquella sonrisa con dos incisivos superiores ligeramente separados que entre montaje y montaje, un día me hicieron soñar.


cosiaaa-mala dijo
Estoy pensando en quedar contigo para que me conozcas, mi sonrisa también tiene una pequeña tara, esos incisivos tienen el defectillo de no estar, seguro que te gusto un montón, y no te digo nada si me pillas en los días que las viriasis me provocan diarrea, podría volverte loco. :D
4 Diciembre 2007 | 08:02 PM