El premio de la Verdú (yIII)
Lo cierto es que ayer vi a aquella amiga mía de primero de carrera que una vez me dio un par de besos redondos una noche previa a unas navidades y que me dejó con un palmo de narices cuando se lió con el compañero más tonto y baboso que tuve en mi vida. Después intenté cogerle manía por esa elección tan aciaga que ella tuvo en su segundo año de carrera, e intenté odiarla con todas mis fuerzas (a la amiga porque al compañero ya lo odiaba), pero resultó todo mucho más difícil de lo imaginado ya que en vez de rencor me enamoré más de ella y con esto lo único que logré fue quererla egoístamente para mí, por mí, por ella y por joder al imbécil de ese compañero, y lo digo en ese orden porque ese era el orden que yo sentía.
Esta mi amiga en cuestión adelgazó demasiado. Parece ser que se le mezcló la delgadez con una pleuritis y un neumotorax. Maribel también adelgazó en demasía. De aquella carita redonda de sus inicios pasó a otra de mujer diez, se enfiló la barbilla, apuntó con las tetas y apretó el culo, pero se le pasó la rosca y ahora parece como si le sacaran la cara de un embudo y sólo le respetaran los dientes, y eso choca con mi gusto, ya que yo siempre he preferido a las mujeres con cinco kilos más que con cinco kilos menos, y a Maribel le hacen falta cinco kilos para igualarse y otros cinco más para estar a mi antojo, y ya que me pongo pues también lo digo: a mi antigua amiga le pasa exactamente lo mismo, y me di cuenta cuando la recordé y cuando ayer me presentó a su hija de seis años mientras le pedía un zumo de piña, y yo pensaba en aquella noche antes de navidad y aquellos dos besos redondos que me dio, y también pensé en el imbécil del compañero con el que se lió en segundo de carrera y que parece ser que le va muy bien en su vida profesional y de lo cual yo no me alegro en absoluto porque no tan en el fondo soy malo, muy malo, y rencoroso y todavía no entiendo como ella lo prefirió a él en vez de aquel otro que le escribía por los rincones, en vez de aquel que le cantaba canciones de amor, en vez de aquel que le prometió amor eterno en una eterna noche de amor con dos besos redondos, pero ella eligió a un soplagaitas que salpicaba al hablar y que llevaba el jersey metido por dentro del pantalón, y tan mal gusto me sorprendió hasta a mí, otros en cambio me dijeron que no era mal tipo, pero eso nunca lo quise escuchar, casi siempre escuchamos aquello que nos apetece, y al día siguiente de verlos juntos, él retiró el jersey de dentro del pantalón y se echó gomina en el pelo, y sigo sin entender porque me gusta tanto la Verdú cuando de todos es sabido que no tiene los dos incisivos superiores raros que es como a mi me gustan las mujeres que más me gustaron, y que es tal y como los tiene esta compañera que un día me dio dos besos redondosantes de navidad, pero sin embargo Maribel tiene un incisivo inferior ligeramente salido, y su lengua tropieza una y otra vez con él cuando está hablando, es como si de un tic nervioso se tratase, el mismo tic que me entra a mi cuando la veo y cuando me quedo prendado de sus ojos tan vivos y tan lujuriosos, y entonces me pregunto si ella llegó a sentir nuestro mutuo amor en aquel año de las luces que a ambos nos despertó, y tengo que reconocer que sigo esperando la ocasión de volver a ponerme nervioso como aquella vez que un aeropuerto nos cruzó una mirada, y yo volví sobre mis pasos y me puse a su lado para ver un escaparate de peluches y decirle entre sudores y a trompicones, esto, ejem, bueno, que estás mucho más guapa en persona que en televisión y que en el cine, y ella me sonrió, y ella me miró a los ojos y ella me dijo un muchas gracias con su diente incisivo inferior saliendo de la línea dentaria y con su sonrisa saliendo por los ojos y por eso me alegro que le hayan dado esa mierda de premio que a ella parece ser que tanto le agradó y sorprendió, y también me alegro que aquella amiga que me dejó por un compañero baboso, el compañero más baboso que tuve en mi vida, también lo haya dejado a él, aunque no sé si sería peor el remedio que la enfermedad ya que fue a caer en brazos de un abogado gordo y con melenas con el que tuvieron un hija y que ahora ella también dejó (al abogado y no a la hija) y por eso vive sola con su hija, la del abogado, y con su extrema delgadez mientras en la trastienda de mi pasado se mezcla sus dos besos redondos de antes de navidad con la mirada lujuriosa y pasional de Maribel Verdú despertando a las luces y un chico delgado de barrio que se fue a estudiar algo que todavía se pregunta el por qué, y que con los años metió los kilos que a aquella chica ahora le faltan y entre las alegrías de un Goya ganado, sueña con Maribel Verdú enfundada en traje negro Rita Hayword diciéndole al oído el número de su habitación y a lo mejor fue por eso por lo que por fin le dije a esa compañera de los besos redondos todas las cosas que llevaba acumuladas desde hacía años, le dije lo de los dos besos redondos que me supieron a néctar, y lo de lo mal que me pareció que se liara con aquel compañero baboso que se metía el jersey por dentro de los pantalones y no menté al abogado gordo porque estaba su hija presente y tampoco soy tan malo, pero lejos de su complicidad, lejos de otros dos besos redondosme encontré una medio sonrisa academicista con incisivos superiores prominentes y montados uno sobre el otro y un no seas tonto y paga este café que afuera parece que ya empieza a llover.

Oc dijo
Llevas una racha buenísima, Martín. Te has cansado del cansancio?
6 Febrero 2008 | 07:14 PM