Un debate con bolígrafo y los ojos de Carmen (II)
Carmen me decía que mis canas le encantaban, lo decía mientras me atusaba el pelo con sus dedos flacos y largos, y me atusaba el pelo mientras me besaba, y me besaba después de hacer el amor, y hacíamos el amor después de que me atusara el pelo. Tuvimos una relación circular. Ella siempre fue muy delgada, insultantemente delgada para aquellos que nos cuelgan michelines como si fuesen asas y por mucho que nos empeñemos no hay perfil que nos salve ni una mísera comparativa ante la cual salgamos airosos. Está tan delgada y tan guapa que el reloj de Manuel Campo Vidal le da vueltas hacia atrás. Carmen no tiene ojos, lo que tiene son dos faros en la cara, dos ventanas de azabache por donde asomarse a un mundo que siempre me imagino sexualmente perfecto y emotivamente sereno. Me acordé, mientras me reía del traje de Manuel Campo Vidal, que me había acordado de Carmen en el viaje hacia Benavente, pero de lo que no me había acordado en el viaje hacia Benavente fue que me había acordado de Carmen porque la había soñado la noche anterior. Debió de ser por ello por lo que cogí el bolígrafo de Kiko y apunté en el borde del periódico: suspiro por el sueño que dejó tu piel en mi colchón.
Qué debate más interesante, decía Manuel Campo Vidal. Si éste está viejo, me decía a mi mismo, está claro que el mismo tiempo ha pasado por mí, o sea, me guste o no me guste yo también debo estar viejo para los demás. Hice cuentas. Me faltan menos de 40 días para 40 años. Volví a escribir: he llegado siempre tarde a todas las etapas de mi vida, espero que está vez no haga una excepción. Carmen se me fue de las manos por que no quise complicarle la vida, aunque yo a ella no le dije nada y dejé que después de dos noches nos suspirásemos en pasado.
Me apetecía ver el debate, no sé porqué, pero me apetecía. El último debate entre candidatos lo vi con mi padre y escuché del debate, lo que los insultos a Felipe González desde la garganta de mi padre me dejaban. Zapatero no es santo de mi devoción (prefiero no decir lo que dice mi padre de él). Yo creo que Zapatero no vendría nunca a un bar de mujeres con Kiko y conmigo, y en caso de que viniese se pondría a reír nerviosamente en una esquina de la barra mientras le intentaba tocar una teta con dos dedos a la primera mujer que se le acercara a pedirle fuego. No es que me caiga mal, es que simplemente no sé si me cae. Me parece tan insulso como pasarse las navidades a dieta. Además veo a Zapatero y no soy capaz de desasociarlo de Pepiño Blanco y eso (y ése) si que no. Zapatero traía el traje abrochado, Campo Vidal también, pero Rajoy no. Escribí: la escritura simplemente son recuerdos, dejaré de escribir el día que deje de acordarme que hice ayer. Claramente las musas seguían sin aparecer. A Rajoy se le iba el ojo. Primero por los laterales buscando el reloj del tiempo sin darse cuenta que el tiempo lo tenía Manuel Campo Vidal, después por sus papeles en busca de la niña de conclusión final no fuese a ser que se le escapase el colofón final, y al final, cuando ya pudo romper los corsés televisivos a los que le someten los asesores de imagen, Rajoy miraba para todos los lados que es como debe ser él en su vida normal. Me acordé del ojo apuntador de Solbes en el debate de la semana pasada. Tengo un amigo bizco que dice que es capaz de leer con un ojo y con el otro repasar. Carmen tiene los ojos más grandes que yo he visto en mi vida, las piernas más largas que se puedan concebir y una sonrisa medio seria, medio provocadora, medio feliz que hizo estragos en mis instintos durante mucho tiempo. A veces Rajoy parecía bizco, otras veces incrédulo y la mayoría de las veces un registrador de la propiedad encorsetado en un proyecto obligado por su propio partido. Rajoy está casado con una vecina mía aunque de él siempre se dijo que era maricón. A usted lo que le conviene es irse para Madrid y casarse. Eso, al parecer, se lo dijo Fraga recién aterrizado en su exilio gallego. Le hizo caso, se fue para Madrid, se casó con mi vecina y pasó en poco tiempo de vicepresidente imberbe con barba de la Xunta de Galicia a casi presidente de España, solamente le separó de su objetivo final un par de años de delirios de grandeza de Aznar que se creció cuando vio que al candidato socialista le faltaba pelo y por eso a partir de ahí se dejó melena. A Kiko le cortan el pelo por encima de las orejas para tapárselas un poco. Las tiene grandes. Yo no puedo hacer nada con mi nariz, es inescondible. Carmen me llama guapo sin serlo y dice que le encanta mi nariz, y yo le digo que lo único que le falla es el gusto, el cual tengo yo muy desarrollado y por eso ella me cautiva toda entera. Por favor, invítame a ti en carne y huesos, le digo y se sonroja. Rajoy está colorado y Zapatero piensa en cada palabra antes de decirla. Me aburren. Escribí: dame tu calor en forma de besos, dame tu amor en forma de riesgos.

Cosiña mala dijo
¿Y que pensaría tu vecina de lo piensas de su marido? Aunque parece un secreto a voces, creo que te retirará el saludo.
29 Febrero 2008 | 10:41 PM