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La Coctelera

EL DIVÁN DE LO EFÍMERO

Lo mejor del futuro suele ser la posibilidad de evocar el pasado. Jose Luis Alvite

27 Marzo 2008

MI amigo Luis (II)

Pensaba mi amigo Luis que con las virtudes que él mismo conoce de él más las que se supone que su amante suele descubrirle a mayores, le serían suficientes como para que ésta su amiga a la que él está enganchado, se desenganchase de su novio de toda la vida, que ya dije anteriormente que a su vez este novio de su amante era amigo de mi amigo Luis, y esperaba que ante semejante compendio de virtudes que el atesoraba, ella se caería rendida en sus brazos hasta el infinito. Como prueba de esta fe ciega, fe por otra parte tan ciega como dicen que debe ser el amor aunque en mi caso simplemente consta de 6 dioptrías por ojo, fue la enérgica decisión con la que mi amigo Luis le dijo a su mujer que lo sentía mucho pero que había encontrado a la mujer de su vida en la cama de un amigo que pronto iba a dejar de ser su amigo, pero que en un despiste de la voluntad, retozó hasta la extenuación y empezó a ver el milagro de los paces y los peces campeando como un temporal por el medio de su cuerpo serrano y así descubrió el amor con mayúsculas y sin vacilación, y mi amigo Luis se lo dijo así, de sopetón y sin anestesia alcohólica a la cual pudiese echar la culpa en el caso de que después la realidad se torciera, y mientras le proclamaba el amor ciego que tenía por su nueva mujer, también le dijo a su ya exmujer que él asumiría el coste del divorcio y la manutención de los niños desde la primera comunión hasta aprobadas las últimas asignaturas de las carreras, y justo en ese momento se le llenó el pecho de expresión de amor y se sintió por vez primera en mucho tiempo valiente por ser capaz de dar un paso que él creía definitivo.

Contaba en su apoyo, con las palabras postorgásmicas, preorgásmicas y orgásmicas, que la amiga de la que se enganchó, le decía en la cama y le prometía para el futuro, pero lo que no contaba era que la amiga a la que se enganchó le iba a costar dios y ayuda dejar al antiguo amigo de mi amigo Luis y el cual, cuando conoció todo el percal, no sólo intentó asesinar con palabras al pobre, desde ahora, valiente amigo Luis, sino que se él también se armó de valentía, que para entonces debía venderse muy barata, y pronosticó una guerra muy larga por esta mujer que yo nunca vi con los ojos que tanto mi amigo Luis como su antiguo amigo veían en ella.

Claro está que las crónicas interamistad, decían que esta pelea a la cual entraba el antiguo amigo de Luis, era una pelea por el orgullo y no por el amor, y que a la larga siempre gana el verdadero amor aunque este, decía yo, simplemente estuviese mantenido por una pasión muy desenfrenada, un deseo de agradar a un trozo nuevo de vida y una locura transitoria que es lo que me decía a mí mi amigo Luis que sentía y vivía por esa mujer que, repito, a mí nunca me gustó.

La mujer de mi amigo Luis, a la postre, su exmujer, le aventuró un futuro incierto lleno de idas y venidas del corazón, con arreglos ocasionales y rupturas definitivas, te vas a quedar sin ninguna por querer ser el más macho del barrio, con lo bien que nos iba con estos cuatro polvos al mes que nos tirábamos, pero mi amigo Luis, que había descubierto la pasión con mayúsculas, se decía para sus adentros que con la nueva mujer a la que él estaba totalmente enganchado, cuatro polvos no le llegaban para completar una tarde, y en su balanza sólo medía desenfrenos, y se le inclinaba tanto para un lado que pesó sin ningún decoro el equilibrio de quince años de matrimonio.
Rompió su mujer, que a partir de ahora diré exmujer, un retrato que tenían del día de la boda, ella ataviada con un precioso escote palabra de amor, o palabra de honor, o palabra del horror, y él con una pajarita negra en un traje gris marengo que podía romper la retina de cualquiera. El golpe del marco en el suelo de la cocina, sonó a frustración y rabia, odio y venganza, sangre y lágrimas. Al ver los cristales esparcidos por todas las baldosas de la cocina, mi amigo Luis se acordó del día en que decidió poner esas baldosas en la cocina y sobre todo el empeño que puso en dejar una junta entre ellas lo suficientemente amplio como para darle un toque rústico, sin darse cuenta de que esas juntas tan amplias lo único que acumulaban entre ellas era mierda.

Tags: amor

servido por ignacio 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Cosiña mala

Cosiña mala dijo

Alguien tendrá que avisar a tu amigo Luis que está haciendo el gilipollas, de montarselo bien tendría a las dos (por si falla una) y el sacar pecho solo le valdrá para quedar sin ninguna. :)) Estoy esperando impaciente el desenlace.

28 Marzo 2008 | 09:21 PM

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