Publicidad:
La Coctelera

EL DIVÁN DE LO EFÍMERO

Lo mejor del futuro suele ser la posibilidad de evocar el pasado. Jose Luis Alvite

17 Abril 2008

Una cicatriz en la pilila

Tengo yo una pequeña cicatriz en la punta de la pilila. No es que sea una pedazo cicatriz que moleste a la vista, más bien es una pequeña rayita en la parte más apical de la piel de mi prepucio, una rúbrica con la que el pasado quiso dejar su huella. Tenía yo apenas cuatro años cuando mi abuela se empeñó en cerrar la cremallera del pantalón a la fuerza sin darse cuenta de que por la ranura del calzoncillo sobresalía la puntita de mi pilila y allí se quedó, durante unos largísimos segundos, la piel de la susodicha enganchada al engranaje de la cremallera. No hace falta que diga que aquello me dolió muchísimo, y aún ahora, cada vez que lo recuerdo o lo cuento, me entra una especie de escalofrío que me retrae de medio metro de cualquier cremallera del mundo.

Aquellos pantalones de pretinas asesinas, me los hacía mi madre y solían venir heredados de algún primo, o en el mejor de los casos de mi tío, aunque de él lo que realmente arreglaba bien mi madre eran las camisas. Casi todos los pantalones de mi infancia los adornaba mi madre con unas rodilleras de skay que al principio se cosían y después se pegaban con un golpe de plancha. También venía mi infancia con dos números más de zapatos para que me sirviesen para el año que viene, sin darse cuenta mi madre que los destrozaba ese año sin problema y lo único que conseguía era que yo anduviese arrastrando los zapatos toda mi infancia, y de aquellos dos número más quedaron estas pocas ansias que se me ven cuando voy andando que parezco más un alma en pena que Fiz de Cotobelo.

De la cicatriz de la pilila apenas hubo noticias por parte del entramado femenino que revoloteó a su alrededor, porque ya digo que hay que fijarse mucho para encontrarla y yo tampoco quise insistir en que se fijen en esta mi peculiaridad, no queda nada bien andar con los dedos por el prepucio como un mono buscando piojos diciéndole a la amante de turno, mira fíjate, fíjate que curiosidad más curiosa, sin embargo mi abuela, la autora indirecta de la rúbrica, se va escapando día a día de este mundo, perdida en una enfermedad cruel que la está haciendo morir lentamente en vida, mientras desaparece constantemente delante de nuestros ojos. Está graciosa, la verdad es que está graciosa cuando se pone a hablar y mezcla frases sin sentido con insultos a mi abuelo, pero es tan cruel vivir esa situación que no me salen ni las palabras para describirla, ni tampoco me apetece mucho insistir en este tema.

Ella vino de una aldea de Ourense hacia Pontevedra cuando apenas había cumplido los 14 años. Se vino a servir a casa de unas señoritas, que es como se decía y es como ella siempre lo contó. Una niña de 14 años viviendo en la habitación al lado de la cocina, una criada de 14 años en una casa de unas señoritas, mis señoritas, como siempre dijo ella sin el menor atisbo de cinismo o ironía y siempre con ese respeto con el que los pobres adornan el lenguaje como esperando la mano redentora de un dios que la escuche y salve en esta o en otra vida. Después apareció mi abuelo, recién salido de la Guerra Civil y aún con el olor en la ropa del orfanato que lo vio crecer, y de aquella unión salió mi madre y por ende estoy yo escribiendo esto. Muchas veces me imagino que si por cualquier circunstancia mi abuela no se llega a ir a Pontevedra, simplemente yo no existiría, de la misma manera que si una bala perdida atravesara la cabeza de mi abuelo, estas letras nunca podrían haber nacido. Somos demasiadas coincidencias como para despreciar la vida en minucias.

Todas las navidades en las que todavía mi abuela era mi abuela, ella negaba lo de la pilila, y decía que yo me lo inventaba para hacerme el gracioso, y yo amenazaba con poner la pilila en el plato al lado de los camarones y las nécoras, para que fuese la propia pilila quien hablase y dejase las cosas en su sitio. A mi madre este tipo de gracias mías no le hacen ningún tipo de gracia , y mi padre, callado, siempre callado, debía pensar en lo mal que había invertido el dinero de mi educación. Mis abuelos, por otra parte, se partían de la risa, y yo al verlos reír seguía haciendo el payaso hasta bajarme los pantalones hasta las rodillas. Ya te vi muchas veces desnudo, decía mi abueliña, así que no me voy a asustar ahora por verte otra vez el “pitiño”. Y yo me reía con ella, y la abrazaba y la besaba (ya con los pantalones puestos), y ella me agarraba con sus dedos artrósicos, retorcidos como cepas de viñas y me decía que era al nieto que más quería.

Ahora la pobre no se entera de nada, pero ayer, mientras la visitaba y entre sorbo y sorbo de un café con leche, me dijo sin venir a cuento, yo nunca te cogí el pitiño con la cremallera del pantalón, y yo me la quedé mirando y me puse a reír con tanta fuerza que al final me abracé a ella y empecé a llorar tanto como aquel día en que yo creía que ella me había cogido la punta de la pilila con la cremallera de mi pantalón

Tags: recuerdos

servido por ignacio 7 comentarios compártelo

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Almadeguerrero

Almadeguerrero dijo

Eres un magnífico nieto, seguramente un buenísimo hijo, pero de lo que estoy seguro es que debes ser un buen tipo. La verdad que escribir con esa sensibiliad, esa delicadeza y tanto cariño... que me he emocionado. Yo también tengo abuela, aunque gracias a Dios no se relacionó con mi cremallera...

Un abrazo y encantado de leerte. Lindísimo homenaje has hecho a todos nuestros mayores con tu texto.

17 Abril 2008 | 01:23 PM

curarme-de-ti

curarme-de-ti dijo

Qué enfermedad más triste, la de la memoria, la de ir perdiendo la parte de ti mismo que te une al mundo y no saber por qué la estás perdiendo. Debe ser muy duro ver cómo a un ser tan querido le pasa eso. Me aterra pensarlo. Me he devorado tu texto en horas de trabajo y al llegar al final me he quedado llorando (a veces, muy pocas veces, regresan los recuerdos y hay una lucidez que se escapa al olvido). Precioso texto lleno de sentimientos escondidos, no sé cómo consigues narrarlo de esa forma...

Por cierto, siento hacerte esto, pero me nominaron a un premio y yo te nominé a ti, sé que no tenía derecho porque no nos "conocemos", pero me encantan tus palabras, así que no pasa nada si haces como que no lo has visto... Espero que no te siente mal...

17 Abril 2008 | 02:19 PM

lucia3

lucia3 dijo

Tu relato me ha provocado sonrisa, ternura, y pena a partes casi iguales. Es muy triste ir perdiendo poco a poco la cabeza, me conmueve pensarte abrazando a tu abuela, y el "suceso" me ha hecho sonnreir, así como esas rodilleras que se pegaban con la plancha, y que recuerdo muy bien.
Nos leemos.

17 Abril 2008 | 02:27 PM

Cosiña mala

Cosiña mala dijo

Que relato tan tierno, casi como tú, quesito. Que sepas que me dolió a mí solo con leer, me imagino ese día de tu vida... Probiño.

17 Abril 2008 | 09:33 PM

Elena

Elena dijo

Muy bonito y muy bien contado. De llorar y sonreir.
Eres nieto de un huérfano?

17 Abril 2008 | 10:37 PM

sarah

sarah dijo

mi bisabuela me peinaba y me contaba cuentos, se los inventaba, versioneaba a su bola los clásicos haciendo que me partiese de risa, yo creo que he heredado lo de payasa de ella...también era una cocinera excelente,nunca he vuelto a probar sabores como los de ella, olores como los de sus guisos...y su pelo, todo blanco, y sus manos, siempre calentitas y tocaba la pandereta con todas las partes de su cuerpo...danzando y bailando, era meiga y todos los vecinos estaban siempre busandola para que la hicieran cosas...de amor, movidas en casa, amuletos con hierbas, mi abuelita Luisa...si yo tuviese pilila seguro que también me pillaría la cremallera con ella...un besito a tu abuela y otro para tí

18 Abril 2008 | 08:40 AM

cambio-cuentos-por-globos

cambio-cuentos-por-globos dijo

plas, plas, plas, plas. Como me ha gustado esto que has escrito. No quiero ni pensar en el dolor que debiste sentir, porque solo de leerte lo he sentido yo misma, y eso que no tengo pilila. Yo estoy rodeada de esa enfermedad de la que hablas, pero por otros motivos, y es terrible. No encuentro una palabra mejor, es terrible y desoladora. Mi abuela, que en paz descanse, perdió también la cabeza, demencia senil creo que le diagnosticaron, pero la última vez que la vi, no se si me reconoció, pero me preguntó cuando iba a salir en televisión porque no me veía en los telediarios. La pobre, de pronto recordó que yo estudiaba periodismo y creyo que iba a ser famosa o algo parecido. Se murió sin verme en televisión, claro está. Al menos no se llevó una decepción a la tumba. Besitos

18 Abril 2008 | 04:29 PM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de ignacio

EL DIVÁN DE LO EFÍMERO

pontevedra, España
ver perfil »
contacto »
Cuantos buenos recuerdos le debemos a la mala memoria. Alvite Parador

Enlaces

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera