Mierda cósmica
Miguelito el melenas se está quedando calvo. Ayer, mientras sacaba la ropa de la lavadora me vino un aroma que me encendió la memoria. Delante de la casa de mis padres había una tienda de ultramarinos, un lugar en donde lo mismo podías comprar una pastilla de jabón lagarto, una hoja de bacalao y un sujetador talla imposible. En difuntos vendían velas. El propietario se llamaba Germán y tenía un ojo de cristal, por eso nosotros en el barrio le llamábamos ojo revuelto. Miguel era muy guapito y tenía una melena muy ensortijada, muy rubia. En aquellos años yo le tenía un poco de envidia porque sus padres estaban separados y su padre le compraba todo lo que quería. En su pulso vi el primer reloj digital de mi vida. Era totalmente negro y al darle a un botoncito aparecían los números en rojo. Todos hacíamos corro entorno a Miguelito el melenas. Ahora es vecino mío, tiene dos niños y lo único que conserva de aquel pelo son cuatro pelos en forma de tapa nuca. Son los demás los que nos hacen sentir el paso del tiempo. Yo pensaba que ella usaba una colonia cara, un perfume francés, una esencia única y especial. Resultó ser el suavizante de la ropa. Lo descubrí ayer cuando sacaba la ropa de la lavadora. Cambié de suavizante porque el que usaba ya no estaba de oferta y a mí esas cosas me dan más o menos igual. Nunca conseguí que en las toallas recién lavadas, secas y planchadas, rebotara el puto osito Mimosín, así que una vez decepcionado con el experimento, buqué el más barato. Después me alegré de que la semana pasada no hubiese ninguno de oferta. Mira tú, era el suavizante lo que guardaba mi pituitaria. Josefa, una compañera de mi madre, es de una aldea cercana a Pontevedra. Fui hija de unos polvos que el señorito de la aldea le regalaba a su madre. No contento con una hija le hizo dos, y después ya no volvió a visitarla. Ella salió pequeña, menuda, pero todo nervio. Sus brazos son como maromas de barco y su frente despejada y llena de nobleza. Rompió la única foto de la primera comunión, estaba horrible, me dijo, pero creo que lo que tenía era una terrible envidia de la vecina de la casa de al lado, que era rubia, como lo era Miguelito el melenas, y además ella tenía un padre y una madre. Ahora me quedé sin fotos de la primera comunión, y mis hijas y mis nietas se ríen siempre que le cuento esa historia. Mi madre me dio un bofetón por romper la única foto que a ella tanto le costó tener, en cambio a Miguelito el melenas se la dio la vida cuando descubrió el cuerpo de su padre bailando de una viga del trastero de la oficina en donde trabajaba. El padre de Miguelito el melenas hizo lo mismo que Jose Antonio S.F. el primero de mis compañeros de EGB que decidió dejar este mundo. Teníamos 15 años, estábamos en primero de BUP y él prefirió no llevar las notas de la primera evaluación a casa. Después vinieron 2 más. A Pablo R.S. lo pillo un cáncer de hueso faltándole 2 cursos para terminar Económicas, y a Juan I. I. la vida le regaló de premio final de carrera el último episodio de una leucemia que lo traía por la calle de amargura en las horas de gimnasia de la escuela. A partir de ahora empezaremos a caer como moscas. Ya entramos en edad. Germán ojo revuelto, cerró los ultramarinos cuando empezaron a aparecer los supermercados, todos sucumbimos al encantó de coger las cosas con nuestras propias manos sin esperar a que nos atendiesen. Creíamos que aquello era el progreso. Ahora yo prefiero ir a las tiendas pequeñas, a Clara la carnicera le pido el solomillo de la parte delantera, Paquita la pescadera siempre me guarda el rodaballo más grande, caprichos de mi paladar, y Jose el de la frutería, selecciona los kivis con los que desayuno desde que decidí ponerme a régimen. Llevo perdidos 6 kilos y voy al baño como un reloj. Pero a pesar de comprar en estas pequeñas tiendas, sigo yendo al supermercado y sigo acordándome de ojo revuelto y acabo como todo el mundo, comprando lo que me hace falta y picando en aquello que no necesito para nada. Gracias a ello cogí el suavizante equivocado que después resultó ser el acertado. En esta última semana me lavé la ropa más de seis veces al día y compré seis botes más por si acaso. La chica de la caja no sabía si había alguna oferta y miró y revisó el precio por si pasaba algo raro. Es que tengo que lavar la ropa de verano. Y llevamos casi 3 meses lloviendo...
El día que me falte la memoria tendré que leer esto, no vaya a ser que pueda despertar alguna neurona atravesada. Somos sólo recuerdos que a veces se unen sin ningún tipo de conexión. Somos, como me dijo Pepe en la plaza central de Praga, pura mierda cósmica.



davichof dijo
Me ha gustado mucho como siempre, genial el estilo, muy currado. Jodida memoria, tod@s hemos vivido en un barrio como el que describes, de gente que aparece, desaparece y desapareció para siempre, olores y progreso equivocado que nos han sabido vender muy bien (a mi también sobre todo la fruta y la verdura me gusta cogerla antes de comprarla), barrios llenos de spares ,en los que aunque ya no esté doña Paquita sino Show wa mei, pero que siguen siendo entrañables. Pues eso, que me ha saltado los recuerdos. Un abrazo.
24 Mayo 2008 | 01:46 PM