Tiempo para no pensar
A menudo pienso si entre los restos del día hay algo que se pueda sonsacar con cierto interés, con cierta satisfacción, con cierto optimismo. Me cepillo los dientes delante de un gran espejo de baño en donde puedo verme de cuerpo presente con las arrugas entorno a los ojos y las canas ganando terreno. Es ahí en donde repaso el día. Me suelo ver con mucha crítica y cada día me gusto menos. Estoy desnudo y me cuelgan los michelines en estereo. Los días terminan así, con mi imagen metida en el espejo y el cepillo de los dientes en mi boca. En los fondos de los estanques bailan peces en primavera, y yo me quedo tan tranquilo sabiendo que todos los días se mueren esos peces a mi alrededor . Mi abuelo cogía las lombrices para pescar en las orillas del mar y después las guardaba en una cestita con algas para que no se le secaran. Íbamos a pescar los dos, él con las cañas y yo con el bocadillo de mortadela. Me preguntaba poco y yo hablaba mucho. Cada día repaso cosas que no sé porqué se me pegaron en mi memoria. Frases de amigos, de compañeros, de conocidos, recuerdos que no vienen al caso. Suelo leer poco y cada día un poco menos, debe ser por eso por lo que me nutro de lo que me cuentan y da alguna que otra cosa de las que no sé porqué me acuerdo. Me gusta presumir de amigos que saben mucho y que a su vez no presumen de nada. Me salen contextos a borbotones sin entender de donde nacen, frases que aparecen sin permiso y que ocupan mis propias limitaciones sin mayor pretensión que poner parches a mis agujeros. Cada vez que se muere un profesor de los que tuve cuando era un crío, abro una botella de champán y brindo para que se pudra en las miserias de su propia mierda. No les perdono. No soy rencoroso, apenas tengo enemigos aunque yo sí sé que para muchos soy un tipo con poca clase. El domingo pasado me insultaron con fuerza y ganas, me soltaron a la cara muchos exabruptos que ni siquiera soy capaz de escribir. No digo yo que no los mereciera, digo simplemente que me los soltaron sin venir a cuento. Deberían estar escondidos y aprovecharon que se dieron las circunstancias para salir a toda velocidad contra mi careto. Me está bien empleado. Por la tarde mi abuelo me dio 50 euros. Le costó sacarlos de la cartera no por tacañería sino por parkinson. Así acabaremos todos si un accidente de coche o un cáncer terminal no lo impiden. En las manos de mis hijos veo la fuerza que un día tendrán, y en los ojos de mi mujer la preocupación por si algo sale mal. Hay esperanza entorno a un cepillado de dientes, la esperanza se mide en base a las alegrías que despiertas: la única medicina que cura la vida es la risa. Mi abuelo no se quiere morir, está en su derecho. Mi abuela dice que no sabe que pinta en este mundo, que se la lleve dios de una maldita vez, sin dolor y sin ruido. Hace y dice bien, está en su derecho. Mi otra abuela está pero ya no está, y yo le doy besos y ella me confunde con un hijo que le murió con apenas 5 meses. A menudo pienso que hay cosas más bellas de las que somos capaces de ver, me sigo maravillando por la vida que llevan las células, el trabajo de una hormiga, la elaboración de la miel en una colmena, el crecer de los árboles y que de las zarzas salgan moras, y no entiendo como las ortigas se pueden comer. Y después me enjuago la boca y me voy para cama con el propósito de leer y no paso de la segunda página cuando el sueño me vuelve a vencer. A la mañana siguiente las prisas ya no me dejan tiempo para pensar. De mi trabajo no rescato nada, ni siquiera me divierte. Es difícil entender porque cuando me cepillo los dientes delante del espejo del baño me salen estas frases con las que comenzar a escribir. A María la amé antes de que ella supiese que yo existía. Después vienen la realidad y todo acaba antes de empezar. Está claro que mi vida está llena de momentos que no merece la pena rescatar, tiempo para no pensar.


lucia3 dijo
Hola Nacho, dicen que para escribir bien hay que haber leído mucho, te aseguro que o no es cierto, o eres la excepción que confirma la regla.Todos pasams por rachas de pesimismo semejantes a la que describes, pero echándole un poco de ganas a la vida, pasan.
Lávate los dientes mirandote a los ojos y olvídate de los michelines, y valora las cosas `psitivas y buenas que tienes, los amigos, tus hijos, tu mujer...
Esto está sonando a sermón, perdona, intento... No, mejor diré que me gustaría ayudar, pero sé que no puedo. Sólo puedo decirte que abriendo bien los ojos hay muchas cosas maravillosas alrededor y nunca es tarde para descubrirlas.
Un abrazo, amigo.
28 Mayo 2008 | 08:39 AM