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La Coctelera

EL DIVÁN DE LO EFÍMERO

Lo mejor del futuro suele ser la posibilidad de evocar el pasado. Jose Luis Alvite

3 Junio 2008

Peces rojos

Me gustó desde el instante previo a verla por primera vez. Son esas cosas que ocurren una vez en la vida aunque después nadie te cree cuando las cuentas. Era flaca, era muy flaca y en su casa, en vez de televisión, tenía una pecera llena de pececitos de colores. Dan más compañía, me dijo. Estoy comiendo con mi amigo Fernando. El restaurante se llama La pecera y huelga decir que en su interior hay una pecera muy grande. Eso se llama originalidad. Me viene la imagen de la flaca con su bolso en bandolera mientras mi amigo Fernando me empieza a contar la historia de un amigo suyo que la semana pasada murió con menos de 38 años, y lo mejor que le pudo pasar, me dice, fue que la palmara en menos de un mes desde el momento en que le descubrieron el puto tumor cerebral porque su vida era un puto desastre. Eso me lo dijo antes de que nos pusieran un puto pincho de tortilla. Después el pidió unos putos jurelitos fritos y yo unos bacalaos rebozaos. Mi madre solía ponerme bacalaos rebozaos para cenar y yo los comía a pares y con un chorrito de limón mientras ella siempre decía: te conozco bacalao aunque vengas “rebozao”. La chica que nos atendió no entendió mi broma y creo que Fernando tampoco. Tengo un primo que no tiene pecera pero desde hace varios años luce una tremenda espinilla en un lateral de la nariz. No soy capaz de hablar con él sin que me entren unas ganas enormes de apretar la espinilla con todas mis fuerzas. Muchas veces me tengo preguntado como él no se la ve en ningún espejo, como no se la intenta quitar, como no se la aprieta hasta la extenuación. Seguro que si se la quita adelgazaría medio kilo. Yo me quito espinillas y todo tipo de granos en el espejo del ascensor de mi casa, al fin y al cabo si ponen un espejo en un lugar tan cerrado será para que te puedas acicalar un poco los días que llevas prisa, así que, yo considero hasta cierto punto normal quitarme las espinillas en el ascensor. También tengo un amigo, un conocido más bien, que le nacen tres pelos, ni uno más ni uno menos, en la punta de la nariz, y no estoy hablando de unos pequeños pelos, no, yo hablo de unos señores pelos negros, exactamente tres pelos largos y negros, muy negros. Este conocido, ya digo que no es un amigo, es un tipo de buena planta, tez morena, ojos negros, barba recortada y siempre viste con una americana de pana negra, pero su característica más importante, se mire por donde se mire, son esos tres pelos negros en la punta de la nariz que estorban cualquier mirada por muy miope que esta sea como es mi caso. Yo no sé hasta que punto es educado decirle a mi primo y a éste conocido, que deberían quitarse la espinilla y esos tres pelos, y en estos momentos me vienen a la memoria la espinilla de mi primo y los pelos de este conocido porque mientras me estoy comiendo estos bacalaos rebozaos, mi amigo Fernando luce un puto trozo de pimiento rojo en el incisivo superior, y como además él es de los que ríe mucho, no hace otra cosa que mostrarme el puto trozo de pimiento rojo una y otra vez, y yo a estas horas ya no sé para donde mirar. Sigue contando Fernando la historia de su puto amigo, y me cuenta como un año antes la puta de su mujer le había dicho que su segundo hijo no era suyo sino del puto jefe de ella, y aunque a mí en esos momentos me estaba poniendo nervioso el puto trozo de pimiento rojo en los incisivos de mi amigo Fernando, reconozco que me interesó la historia por el morbo en cuestión. Está claro que hay historias que por muchos pimientos rojos que se te peguen en la retina no puedes olvidar, como tampoco me puedo olvidar de la imagen de la flaca esperándome en la puerta de una catedral a las dos de la mañana con un porro en la mano y una mirada perdida en la noche. Aquel día no me atreví a besarla y por ello paseamos por una ciudad con muralla mientras un coche de la policía nos vigilaba de cerca. Por ese no beso que no di a esa chica que me gustó mucho antes de que la conociera, pasó de no ser nada a ser una amiga a la que le cuento cosas. Esa misma noche mientas me contaba lo de su pecera, yo no me atreví a decirle que me gustaba mucho. Tampoco ella me dijo nada. Quizás fue mejor así. Ahora Fernando se pone a hablar por su puto teléfono movil y con su puta lengua repasa los incisivos superiores. Parece ser que algo ha encontrado pero no es capaz de sacarlo, así que ni corto ni perezoso mete la puta uña del dedo meñique de la mano izquierda (con la derecha sujeta el móvil) y desprende sin dificultad el puto trocito de pimiento rojo que tan nervioso me ponía

Yo ya no quieron ni mirar para él en estos momentos tan personales, así que me levanto y me voy a mirar los peces de la pecera antes de preguntarme a donde pudo ir a parar ese trocito de pimiento rojo en cuestión, pero al llegar a la pecera me encuentro que está llena de peces tan rojos como el pimiento rojo pegado en los putos dientes de mi amigo Fernando. También hay un cofre de tesoro por donde asoman unas monedas de oro, un buceador con su escafandra y todo y una turbidez de agua que me devuelve mi propia imagen pensando si la flaca estará viendo los mismos peces rojos que ahora estoy viendo yo.

Tags: amor

servido por ignacio 11 comentarios compártelo

11 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Manuel Chao

Manuel Chao dijo

Muy circular.

Me recuerda un cuento de Mario Benedetti; sólo en el estilo :-)

4 Junio 2008 | 12:11 AM

nocturna

nocturna dijo

De una manera muy particular la coctelera es algo mío, donde regresar cuando me apetece y desaparecer cuando no puedo darle nada de lo que yo quiero..de todas formas creo que nunca se desaparece del todo, en nada ni para nada...por cierto, tu no te habías ido? (guiño)....Noc_

4 Junio 2008 | 09:19 AM

m-r-r-galicia

m-r-r-galicia dijo

me encanto tu relato, un saludo.-

4 Junio 2008 | 09:28 AM

lucia3

lucia3 dijo

Muy buen relato. ¿Sigues un poco depre, o es sólo el rincón desde el que te colocas para escribir?, visión hiperrealista e hiperpesimista de un día cualquiera, pero me gusta.
Déjate ver y leer con más frecuencia.
Un abrazo.

4 Junio 2008 | 09:34 AM

murron

murron dijo

nunca me gustaron las peceras. Dicen que tener peces en casa trae mala suerte. Yo creo que es tremendamente cruel mantener a unos pececillos encerrados en un habitat que imita el lugar donde deberían vivir en libertad. Es como si te metiesen en una habitación preciosa, esa con la que siempre has soñado pero te dijesen que de ahí no pudes salir.
Hay historias que son una putada y se te clavan en la memoria y cuando las recuerdas son tan desagradables y molestas como ver a un amigo con un trozo de pimiento entre los dientes. Quieres hacer que desaparezca esa visión pero no sabes como hacerlo igual que querrías borrar de tu memoría esa puta historia pero no consigues hacerlo. Besos

4 Junio 2008 | 10:04 AM

Battercup

Battercup dijo

Me encantan los peces.

Saludos majete

4 Junio 2008 | 05:57 PM

glub glub

glub glub dijo

olita olita vecinito!!

4 Junio 2008 | 06:44 PM

curarme-de-ti

curarme-de-ti dijo

Historias que regresan si aviso y con alevosía... Un gusto tenerte de regreso con tus historias y tu particular forma de darles sentido. 1 Besiño

5 Junio 2008 | 02:14 PM

cosiña mala

cosiña mala dijo

Nunca me gustó apretar ni sacar espinillas, pero sí que entran ganas de quitar aunque sea por la fuerza esas grandotas que tanto llaman nuestra atención, deberían multar a los portadores de las idem, que andan provocando nuestras exprimidoras pasiones. Beso.

6 Junio 2008 | 07:46 PM

Delfín

Delfín dijo

Me acabo de leer tus post los cuales tenía atrasados, y siento la tremenda necesidad de decirte que los 40 se pasan como los 30, sin dolor. Y que todo depende del color del cristal con que se mire, y que nunca se puede saber lo que va a pasar mañana salvo que a un fin de semana sigue un lunes otra vez.
Me quedo tan tranquilo y tan ancho como soy, y me vanaglorio, vanidoso de mi, de creer conocerte.
¿Y quien soy yo para desprestigiar nuestra amistad?

Antonio Machado
Caminante no hay camino

Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.

Nunca persequí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse...

Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...

Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso...

Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso...

Cuando el jilguero no puede cantar.
Cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso.

Saúdos meu.

11 Junio 2008 | 03:38 AM

yeruskaaa

yeruskaaa dijo

Qué bueno que te encontré. besos

22 Junio 2008 | 08:31 PM

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Cuantos buenos recuerdos le debemos a la mala memoria. Alvite Parador

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