Caleidoscopio 2. Los dioses sueñan con figuras de colores
No sólo me da vergüenza decir que escribo, también me da vergüenza decir que le tengo miedo a la muerte. Creo que por años y por lógica, ese dilema debería estar superado, aunque lo cierto es que no logro moverme del mismo sitio del que empecé hace mucho tiempo, y lo que peor es que cada día que pasa me descubro pensando en la puta muerte con inusitada frecuencia, parsimoniosa decadencia y penoso desenlace. La última víctima fue Tonecho, debe ser por eso por lo que ahora me acuerdo de aquellas sus frases de chiquillo resabido, de niño pera. Parece que murió con la misma tranquilidad que siempre utilizó en su vida, eso me lo dijo mi madre que fue al funeral y también me dijo que el cuñado de Tonecho leyó una carta muy emotiva sobre él contando que se había enfrentado a la muerte con la misma tranquilidad y resignación con la que vivió toda su vida, sin molestar ni al aire. Está de moda esto de andar leyendo cartas en los funerales recordando al muerto en cuestión. A todos nos mueve el morbo, la sensiblería barata y el descubrimiento de los sentimientos de alguien que sabemos no se va a sonrojar. Que pasaría si el que leyese la carta se cagara en los muertos del muerto en cuestión, valga la redundancia. Estas cosas son cosas de los curas y esa hipocresía que llevan asociados a las putas sotanas. Tampoco pasaba nada, digo yo, si contáramos cosas bonitas de la gente en vida para que tuviesen algún tiempo parra disfrutarlas. No quiero curas yo en mi entierro, ni iglesias, ni crucifijos en las esquelas, ni cartas de mis amigos, ni mierdas por el estilo, yo quiero música, quiero la batería inexorable de Gene Krupa avanzando por el Sing, sing, sing. A lo mejor Tonecho antes de morir tampoco le dio mucha importancia al hecho en sí de la muerte, a lo mejor pensaba que como no la sentía dejaría de sufrir y así dejó de sentir y como él sólo hacía lo que sentía, no pudo morir en vida porque nunca lo iba a sentir. Creo que me lié. A mí no me preocupa mi propia muerte, ni siquiera el dolor previo al proceso si lo hubiese, a mí lo que más me va a joder va a ser la cantidad de cosas que deje aquí sin cita previa. Somos tan poca cosa que solamente nos da tiempo a intentar entendernos a cada uno de nosotros y sin embargo no vamos más allá que tópicos manidos en un ascensor hasta el quinto piso. Tonecho era mi amigo de barrio. 3 años mayor que yo pero diez centímetros más bajo. A cierta edad nos iguala más la estatura que los años. De pequeño, Tonecho era el niño más guapo del barrio, pero nunca jugaba a fútbol, él se sentaba en el zaguán de su casa y se quedaba mirando para nosotros con una mezcla de solvencia y tristeza. No juego a fútbol porque no lo siento, yo necesito sentir la tierra y vosotros sólo le dais patadas a un balón. Eso me lo dijo a mí con siete años y todavía no entiendo lo que me quiso decir ni de donde sacaba esas frases. Su padre, Antonio, era practicante que en aquellos días era como se llamaba a los enfermeros que después fueron ATS. Él y su mujer, Tere, habían ido a Egipto cuando viajar era un lujo asiático y Egipto existía solamente en las primeras páginas de los libros de historia. De aquellas tierras trajeron dos pequeñas esfinges pisapapeles y una pirámide de hierro que Tonecho siempre llevaba en la mano porque decía que podía oír como le hablaban los dioses egipcios. Fue por esta vía como Egipto entró en mi vida, un destino soñado pero imposible de alcanzar, un paraíso terrenal y prohibido hasta de pensar, Egipto y el Nilo era para mí como Disneylandia y Mickey para la mayoría de los niños de mi generación. Pocas veces me dejó Tonecho la famosa pirámide, pero las pocas veces que lo hizo y por mucho que yo pegaba la oreja al vértice superior de la figurita en cuestión (un día casi rompo el tímpano), nunca pude oír ni dioses egipcios, ni aguas del Nilo, ni rabos de gaita, y el día que le dije que me mentía, que de allí no salía ningún ruido ni ninguna voz, Tonecho me miró a los ojos y muy enojado me dijo: el maestro sólo aparece cuando el alumno está preparado.


sarah dijo
bienvenido, un beso
26 Septiembre 2008 | 01:53 PM