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La Coctelera

EL DIVÁN DE LO EFÍMERO

Lo mejor del futuro suele ser la posibilidad de evocar el pasado. Jose Luis Alvite

26 Septiembre 2008

Caleidoscopio 2. Los dioses sueñan con figuras de colores

No sólo me da vergüenza decir que escribo, también me da vergüenza decir que le tengo miedo a la muerte. Creo que por años y por lógica, ese dilema debería estar superado, aunque lo cierto es que no logro moverme del mismo sitio del que empecé hace mucho tiempo, y lo que peor es que cada día que pasa me descubro pensando en la puta muerte con inusitada frecuencia, parsimoniosa decadencia y penoso desenlace. La última víctima fue Tonecho, debe ser por eso por lo que ahora me acuerdo de aquellas sus frases de chiquillo resabido, de niño pera. Parece que murió con la misma tranquilidad que siempre utilizó en su vida, eso me lo dijo mi madre que fue al funeral y también me dijo que el cuñado de Tonecho leyó una carta muy emotiva sobre él contando que se había enfrentado a la muerte con la misma tranquilidad y resignación con la que vivió toda su vida, sin molestar ni al aire. Está de moda esto de andar leyendo cartas en los funerales recordando al muerto en cuestión. A todos nos mueve el morbo, la sensiblería barata y el descubrimiento de los sentimientos de alguien que sabemos no se va a sonrojar. Que pasaría si el que leyese la carta se cagara en los muertos del muerto en cuestión, valga la redundancia. Estas cosas son cosas de los curas y esa hipocresía que llevan asociados a las putas sotanas. Tampoco pasaba nada, digo yo, si contáramos cosas bonitas de la gente en vida para que tuviesen algún tiempo parra disfrutarlas. No quiero curas yo en mi entierro, ni iglesias, ni crucifijos en las esquelas, ni cartas de mis amigos, ni mierdas por el estilo, yo quiero música, quiero la batería inexorable de Gene Krupa avanzando por el Sing, sing, sing. A lo mejor Tonecho antes de morir tampoco le dio mucha importancia al hecho en sí de la muerte, a lo mejor pensaba que como no la sentía dejaría de sufrir y así dejó de sentir y como él sólo hacía lo que sentía, no pudo morir en vida porque nunca lo iba a sentir. Creo que me lié. A mí no me preocupa mi propia muerte, ni siquiera el dolor previo al proceso si lo hubiese, a mí lo que más me va a joder va a ser la cantidad de cosas que deje aquí sin cita previa. Somos tan poca cosa que solamente nos da tiempo a intentar entendernos a cada uno de nosotros y sin embargo no vamos más allá que tópicos manidos en un ascensor hasta el quinto piso. Tonecho era mi amigo de barrio. 3 años mayor que yo pero diez centímetros más bajo. A cierta edad nos iguala más la estatura que los años. De pequeño, Tonecho era el niño más guapo del barrio, pero nunca jugaba a fútbol, él se sentaba en el zaguán de su casa y se quedaba mirando para nosotros con una mezcla de solvencia y tristeza. No juego a fútbol porque no lo siento, yo necesito sentir la tierra y vosotros sólo le dais patadas a un balón. Eso me lo dijo a mí con siete años y todavía no entiendo lo que me quiso decir ni de donde sacaba esas frases. Su padre, Antonio, era practicante que en aquellos días era como se llamaba a los enfermeros que después fueron ATS. Él y su mujer, Tere, habían ido a Egipto cuando viajar era un lujo asiático y Egipto existía solamente en las primeras páginas de los libros de historia. De aquellas tierras trajeron dos pequeñas esfinges pisapapeles y una pirámide de hierro que Tonecho siempre llevaba en la mano porque decía que podía oír como le hablaban los dioses egipcios. Fue por esta vía como Egipto entró en mi vida, un destino soñado pero imposible de alcanzar, un paraíso terrenal y prohibido hasta de pensar, Egipto y el Nilo era para mí como Disneylandia y Mickey para la mayoría de los niños de mi generación. Pocas veces me dejó Tonecho la famosa pirámide, pero las pocas veces que lo hizo y por mucho que yo pegaba la oreja al vértice superior de la figurita en cuestión (un día casi rompo el tímpano), nunca pude oír ni dioses egipcios, ni aguas del Nilo, ni rabos de gaita, y el día que le dije que me mentía, que de allí no salía ningún ruido ni ninguna voz, Tonecho me miró a los ojos y muy enojado me dijo: el maestro sólo aparece cuando el alumno está preparado.

servido por ignacio 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

sarah

sarah dijo

bienvenido, un beso

26 Septiembre 2008 | 01:53 PM

Elena

Elena dijo

Podías seguir la historia de la tetas, q mola más.

29 Septiembre 2008 | 05:01 PM

lucía3

lucía3 dijo

Estás en racha, sé que continuará. No me defraudes que ya estoy enganchada.
Un abrazo.

29 Septiembre 2008 | 05:08 PM

furmigueta

furmigueta dijo

quiero un Caleidoscopio 3.
un placer tu vuelta.
saluditos!!!

30 Septiembre 2008 | 09:56 AM

cambio-cuentos-por-globos

cambio-cuentos-por-globos dijo

joder¡ ese Tonecho daba miedo¡¡ no te ponía los pelos de punta???
Pues yo también le tengo miedo a la muerte pero no por lo que haya después porque a estas alturas de mi vida ya se que no hay nada. Lo que me jode es pensar que aquí se quedarán los 4 o 5 a los que quiero y sin los que no podría vivir. Me jode perderme cosas de ellos, cosas de sus vidas, o no volver a ver sus sonrisas. Me jode perder lo material como msi cds o mis libros, que si¡ que lo sé¡ que qué más me da si voy a estar fiambre, pero chico no me resigno a pensar que coño harán con mi colección de películas o mis fotos de Mel Gibson que tantos años me ha costado coleccionar y guardar.
A mi lo que me gustaría es oir en vida lo que realmente piensa la gente sobre mi. El otro dia una compañera del curro me dijo que yo le causé muy mala impresión. Que cuando me veía por los pasillos pensaba: esa tía tiene cara de arpía y de sargento, joder¡ y otras compañeras pensaban lo mismo. Asi que eso es lo que piensa la gente de mi, que soy una arpía. Bueno, luego cuando me conocen se asombran y me dicen: coño¡ pero si eres una cachonda y además muy simpática.
Yo me río porque en el fondo es cierto que soy una arpía pero me callo. Y termino, que si me muero que no me entierren, que me quemen y que esparzan mis cenizas sobre una aldea verde de Irlanda y que Mark Knopfler toque la guitarra en mi honor, aunque mejor que me la toque en vida, porque después de muerta como que me va a dar igual. No te parece¿¿???

6 Octubre 2008 | 04:20 PM

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