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La Coctelera

EL DIVÁN DE LO EFÍMERO

Lo mejor del futuro suele ser la posibilidad de evocar el pasado. Jose Luis Alvite

3 Octubre 2008

Caleidoscopio 4. Los dioses sueñan con figuras de colores

Tonecho siempre me soltaba frases muy raras. Un día me dijo: yo no soy yo, evidentemente. Yo creo que se las copiaba a su padre que era muy listo. En el barrio se decía que Antonio el practicante era tan listo que hasta sabía inglés, y decir aquello no era como cuando mi abuelo decía “ese sabe latín”, sino que era mucho más y lo que es mejor, era un saber que no sólo se intuía sino que también se podía comprobar. En la taberna de Tito Meijueiro había apuestas sobre la sapiencia de Antonio el practicante. Él era tímido, callado y reservado, pero de vez en cuando también le gustaba dejarse caer en el bar a tomarse una chiquita que era un vino repugnantemente ácido en una taza pequeña y casi nunca limpia. A mi me gustaba el vino rosado y mi abuelo me dejaba mojar los labios y me daba aceitunas y cacahuetes que mi abuelo llamaba manises. Antonio era tan tímido que parecía eternamente acobardado y cuando andaba daba la sensación de que lo hacía de puntillas para no molestar. Tere, su mujer, decía que verlo era una cosa muy simpática, pero convivir con él era otra cosa muy distinta porque para una mujer con su temperamento, la convivencia con Antonio se hacía muy difícil y es que Antonio el practicante era el típico genio que vivía en su mundo y se olvidaba que también había este. Un día, cuando yo apenas tenía seis años, lo encontré desesperado buscando su coche porque no sabía en donde lo había aparcado. Cuando se lo conté a su hijo Tonecho riéndome como un imbécil, él bajó la mirada, dio media vuelta y me dejó sin frase antológica con la cual ahora yo podría adornar estas líneas. Pero lo que yo no sabía es que Tonecho sabía que los despistes de su padre no eran tan sólo despistes, había algo más que después se encargó de llevarlo a la tumba previo paso por una silla de ruedas y dos años encamado en una cama con pajita en el vaso para poder comer. Al menos, pienso, Tonecho se ahorro esto último, porque lo suyo fue rápido y sin concesiones a los despidos. Llegado el momento y por pedir, yo prefiero que me den tiempo para ir despidiéndome uno a uno de mis amigos. A los enemigos no les daría ni la oportunidad de llorar por mi entereza si es que la tuviera o tuviese que de las dos formas se puede decir. Digo yo que el paso previo a la muerte es el único momento que uno se puede permitir el lujo de dar consejos aunque este simplemente fuese que no se debe dar consejos a nadie. A mis hijos, sin ir más lejos les tendría tantas cosas que decir que mañana mismo empiezo por si no me da tiempo, o sea, que no les diré nada como siempre. A mi mujer no me quedará otro remedio que mirarla a los ojos y pedirle perdón por las lágrimas derramadas por alguien que no merecía la pena y que resultó tener mi rostro. Ojala que para ese día mis padres hayan ya cumplido su trámite, no me gustaría pasar por el trago de dejarlos en vida, unos padres no deberían nunca enterrar a un hijo. Ayer por la tarde tuve una bronca con ellos como nunca la tuve en mi vida con nadie. Después de pedirles perdón, pasé la peor noche de mi vida. !Qué injusto fui! Ahora estoy pensando en que hacer con el hombre de la historia que no voy a escribir. Está claro que tiene que volver a aparecer la figura de Sonia pero pensaba hacerlo como un espectro onírico en su vida cotidiana y pensaba en qué cosas se necesitan olvidar para hacerte la vida más feliz. Admito sugerencias.

Antonio se había quedado calvo muy pronto y nunca dió una palabra más alta que otra. En inglés buenos días se dice guzmornin y todos en el bar asentían. Podía haber dicho lo que le viniese en gana, pero como era tan poco presumido y su falta de vanidad era de sobra conocida, todos daban por bueno su traducción simultánea sin dudar lo más mínimo. La hermana mayor de Tonecho se llamaba Teriña. La llamaban así porque su madre era Tere y porque esto es Galicia, y por eso se quedó con lo de Teriña hasta bien cumplido los treinta. Ya hace años que Teriña es Tere y Tonecho murió siendo Toño e incluso para algunos Antonio. Teriña tenía muy mal carácter y conmigo se enfadaba mucho. Era muy bajita y en el colegio sacaba muy buenas notas, todos decían que había heredado la inteligencia del padre y la mala leche de la madre, aunque a decir verdad, también se decía en el barrio que la mala leche de Tere le venía porque solía acompañar un vaso de vino con una botella de vodka. Para bajito de toda la familia resultó el pequeño de los tres, Migueliño, un rubio espabilado que ahora vende peces y tortugas y hace fotos muy bonitas de los viajes que hace por África, aunque una vez me dijo que lo que tenía claro es que no pensaba ir nunca a Egipto. En su tienda de animales tiene un cartel que pone que no se admiten devoluciones de los animales vendidos y yo cada vez que lo leo me imagino a la gente devolviendo a sus hijos a los hospitales trascurridos 15 años porque ya no les divierten las payasadas que hacen. A Miguel yo le di catecismo en la etapa en la que pensaba que dios tenía soluciones para todo y que yo simplemente era un problema muy pequeño para su gran sapiencia. A mis padres solo les falta poner un plato vacío en la mesa para que se siente dios a comer con ellos, él está en sus vidas con tanta fe como vacío en la mía. Yo soy un ateo practicante, o sea, un ateo ATS y cuando me encuentro con alguien que me admite la idea de dios, lo paso directamente al grupo de los imbéciles. Este texto me esta quedando demasiado largo y todavía no dije porque se titula Caleidoscopio ni porque los dioses sueñan con figuras de colores. Está claro que estos días ando muy espeso.

servido por ignacio 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

lucia3

lucia3 dijo

Sigue.
Un abrazo (de alguien que está en el grupo de los imbéciles).

6 Octubre 2008 | 08:00 AM

cambio-cuentos-por-globos

cambio-cuentos-por-globos dijo

Pues yo una vez creí en dios, ahora ya no se en lo que creer, y a veces hasta pienso que tal vez dios exista pero me encabrono porque no debe ser buena persona, si es que dios es persona o lo fue alguna vez. Yo no creo que los dioses sueñen, eso se queda para nosotros los pobres mortales, los que andamos perdidos y no entendemos nada de nada. Y yo procuro no pensar tanto en la muerte como tu porque cuando lo hago no paro de imaginarme como será de grande el vacío que me quede dentro, porque nunca pienso que me voy a morir yo sino que se mueren los otros, esos a los que quiero y sin los que no podría vivir, porque soy así de rara. Porque en el fondo yo creo que no me importaría morir si no fuera porque me dejo aqui a los 4 o 5 a los que quiero, pero eso si, si me da por pensar que alguno de ellos se muere me pongo a llorar como una gilipollas sin ton ni son, porque están vivos y dando por culo, te lo aseguro. En el fondo lo que me da miedo es que un día me encuentre con que ninguno de ellos está para joderme la marrana y me entra un pánico que no consigo descirbir ni escribir con palabras. Besos

6 Octubre 2008 | 05:15 PM

Akn

Akn dijo

pienso que la felicidad traira consigo la ignorancia elegida.. tal vez no haya que olvidar nada.

JAZ

- gracias*

7 Octubre 2008 | 08:43 AM

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