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La Coctelera

EL DIVÁN DE LO EFÍMERO

Lo mejor del futuro suele ser la posibilidad de evocar el pasado. Jose Luis Alvite

8 Octubre 2008

Caleidoscopio 5. Los dioses sueñan con figuras de colores

Al lado de la tienda de animales de Migueliño hay un pequeño taller de reparación de electrodomésticos que se llama igual que su dueño: Cortés, y justo ayer, mientras paseaba con mi hijo de un año por el medio de la ciudad, vi al tal Cortés, aquel chico (que ahora es un señor) que nos arreglaba la televisión en los años en que las cosas antes de tirarlas y cambiarlas por otras más nuevas se intentaban arreglar. En mi casa siempre fuimos muy dados al arreglo. Mi madre como es modista, arreglaba las viejas camisas de mi tío para mí aunque después los bolsillos del pecho me quedaran en la ingle. También arreglaba mis pantalones cosiendo dos rodilleras de escai del mismo color para que me duraran un poco más. Después vinieron los tiempos modernos y ya no hacía falta coser las rodilleras, simplemente aplicándole un golpe de plancha de calor se quedaban agarradas de por vida. Mi abuelo nunca tiró un electrodoméstico sin haberle visto primero las tripas. Desmenuzaba todo y cogía las piezas que él consideraba útiles y las guardaba en un baúl en donde también tenía unos rublos de cuando había estado en Rusia con la División Azúl y unas balas que nunca usó. Ahora que me acuerdo mi madre también me compraba unos zapatos dos números mayores para que me sirviesen para el año siguiente y debe ser por eso por lo que ahora ando arrastrando lo pies, lo peor es que esas cosas vienen pegadas en el genoma y por eso sigo comprando los zapatos con dos números más, debe ser que aún conservo la esperanza de crecer unos cuantos centímetros para el año que viene. De pequeño yo crecía con las enfermedades. Mira que estirón pegó Nachiño con esta gripe. Mi mente siempre fue deductiva por eso hubo días en que me apetecía crecer, entonces me desnudaba el pecho y me iba a la calle en pleno invierno con el único pretexto de agarrar una gripe que me hiciese crecer un par de centímetros más. Mi abuelo intentaba arreglar todo desde la paciencia y mi padre desde la fuerza. Para haceros una idea, mi padre al martillo le llama destornillador de presión, y así clava los tornillos, a golpetazos de martillo. En casa, cuando los electrodomésticos se veía que no tenían muy buena pinta, o bien los descuartizaba mi abuelo y lo almacenaba por piezas, o bien se llamaba a Cortes como última solución antes del cementerio. A mi padre no se le dejaba ni olerlos. Cortés también nos arregló el tocadiscos que tenían mis padres en casa de mis abuelos un día que la aguja saltaba el surco continuamente. Yo lo había intentado pegándole una peseta para en el cabezal de la aguja, buscaba darle peso, pero no conseguí nada. Ahora dicho tocadiscos (hostia que pedante me acaba de salir esto) está en mi trastero (el peor de los inventos, simplemente es un paso previo a un contenedor, aquello que debemos tirar lo acumulamos en el trastero hasta que un día ya no puedes entrar y en la limpieza llenas uno o dos contenedores mientras juras y perjuras que nunca más lo volverás a hacre ) y yo no sé que hacer con él porque es muy grande y se escucha más bien mal, para que vamos a engañarnos, lo que ocurre es que me trae muy buenos recuerdos y soy incapaz de poner los discos que escuchaba cuando era pequeño en otro tocadiscos.

Cuando encontré a Cortés iba andando por la calle con su mujer. Le pasaba el brazo derecho por los hombros y al ser ella más alta a él no le quedaba otro remedio que ir dando saltitos para equilibrar el paso. Tuve una novia que me gustaba mucho. Se fue con un portazo. Algún día me negarás como Pedro, le decía yo después de hacer el amor y mientras le acariciaba la espalda, y ella callaba y miraba hacia la espesura del infinito. Sabía que iba a ocurrir y así ocurrió. Era más bajita que yo y le gustaba andar con zapatos de tacón alto. A veces le hacía el amor con los zapatos puestos y lo hacía por fetichismo comparativo y no por placer propio. Los tacones me daban más o menos igual. Por la calle me daba la mano. Eres el primero de mis novios al que le doy la mano para andar por la calle. A mi me gusta ir de la mano, me da la sensación de seguridad, de sosiego, de equilibrio. Nada es lo que se siente ni siquiera sentimos lo que debemos en cada momento. Como sus piernas eran más pequeñas que las mías nunca coincidíamos en el paso y yo de cada cuatro pasos cambiaba dos para seguir a su ritmo. Entonces ella me cantaba: Slow down, you move to fast... y yo le decía no me digas eso que no sé lo que significa que yo soy de francés. Y se reía. Somos una amalgama de ideas que se cruzan y se anudan sin ningún tipo de hilo argumental. Podemos estar en la peor de las situaciones y tener la mente en un paraje totalmente idílico y también podemos hacer justo lo contrario. Podemos estar haciendo el amor con la persona que un día soñaste, mientras imaginas como será la vida el día que ella decida dejarte. A Cortés se le veía contento con su semimelena al viento mientras andaba a saltitos. Siempre tuvo melena, antes era caracolada hasta los hombros y ahora se queda en rizada hasta la nuca. La edad limita la libertad, sólo es buena para dejar frases que expliquen la frustración y a eso le llamamos madurez. Siempre me cayó bien Cortés, además del tocadiscos también nos arregló el viejo Telefunken de mis abuelos. Estuve un rato caminando detrás de él y me fueron viniendo los recuerdos y a la vez la mente se iba por recovecos injustificados, me fijé en el culo de su mujer, me los imaginé haciendo el amor con los zapatos puestos y de fondo el Telefunken emitiendo la carta de ajuste, los imaginé muertos y abrazados con una risa bobalicona en la cara, los veía contentos y felices volando con sus alitas y todo por el camino hacia el cielo y también veía a Dios esperándole con un televisor estropeado al que se le fundió una lámpara esperando su llegada para que se lo arreglase y me acordé del tocadiscos de mis padres, y además pensaba que mientras estaba pensando en él y en su mujer, él no podía ni siquiera intuir que alguien lo iba vigilando, él no sabía ni intuía absolutamente nada, no sabía que yo iba detrás de él persiguiéndolo, atosigándolos con mis pensamientos, urdiendo imágenes sueltas en mi cerebro con él de protagonista, pensaba, a la vez, en todo lo que él nunca podrá llegar a saber de mí, e instintivamente miré hacia atrás por si había alguien que en esos momentos me pudiese hacer lo mismo a mí, en ese instante también yo podría ser el inicio de un pasatiempo menor, una imagen provocadora e instigadora de pensamientos abstratos y libres, alguien podía estar cazando al cazador, pero me tranquilicé enseguida al comprobar que nadie me perseguía aunque sabía que eso no significaba nada, podían estar pensando de esa manera en mí sin necesidad de verme, pero entonces me volví a centrar en los saltitos abrazadores de Cortés y de repente me cayó mucho mejor que antaño, en ese momento caí en la cuenta que desde siempre lo vi paseando con su mujer, y desde siempre lo recordaba con una sonrisa en la cara, y en su caso en vez de resultar una sonrisa bobalicona, que es lo que dirían la mayoría de las personas que lo viesen, Cortés transmite ilusión por vivir la vida a base de abrazos matrimoniales y besos reparadores de televisores en el cuello de su amada que resultó ser su mujer.

servido por ignacio 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

lucia3

lucia3 dijo

Muchos de tus recuerdos se parecen tanto a los míos que casi me reconozco en u historia.
Un abrazo.

9 Octubre 2008 | 09:40 AM

salustiana la porquera

salustiana la porquera dijo

Es que dicen que la gente que se dedica a reparar trastos viejos y consigue arrancarles otro periodo de vida son mucho más felices. Debe ser que el regalarles un tiempo mayor de caducidad alivia las penas y rejuvenece los sueños. Yo aun conservo un tocadiscos. Era la leche, de los buenos, y un buen dia se estropeó y nadie supo como repararlo. Lo extraño es que el tocadiscos funciona cuando quiere y coge las revoluciones por minuto que le da la gana a él. Como si tuviese vida propia. Asi que a veces puedes escuchar los discos tal y como los grabó el autor y otras es el tocadiscos el que decide la velocidad y la versión que vas a escuchar. A mi me gusta mucho ese tocadiscos asi que lo tengo guardado por si un dia consigo que funcione, y junto a el un monton de discos a los que adoro y me resigno a tirar porque ya hayan pasado de moda. Me pregunto si harán lo mismo conmigo que con los vinilos si paso de moda. Saludos de mis puercos

25 Octubre 2008 | 04:14 PM

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Cuantos buenos recuerdos le debemos a la mala memoria. Alvite Parador

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