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La Coctelera

EL DIVÁN DE LO EFÍMERO

Lo mejor del futuro suele ser la posibilidad de evocar el pasado. Jose Luis Alvite

9 Octubre 2008

Caleidoscopio 6. Los dioses sueñan con figuras de colores

Me gusta ver a la gente reírse, me aburren los trascendentales y los que están enfadados con el mundo, y me aburren los que se quejan de las pocas oportunidades que da la vida, y los que no consiguen satisfacer sus necesidades con nada y los que dicen que sólo ellos hacen bien las cosas. Conozco a tanta gente triste que a veces rezo al dios que no creo para no encontrármelos continuamente, porque cada vez que estoy delante de uno de ellos raramente me contagian su tristeza sino odio por todo lo que representan y yo no quiero odiar a nadie ni siquiera a mis mayores enemigos que los tengo y varios. Como sigamos así la sonrisa va a ser un valor que cotice en bolsa, me decía a mí mismo mientras miraba para Cortés y en su brazo derecho apoyado en el hombro derecho de su mujer, y volvió el viejo Telefunken y me acordé que en el barrio el primer televisor que hubo fue el que compró Antonio el practicante, y por tanto me vino a la mente otra vez Tonecho y me vinieron sus palabras raras (no jugaba al Peletre sino a la Rayuela, era un tipo raro mi amigo Tonecho) sus frases sesudas, sus desvaríos, pero sobre todo me acordé de la muerte tan repentina que le tocó en suerte y me cagué en lo puta que es la vida. El alma a veces habla, o por lo menos a veces hablamos con el alma y de ahí nos salen frases distintas a las esperadas porque raramente esperamos algo de nosotros mismos. Ocurre que fallamos tantas veces que no admitimos ninguna presión externa. Fallamos a la gente que más nos quiere. Fallamos sin que nada cambie nuestra postura ni nuestra libertad. Yo fallé y pedí perdón pero al principio sólo era una palabra. Perdón. Dicha así hasta es fea. Después le fui dando contendido, se me fue llenando la boca con ella, pero la gracia no está en pedir perdón, eso lo hace cualquiera, la gracia está en aceptarlo desinteresadamente porque la persona que te lo da es de tu interés, de tu necesidad, y aceptando tu perdón te abraza hasta el límite de sus creencias aunque los dos sabéis que nunca más podrá volver a confiar en ti. El perdón no refuerza la confianza sino que la mitiga. Y tú lo sabes y lo admites. Fallamos con demasiada frecuencia y siempre lo hacemos a quien no debemos. Fallamos porque no queremos mostrar sentimientos, no queremos desnudarnos, no queremos mostrar la vulnerabilidad de nuestros actos y nos disfrazamos con la coraza dura e impermeable que da una realidad que no representa a nadie ni a nada. Y a todo eso le llamamos madurez. Supe que Tonecho estaba enfermo pero no tuve huevos a aparecer por el hospital para darle un abrazo, para que me comentase si la pirámide que su padre le había traído de Egipto le hablaba o simplemente se quería quedar conmigo (ahora me quedaré con esa duda el resto de mi vida); también quería preguntarle por la tienda de animales de su hermano y de cómo la iba la vida a Teriña y de paso también le preguntaría si conocía a Cortés y si a él le había arreglado alguna vez su Telefunken, y también me gustaría poder decirle que si ahora estoy escribiendo esta paparruchada es porque una parte muy importante de mí es mi infancia (a lo mejor es la única) y por lo tanto quien pobló mi infancia me hizo a mí tal y como soy, con defecto y con virtudes, con verdades y con mentiras, y como él es parte de mí aunque ni el ni yo lo sepamos, él (y otros tantos) le pertenecen por derecho a mi memoria ( y yo a otros, espero y creo) y por lo tanto nunca sé en donde ponerlos, pienso que le fallé a mucha gente, a demasiada, también pienso que fallé a Tonecho en vida y esto no deja de ser una respuesta a mi cobardía, todo es tan fácil de explicar como difícil de vivir, si visitase a Tonecho en su lecho de pre-muerte yo no hubiese escrito todo esto, no hubiese perdido el tiempo en intentar plasmar lo primero que me viene a la cabeza y nadie perdería su precioso tiempo en leer estas letras (y podrían hacer otras cosas que por culpa de estos renglones han aparcado en su quehacer diario) que no conducen a nada ni tienen certeza ni moraleja, ni tienen intención de ser algo y sólo pretenden salir de mí con el único animo de vaciar las falsas conexiones, esas que nos hacen ver a Cortés follándose a su mujer mientras un viejo Telefunken en blanco y negro emite la carta de ajuste y en el tocadiscos de mis padres suena la voz de Amaya cantando el Tómame o déjame, pero no me pidas que te crea más, cuando llegas tarde a casa no tienes porque inventar pues tu ropa huele a leña de otro hogar y Tonecho se reía cuando yo entonaba esos acordes en el patio trasero hacia donde desembocaban nuestras respectivas viviendas y después yo le preguntaba a mi madre que significaba aquella canción y mi madre, la pobre, me explicaba como podía la canción pero no me decía toda la verdad porque todavía yo era un niño y ella me callaba cantando otra canción y yo me reía, me reía mucho y por eso ahora me gusta cantar y que la gente se ría y debí ir al hospital a junto Tonecho para cantarle, para pedirle una sonrisa en su rostro escondido en la piel pegada a los huesos, debí decirle que ya entendí el significado del Tómame o déjame, y debí abrazarlo y decirle que entre los renglones torcidos de un idiota que aparca el coche en los lugares apartados de las carreteras para encender el portátil y ponerse a escribir sin que nadie le moleste, hay alguien que piensa en las cosas que un día no fue capaz de decir y que después se le fueron quemando el alma por no tener el coraje de enfrentarse a una realidad vestida con el pálido rostro de una enfermedad que empezó con un dolor en el pecho y acabó con un cáncer en estado terminal.

servido por ignacio 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

May B

May B dijo

He leido este post y no siento que haya perdido mi preciado tiempo...
Mientras lo leia, he dejado de leer otras cosas, evidentemente, pero me ha encantado que así haya sido.
Al menos plasmándolo aquí, algo fuera de tu alma habrá salido seguro...
Un saludo!

9 Octubre 2008 | 09:19 PM

lucía3

lucía3 dijo

¡Hay tantas cosas que debímos hacer y no hicimos! Pero hay que seguir adelante. La infancia nos marca pero luego con los años hemos de ir dándole forma a ese proyecto de hombre que fuimos de niños, y madurar a unos les cuesta toda la vida y otros no lo consiguen nunca.
Un abrazo.

13 Octubre 2008 | 04:50 PM

Busco el Equilibrio

Busco el Equilibrio dijo

Hace meses que abandoné mi blog y con él también me abandoné a mi misma. Después de un largo periodo de ausencias, he decidio retomarlo y he vuelto ha reecontrarme contigo. Siempre te leo en silencio. Jamas he dejado un comentario ¿sabes porque?. Porque cada uno de tus párrafos me hacen enmudecer y nunca sé bien que decir. Hoy por fin me animo a salir de mi escondite. Lo hago, porque lo considero oportuno y porque mereces mis felicitaciones. Eres un artista..Me encanta la forma y el contenido..Te sigo de cerca.

Un saludo desde la costa del sol.

14 Octubre 2008 | 08:24 PM

globos

globos dijo

Si que fallamos, en realidad no hacemos otra cosa en la vida, pero lo peor es fallarnos a nosotros mismos porque ahí no hay perdón posible. Demasiado sabemos que nos hemos fallado, que teníamos que haber sido de otra manera o haber hecho otra cosa y sin embargo tomamos el camino que no debiamos o la decisión equivocada. Yo no creo que exista el perdón. Tal vez el olvido pero no el perdón. Sino olvidas jamás perdonas, lo dices pero ahí queda el daño, el dolor, el resquemor y siempre acabas por pensar: me fallaste. Y es verdad lo que dices, que uno ya no confía, deja de confiar. Eso es la madurez, la pérdida de la confianza, pérdida de la fé ciega. Ya no crees en nada y en nadie y por eso las cosas cada vez te duelen menos y te resbalan más pero a cambio de ganar en la capacidad de no sufrir pierdes en la capacidad de poder reirte. Sufrimos menos, lloramos menos pero también reimos menos, y al final somos un cacho de carne con ojos que ni siente ni padece y cuyo alma se que quedado hecha piedra y no pómez precisamente. Porque arrastras los pies. No te das cuenta pero los arrastras y es porque te pesa el alma un quintal.
Yo tampoco tuve cojones a ir a un hospital. No quería llevarme ese recuerdo. Es verdad que somos lo que ha sido nuestra infancia y probablemente por eso yo también escribo pero yo no pienso cambiar ciertas decisiones maduras porque yo sé que ocurrió en mi infancia, y tampoco perdono ni olvido. Porque hay cosas que no se perdonan y mucho menos se olvidan. Prefiero que la herida siga abierta para recordar muy bien.
Y esa canción de Mocedades me recuerda a mi infancia y a mi madre, pero ella no reía, ella la escuchaba y siempre había tristeza en todo su cuerpo. Besos

12 Noviembre 2008 | 05:17 PM

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