Caleidoscopio 9. Los dioses sueñan con figuras de colores
Los recuerdos llaman a los recuerdos por eso es peligroso ponerse a escribir, puedes caer en consideraciones tan personales que explicarlas pierden todo el sentido y gracia. Ni el mejor escritor del mundo podrá nunca explicar un olor, un recuerdo, una nota de una canción, por eso la literatura es mentira y la escritura una forma como otra cualquiera de matar el tiempo sin mayor pretensión que ordenar lo que se debería dejar desordenado, o lo que es lo mismo, ponerle voz a la timidez. Tonecho estudió Historia del Arte y después sacó una oposición para auxiliar administrativo de la Xunta de Galicia. Cuando lo veía por la calle iba ensimismado en sus paseos como cuando su padre perdía el coche en el aparcamiento. Los últimos años ya no hablábamos solamente un cortés hola y adiós. Me pregunto que día es el que decidimos que a tus amigos de toda la vida (la infancia es toda la vida) pasan a ser unos meros desconocidos de saludo y entierro. Mi abuela se arrodillaba todos los días para limpiar el suelo de madera el pasillo de su casa. Ponía debajo de las rodillas una especie de almohadilla que iba arrastrando por cada rincón de casa mientras con el scot britte sin protección de uñas, frotaba y frotaba hasta que la lejía le dejaba blancos los dedos. Mis padres vivían en la habitación de la entrada, un pequeño cuarto que a mí en aquellos años me parecía inmenso y que ahora cuando la veo no entiendo como podíamos caber la cama de ellos, la cuna, el armario, mis juguetes y la cómoda. En la cómoda había un juego de tocador de plata regalo de un médico a mis padres por su boda. Había también un marco de fotos de plata con una foto de mis padres en blanco y negro el día de su boda. Mi madre tenía un tocado que le hacía parecer veinte centímetros más alta, y mi padre era tan delgado que todos en el barrio pensaban que estaba enfermo del pulmón. Ahora mi padre tiene una barriga que podría estar embarazado de él mismo con 24 años. Al llegar las fechas navideñas, el juego de tocador pasaba a uno de los cajones de la cómoda y encima de ella se instauraba el nacimiento con todas sus figuritas. Teníamos muchas figuritas de barro. Las había comprado mi padre en una liquidación de una librería de unos clientes suyos. Los reyes venían con las piernas abiertas como un arco para sentarlos encima de los camellos y el misterio era tan bonito que mi madre decía que sólo le faltaba hablar. Mi abuelo ejercía de manitas profesional y desde septiembre me mandaba ir a la tienda del señor Julio y la señora Obdulia para ir recaudando las cajas de corcho en donde venía el azafrán. Con ellas, un cuchillo afilado y unos cuantos alfileres robados por mí del costurero de mi madre, mi abuelo confeccionaba unas preciosas casas de nacimiento a las que dejaba sin suelo para que pudiésemos meterle dentro unas lucecitas que se encendían y apagaban. También hacía el pesebre aunque el angel no se aguantaba en el techo y siempre había que ponerlo apoyado a una de las supuestas vigas de madera. Un año hizo un castillo para Herodes, porque en el lote de figuritas que había comprado mi padre venía un Herodes sentado en su trono, pero la proporción no era lo fuerte de mi abuelo, así que el come niños malo era dos veces más grande que su propio castillo. Está claro que mi abuelo fue un adelantado a su tiempo en la construcción de viviendas.
Si al tipo de mi historia que no pienso escribir lo hiciese pensar, lo sentaría delante de un álbum de fotos con toda su vida y le pediría que fuese hablando cada día de cada uno de los tipos que allí iban apareciendo. Según pasaran los días y viendo los acuerdos y los olvidos, veríamos el deterioro de su mente y la posibilidad de regenerarse. Sin querer él se daría cuenta de la realidad a la que estaba abocado, y antes de perder la conciencia preferiría matarse y morirse de verdad a tener que morir en vida. Era su elecció. Sin embargo a Tonecho no le dieron opción, porque lo que no le dieron fue tiempo. Así le descubrieron el cáncer así lo cepilló. Hay gente que cuenta sus victorias ante la enfermedad y otros se van para el otro barrio sin poder articular ni una sola palabra. Hay gente que se predispone para sufrir y otros que disfrutan hasta de la tristeza para poder paladear después con más firmeza de la felicidad. Nunca vi como soñaban los dioses, pero mentí a mi padre y él se quedó todo orgulloso del regalo que le había hecho a su hijo. Aquel día comprendí el valor de saber mentir que es mucho más interesante que decir siempre la verdad.

sarah dijo
Pero que envidioso que eres....la lotería ya hace medio año que se puede comprar....comercios, boutiques, peluquerías....hasta el super ....hace ya un mes que tienen adornitos, turrones y el árbol...EN OCTUBRE!!!!!!....sólo les falta encender las bombillitas, que claro, como tira del bolsillo, lo retrasan...que modernos sí, adelantaos, también, pero gilipollas no...y vas tú...y relatito navideño, envidioso, que eres un envidioso...pero me ha gustao....sobre todo lo de la barriguita de tu papi............y ella prefería escuchar mentiras piadosas..........................un besito pa Tonecho y otro para tí.................amigos para toda la vida?
4 Noviembre 2008 | 03:44 PM