El espacio en blanco
Ni siquiera sé si con las verdades puedo y debo andar por la vida con la mirada alta y altiva de quien no le debe nada a nadie y no tiene nada que perder. Por el contrario, nunca sé si la mentira me sirve realmente para poder vivir sin ningún tipo de reserva que me puedan hacer perder el sueño - ¿vale todo con tal de no hacer daño a quien deberías querer? en las noches en que la luz de la Luna entra por mi ventana y me caricaturiza sin compasión. Nunca sé si todas y cada una de las varias personalidades de las que forman parte de mi todo no tengan razón de vivir por separado y no debieran hacerlo, pero sobre todo nunca sé si debo persistir manteniéndolas en mi vida como quien alimenta un hijo de dos cabezas, cinco bocas e insaciable apetito. A veces pienso que seguramente serán estas letras las únicas que analizadas por un profesional podrán decir algo de mí, de lo que digo y de lo que no digo, de lo que hablo y de lo que callo, de lo que presumo y de lo que carezco, seguramente alguien tuvo razón cuando me dijo que yo escribía como un condenado a muerte en un diván, alguien que tuviese que hablar y hablar sin para porque en caso de hacerlo su vida terminaría. A lo mejor es por eso por lo que mis letras no tienen ningún hilo argumental, o como diría mi amada Elena, lo mejor de tu escritura es cuando no escribes y te pones a vomitar. Creo sinceramente -y a mi edad juro que no caigo en el pecado de la vanidad ni el de la falsa modestia, tan asquerosa y aburrida como el peor de los males- que nada de lo que escribo aguantaría el mínimo juicio crítico de alguien con más de dos dedos de frente como para leer estas payasadas, pero también me reconozco en la escritura, me veo muchas veces reflejado en lo que escribo, y por otra parte y como es lógico, soy el único que es capaz de ver cierto orden en el desorden que aplico en cada uno de estos párrafos, al fin y al cabo todo es como mi vida, desordenada hasta la extenuación pero con un camino en la espesura de la niebla que se vislumbra como elegido, un camino de vivir del que sólo me aparté las veces en los que pensé que amar era morir, y por eso, en la tristeza que provoca el ataque solitario de melancolía, a veces me dejo vencer por las pocas cosas que el pasado ha hecho de mí y me lanzo a un teclado con la misma desgana con la que mañana me levantaré esperando encontrar otras caras en el desayuno, pero no hay solución, no hay remedio, mañana, en concreto, tendré enfrente de mí a unos cuantos imbéciles con sus imbecilidades y a tres o cuatro amigos de los cuales dos lo están pasando bastante mal, todo lo comido por lo servido, ¿como me puedo seguir prostituyendo por un sueldo? Mejor dejemos este tema que me aburre y no quiero aburrir, me da un retortijón en el estómago sólo pensar que estos cenutrios mañana se podrán a hablar de crisis, de ventas y de esas múltiples chorradas que a mí ni me van ni me vienen, pero que por el bien de la salud de mi cuenta corriente no me quedará otro remedio que participar en sus tertulias diciendo alguna que otra frase para que crean que me interesa, que juzguen mi interés como compromiso empresarial y que me dejen en paz un par de años más para poder seguir pagando mis hipotecas puntualmente, pero está claro que no podré seguir engañándolos por más tiempo, cada día esto me quema más y sólo me agarro al clavo ardiendo del día a día disfrutando de un café en solitario cuando me place y poder comer con mis amigos en donde ellos quieran, aunque aquí puedo reconocer que todos los días, de vuelta a casa, cuando cojo el ascensor y marco el número 5, me veo en el espejo de la caja mágica que me evita andar por las escaleras y me veo y no me reconozco, imagínate que hoy ni siquiera me reconocerías tú, porque yo ya no soy nada de aquello que fui, mírame a los ojos y dime si hoy te hubieses enamorado de mí, imposible, atrás han quedado los días salvajes de amor desgarrado, de locura pasional, de frases rotas por las lágrimas, se han enterrado en el legado del pasado nuestros cuerpos sudorosos buscándonos en los rincones por donde nos solíamos encontrar, todo se ha muerto, todo esto es tan pasado que hoy ni siquiera me reconozco y llegado a este punto no es que no quiera saber nada de mi pasado, es que ahora soy tan distinto que ni siquiera tiemblo cuando te pienso, hoy ya no moriría por ti, hoy no me hubieses matado tantas veces como me morí en tus brazos, hoy no hubiese destinado mis energías a poder respirar un poquito del aire que acompañaba tu andar como hacía antaño y por eso para ti yo ya no soy yo, lo que queda del mí que tu recuerdas -porque yo sé que por mucho que digas, tú me recuerdas- es sólo la imagen triste, patética y pantomímica de aquel ser que un día te dijo que tarde o temprano me hablarás con la crudeza de quien se arma de odio por todo el amor que ha dado y me mandarías lejos de tu vida porque en ella lo único que hacía era molestar.

murron dijo
Pues yo no se en donde te reconocerás más, si cuando te miras en el espejo, cuando analizas a esos cinco individuos tan distintos que habitan en ti, o en las letras que tu dices desordenadas. A mi, que las leo, me parece que tienen un gran sentido, quizás porque reconozco en ellas mucho de mi, ya sea por lo que sientes tu o por lo que siente la contraria en los últimos 15 renglones porque son como un espejo en el que me veo reflejada de una manera cristalina.
Un amigo me dijo hace poco que nunca he sido más yo que cuando escribía a través de un personaje que me inventé para crear mi primer blog, porque a través de él expresaba mi yo más profundo y mis sueños más inconcebibles, y tiene razón. Besos
3 Marzo 2009 | 10:50 AM