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La Coctelera

EL DIVÁN DE LO EFÍMERO

Lo mejor del futuro suele ser la posibilidad de evocar el pasado. Jose Luis Alvite

3 Octubre 2009

De aquellas hostias estos lodos (I)

 

A veces conoces a personas de la manera más tonta y absurda. Otras, es el trabajo que te impulsa al contacto con alguien que sería muy difícil que en tu vida normal coincidieras para compartir un café, son como los cuñados: te vienen impuestos. Lo normal es que entre personas  parecidas, el trabajo fortalezca vínculos, y por el contrario, cuando alguien te cae mal y tienes que trabajar con él, aprovechas cualquier excusa para ponerte en su contra. Somos demasiados complejos en buscar soluciones sencillas y la mayoría de las veces lo último que hacemos es despersonalizar los contextos. A Antonio y a mí nos unió una antigua empresa y un curso de formación en Barcelona. Antes nos habíamos visto un par de veces con la desconfianza que da ver a alguien de la competencia sonriéndote abiertamente mientras te pregunta que tal va todo. El curso de formación duraba dos semanas, y el segundo día yo acabé en la cama de alguien que no pienso mencionar pero que me tuvo entre sus piernas las dos semanas en cuestión (bueno, y mucho más, pero ya digo que eso da para otra historia) sin dejarme dormir no más de un par de horas al día. Ni que decir tiene que fue el curso más perdido de mi vida.

De esa manera surgió entre Antonio y yo la amistad que da la complicidad. Le agradezco la cantidad de veces que me cubrió delante de los jefes ante mis continuas ausencias o impuntualidades. Entre café y café (imprescindible para abrir un poco los párpados) yo le iba medio contando y él escuchando, y ya con unas cervezas, pues los dos nos fuimos contando sin reparos. A los dos años, la vida nos empujó a caminos distintos, pero nunca dejamos de llamarnos con cierta asiduidad. Ayer comimos juntos en un sitio en Santiago que antes era la créme de la créme y últimamente anda bastante decaído. Nos acompañó Manolo, pero este merece un capítulo aparte, o dos, o tres.

Hablamos de todo un poco, pero como padres imbéciles que somos, los hijos entraron a colación cuando yo dije que era absolutamente incapaz de pegarle un azote. Antonio me dijo que él no estaba de acuerdo, que un azote a tiempo es una bendición y que a su hijo pequeño es raro el día que no va para cama con un par de cachetes encima. Me vino a la memoria esas atribuciones que ahora se les quiere dar a los maestros en la escuela, dicen que la ley los tiene que dotar de autoridad, y yo me pregunto como se puede dotar por ley de autoridad, como se impone, donde se puede comprar. Y es que yo tuve profesores que gritaban como energúmenos, que zurraban de lo lindo y que nos castigaban como verdaderos sádicos a los cuales nunca les tuve (ni tendré) el mínimo de los respetos, su supuesta autoridad simplemente era miedo, y por eso sigo brindando con champán cada vez que uno de esos hijos de puta se muere. Fue en el Colegio Nacional Público de Prácticas, Masculino Aneja de Pontevedra . Fueron a finales de los años 70 y principio de los 80, y no fue ni uno, ni dos, ni tres, los que se enzarzaban con niños de 6 a 14 años con saña e instintos depravados...

servido por ignacio 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

murron

murron dijo

Afortunadamente yo solo sufrí a una sátira. Una tía con cara de acelga que, cada vez que oía un susurro, te sacaba a la palestra, te hacía alargar la mano y te atizaba con una vara de madera en todas las palmas. Yo contaba 5 o 6 años, pero aún lo recuerdo como si fuese ayer. Después pasé a otros colegios y, afortunadamente, aquello fue estupendo. Aun recuerdo a algunos profesores con sumo cariño.
De los compañeros de curro. Te puedo asegurar que he encontrado a gente maravillosa, gente con la que he conectado. Pero, eso si, uno entre un millón, solo que ese uno vale por cien. Y también es verdad que nos hemos ensañado con el compañero/a cabrón. Aún recuerdo a una tía gorda y beata, facha a más no poder, que se empeñó en colocar un belén en miniatura en el curro. El resto eramos ateos así que decidimos colocarles a los reyes magos tres banderas rojas con la hoz y el martillo. Aquel día fue apoteósico. La tía lloraba y gritaba indignada pidiendo las cabezas de los blasfemos¡¡jaja. No se pudo ni imaginar que todos estabamos compinchados.

5 Octubre 2009 | 11:16 PM

Elena

Elena dijo

No te creo!
Vuelves así, de repente, y me plantas las depravaciones de los curas!
Anda q no habrá papel pinocho, pirulos tropicales, canicas, máquinas de marcianos, flores rojas, etc, de lo q hablar.
Ag, no pienso leer el resto.
Te quiero más que hace 10 años.

14 Octubre 2009 | 03:02 PM

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Cuantos buenos recuerdos le debemos a la mala memoria. Alvite Parador

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