De aquellas hostias estos lodos (y 3)
Es curioso como me marcó esa etapa de EGB, sobre todo porque a mí prácticamente no me rozaron en los 8 años que estuve allí pero con las hostias que le dieron a mis compañeros, consiguieron inculcarme el mayor de los miedos en mi infancia, algo que no se lo perdonaré en mi puta vida. Afortunadamente para mi salud física y mental, llegó el día en que entré en el instituto: la mejor etapa de mi vida, el lugar en donde pude volver a sentirme libre. Siempre estaré en deuda con el Instituto A Xunqueira, siempre estaré en deuda con Mari Carmen Mejuto, la profesora de francés, un faro que iluminó mi vida con su presencia elegante, su voz grave, su exigencia y respeto por cada uno de nosotros, su tesón, voluntad y valentía. Nunca dio un grito, nunca se le ocurrió dar un cachete, pero nos tenía a todos sentados, callados y atentos a sus explicaciones. El día que la enterraron lloré a moco tendido cuando sonó el Canto de los Esclavos del Nabuconodosor de Verdi en la Iglesia de San Bartolomé, ahora cada vez que escucho sus primeros compases, me viene su elegante presencia y se me entristece el alma y me saltan (como ahora) un par de lágrimas por ojo. Ricardo Artime. Matemáticas en COU. Entraba en clase con sus pantalones blancos de pana, se dirigía al encerado y se ponía a escribir con toda la tranquilidad del mundo cualquier corolario mientras todos tomábamos nota sin parar. Ni un "callaros", ni una amenaza, su autoridad le venía impuesta en su presencia, y a nadie se le ocurría cuestionarlo. Había más, Severino Yáñez, Antonio Couto, Javier el de Filosofía, Aurora de Matemáticas, eran profesores que nadie les dotó de autoridad porque eso es algo que no se puede comprar, a ellos les gustaba enseñar, y dar clases era algo más que una forma fácil de tener un trabajo de por vida por 16 horas a la semana.
Hoy, cada vez que escucho eso de dotar de autoridad a los profesores, me echo a temblar porque primero serán a ellos los que se le doten de medios para utilizar el miedo y después será el ejército porque ya se sabe que si los niños son maleducados, la sociedad es maleducada y no se puede confundir libertad con libertinaje, y si los niños son revoltosos, la sociedad es revoltosa y si los niños son violentos, la sociedad es violenta, y ahí llegamos, y esa es la excusa que algunos buscan para implantar el palo en la escuela y el miedo en la calle, y sé que suena a exagerado y sé que suena a demagógico, y seguramente lo es, pero es que no soporto a los defensores del orden con el palo, los salvadores de la disciplina a base de hostias, los justificadores de cualquier medio con tal de servir a su fin, en fin, Maquiavelo, ¡quien te lo iba a decir, después de tantos años y sigues en boga! Y seguramente será por eso por lo que monto en cólera cada vez que alguien justifica un sopapo a un niño diciendo que una hostia a tiempo cura muchos problemas en el futuro, como si una hostia fuera la vacuna de la indisciplina, como si aquellas hostias que soplaban en mi colegio no anidasen en mí el mayor de los desprecios que tengo hacia el genero humano, como si aquellas hostias no hicieran crecer en mi el mayor (y único) de mis odios, el mayor de los resentimientos hacia aquellos tipos y hacia todos aquellos que justifican sus limitaciones a base de violencia con los que no se pueden defender.
Y ya no sigo, que me estoy poniendo de muy mala hostia y me están entrando unas ganas de coger un bate de béisbol e ir a por alguno de aquellos hijos de la gran puta que atemorizaron mi infancia con sus hostias salvadoras.

murron dijo
Totalmente de acuerdo contigo. No entiendo a esos que dicen que la letra con sangre entra o que hay que tener mano dura. Yo también tuve profesores que no necesitaron nunca levantar una mano ni levantar la voz y, sorprendentemente, la gente les escuchaba y aprendían. Nada como el diálogo y el saber comunicar, el conectar y, sobre todo, el que te guste enseñar a los demás. Ahora hay quien cree que la falta de respeto o la violencia y el absentismo escolar lo van a solucionar a base de golpes o implantando una especie de ley marcial en las aulas y se equivocan. Asi no se consigue nada. Señor, cuanto me alegro de no haber conocido a profesores como esos animales de los que hablas. Besos
21 Octubre 2009 | 10:26 PM